Las chicas de nadie: la perversión dentro de la perversión

Publicado: junio 24, 2017 de Sergio Schiavinato en Análisis, Autoedición, Cómic Nacional, Editoriales independientes, Nueva Historieta Argentina, Opinión, Reseñas
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Damián Connelly es uno de los guionistas argentinos con más producción, tanto en su propia editorial, Atmósfera, como en otros emprendimientos. Con tantos trabajos de guión y edición no es raro que terminen apareciendo reediciones de obras agotadas como la que nos ocupa en este momento.

‘Las chicas de nadie’ es una obra que engancha al lector con su argumento sórdido, los personajes bien construidos y un impecable ritmo narrativo.

La trama comienza con Emmet, un solitario profesor de secundaria, divorciado y adicto a la pornografía, que un día cualquiera viendo una película porno se encuentra con una chica atada y pidiendo auxilio a los gritos. La imagen queda grabada en la mente de Emmet y junto con una vecina bastante metiche empieza a investigar. Casi sin darse cuenta el improvisado dúo se encuentra cada vez más metido en situaciones jodidas, esas de las que no se puede estar seguro de salir en una sola pieza.

Cuando se lee la obra por primera vez puede dejar la sensación de un final inesperado por puro morbo, que le quita un poco de gusto a las páginas previas. Pero hay señales, indicios de ese desenlace a lo largo del libro que sin reducir lo shockeante sí dejan claro que no es un manotazo de ahogado del guionista.

La mayor crítica viene por el lado de los diálogos; si bien la ambientación transcurre en una pequeña ciudad en USA, resulta poco natural que todos los personajes hablen en una especie de castellano neutro como el de las películas (mal) dobladas, sobre todo cuando tienen muchos rasgos culturales muy distintos entre sí: un profesor mayor de edad, una adolescente clase media baja, mafiosos chinos, traficantes latinos… todos hablan de ‘tu’, putean con ‘mierda’ y ese tipo de expresiones que le quitan personalidad y onda a las caracterizaciones. De todos modos, no hay muchos diálogos y sí mucha narrativa visual, lo que hace muy llevadera la lectura.

El dibujo de Matías San Juan, una de las mitades de la revista ‘Doppelgänger’, es pensado justo para este tipo de historia: es sobrio y delicado, una mezcla de Dan Clowes y Lucas Varela, pero apostando más por la narrativa y la claridad del dibujo antes que por los virtuosismos gráficos. Los tonos de grises acompañan el clima, igual que todos los detalles en fondos y ambientación; tampoco se notan para nada las referencias fotográficas que figuran en los extras de esta nueva edición.

La edición es impecable para su precio y es muy bueno que esta obra haya sido reeditada para seguir siendo descubierta y disfrutada por cada vez más gente.

 

 

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