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RAN, hablando con el Robot

Publicado: agosto 22, 2015 de Julián Blas Oubiña Castro en Descargas, Entrevistas, Prozine
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11hs3za1aAllá lejos y hace tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, cuando los ’90 recién empezaban a tomar forma y no sabíamos distinguir Robotech de Macross, unos pibes decidieron armar un robot con piezas japonesas y corazón argentino. Lo llamaron RAN, el Robot Argentino Nipón.

Cuenta la leyenda que las aventuras del Robot son incontables y que superó mil adversidades.  Incluso, hay gente que dice que todavía está en funciones. Hallarlo no ha sido una tarea sencilla, por cierto. Sus secretos parecen estar tan bien guardados como el origen de la Arcadia. Tuvimos que viajar al extranjero en busca de Pato Land, factótum de RAN, y pedirle autorización al Jefe Amamori, para poder desentrañar la mayor incógnita: ¿Por qué Harlock es tan guachi pistola?

¿Cómo y cuándo surge la RAN? Y también, ¿Qué intenciones tenían cuando arrancaron? ¿Por qué le pusieron Robot Argentino Nipón?

El staff de Ran, hace alrededor de 20 años atrás, en un conocido local de comidas rápidas de Corrientes y Callao.

El staff de Ran, alrededor de 20 años atrás, en un conocido local de comidas rápidas de Corrientes y Callao. De izquierda a derecha: Gabriel Platas, Pablo Mambo Rivas, César Pereyra, Patricio Land y Marcelo Romero

No recuerdo la fecha exacta pero creo que fue en el año 1993. Siempre me gustó hacer “revistas” de chico, en especial, en la secundaria, aunque no conocía la palabra fanzine. Hablo de cosas muy sencillas hechas con máquina de escribir y, con suerte, fotocopiadoras. Me acuerdo que con unos amigos de la escuela habíamos hecho una que se llamaba Ñakate y los veinte o treinta ejemplares que hacíamos por mes se vendían instantáneamente… RAN empezó casi de la misma manera, en las horas de ocio en mi casa de Castelar, básicamente impulsado por el impacto que me habían causado Robotech, Fuerza G, el Capitán Raimar y otros.

Por aquel entonces, Javier Doeyo publicaba -medio de queruza- un manga traducido por Andrés Accorsi, que se llamaba Xenon, en la revista Cóctel Molotov. Vía el correo de lectores, conocí a alguien que a su vez había hecho contacto con un misterioso personaje de origen taiwanés, que vendía comics en Rayo Rojo, que estaba en el subsuelo de la Bond Street. Resultó ser Li Chien Chuan, quien era fanático de Dragon Ball y Gundam… y tenía algunos artbooks chinos de Macross -que como todos saben era la base de Robotech-… Ahí explotó todo.

11874114_10206386445252991_548511395_nCon la gran cantidad de material que tenía en su departamentito -que podía traducir gracias a que eran versiones chinas de los mangas japoneses- empezamos a debatir ideas. Recuerdo que era perfectamente concebible largarnos con versiones truchas de Dragon Ball, ya que nadie tenía ni la remota idea de qué era eso. Creo que la mala calidad de los mangas chinos -que al fotocopiar se empastaban todos- nos hizo optar por sacar las primeras páginas de Video Girl Ai, que de todas maneras salieron horribles. El chino las ampliaba y les pegaba arriba las traducciones todas llenas de faltas de ortografía que había que volver a corregir. (Risas).

Por aquel entonces, ya se había unido al grupo Marcelo Romero, quien era -y aún es- periodista, además de gran fanático de Miyazaki, todo lo de Matsumoto y las series de televisión que nos habían quemado la cabeza durante nuestra infancia y juventud. También era el único con una formación formal en comunicación. Fue entonces cuando rompimos el chanchito y juntamos unos pesos para poder foto-duplicar el primer número de RAN, gracias a un negocio amigo cerca de donde yo vivía, que nos hizo precio pero no calidad.

Li también hizo las tapas de los tres primeros números. ¡Nadie se animaba a decirle que dibujaba muy mal por miedo a que no nos prestara más los mangas y artbooks que tenía! (Risas). Él fue también el que propuso RAN como nombre, aduciendo que era un término que hacía referencia al caos o a la rebelión. Nos gustó y así quedó. ¡No fue hasta mucho tiempo después que nos dimos cuenta con Mambo y César que el nombre era el acrónimo de Robot Argentino Nipón!

¿Quiénes era sus integrantes originales? ¿Todos hacían de todo, o se dividían las tareas editoriales?

Scan-150821-0006Como te decía antes, los tres originales fuimos Marcelo, Li y yo. También hay que mencionar a Gabriel Platas, era quien había hecho el contacto con Li, pero no terminábamos de congeniar y lo dejamos -injustamente- un poco afuera, y a  Ricardo López, que que aportó su ayuda para hacer la revista.

Li traducía los mangas, con Marcelo escribíamos las notas y después hacíamos las fotocopias. El chino -como todos le decíamos- tenía una canal de distribución importante ya que las hacía conocer en Rayo Rojo y a los pocos días nos dimos cuenta que había un montón de gente ávida de este tipo de material. Creo que coincidimos también con la edición en los quioscos de Akira, lo cual nos venía bárbaro.

A partir del número 4, la revista da un cambio rotundo, adquiere su logo definitivo, entran en el staff Cesar Pereira y Pablo Rivas -(a) Estudio Yukino-, y hay un cambio importante en el tono de la información, que empieza a hacer gala de un humor desestructurado. ¿A qué se debió ese cambio?

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Parte del Staff de RAN, hacia 1996-97. De arriba hacia abajo: Patricio Land, Pablo Mambo Rivas, Daniel Ardito y Daniel Acosta.

La RAN original era seria e informativa, ni siquiera se nos había ocurrido que el humor podría llegar a ser un factor a considerar, paradójicamente algo que luego nos distinguiría. Nos habíamos tomado muy a pecho eso de informar. Yo era muy hincha pelotas al respecto, chequeando la información, buscando buenas fuentes, corrigiendo los originales, los textos, las formas, etc. Éramos bastante insoportables. Recuerdo que tuve una seria pelea-discusión con Pablo RivasMambo– al respecto, yo no llegaba a entender que él tenía razón. Como muchos otros, él nos mandaba cartas con dibujitos -para situarse temporalmente apenas algunos teníamos email por aquel entonces, ni hablar de internet-, y en cierta ocasión, le dimos la “responsabilidad” de contestar el correo de lectores y meter una nota. La cosa es que había sanateado una respuesta a un lector y eso me puso de la mente. ¡Nos puteamos como unas locas! (Risas). Creo que fue en el número tres.

Al mismo tiempo, solíamos tener nuestra base de operaciones los domingos en el Parque Rivadavia y allí conocimos a César Pereyra Mabragaña, quien dibujaba como los dioses y, además, era más fanático del animé que todos nosotros juntos. Algo sumamente paradójico porque durante toda su infancia en la casa paterna, la televisión les había sido negada en vistas a favorecer la lectura y otras actividades sociales. La amistad con César y Mambito fue instantánea y como ellos eran los novatos, con Marquito -Marcelo Romero- pensamos ponerlos a prueba, a ver qué tal se les daba lo de escribir notas. Por supuesto, estábamos muy creídos en nuestros roles de elegantes reporteros. (Risas)

Ran.4aCuando César se despachó con una nota de Alita, después Los Caballeros del Zodíaco -aún no los daban en la tele local, los veíamos en las versiones brasileras y alquilando videos truchos re-copiados hasta el infinito que se podían conseguir en el barrio chino si tenías algún contacto- y Los Súper Campeones nos caímos de culo. El tipo vino a romper todas las estructuras y junto a Mambo abrieron las puertas a ese desenfado y a esos aires renovadores que fueron el humor y el tratar a los dibujitos como lo que eran justamente, dibujitos. Aunque ojo, éramos los más acérrimos conocedores de la vida y obra de cada uno de los autores japoneses que citábamos y adorábamos, pero nos dimos cuenta que nos divertíamos a morir encarando las notas de esa forma. A partir de una nota sobre Mazinger de Estudio Yukino, no hubo vuelta atrás.

El logo de RAN fue creación de Daniel Ardito, un amigo de César que más tarde se hizo muy querido por todos. Él es diseñador gráfico y nos ofreció su idea ¡absolutamente de onda! Se mantuvo vigente hasta el último número del Robot.

La revista estaba muy bien documentada para una época donde la información de lo que se producía en Japón escaseaba de sobremanera. ¿De dónde sacaban sus fuentes? Además en los primeros números incluían historietas que ustedes mismos traducían a un “argentino muy porteño”, ¿cómo surgió la propuesta y que impacto tuvo en la revista?

1452179_10201051391703750_704995258_NAl principio, antes de que llegaran César y Mambo, Li Chien Chuan traducía los mangas que publicábamos en cuentagotas. Más tarde, nuestro fanatismo por los dibujitos de Matsumoto y el acceso a muchos mangas, gracias a la librería OCS -de la calle Superí en Belgrano-, nos abrió las puertas a conseguir todos los títulos que queríamos. Como éramos muy pocos los que encargábamos manga -y leerlos de garrón en el lugar estaba bastante mal visto- (risas), íbamos casi todos los días a encargar libros y tratar de sonsacarle alguna que otra data o traducción a las chicas que allí atendían –Alejandrina y, después, Noemí, quien luego sería la mujer de otro integrante del Robot, el señor Ricardo López-.

César caía todos los sábados para que Alejandrina le tradujera el último tomo de Akira, que habíamos conseguido en su edición original. La edición española ya no salía más en los quioscos y los tomos gallegos iban súper atrasados. Sabíamos que si podíamos publicar el final de Akira en la RAN iba a ser un golazo, pero el problema era que no podíamos fotocopiar los cientos de páginas de este último tomo en un sólo número del Robot. Apenas si podíamos financiarnos las tapas con fotocopia color gracias -justamente- a la publicidad que OCS nos aseguraba en cada número. Así que optamos por hacer un resumen todo recorta y pega. Por aquel entonces, los scanners eran inconseguibles, así que por la noche y de contrabando entrábamos en las oficinas donde trabajaba César y le gastábamos la fotocopiadora al jefe haciendo reducciones y copias de las viñetas de los mangas que luego recortábamos y pegábamos para armar los originales de cada página que después iban a duplicación. ¡Hasta los ganchitos poníamos a mano! (Risas).

11920433_10153244434663580_694952590_nEl momento más brillante fue cuando a César se le ocurrió inventar la traducción de un capítulo de una obra, por aquel entonces desconocida, de Leiji Matsumoto, unas historias de guerra y aviadores que nos volaban la cabeza. El manga era The Cockpit, y como nos moríamos de ganas de ponerlo dentro de la revista, le inventamos los diálogos. También lo hicimos con Harlock/Capitán Raimar. La sorpresa fue que, cuando tuvimos oportunidad de leer los originales bien traducidos, ¡nuestra versión inventada era casi igual a la verdadera! Años después tuve la fortuna de poder mostrársela a Matsumoto en persona y se emocionó tanto que casi no me la quiso devolver. Era el único original que me quedaba, y además me la había autografiado. Fue un bajón explicarle que me la diera de vuelta porque no tenía otra… (risas) pero tenía que mostrarle a César que el mismísimo Matsumoto había apreciado su versión inventada de ese capítulo de The Cockpit. El Robot tuvo muchos momentos mágicos e inexplicables. (Risas)

La revista siempre estuvo poblada coincidencias extrañas, como ser la antecesora directa -y jamás reconocida- de Lazer, o tener a Mariela Carril -cara del anime en el canal Magic Kids- entre sus lectores ¿Qué podés decir? 

Ran.13bEl ex-director de Lazer, que en esa época era uno más del montón, como todos nosotros, había leído las primeras RAN, y al mismo tiempo estaban empezando a llegar a nuestro país unas publicaciones españolas sobre Manga y Anime, muy bonitas, formato grande, a color, toda la bola. Me acuerdo que Oberto vino y nos mostró esa revista en la efímera comiquería Planeta diciendo, “Vean giles, esto es la RAN, pero bien hecha. Algún día voy a hacer algo así”. Ya había pica con él, porque Mambo y Daniel Acosta, que oportunamente también nos ayudara mucho a hacer el Robot,  ya se conocían de Genux, la comiquería que Oberto tenía por ahí, en un shopping muy concheto.

Maru Carril también nos contactaba al principio por carta. En la primera, confesaba su sueño de tener un programa de animé en la tele. Como el Robot, era así, mágico, tardó algunos años en cumplirle el deseo, pero lo logró cuando fue la presentadora del Club del Animé. ¡Otro momento increíble, amigos! (Risas).

Todos los que producían la RAN, excepto esporádicos cruces -como la participación de Estudio Yukino en Catzole-, se mantuvieron lejos de la explosión de los fanzines de los ’90. ¿Cuáles eran sus canales de distribución? ¿Cómo se relacionaban con el público?

Ran.17bCésar era el que estaba más familiarizado con la movida fanzinera de la segunda parte de los ’90. Además, era el único que podía dibujar bien, así que era natural que buscara nuevos canales para poder publicar sus ideas. Si bien yo había participado en un número de Surmenage, luego me fui apartando de a poco.

Durante los primeros números del Robot, la distribución -si podemos llamarla así- se hacía de comiquería en comiquería, dejando algunos ejemplares en cada una, como todo el mundo. Tuvimos la fortuna de pegar buena onda con Gerardo, cuando se pasaba toda la noche en su puesto de BL Films, años antes de que existiera Camelot, él las despachaba de a docenas. Era nuestro principal punto de exposición.

Después, el Robot tuvo varios mecenas, por así decirlo. En una etapa fueron los chicos de Meridiana Comics quienes se encargaron de imprimir y distribuir en quioscos, gracias al capo de Javier Doeyo, quien no sólo nos hizo el aguante en nuestra época de fanzine, sino que fue el quien nos lanzó al verdadero ruedo. Personalmente, estuve muy mal con él, tras haber sido tentado por Axel K. y su socio de Bates Motel, famosa por editar la genial revista La Cosa, para que nos pasáramos a trabajar con ellos. El resultado fue un desastre -la RAN con tapa de Macross– y terminamos todos peleados. Es justo decir que ellos como editores no estaban interesados en nuestro producto sino en crear otro bombazo como había sido Lazer.

Ustedes, además, organizaban la RAN Party, que tuvo varias ediciones. ¿Cómo se les ocurrió? ¿Cómo era el evento?

Ran.15bLo de las RAN Parties surgió por necesidad. Cuando se agotó el tema de Robotech, Macross, Mospeada y las pocas series que el fandom conocía, nos empezamos a preocupar, porque teníamos muchísimas obras que comentar, pero todas eran absolutamente desconocidas para el público local. Nos moríamos por hacer una tapa de Gundam, pero nadie hubiese sabido de qué estábamos hablando. Así que se nos ocurrió que si juntábamos dos o tres televisores y una videocasetera podíamos pasar videos para ampliar el panorama. El gran problema era que no había forma de conseguir versiones traducidas y mucho menos dobladas. Te tendría que confirmar la fecha pero la primer RAN Party fue para festejar la salida del número 5 y eso sería más o menos 1994 en el sótano de Planeta Comics. ¡No existían ni las placas de video ni los divx ni nada, ya era un milagro conseguir una videocasetera NTSC! (Risas).

Ran.16bLo que hacíamos era pasar las pelis y hablar arriba comentando de qué se trababa. Un delirio, pero la gente se amontonaba en la puerta y las escaleras. Ahí nos dimos cuenta que la movida iba a ser grosa. Luego, hubo otras RAN Parties, unas cuantas, en distintos lugares y para distintos públicos. Fuimos los primeros en pasar la peli de Evangelion subtitulada.

Un amigo, Nicolas Miari, también lector y fan del Robot, se había ido a vivir unos años antes a Japón, y nos mandaba los VHS truchados del videoclub de su barrio y las traducciones en Word. Yo había conseguido una subtituladora y armábamos los originales que pasábamos en una pantalla gigante en un conocido boliche de capital. Pero la situación había cambiado mucho, el público era más que nada pre-adolescente y lectores de Lazer. Un puñado de amigos venían de las épocas del Robot, pero casi todos no tenían idea de lo que significaba RAN, o si lo sabían, era la revistucha que todos detestaban porque, a su manera de ver, nos estábamos subiendo al tren de Lazer. Además, el Robot había sufrido el alejamiento temporal de César, Mambo y varios otros, de manera que sólo quedaba el mito en todo caso.

Con el paso del tiempo, la revista fue creciendo en calidad y ganando público, ¿en qué momento se dieron cuenta que lo de ustedes era más que un simple fanzine?

Ran.18a3En honor a la verdad siempre quisimos hacer una revista, pero económicamente no nos daba el cuero, de manera que nos declinamos por hacer un fanzine, el formato que nos era, de alguna manera, accesible. Como suele suceder, hubo muy pocos números de RAN en un extenso período de tiempo, desde un momento en el que la palabra manga no significaba absolutamente nada para el 99% de la gente, hasta otro, hacia el final, donde todo el mundo iba con su tomito de Dragon Ball o Sailor Moon bajo el brazo. Nos dimos cuenta que el Robot había sido algo especial muchos años después, cuando la gente nos comentaba que leían nuestras notas y que se divertían mucho con ello.

Como ejemplo, te puedo decir que nos cayó la ficha el día que ojeando uno de los últimos ejemplares de la revista más conocida del país, utilizaban en una nota un término que César y Mambo habían inventado y que no formaba para nada parte del vocabulario japonés, aunque los avezados noteros de la competencia así lo sostenían. El término en cuestión era Chokuzoka, que no significa nada y que lo usábamos para reírnos del género del robot gigante. ¡Bueno, en realidad tenía varias otras acepciones, pero no puedo revelarlas públicamente! (Risas).

Parte de ese crecimiento se concretó cuando pasaron a imprimir la revista en Offset, dándoles una calidad de impresión superlativa ¿Cómo se decidieron al cambio? ¿Cuántos ejemplares tiraban?

logomain2La primera tirada en offset la bancamos nosotros en Agencia Cid, si mal no recuerdo, y fue muy humilde. Luego Meridiana hizo algunos números y creo que la tiraba oscilaba alrededor de los 5000, pero nunca lo supimos a ciencia cierta. Lo que recuerdo es que el número que bancó Bates Motel, fueron un montón, y que durante meses ocuparon un buen sector de los depósitos del Club del Comic. ¡Unas hermosas pilas que sus buenas puteadas se habrán llevado! (Risas).

Incluso, luego del Offset llegaron a los quioscos, y lo hicieron a todo color en papel ilustración. ¿Cómo fue la experiencia de volverse una empresa comercial?

Jamás fuimos comerciales. Nunca ganamos un centavo con el Robot, los pocos pesos que entraban los volvíamos a invertir en la salida del próximo número, nada novedoso para los lectores de esta página. Cuando saltamos a los quioscos tampoco vimos una moneda. Cuando nos largamos como independientes, papel ilustración y todo color, fue mi suegro quien por fortuna terminó levantándonos los cheques en la imprenta, en plena devaluación. Así que empresarios ni por asomo, ¡todo lo contrario! (Risas).

Nosotros tenemos rastreados hasta el número 18 de RAN, ¿es ese el último número? ¿Hubo alguno más? ¿Tuvieron planes de continuarla?

424011_10150530397141898_53484453_nEn todo caso fue la última en los quioscos. Hubo uno que posteriormente se conoció como la RAN Maldita, que salió muy mal impresa y que iba a ser lanzada conjuntamente con algún evento, tal vez un Fantabaires. Como no nos gustó, las tiramos todas a la basura. Después del número de Cowboy Bebop tácitamente nos dimos cuenta que no daba seguir insistiendo. El Robot se había convertido en un mito y si seguíamos sacando números íbamos a cagarla. Además, el público era otro y económicamente no era viable.

Durante un tiempo, alrededor del 2004 aproximadamente, hicimos un sitio web que traía las notas viejas y algunas nuevas, pero era mucho trabajo y los textos originales no estaban en versión digital y muchos ejemplares se habían perdido. Partimos de la base de otra intentona que un amigo en común Miguel Falco había comenzado previamente.

César hizo un fanzine unitario buenísimo que no pasó del número 1 y hace unos años nos divertimos mucho escribiendo notas nuevas para un blog que se llamaba Animetech, creo, si lo buscan, por ahí anda. Muy divertido también.

Además de RAN, ustedes se diversificaron, muchos participaron en la revista Nuke y hasta llegaron a producir y conducir el programa de Nuke TV. ¿Cómo surgió la posibilidad? ¿Cómo fue la experiencia?

Ran.18b2Nuke fue un manotazo de ahogado de mi parte. ¡Venía de fundir mi comiquería! (Risas). Los chicos de Editorial Power Play muy gentilmente me ofrecieron la oportunidad de dirigir mi propia revista.

Al principio tratamos de abarcar muchas temáticas que no fueran japonesas porque veníamos cansados de lucharla con el Robot, y porque para ese entonces había un líder indiscutible en el mercado dedicado a esa temática. Sin embargo, con el correr de los números de a poco se fue convirtiendo en una revista sobre manga y animé alternativa, para un público menos adolescente.

Nuke TV surgió cuando ni siquiera existía YouTube, o al menos no era conocido. Quería hacer un programa onda Club del anime o Cablín pero como no teníamos la posibilidad de salir por cable y mucho menos por aire, se me ocurrió que tal vez no sería tan descabellado grabar videos en CD e invitar a los lectores a tener mucho material extra con cada número. Fue muy duro de llevar a la realidad pero tuvo sus frutos, descubrí hace poco que mucha gente se encargó de ripear los videos y rescatarlos del olvido. ¡Además, parece que gustaba mucho!

Falta preguntar, ¿cuánto te sorprende que aún haya lectores de RAN y que hasta haya una comunidad activa en Facebook? ¿Valió la pena?

Claro, por supuesto, sobre todo porque la RAN fue sin dudas un semillero de talentos y amistades que aún perduran. Y cuando veintipico de años después los lectores nos siguen recordando y preguntando sobre las historias del Robot,  es increíble.

Solo puedo agregar que, de seguro, se me han escapado muchos detalles, pero eso se debe a que las respuestas sólo las tienen los verdaderos genios detrás de los engranajes: Marcelo Romero, César Pereya y Pablo Rivas…y todos los que alguna vez pasaron con sus cajas de herramientas prestos a remachar cada parte del Robot cuando estuvimos a punto de bajar los brazos. ¡A ellos, todo el honor!

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DescargasRAN N°4 / RAN N°7 / RAN N°16

Offtopic: varios de los amigos del robot se han embarcado en uno de los mejores y más bizarros Podcasts de la actualidad, Bostapocalipsis, por entero dedicado a esas películas clase B que hicieron la delicias de nuestra más tierna infancia.

Las tres revistas fueron escaneadas en Roberto Gabriel García y subidas al grupo RAN.
Publicado en Simultáneo con Kirk!.
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Diego Arandojo es periodista, escritor y dramaturgo, pero también, uno de los guionistas más interesantes de la actual Historieta Argentina. Además, bajo el pseudónimo de Dearand, es dibujante. Su fanzine, Lafarium Cuartiquis -uno de los primeros en aparecer en la ya lejana Primavera de los fanzines de 1997-, es hoy una plataforma multimedia, con la que Arandojo sigue generando contenidos, muchos de ellos relacionados a su primer amor, la historieta. De cuáles fueron sus orígenes y qué recorrido lo trajo hasta hoy, es esta entrevista.

¿En qué momento empezás a interesarte por el mundo de la historieta?

edicion-1Desde niño. Dibujaba y a la vez escribía. De hecho el primer recuerdo que tengo es creando personajes e historias, que inicialmente volqué a cuentos y luego al dibujo. Pero fue recién cuando ingresé a la Escuela Garaycochea de Buenos Aires, hacia el año 1992, cuando adquirí una técnica, digamos, que le diera forma a mis garabatos. Cursé inicialmente humorismo con los maestros Ibáñez y Garaycochea y, posteriormente, con Oswal, historieta durante varios años. En paralelo siempre fui un activo lector de este género, gracias a que mi padre poseía un kiosco de diarios y revistas. Todavía las grandes revistas de historieta -y casas editoriales- existían: todas las de Columba, Skorpio, Puertitas, etc. Sin contar las maravillosas en formato horizontal como: Lupín, Patoruzú, Capicúa, Afanancio, Don Nicola y las editadas por Jorge Toro, Gattín, Fitito, etc.

¿Cómo surge y qué significa Lafarium Cuartiquis? ¿Cómo fue esa primera experiencia y cómo se reinventó en lo qué es ahora?

En 1997, junto con mi amigo periodista Maximiliano Ramos, teníamos ganas de editar un fanzine que pudiera dar espacio al género gótico, en todas sus manifestaciones, tanto en literatura, como en plástica o historieta. La razón era porque no hallábamos una revista local que saciara nuestros gustos específicos, por fuera de las publicaciones españolas importadas como Fangoria o Star Log que llegaban a los kioscos del centro de Buenos Aires. Pero que estaban más orientadas a las películas o series de televisión.

Ya veníamos hacía unos años atrás probando con otros formatos, pero finalmente me salió la frase “Lafarium Cuartiquis”, de uno de mis cuentos. Su significado era “Habitación sin tiempo ni espacio”. Una especie de lugar de tiempo abolido, pero que sin embargo tiene existencia material y está gobernado por un ente llamado Jonos. A partir de aquel año comenzamos a editar Lafarium Cuartiquis en formato fanzine. Entre sus colaboradores había amigos del curso de historieta de Oswal, entre ellos, LecLuciano Cruzado-, Jok Diego Coglitore-, Ángel Mosquito Mariano Pogoriles-, VladJuan Cruz Rodríguez– y FabFabián Arnaldi-, para mencionar algunos.

Teníamos formado un lindo grupo, con el cual compartíamos el sueño de publicar y vivir de la historieta. De hecho, al salir los sábados de las clases de Oswal, nos metíamos en un café próximo a almorzar, y pasábamos horas allí. Ese lugar fue bautizado como “Bar Lafarium”. Todavía tengo charlas grabadas en cassette de aquellos sábados.

De esta época inicial de Lafarium Cuartiquis rescato un número especial que fue una adaptación que hicimos del Apocalipsis de San Juan al formato de historieta, también con aportes de textos de Ramos. La historieta fue colectiva y dibujada por Jok, Lec, Juan Cruz, Mosquito, etc. Quedó bastante bien, dentro de nuestras posibilidades estilísticas de aquel entonces.

Tras terminar mis estudios con Oswal, Lafarium Cuartiquis pasó a ser una revista digital, hacia el año 2000. En esta nueva etapa como webzine -en la dirección actual www.lafarium.com.ar– tuvo la particularidad de ser la primera revista de este género, en Argentina, en formato totalmente horizontal. Tenía mucho diseño y cuidado en la selección de textos. Se agregaron muchos más autores, de distintos puntos de América y de España también.

laf-20-02Hacia el año 2004, Lafarium Cuartiquis entró en un impasse, dejando publicados 23 números. En 2006, gracias al impulso de los colaboradores Gladys Cepeda y Diego Ollero, se realizó una versión en papel, de carácter monográfico, dedicado a “Las Sociedades Secretas”. Para aquel entonces, solamente yo dirigía  la revista, con el aporte de textos e ilustraciones de distintos colaboradores del grupo original.

Pero no fue hasta el año 2011, cuando gracias al impulso del periodista Fernando Piciana, Lafarium Cuartiquis volvió a salir a través del sello editorial UnH Ediciones, nuevamente en formato digital. Se realizaron seis números monográficos y cinco especiales, entre ellos una entrevista que le realicé a Edward Packard, creador del concepto de los libros Elige tu propia aventura; y otra a Makoto Uchida, creador de emblemáticos videojuegos como Golden Axe y Altered Beast, entre otros.

Hacia 2014, y de acuerdo a un cambio editorial de UnH Ediciones, decidí recuperar el control total de Lafarium Cuartiquis. La regresé a su formato horizontal original, en el cual predomina el uso del blanco como si fuera negro, “Luz en la oscuridad”, uno de los pilares de la publicación.

Esta nueva etapa también dio nacimiento al sello editorial Oráculo Ediciones, el cual impulso actualmente con mucha dedicación y cariño. Ya llevamos tres libros editados en papel: Lafarium -que recupera textos publicados y otros inéditos de la revista-, La Casa Hiperbólica -de Claudio García Fanlo-, y Déjame en paz -un poemarío neogótico de mi autoría-. Y tenemos más libros proyectados para publicar durante 2015.

Actualmente, Lafarium intenta no ser sólo una revista, sino un concepto. Genero documentales e investigaciones en formato cinematográfico para reforzar los contenidos impresos, trabajando en clave transmedia. Ahora lleva el lema de “La mirada invisible del arte”, con lo cual intento transmitir ese concepto de algo que no está ceñido o atrapado a un límite espacio-temporal.

Vos participaste en uno de los movimientos más interesantes que tuvo la Historieta Argentina, el AHI -la Asociación de Historietistas Independientes-. ¿Cómo ingresaste en ella y cómo funcionaba?

edicion-2Durante el año 1997 e inicios de 1998 se venían realizando una serie de encuentros en la CTA de la Avenida Independencia, de Capital Federal, los días sábados. En aquel entonces las grandes revistas de historietas, en su gran mayoría, estaban desaparecidas o prontas a desaparecer -el caso de Columba, para citar un ejemplo-.

Como te dije, yo estaba vinculado a un hermoso grupo que surgió en las clases de Oswal, y que al término de la cursada siguió unido, a través de distintos fanzines -como Extraño Cameyo, que dirigía Mosquito-. Todos poseíamos estilos diferentes, y narrativas diferentes. Con Lec y Mosquito creamos La Squadra Potemkin, que era una suerte de colectivo con el que editamos algunas historietas, en aquel entonces bajo la fuerte influencia de las películas de Quentin Tarantino. Dentro de esa estética, también colaboré con un guión para la Morón Suburbio número 1 y luego con la número 2, con mi seudónimo Dearand.

Todos los que participaban de las iniciales reuniones en la CTA eran historietistas que publicaban sus respectivos fanzines, con mucha pasión y honra. Nos unía el vacío que existía en relación a la caída de los sellos editoriales argentinos y la necesidad de publicar, de alguna manera, nuestras historias. Cabe destacar el rol importante de la revista Comiqueando, tanto como medio difusor de novedades del medio, así como continuador de aquella gran revista de inicios de los años ’90 que fue Comic Magazine, que alternaba las reseñas de historietas con la publicación de nuevos autores.

Lentamente, reunión tras reunión, nació la idea de bautizar este nuevo emprendimiento, y salió la denominación Asociación de Historietistas Independientes, y luego ya la concreta misión de realizar el primer Historieta Bajo Tierra; el nombre venía más que nada del concepto del underground norteamericano, tal vez un homenaje y a la vez una realidad que vivíamos. La idea no era quedarnos sólo con las palabras, sino bajarlas a acción.

AhíSe comenzaron a barajar logotipos para la AHI; todos aportamos diseños (tengo los míos por algún lado, pero eran demasiados extraños y alocados), hasta que se eligió uno, que estaba muy bien y representaba el espíritu. Y empezamos a hacer medidas de cómo adaptar el espacio que nos daba la CTA para concretar el primer festival. Recuerdo que en aquel entonces yo estaba cursando el CBC para Imagen y sonido en la UBA, y tomé medidas y armé una planta arquitectónica en papel, pensando qué lugar ocuparía cada stand, cuántos metros teníamos, etc. En fin, intenté hacer mi aporte dentro de las posibilidades que tenía, ya que paralelamente al asunto de la historieta me estaba metiendo en otra gran pasión de mi vida, la cinematografía. De hecho en 1998, mientras se realizó el primer Historieta Bajo Tierra, ya estaba cursando la carrera de cine en el IDAC de Avellaneda.

Finalmente se realizó el primer festival y anduvo muy bien. Recuerdo que Mosquito logró contactar a una periodista de Página 12, que nos hizo una excelente reseña, y esto ayudó a que la gente conociera lo que estábamos haciendo. Además de público, vinieron profesionales como Quique Alcatena, que dijo una frase que jamás olvidaré, “Nunca dejen que este emprendimiento sucumba por los egos de los miembros”. Así que el saldo, tanto de recepción de la gente como de intercambio entre los propios historietistas, fue muy positivo. Había todo tipo de publicaciones, desde las que tenían una impresión más profesional, Catzole y Pluma Negra, entre otras, hasta los fanzines creados mediante fotocopias; también fue un encuentro de artistas que luego se consolidarían, como Gustavo Sala. Por mi parte, y gracias al aporte de la cámara de video S-VHS de Federico Velasco -compañero mío en Avellaneda-, filmé todo el evento. Lamentablemente el material no lo encuentro, espero hacerlo en algún momento.

 ¿Cuáles eran los objetivos del AHI? En el sentido de qué es lo que pretendía, a qué aspiraba.

Durante la etapa de mi participación, entre 1997 y 1999, se trataba de generar un espacio nuevo para la publicación y difusión de historietas, en un país ya sin grandes editoriales. Hacer algo nuevo. No emular el pasado.

Había jóvenes y adultos; profesionales y no profesionales. Pero no había distinciones y eso era algo muy lindo. Éramos todos historietistas y nos unía el amor a la historieta, y el deseo de que la rica tradición de este formato en Argentina continuara de alguna manera. Esa, creo humildemente, era la gran ilusión.

¿En qué momento se escinde el AHI y por qué? O si no, ¿en qué momento vos te escindiste del AHI y por qué?

edicion-3Hacia 1999, yo estaba en el segundo año de la carrera de cine en Avellaneda. Mis intereses ya eran otros, si bien estaba empezando a publicar profesionalmente -en aquel entonces en la revista Croniquita, del Diario Crónica-, me tiraba mucho la cinematografía y también la escritura de guiones. También, habíamos hecho con Mosquito, Lec y Fabián Arnaldi el fanzine “Cero Onda”, del cual salió sólo un número. Si bien nunca dejé de hacer historietas, en ese momento no me veía trabajando a futuro de eso, o no al menos exclusivamente. Tenía otros intereses que me tiraban más fuerte, la escritura audiovisual por ejemplo. Entonces tomé la decisión de apartarme del AHI. Por lo cual no viví el proceso de extinción de la AHI, sino más bien sus orígenes.

Quiero decir algo importante: aquella época, al menos en mi parecer, no tiene nada de épica. Me pasó hace un tiempo de leer una crónica de la AHÍ, narrada en clave aventurera. Y te puedo garantizar, con mucho respeto y afecto hacia todos los participantes, que no tenía nada de épico. Era el esfuerzo, el gran esfuerzo, de un gran grupo humano maravilloso por darle continuidad a la historieta de autor en la Argentina. Sangre, sudor y fotocopias.

¿Qué fue de aquel Dearand dibujante? ¿Y qué recordás de Moron Suburbio?

edicion-apocalipsisNunca cesó. Siempre dibujé y dibujo. Alterno el seudónimo Dearand con mi apellido, dependiendo la historieta que realice.  A pesar de que en los últimos años trabajé más como guionista de historietas, que como dibujante. Eso a razón de mi trabajo actual como autor de televisión y teatro.

Una de las primeras publicaciones que recuerdo, con mucho cariño, fue en la colección Colorin Buc que editaba el gran Elenio Pico, en el mismo tiempo que salía la mítica Lápiz Japonés, hacia el año 1996. Me editó un librito llamado Pezonario, que tenía dibujos a pincel de seres con pezones. Mi estilo en aquel entonces era fuera de lo común. No me interesaba repetir estándares anatómicos. Mis historias no tenían remate. No me interesaba el remate. Quería llegar a impactar, en algún nivel. Dejar atónito al lector. Por ejemplo, con una historia que salió en Cero Onda, llamada El licenciado Birulete y su amigo, la porción de pizza homosexual. Incluso, me llamó una persona telefónicamente para insultarme.

DearandMarianoÁngel Mosquito– arrancó con Morón Suburbio con mucha perseverancia y fuerza. La vendía a $ 1, y era una publicación bien impresa, tapa color e interiores blanco y negro. Tenía la tenacidad necesaria para conquistar una meta. Tal vez esa era la diferencia que tenía con los demás estudiantes de Oswal, se había propuesto una misión, que era publicar.

Para el primer número, Mariano -muy influenciado por el cine de Emir Kusturica, Tiempo de gitanos y Underground; y también por Tarantino-, me propuso guionarle una historia. Y luego también para el Morón Suburbio 2. Fue una linda experiencia. De hecho, también escribí una serie que nunca vio la luz llamada Marte Suburbio, mezcla de Ray Bradbury y sus Crónicas Marcianas, y la estética narrativa de Morón Suburbio.

Vos estuviste involucrado en una publicación de los más interesante de  aquellos años, Cero Onda, su único número bastó para ponerla en primera línea. ¿Cómo surgió, cuál era el proyecto, por qué no siguió?

Cero OndaUn poco lo expliqué antes, queríamos hacer una revista distinta, que unificara nuestros distintos estilos. Barajamos varios nombres hasta que salió Cero Onda. La propuesta era muy buena, pero lamentablemente no se pudieron concretar más números. También era una etapa que yo me estaba volcando más al cine que a la historieta.

Tu relación con la historieta es profunda y siguió luego del AHÍ, allá por el 2004 participaste de Bastión, y hoy tenés más de un guión publicado en el suplemento de Telam… ¿Cómo fue tu carrera Post-AHI?

Al término de mi participación en la AHI, continué mi carrera de cine hasta diplomarme como realizador cinematográfico en el año 2001. En ese período de tiempo –además de los trabajos para Croniquita y otras revistas del interior, como Lote, de Santa Fe-, había publicado una historieta en la revista Qajas de Edgardo Carosia y Jorge Tarruella; una publicación de gran calidad que persistió algunos números.

En 2003, junto con un amigo catalán -actualmente fallecido- publicamos un libro de cuentos de terror titulado Cuentos macabros para sonámbulos -con ilustraciones de tapa e interiores de Lec-. Ahí conocí a Matías Timarchi, que trabajaba como diseñador gráfico en la Editorial De los Cuatro Vientos. Hablamos de historieta, de lo mucho que nos gustaba. Él ya estaba empezando a armar Bastión Cómix. Así que, a partir del segundo número, me publicó un relato, y luego, publiqué otros guiones dibujados por diferentes artistas. Una experiencia invaluable.

Paralelamente, con Ed Carosia -que se había mudado a España; primero a Madrid y luego a Barcelona- trabajamos en distintos proyectos. Siempre como guionista. Así publicamos historietas en Dos Veces Breve, Monográfico, etc. Fruto de esta colaboración fue el libro editado en España y Francia, Manu en la playa, de la colección Mamut, de la editorial Bang. Ed es un grande.

nomuertos_01Con Matías luego armamos muchos proyectos que, lamentablemente, no vieron la luz. Uno de ellos fue T de Terror, adaptaciones a cómic de cuentos clásicos de terror. Escribí seis en total, y se publicaron dos –con arte de Sebastián Cabrol y Sergio Monjes– en el libro Relatos de no-muertos, publicado por Ovni Press. El resto está inédito. Al igual que una gran serie de vampiros y hombres-lobo llamada Wolfmaiden, co-escrita con Matías.

A mi formación como realizador cinematográfico le agregué otra carrera, guionista de televisión. Fue así que, entre los años 2004 y 2006, cursé esa carrera en el ISER de Buenos Aires. Logré ser medalla de oro y de plata, con los mejores promedios de todas las carreras.

Y, por último, sobre la historieta de Télam: surgió de una propuesta de Quique Alcatena. Yo armé el guión y él la dibujó junto con Silvestre. Fue una experiencia maravillosa, jamás imaginé que iba a compartir página con estos dos grandes de la historieta y de la vida.

Además, sos guionista de Cine y Televisión ¿Cómo es la experiencia? ¿Cómo resultó la experiencia de trabajar sobre la vida de tantos caudillos y próceres de nuestro país? ¿Desde dónde se aborda la temática? ¿Qué desafíos implica contar la vida de alguien como Güemes, tan conocidos por todos y la vez tan lejano?

Hacia 2004, haciendo el primer año de guión en el ISER, ya tuve mis primeras experiencias en el medio de la televisión. Siempre como asistente de producción o Logger -visualizador-. Pero ese año fue importante porque gané el concurso a mejor guión de cortometraje del Fondo Nacional de las Artes, con mi obra El caracol rosa.

Así que puedo decir que arranqué en la televisión haciendo los peores trabajos. Lentamente y gracias a las ganas por salir adelante, me fui abriendo un espacio en distintas productoras hasta ocupar el rol de guionista. En el programa Coronados de gloria -emitido por Canal 9 de Buenos Aires- conocí a Darío “Chino” Volpato de MIDACHI, con quien formamos una dupla de trabajo y creativa.

Luego vino el trabajo con Canal Encuentro, hacia fines de 2007 e inicios de 2008. Trabajé mucho en series documentales y de animación, principalmente con la gente de Occidente Producciones, y más actualmente con Malchiko Cine, de Santa Fe, para la cual guioné Escenas de la historia de un país -primera temporada- y las dos exhibidas este año, La era de los caciques y Güemes.

La experiencia de trabajar la historia en clave televisiva me apasiona. Es tomar un contenido “duro”, a nivel de información, y convertirlo en una historia amena para el público, pero que tenga estructura dramática. No embolar al espectador; hacerlo disfrutar de la historia, y a la vez no perder rigurosidad de contenidos. Porque Canal Encuentro depende del Ministerio de Educación. Y ya estoy escribiendo como mi serie número trece para esta señal.

Una de las grandes satisfacciones que me dio el trabajo para Canal Encuentro fue que en el año 2012 recibí el Premio Argentores a Mejor Serie Documental por Presidentes Argentinos, una serie que contó con guiones de mi autoría y la realización de Occidente Producciones.

¿Como es tu relación de trabajo con El Chino Volpato?

esquina_718Nos unió el interés por el género fantástico, y también por el teatro. Al término de Coronados de gloria comenzamos a pensar una miniserie de ciencia ficción que se llamaba Esquina 718. La estructuramos y, para ayudar a visualizar el proyecto, la convertimos en una novela. Fue publicada primero en Dunken y luego por Ovni Press.

Más tarde, logramos llevar a teatro dos obras, El Reportero -2011-2012-, con las actuaciones de Fabián Vena y Eduardo Blanco; y Vivir Desconectados -2013-, con las actuaciones de Jorge Sassi y Elías Viñoles. Y hay una tercera obra, llamada Run!, que se encuentra en pre-producción.

El Chino es un profesional. En todo el sentido de la palabra. Un caballero. Respetuoso y preocupado por darle al público lo máximo.

Vos dirigiste un documental interesantísimo sobre Terrera, el guardián del Toki Lítico. Es muy interesante tu postura neutral sobre el tema. Amén de los hechos que exponés en el documental, ¿cuál es tu postura, creés o no y por qué?

El largometraje documental 30 años de silencio, el secreto de Guillermo Alfredo Terrera, fue producto de un intenso trabajo de investigación y producción de 4 años, totalmente auto-financiado a través de mi productora, Lafarium Contenidos.

Llegué a Terrera por el asunto del Bastón de Mando de los Comechingones. O sea, comencé por la obra metafísica de este profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, que luego se mudó a la localidad de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires. Después descubrí sus libros más clásicos, como El caballo criollo en la tradición argentina, Caciques y capitanejos, etc.

Así que empecé a buscar datos sobre él, y sus libros metafísicos –muchos ya son piezas de coleccionistas- que estaban fuera de circulación. Y con todo eso armé un guión inicial de rodaje. Gracias al artista plástico residente en Mar del Plata, Sergio Menossi, logré tomar contacto con dos de los hijos del Profesor Terrera. Luego con más testimoniantes.

Básicamente, quería hacer un film documental periodístico, con tono neutral, que permitiera comprender al espectador el por qué un docente universitario, amante de la tierra argentina y sus costumbres, da un giro en su vida y carrera y empieza a hablar de metafísica.

A nivel de tu pregunta de que si creo o no en el Bastón, no tuve oportunidad de verlo físicamente. Son muchos los discípulos o personas que sí estuvieron en contacto con este Toki Lítico y que afirman que tiene un poder especial. Todo eso lo resumí en mi libro Bastón de Mando, un secreto guardado durante 30 años, editado por UnH Ediciones.

Has hecho varios documentales sobre la historieta, hay dos sobre los que nos gustaría que hablaras, puesto que son amigos a los que admiramos: el increíble Quique Alcatena y el inconmensurable Silvestre “Frank” Szilagy. Vos trabajaste con ambos, ¿qué nos podés decir de ellos?

Dos genios. Dos seres humanos excepcionales.

Comencé a filmar historietistas a partir de un documental, en formato crónica, que le hice a Clemente Montag -el autor de Coco y Cilindrina– en febrero de 2014. Los chicos de Banda Dibujada lo vieron y me ofrecieron hacer un video similar sobre Eduardo Maicas, para proyectarlo en la entrega de los Premios Banda Dibujada de 2014. Y fue tanta la alegría que me dio eso -a la vez de ser yo también dibujante y amante de la historieta-, que comencé a hacer más y más crónicas documentales sobre historietistas. Entre ellos el gran Silvestre, con quien estamos actualmente trabajando en una historieta  de ciencia ficción juntos.

La idea de hacer un largometraje sobre Quique Alcatena surgió de un sueño que tuve, estaba en una comiquería y encontré un libro sobre él, que era a su vez una biografía, como un documental en historieta. Eso me cautivó. Las páginas eran como story-boards. Luego me desperté.

Estuve con esa idea durante meses, hasta que me animé y hablé por e-mail con Quique. Nos encontramos en el mítico café El Coleccionista, de Caballito. Y le planteé la idea de hacer un largometraje sobre su vida y obra. Quique accedió y comenzamos el rodaje, que entre pos-producción y demás, duró un año.

Le estoy profundamente agradecido por haberme abierto las puertas de su casa, de su estudio; ver originales publicados e inéditos, charlar durante horas, compartir café y recorridos por distintos espacios. Fue -y es- una experiencia maravillosa. Digo “es”, porque como el documental posee una dimensión transmedia, mi objetivo es seguir haciendo segmentos de contenido sobre Quique, que se vayan conectando a las secuencias del film documental. Una suerte de “Biblioteca Alcatena”, sin fin.

También a este film se le complementa un mediometraje documental sobre Metallum Terra, que será editado en DVD -en una tirada exclusiva- para la nueva reedición de esta historieta de Alcatena Mazitelli, que llevará adelante la editorial Napoleones sin batallas en 2015.

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Publicado en Simultáneo con Kirk!

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No recuerdo el momento exacto en que conocí a Diego Cortés. Seguro que fue por finales de la década de 1990, cuando andábamos metidos ambos en el mundillo de la edición independiente de historietas, yo con la Kapop y Diego con su sello Llantodemudo, sacando cosas de poesía y de historieta en años donde publicar localmente era una epopeya de locos, valientes o ambas cosas. Más si vivías como él en Córdoba, lugar tan desconocido para la cultura oficial argentina (un país tan poco federal en lo cultural que asusta a veces).

Que, veinte años después, Diego siguiera al pie de Llantodemudo, editando continuamente autores noveles, apostando al mismo material, bancando todo a pulmón, sin prebendas estatales o auspicios corporativos, cuando la mayoría de nosotros hacía rato que habíamos huido de esa locura conocida como “proceso editorial”, habla mucho de su pasión, de su apuesta fuerte por darle aire a nuevas voces en la historieta.

No sabría decir cuán influyente Diego Cortés haya sido en el mundillo de la poesía (desconozco), pero en la historieta actual argentina, su súbito fallecimiento (dichoso paro cardíaco) deja un espacio gigantesco a llenar. Es lógico: un tipo que se dedicó más de la mitad de su vida a dar a conocer a autores interesantísimos, siempre jugándose a contar historias alejadas de lo que el canon de lo “vendible”, de lo “que dicta el mercado”, no aparece tan seguido. Fíjense sino en las entradas dela enciclopedia fanzinera de este sitio: verán muchísimas entradas donde Llantodemudo aparece como editor. Creo que todo o casi todo el mundo de la historieta contemporánea local alguna vez tuvo (tuvimos) algún proyecto que llevarle a Diego.

Cuando hablamos de editores independientes, el que sabe un poco piensa automáticamente en Diego. Cuando hablamos de guionistas personales y maduros también pensamos en él.

Por eso lo vamos a extrañar.

Descansá en Paz, Diego. Ojalá que San Pedro te deje editar tranquilo en el Cielo.