LLL: El Campito x Lucy Loles

Hoy, en Lunes de Lucy Loles: “Me arruinó la pizza”.

El Campito, de Diego Agrimbau y Hernán Gutiérrez.

El Campito parece, a primera vista, un coming-of-age-comic, uno de amistad y cosas vintage, pero termina siendo mucho más que eso. Con bastantes personajes (no todos tan imprescindibles) y con un nivel de detalle impecable al momento de ambientar, van ilustrando una época que me imagino a muchos les dará cierta nostalgia.

Vamos siguiendo a Luis, uno de los tres pibes, que lo conocemos chaqueteándose con un almanaque de la gomería “Las Gomas”. Si volvemos a la hipótesis del Agrimbauverse, ¿sería el pibe de El Asco de chiquito, y de ahí pasó al sillón?

Obviamente tiene algo turbio escondido en la trama, no es sólo una historia de pibes jugando al lado de las vías. Agrimbau va tirando pistas, sugiriéndonos cosas… Y cuando pasa algo malo, la narrativa funciona como lo de “el mejor monstruo es el que no se ve, el que completa el espectador con su propio imaginario”.

Es la primera vez en mi vida que la pizza tiene una connotación negativa. Con la tremenda frase “demasiadas pizzas para dos personas”, nos tira un hint de que el padre de Betty la está pimpeando, y después (si entendí bien), en consecuencia Betty se suicida. Me arruinó la pizza.

Pero no todo es bajón, también tiene algún que otro chiste y toda una secuencia romántica. Algo que me parece interesante resaltar es esta cosa tan humana, y tan bien retratada, que le pasa a Luis. Lo de aferrarse a un momento, una escena, y quizá con el tiempo ir cargándola de una emocionalidad que no tenía, o que al menos los demás no parecen haber percibido.

Con la frase de Lola “somos el telo de los aguaciles” y los bichitos revoloteando alrededor, me imaginé que sería una secuencia para recordar, o al menos yo la recordaría.

En cuanto a la imagen: los primeros planos la rompen, pero las caras más lejanas son como maquetas de lo que sería una cara. Es raro porque los paisajes de Gutiérrez están buenísimos, y el nivel de detalle también. Hay un laburo de decorado ochentoso muy bien hecho, con muñequitos de Robotech, posters y, entre otros, el famoso juguete de agua (que tampoco sé cómo se llama).

Más allá del (SPOILER!) final abierto, me dejó con una sensación rara, como si ninguno de los finales posibles pudiese terminar bien para Luis. Quizá es esto de empatizar con los personajes… Al final se me hizo tan gris como el finde.

Reseña original: Acá.

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