La vida a través de las viñetas

En la Dibujadxs 19, Szama Ediciones lanzó a la venta dos libros, uno medio bordó y uno amarillo bien chillón. En la tapa del primero se ve un collage de fotos de pareja arrancadas en seria composición, mientras que en el otro dos garabatos de la misma persona transan apasionadamente. Es un contraste ridículo, pero estos dos libros comparten un mismo concepto básico: la idea de contar la propia vida a través de la historieta.

La autobiografía en el medio no es nada novedoso. Tuvo un auge importante en la época de Historietas Reales, está muy presente en la nueva movida fanzinera y cada tanto sale un libro de historieta nacional donde autores y autoras convierten sus vidas en tinta para nuestro entretenimiento. ¿Qué proponen estas dos nuevas incorporaciones al género?

La publicación en conjunto no es casualidad. El mismo Szama es claro al expresar que no hay una sola forma de producir historieta autobiográfica, y que estos dos libros, en su contraste evidente, expresan la ruptura de ese supuesto canon. La propuesta que plantea la editorial es la siguiente: con el autobiográfico podés empatizar y emocionarte, pero también podés presenciar el ridículo y cagarte de risa.

Empecemos por El mundo extraño, de Loris Ziggiotto. Pensado originalmente como un fanzine corto donde se explora la vida del autor a través de cinco recitales de la banda “Él Mató a un Policia Motorizado” (“Navidad de Reserva”) y luego expandido a esta novelita gráfica de 60 páginas, El Mundo Extraño es la historia de dos personas que se conocen para después desconocerse. Una de esas personas es Loris.

Que Sole Otero sea la prologuista tiene todo el sentido del mundo y tal vez exprese mejor que yo la clase de libro que es este, porque El Mundo Extraño resulta en una lectura increíblemente complementaria a la ya icónica “Poncho Fue” de Sole. Ambas son historias de autodescubrimiento y que usan una experiencia amorosa jodida para explorar el “lado B” de las relaciones, el menos copado.

A lo largo de la historieta de Loris pasea por varios nombres y escenarios conocidos del medio que dan contexto y apoyo a la historia que cuenta sobre sus idas y venidas consigo mismo y otros, y es una lectura apasionada e intimista que hasta te hace sentir un poco incómodo cuando te das cuenta todos los detalles de la vida de este tipo que te estás enterando a través de una historieta.

Mi experiencia durante la lectura, que debe importarles mucho, era la de “este hijo de puta dibujó este libro para sus amigos”. Se me hacía “para entendidos”, como si te contaran la anécdota de alguien que no conocés llena de referencias que te son completamente ajenas. Como para disasociarme más, me resultaba imposible empatizar con esa conexión personal con la música fuerte, el fanatismo por “Él Mató”, la magia eterna y salvadora del pogo o juntarte a tomar alcohol en una fiesta con otros seres humanos por el placer de ello porque soy el ser humano más amargo que existe, y todo eso hace a la experiencia narrativa de Loris. Aún así (y hay un enorme “aún así”), cuando atravesé esas páginas y leí las reflexiones acerca de la angustia y la idealización del otro surgieron los conceptos más elementales de la historia de Ziggiotto con los que incluso el pecho más frío sobre la faz de la Tierra puede sentirse apelado. Para cuando llegué a la parte donde dice que “dimensionar el peso de todo se hace muy difícil”, entendí que todos esos elementos superficiales que hacen a la anécdota, aunque importantes para la historia que se cuenta, no hacen falta para poder entender lo nuclear de El Mundo Extraño, que es la eterna búsqueda de uno mismo a través de los otros.

(Y el arte cumple y la narrativa es sobre una grilla durísima pero esos detalles a nadie le importan).

Para cortar con tanta melancolía pedorra de reseñador mediocre, pasamos al otro libro. “Guapo”, de Ernán Cirianni, la pesadilla de cualquier corrector de estilo, es un anecdotario de situaciones que experimentó Ernán con el sexo femenino. Sería más fácil decir “con sus ex-parejas”, pero hay un capítulo de la vieja y queda medio turbio, aunque seguro a él le guste así.

Lo bueno es que no tengo que detenerme a analizar ni el arte ni la puesta en página porque Lucy ya lo hizo una vez cuando dijo “es tan feo”. Y es tan feo, pero es honesto con su fealdad, se revuelca en lo apócrifo y explota el humor desde ese lado. Desde que ves a ese socotroco usando su propia chota de bufanda incluso antes de leer la primera historieta ya sabés exactamente dónde te estás metiendo.

Las historias son, por supuesto, casi todas de índole sexual. Es muy divertida la experiencia particular de leer los dos libros reseñados en el orden propuesto por esta entrada porque el emotivo viaje de Loris acaba por sentirse ridículo al lado de las cosas que cuenta Ernán sobre sus ex-parejas y las disparatadas situaciones en las que termina metido.

Y pensé que tenía más para decir pero la lectura de “Guapo” es bastante simple y no hay muchos más análisis posibles. Es gracioso, es un desastre visual y está lleno de chistes de chotas y troskismo, así que si eso no te desagrada probablemente la pases bien con este libro.

Los dos libros de Szama, entonces, son bien distintos. Generan sensaciones hasta opuestas y proponen lecturas muy distintas. Cabe preguntarnos entonces cuál es el supuesto canon del que quiere escapar la editorial con esta propuesta. ¿Cómo se supone que “deben ser” las autobiografías en la historieta? Si son una representación gráfica de la vida (o una porción de la vida) de sus autores o autoras, entonces la clave está en cómo se construyen a sí mismos o mismas en el papel. Cirianni, que ya de por sí es bastante un personaje en la vida real, resulta muy honesto en su obra, y ya hizo una carrera artística solo riéndose de él mismo en otros libros y fanzines similares a Guapo. Ya diseñó y perfeccionó la versión más cómoda de su personalidad para hacer humor auto-referencial, y es su propia marca estética.

Por otra parte, Loris, que hace prácticamente el estilo contrario de historieta, encuentra que el peso dramático está en representarse de la forma más incómodamente honesta posible. Los detalles del “personaje protagonista” de El Mundo Extraño son bien íntimos, los hechos que narra se contrastan con experiencias reales que más de un lector puede sentir con solo ser mencionadas (por ejemplo, la Crack Bang Boom y los asientos frente al río en el Parque España no son solo escenarios abstractos, son enlaces sensoriales profundos para el que haya estado ahí).

Más allá de los chistes de “qué grande que es mi poronga, todas las minas quieren coger conmigo” de Cirianni, lo que menos hace ninguno de los dos es idealizarse, y eso es la clave para que funcionen estos libros. Si Loris se hiciera el poronga o no mostrase los íntimos detalles que hacen a la construcción de su “personaje”, o Ernán no fuera el remate de todos los chistes, tal vez no serían interesantes. Sobran casos de autoras y autores que se representan a sí mismos en sus historietas (admitidamente o no) para cumplir sus fantasías o fingir que son mejores de lo que son y resultan en historietas mediocres. Por suerte, estos no son los casos.

Aún así la idea es la misma: la vida es demasiado compleja como para pretender que solo pueda contarse de una forma. El objetivo detrás del proyecto editorial es un éxito, no solo porque cumple con lo que pretendía sino porque el resultado son dos libros muy bonitos que en la mesa de tu evento comiquero favorito van a saber venderte en combo. Y, si no, al menos son tan diferentes que lo más probable es que al menos uno de los dos te termine gustando.

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