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A unas semanas del último Dibujados, sigue la tarea de revisar novedades que circulan por los cada vez más extendidos circuitos de la Historieta Independiente Argentina. En estos tiempos iconoclastas es buen remedio sumergirse en las propuestas que llaman la atención por su calidad. ¡Apurala, Litoooooo!

Entre Pinamar y Valeria del Mar se encuentra Ostende, localidad donde reside Muriel Frega, una artista de puro talento y gran capacidad autogestiva, que no para de generar proyectos interesantes. Entre su nueva producción está la publicación de Amores en danza, en donde ilustra los textos de Javier Barrera.  El libro mezcla en relato gráfico en historietas en algunos capítulos y la prosa exclusiva en otros, dando una mixtura peculiar. La obra cuenta la historia de la familia Jara a través de sus miembros mujeres. Milagros Jara es iniciada en el arte de la danza por su madre el día de su cumpleaños número 6. En las paredes el estudio de baile están colgados los objetos que pertenecieron a sus antepasados, y cada uno de ellos tiene una historia detrás, algunas felices, otras dolorosas. La narración de Barrera es episódica, destacando los momentos necesarios para llevar el hilo conductor de de la obra. El dibujo de Muriel es plástico, haciendo indivisible el texto del dibujo, con una puesta en página compleja y siempre cambiante. La tapa tiene tintas metalizadas -el scan de la derecha no le hace honores-, y los interiores son a todo color. ¡Hay que estar atentos porque solo se hicieron 100 ejemplares!

Después de un largo parate, en donde los muchachos de Panxa se reestructuraron y siguieron editando a buen ritmo libros, revistas y fanzines para todos los gustos, volvió a aparecer un clásico de esta época: la Panxarama número 9, cambiada y renovada, pero con el mismo espíritu de siempre. Lo primero que destaca es el formato, dejando atrás el 14 x 20 cm., o sea el A5 refilado, para saltar al A4, lo que permite que la revista luzca los dibujos que porta. Otra de las característica es que el staff de esta edición está integrado por hombres y mujeres en partes iguales, pero mejor que eso es que el nivel de todos es de bueno a muy bueno. Destacan los aportes de Epileptic Fred con Sin Fin, de Daniela Ruggeri con La pileta de Menen(dez), de Max Vadalá ilustrando el cuento de Godofredo Fink titulado Una casa de Paso, y de Verónica García con Síncopa. Además brillan las contribuciones de Gory con Noche en la Tierra, una especie de zapping del apocalipsis muy efectivo, Ramona II con El encuentro, con un nivel de dibujo tremendo y una historia muda, figurativa y profunda, y Constanza Oroza con Pérdido, una narración poderosa de arte superlativo. En resumen, el mejor número de Panxarama por lejos.

Sádico es la versión extendida y corregida de la homónima publicación lanzada el año pasado. Enmarcada de lleno en la corriente Grim’n’gritty, muy popular en el cómic americano de los 80 y 90, con exponentes como The Punisher, Lobo y el Suicide Squad , la historia se centra en el personaje de tapa, un anti-héroe dispuesto a tomar la justicia por mano propia -ser juez y verdugo- para dictaminar sentencia sobre los criminales que mata sin el más mínimo remordimiento e, incluso, disfrutando del acto, de allí su nombre. Su antípoda es El Momia, un súper-héroe, que respeta la vida, pero que al verse superado por la operación criminal que intenta desbaratar, recurre a Sádico para que lo ayude en su cruzada. El guion de Fernández y Palazzesi explora el enfrentamiento entre las visiones opuestas de los vigilantes, para encontrar las zonas grises donde ambos fallan, mientras exponen cuestiones de relevancia social y criminal. El dibujo de Jesús Soria está en nivel de excelencia, con buenos planos y encuadres, además de un buen manejo de la anatomía y los gestos. La impresión láser garantiza masas plenas, puesto además de tener tapas color, los interiores están a dos tintas. Si bien la cuestión de la justicia particular -omnipresente en las historietas influenciadas por la corriente más comercial del cómic americano- fue zanjada desde la creación del estado de derecho, destaca la calidad con que los autores exploran la polémica.

Cierra este escueto recorrido, La Llave, la serie de 7 tomos -o sea 7 revistas- escrita, dibujada y editada por Ramiro Gerez Murguia, el factótum detrás del sello Mandale Tinta. De producción cuantiosa, sostenida y veloz, el dibujo de Ramiro -en plena formación- todavía tiene mucho campo para mejorar, pero aún así destaca en él una habilidad inusitada para la dinámica del movimiento y las escenas de acción, algo que le permite contar sus historias plagadas de elementos fantásticos y humor cotidiano. En La llave, tres desconocidos obtienen poderes insólitos que no solo los llevaran a trabar amistad sino que también a unirse en contra del malvado Uskomaton. Las revistas están bien editadas, aunque sería excelente agregar una rotulación digital en el futuro. Acción pura, buenos personajes, una trama divertida y una serie larga que empieza y termina, pocas veces ha pasado tanto en las haras del fanzine.

Por hoy ya está bien, pronto se vienen más reseñas! Hasta la historieta siempre!

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Como una corriente siempre díscola y cambiante, la historieta independiente se transforma para sorprendernos una y otra vez , por suerte -hoy, ya, ahora-, tenemos una nueva edición de Dibujados -¡la dieciseisava!- que nos permite poder encontrarla reunida en un solo lugar, festejando lo que más nos gusta y divierte hacer: leer, hacer y compartir historietas. Y en este momento urgente, hacemos un recorrido por las novedades que algunos amigos de esta humilde casa tienen preparadas para el corriente fin de semana. ¡Dale Play, Switcher Master! 

Blinka, es el seudónimo tras el cual Tatiana Belén Cuccaro hace, entre otras cosas, Queseyó: una publicación que ya va por su número 9 -que es estreno absoluto para Dibujados-. Con influencias del manga, el dibujo suelto y claro, maneja bien las expresiones y los tiempos que se requieren para contar esta comedia dramática y romántica, que se apoya en la relación de sus protagonistas –Robin y Félix– y su grupo de amigos. Un guión interesante y divertido, con momentos logrados, que pone el foco tanto en las palabras como en los silencios. Destacan, elementos atractivos, como el especial cuidado que pone la autora, en el vestuario des sus personajes. ¡Es que estos muchachos jamás repiten prenda!

Desde Tandil, el hombre suburbano, Alfredo Retamar, retorna con el tercer número de Líder Metalero, el vástago musical de Líder Negativo -a esta altura, una de las publicaciones más longevas del medio con 9 años de trayectoria y sendas ediciones-. La revista nació bajo la idea de adaptar canciones al formato historieta, un concepto que si se explora como es debido puede tener muy buenos resultados. Impresa en febrero de 2018, esta vez la revista no solo trae adaptaciones de canciones de rock, sino también historietas con el rock como hilo conductor. Sus páginas reúnen a un conjunto de colaboradores que viene trabajando juntos desde hace mucho, como los hermanos Nuñez, que siempre cumplen.

El Estudio Mafia tuvo tres miembros fundadores, pero hoy son muchos más, y si algo les sobra es talento, ganas y esfuerzo. Una de las recientes incorporaciones al grupo fue Ernán Ciriani, mítico artista del under y editor de la colección Burlesquitas. Ya discontinuada, su sucesora es la colección Bambini, que hace su debut con 5 títulos, a cargo de distintos artistas: Mantrul, Teleniño, Fede Di Pila, Nana y Diego Sánchez. Todas las Bambini son historias autoconclusivas e inéditas, entre 20 y 26 páginas, en formato a6. A todo esto se suma, entre otras cosas, Mensaje, de Martín Lietti, un funzine a cuatro tintas en risografía, además del lanzamiento oficial de Las increíbles bestias del Doctor Engelbert Auenbrugger, de Nacho Flores. Solo es cuestión de acercarse, charlar y ver, ¡que la cantidad de material que tienen estos muchachos es asombrosa!

Por fin, desde Mar del Plata, vuelve Kundo Krunch, un artista en plena ascendencia, que trae consigo la reedición de Deuz Tecnicorp, una alucinante historia de ciencia ficción, punto de inicio para un universo ficcionario que promete.  Además, como miembro del sello editorial Faro Negro edita, en conjunto con Tuve Medio, una obra de Matías Chenzo, titulada ¿Lo hacés por la plata o por el placer? Una historia que gira en torno a un joven artista plástico que ve delegada su obra personal por dedicarse a producir aquello que exige el mercado; y que atormentado por haberse convertido en algo que él mismo desprecia se propone realizar su obra más impoluta para poner fin a un período negro de su vida como artista.

Bien, Dibujados esta por comenzar, así que nos vamos para allá, no sin antes prometer que mañana estará la segunda parte de esta reseña de novedades, porque al festival se va los dos días. ¡Es que es una fiesta! ¿Cómo te la vas a perder?

Buenas y santas, compañeros y correligionarios! Nos encontramos de nuevo acá para traerles novedades variopintas! A saber, hay tres grandes noticias!

La primera es que Zinerama se agrandó, desde hace algunas semanas nuestro blog sumó dos nuevos miembros. Uno de ellos es Mel Blumen, mejor conocida por el seudónimo que utiliza para hacer sus reseñas, Lucy Loles. Amada u odiada -y no exenta de polémica-, las reseñas de Mel muestran ante todo la visión de un lector no complaciente, que tiene gustos personales y, por lo tanto, arbitrariedades, pero que no tiene prurito en decir si algo le gustó o no y explicar porqué. Demás está decir, lo divertidas que son sus reseñas. El otro miembro es Ariel Maskin, el factótum detrás de unos de los fanzines más longevos de nuestra historia, Max King Comics. Después de un tiempo alejado del medio, Ariel está volviendo no solo como historietista, sino también aportando su conocimiento íntimo de la escena. Dueño de un humor inteligente y un estilo directo, sus reseñas mezclan memorias y anécdotas personales con los autores además de una revisión detallada de las publicaciones. Desde acá, les damos la bienvenida a ambos.

La segunda es que este año Zinerama se embarcó en un proyecto editorial, con la idea de reflejar la actualidad de la historieta independiente argentina. Es un proyecto ambicioso, que incluye un libro grande -de más de 350 páginas-, que reúne a muchos de los actuales autores de nuestro ámbito -y a algunos inoxidables siempre vigentes-, y que lleva por título: Hoy. Además, el proyecto se complementa con un fanzine -no podía ser de otra manera- al estilo de los de antaño, o sea, una revista sobre -y no de- historietas: cuyo nombre sugiere polémica: Oesterheld me tenés podrido. Ambas publicaciones están en curso, con más de 200 páginas dibujadas y varias notas escritas. Esperemos que las podamos tener listas en el corto plazo. Para mas información, hagan clic acá.

La última de ellas es es que el largo estudio monográfico que escribimos los iniciadores de este insigne blog, Roberto Barreiro y el autor de esta entrada -o sea, yo-, por fin está a punto de entrar a circulación comercial. La Libro de fanzines, incluye nuestro texto, Los fanzines en la Historieta Argentina, que recoge la historia del medio hasta el año 2014. Todo gracias a Tren en movimiento ediciones y su editor estrella, Alejandro Schmied, que no solo fue quien nos convocó, sino que también nos tuvo paciencia infinita. ¡Es que revisar miles de fanzines no es tarea fácil, vea señora, pero que este blog no claudica, no le quepan dudas! De alguna forma, la publicación de este libro es el cierre de una etapa para nosotros, puesto que en los últimos años el terreno de la historieta independiente en Argentina se transformó por completo y creció a un ritmo vertiginoso, tanto que lo que es ya no se parece a lo que fue. ¡Y está muy bien, porque refleja que la historieta está viva y en plena evolución! ¡Qué siga así!

 

Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo, titulado Memoria del Malón, recaba el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

M. A. Strigaro —por todos conocido como Waquero— no es solo uno de los personajes más carismáticos del under porteño de los ‘80 sino, también, una leyenda de la autoedición. Activista político,  Gestor cultural, emprendedor, autoeditor, guionista, conductor, actor y profesor de teatro, tras su figura, se esconde el primer gran fanzine de historietas de nuestro país, la revista O No, donde brillaron talentos como Mariano D’Angelo, Roberto Lorenzo, Jorge Fantoni y Daniel Ortiz, entre otros. A poco más de 30 de la aparición de O no, Waquero rememora su propia historia.

El niño lector

Nací en un rancho ganadero en EEUU, mi días transcurrían entre los ‘longhorn’, vaqueros taciturnos y leyendas de ‘rednek’… Sin televisión ni nada parecido. Sin embargo, una vez a la semana mi abuelo iba al pueblo y, mientras él hacia las compras en el drugstore, yo ‘asaltaba’ el exhibidor de cómics de la DC. Allí Batman y Superman eran mis mejores y principales amigos por 10 centavos.

La vuelta al rancho con mi abuelo en esa vieja Ford V8 del ‘38 era un mar de aventuras, en donde yo le contaba los episodios de mis superhéroes, adicionándoles algo de mi propio peculio, a lo que JPJhonn Paul, mi abuelo— me preguntaba cosas inesperadas, como qué cosa hacía mantener al Superman en el aire o porqué Batman con tanto dinero hacia las cosas solo con Robin en lugar de tener todo un ejército, yo le inventaba mis propias respuestas y eso lo hacía estallar en carcajadas.

Leía las historias una y otra vez, recuerdo cuando nos sentábamos en porche de la cabaña, con la radio apenas audible, escuchando algún tema de Johnny Cash, mientras JP fumaba su Marlboro y bebía una Dr. Pepper o una Budweiser, y al cabo de un tiempo me decía… ‘¿Qué hay de nuevo con Bat o Sup?’. Y entonces yo, comenzaba a narrarle aventuras que me venían a la mente como las ardillas a las nueces.

Ya en la Argentina la cosa cambió de color, mi madre, adicta a la televisión, me indujo a su vicio. Las creaciones en papel cobraban movimiento y se le sumaban héroes y magia. Dibujos y series en carne y hueso de mi ídolos y la aparición de tres sujetos locos The Three Stooges —la traducción más cercana sería los tres ‘peleles’, ya que decir ‘acompañantes de apoyo de la figura principal’ es demasiado largo, pero real—, me sumergieron en un mundo distinto. En esa época, en el cable, las cosas no se tomaban con las mismas pinzas que ahora y los dibujitos venían en idioma original, lo que para mí no era problema y era al ‘traductor’ oficial de mis amiguitos, hasta que el ‘¿Qué dijo, qué dijo?’ se volvió francamente insoportable. Por suerte y al cabo de poco tiempo se tomaron el trabajo se subtitular las series y traducir los dibujos.

Pero creo que lo que me inclinó más a mi carrera de guionista fue la escuela, por una maestra que propuso a sus alumnos que ilustráramos el cuaderno con ‘figuritas’, eso desató mi imaginación. Al principio solo eran figuritas cortadas de las viñetas de las revistas, pero luego de manera gradual sumaba figurita tras figurita hasta armar historias propias. Cuando llegué a completar todo un cuaderno con una ‘aventura’ en donde Batman y Capitán América salvaban al mundo de unos malvados fue la gota que colmó el vaso y mi maestra, una pobre mujer limitada y amarga, mandó a llamar a mi madre para regañarme y exigirle que ponga ‘un poco de límites a la desbordada y febril imaginación de su hijo’. Si, así como suena. Mi madre no me sermoneó, pero ‘sugirió’ que guardará esas aventuras para mí, lo que llevó a completar cientos de cuadernos con mis propias aventuras que nunca vieron la luz.

Comenzaba a decaer en mi entusiasmo cuando, para el cumpleaños de un amiguito, dieron un programa en particular por una televisión que justo en ese momento nadie veía pero que estaba encendida. Un grupo de chinos, japoneses, asiáticos bah… Se alarmaban y corrían de un lado para otro, curioso por saber que provocaba tal desmadre permanecí absortó hasta que apareció en la pantalla un maldito lagarto gigante…

Mi corazón perdió un latido. Pero antes de que pudiera poner de nuevo mis ojos en sus cuencas se le sumó un personaje justiciero de su talla, Ultraman. Así que mientras mis amiguitos corrían por el patio con sendos bonetes de papel, arrojándose papel picado y serpentinas, entre gritos y risas de alegría y chillidos de los ‘espantasuegras’, yo miraba de rodillas y extasiado como dos gigantes destrozaba una ciudad de cartón. Los monstruos habían ingresado a mi vida.

Ya llevaba este glorioso currículo en mi extensa vida de seis o siete años cuando otro hecho ‘fatídico’ marcó mi vida. Mi madre debía visitar a un vecino en la cuadra pero no tenía con quien dejarme, me preguntó, acudiendo a mi hombría, si era capaz de quedarme solo por espacio de 10 minutos. Valientemente le conteste que sí, tenía como compañía a mis lápices, mi goma de borrar y mi cuaderno de dibujos. Al cabo de unos instantes de soledad, se desató el infierno. Se cortó a luz. La única luminosidad en la casa era el fuego de un hogar artificial, me refugie en su aureola invocando a mis héroes para que me protegieran. Mientras aguarda la llegada de ellos, y mientras pasaban los minutos, descubrí que los espectros no avanzaban a tocarme el tobillo. Lenta pero inexorablemente sentí curiosidad por mi estado de ceguera. Comencé tanteando la pata de la mesa, luego la silla, hasta que finalmente comencé a buscar mis lápices y cuaderno y jugar a ‘dibujar sin ver’. Nada había que temer en la oscuridad.

Cuando mi madre volvió, la luz hacía rato que había regresado y me encontró tranquilo. Dibujando. Nunca me creyó que la luz se había ido. Solo una incipiente quemazón en mi rostro daba asidero a mi historia.
Al comprobar que los monstruos no existían comencé a buscarlos… Pero como diría Michael Ende… ‘Eso es otra historia’

El joven editor

Con semejante introducción al mundo de las historietas no era de extrañar, cuando por el ‘83, al llegar la democracia, que me dedicara a ella. Un fenómeno maravilloso y disparador. Las primeras cosas que me llamaron la atención fueron la explosión de revistas porno que poblaron los kioscos de Buenos Aires. En la televisión un programa en particular, llamado Función Privada, proyectaba una serie de películas nacionales de alto contenido de desnudos, no eróticos pero desnudos al fin —les recuerdo que veníamos de un momento en donde hasta los almanaques de bolsillos de chicas desnudas eran censurados—, de manera que ver esas películas y esas revistas era ‘shockeante’. Pero además, aparecieron las revistas de historietas españolas con toda una carga de cómics de vanguardia. Bumerang, Creppy, Metal Hurlant, entre otras, pero sobre todo la Tótem manejaba un idioma visual y narrativo absolutamente nuevo.

De ser arrestados por estar caminando en la calle por la dictadura pasamos a un desenfreno de arte y talento, los mimos cubrían las plazas, se hacían obras de teatro en las veredas, radio, tele, cine… Comenzaba una cultura superlativa. La cultura ‘Ander’. Como todo evento trascendental pero repentino el amanecer cultural era tan extraordinario como caótico. En un principio todo era arte, por el solo hecho de surgir de las tumbas silenciadas hacia tanto tiempo, pero luego lentamente comenzó a aparecer el pescado podrido. Recuerdo una bazofia hecha a fotocopia del sospechosamente ilustre Batato Barea. Un actor que ganó su fama por trasvestirse en los eventos culturales y usando un humor mezcla de ironía y bajeza cotidiana.

Con la aparición de Fierro y su concurso llamado ‘Fierro busca dos manos’ las cosas comenzaron a enfilarse y a tener más sentido. Se descartaron a los que publicaban fotocopias de su trapo de piso y se comenzó a vislumbrar el verdadero talento. Una infinidad de revistas de calidad superlativa aparecieron del día a la noche. En realidad, al organizarse es como se conformó con propiedad.

Recuerdo que nos reuníamos en un desaparecido bar de la Avenida de Mayo, convocados por un sujeto que pretendía hacer una revista profesional paralela a la Fierro. Infinidad de talentosos valores desfilaron en vano por esas mesas por culpa de este buscador de quimeras que nos sumergió en sus banales sueños. Harto de tanta postergación decidí sacar una revista ‘Ander’, sabiendo o sospechando que el milagro de una revista profesional no se iba a concretar. Junté a los valores que pude y que por suerte consideré los más valiosos y creé la O No.

Muchos colaboraron con la O No y muchos hoy en día son profesionales en el tema. Gerardo D’angelo, Mariano D’angelo, Daniel ‘Tut’ Vazques, Roberto Lorenzo, Fabián Fucchi, Jorge Fantoni, entre otros y hasta los maravillosos Carlos Trillo y Félix Saborido fueron colaboradores. Algo que no había logrado ninguna revista ‘Ander’ jamás. Nunca tuvimos mucho contacto con otras revistas en esa época, salvo con Andrés Accorsi y su -por entonces- nuevecita Comiqueando. Un pastiche pegado con plasticola y un armado desastroso y que a pesar de ello traía un material sorprendente.

Por desgracia, salvo los D’angelo los demás no podían usar su tiempo para la organización de la revista, tanto de manera externa como interna —no olvidemos que casi todos eran estudiantes en esa época—. De manera que además de director, mi trabajo era el de productor, relacionista, cadete, etc.

Gracias a personas como Pablo Muñoz y Andrés Accorsi —que fiel a sus orígenes nos daba mucha participación en la Skorpio, en donde me volví profesional—, surgió la posibilidad de organizar el sector de historietas ‘Ander’ de la primera Bienal de Arte Joven. Allí, además de los colaboradores de siempre, aparecieron maravillosos amigos, como Toni Torres. Nuestro evento fue el único que sobrevivió a la Bienal en sí. Ésta pretendía llevar el evento a los centros culturales barriales, pero no lo logró, en cambio nosotros pudimos hacerlo repetir la experiencia en el Centro Cultural Parque Chacabuco y otros.

Por ese ejemplo de fuerza, se me ocurrió formar una agrupación que pudiera aunar esfuerzos y prolongar el efecto ‘Ander’, así nació Los Cuadronautas. Nuestra primera finalidad era formar eventos de divulgación y exposición para recaudar fondos para comprar una imprenta. En ese sentido, la Fierro nos brindó mucha ayuda, en cada número hablaba de nosotros y de nuestros eventos. Prácticamente vivíamos en la redacción de Fierro, donde el ‘Bocha Flores, entre otros, siempre nos daba una mano.

Eventualmente, Juan Sasturain me preguntó si no quería publicar algo en Fierro, ni lerdo ni perezoso le llevé casi todo el material inédito de la O No. Entonces, Juan se quedó con cuatro o cinco de esas historietas. Sin embargo pasaban los números y no aparecía nada de lo mío. Fue ahí cuando me enteré que no había interés en publicar lo mío y, por un secreto a voces, la razón era mi militancia en el Partido Radical. Aparentemente, caí muy mal en la redacción que, en ese momento, manejaba Juan Manuel Lima. Sin embargo, gracias a la astucia y amistad de muchos chicos de la redacción logramos filtrar una historieta mía en el número 90 de Fierro, se llamó ‘Viajero de la Eternidad’ y tuvo con dibujos de Mariano D’angelo.

Estaba en la cima de todo: Sacaba la O No, Dipsus, Rigor Mortis, tenía un programa de Radio en la Municipalidad, con el nombre ‘Delirando con Waquero’, y prácticamente participábamos de todas las muestras. Claro después apareció Menem y se pudrió todo.

El adulto reflexivo

Paso algo curioso con Los Cuadronautas, mi función era la de siempre, el hombre orquesta. Salvo con honrosas colaboraciones, solo Gerardo D’angelo participó codo a codo conmigo en la organización. Para colmo, con excepción de las revistas de Accorsi, ‘Comiqueando’, y la de Muñoz, ‘HGO’, las otras parecían patear en contra. Una extraña y nefasta competencia comenzó a poblar en los fanzines, defenestrándose unos a otros, en lugar de colaborar por el bien común. Por supuesto, muchos de esos adalides hoy están en el anonimato absoluto, lo que demuestra a las claras que solo eran mediocres en busca de sus 15 minutos de fama.

Tras cartón la hiperinflación de la última época de Alfonsín fue lapidaria, recuerdo la anécdota de uno de los últimos números de O No en donde, estando en la imprenta, durante el tiempo que me llevó trasladar los ejemplares al mostrador me aumentaron el precio. Y con Carlitos Saúl, fue la debacle. Deshizo la Subsecretaria de la Juventud, de la cual estaba a cargo, levantó el programa de radio y desecho todo tipo de presupuesto para el área de cultura. El país se sumergía en un caos de incultura y frivolidad chabacana.

Decididos a no darnos por vencidos y gracias a la nueva tecnología, decidimos sacar nuevamente la O No ahora sí como revista profesional. Habíamos madurado como para agregar más notas y, también, fotonovelas. Yo era actor y profesor de teatro desde hacía varios años y me pareció oportuno mostrar a mis actrices en dichas páginas con un sistema olvidado como el de la fotonovela. Desafortunadamente los colaboradores comenzaron a escasear y mantener el nivel era imposible. Solo quedábamos Comiqueado y O No como revistas profesionales en el mercado.

Fue entonces cuando me dediqué a la Axxón. Gracias a un viejo colaborador Daniel Tut Vazques comencé participando en la columna de un amigo, hasta tener mi propio espacio en la revista, ‘Bajo el suelo Ander’ la cual compartí en un comienzo con mi esposa, Natalia Strigaro, hasta que ella también tuvo su propio espacio, ‘La Luna de Hueso’.

Tanto creció ese sitio que hubo que dividirlo. Un amigo de España se dedicó a la versión Europea, ‘Eurander’, y yo a la americana, ‘Amerander’. Publicábamos de todo, juegos historietas, dibujos, cuentos, notas, etc. Finalmente el espacio comenzaba a opacar a la propia Axxón, así que cuando comenzaron los problemas de cartel, decidí irme dando un portazo. De manera que durante un tiempo decidí volver a lo mío, el teatro, y comencé a pensar en un libro, FantasmagoriaRelatos de Terror’.

Hoy el libro está agotado, por suerte se vendieron todos los ejemplares. El mundo ‘literario’ me cansa, te mezclás con talentos increíbles al mismo tiempo que con unos loros muertos a escobazos que dan pena. Muchos mediocres hacen sus propias ediciones y luego vas viendo los libros en las mesas de ofertas por monedas o te los regalan por cualquier motivo. Esto se aplica tanto a los libros como a las revistas. No están mal las autoediciones pero no son confiables como producto comercial. Y hoy en día, mi consejo es dejar de lado el romanticismo de décadas anteriores y apuntar a vivir de esto.

En cuanto a la historieta argentina actual siento una profunda lastima. La Fierro no es ni la sombra de lo que era. A menudo nos reunimos con amigos de esa época, que hoy son celebridades, y no rescatamos mucho de lo actual. Así que por ahora seguiré con mi verdadero amor que es el teatro y algo de cine, pero… Pero no puedo renunciar del todo a mi viejo amor, así que estoy guionando para un dibujante internacional, como lo es Germán Ponce, y para mi amiga de siempre, Patricia Breccia.

Y si no es un atrevimiento me gustaría despedirme con un pedido. Sigan creando, no importa la calidad, sigan creando historietas. Que de la argentina han salido algunos de los más grandes.

Cecilia Desiata, también conocida como Gala, no es un nuevo talento de la escena independiente, pues ya lleva varios años haciendo historietas. Sin embargo, su producción espaciada colaboró para que su talento pase inadvertido para el grueso del público. En su arte hay dos vertientes que destacan, primero una facilidad para construir historias complejas en pocas páginas, con guiones que trabajan más de un eje a la vez, explorando a menudo el erotismo, la falsa moral y la violencia, en clave de thriller policial. Mientras que en el dibujo, se puede apreciar un esfuerzo de documentación fotográfica que luego es re-elaborado en clave plástica, otorgando a su arte un fuerte anclaje en la realidad, sin perder la figuración  narrativa. Como curiosidad, hay que destacar que a menudo Desiata se dibuja a sí misma como personaje de sus historias, llevando la interrelación ficción-personaje un paso más allá.

Entre sus trabajos, podemos contar Híbrido, el fanzine surgido del taller de historietas que a principios de la década dirigía Quique Alcatena; además de Jugando, amor, un triller policial violento y de ribetes eróticos; también, Al oído, una inconclusa novela gráfica, que Desiata escribió para su marido, Víctor Serra; y por fin, Hasta el cielo, un fanzine de realización reciente, por completo a color, y que explora el erotismo y el sexo explícito a través de una historia policial. Es debido a esta última publicación que ponemos su trabajo de relieve. Primero porque es una buena historia, bien escrita y bien dibujada, algo que no abunda tanto como debiese. Y también, porque en estos tiempos de violencia de género y de moralina resurgida en clave de corrección política, que alguien pueda asumirse en sus gustos y aficiones, las muestre de forma natural y, por sobretodo, sin  perder el arte, es algo que hay que celebrar.

El fanzine y la furia

Publicado: diciembre 1, 2017 de Julián Blas Oubiña Castro en Anuncios, Autobombo, Noticias, Sanata
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Alejandro Schmied es el editor detrás de Tren en Movimiento Ediciones, desde su lugar supo construir una visión pensante sobre las literaturas de masas, a menudo emparentadas con los márgenes. Hoy a las 18:30, Ale Schmied coordinará una mesa que revisará los lazos lábiles entre el libro, el fanzine y la edición, en el marco del Festival Fanzín del Rojas.

La charla es la oportunidad de presentar Furia fotocopiada Historia incompleta de fanzines patagónicos, de Aureliano Noisis, editado por el sello Kuruf Cúlmine. Y además, mostrar la edición definitiva de Los fanzines en la historieta argentina (1979-2014), el informe que escribimos a dúo con Roberto Barreiro -cuando este blog era el emprendimiento de dos coleccionistas empedernidos-, y que forma parte del Libro de fanzines, editado por Tren en Movimiento.

También, durante el festival volverá a estar disponible la muestra Fragmentos de una historia de la microedición, en la cual Zinerama aportó su grano de arena -scanner mediante-. ¡Los esperamos!

El 2017 recorre su parte final y antes de despedirse congrega a las huestes fanzineras a un nuevo encuentro, el Festival Fanzín del Rojas. Con el auspicio de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UBA, el equipo del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes 2038) y el curador Alejandro Bidegaray -mejor conocido como Ale Musaraña, hoy por hoy, uno de los gestores culturales más interesantes del medio, además de ser el editor detrás de Musaraña Libros-, organizan esta segunda edición, que convoca a vivenciar y pensar la edición autogestiva desde una óptica diferente.

En las palabras del propio Ale: ‘La intención del festival es generar un nuevo espacio en la ciudad que apoye, festeje y reflexione acerca de un formato que siempre ha sido un gesto de resistencia cultural. Intentamos generar un lugar de intercambio, pero también de construcción o apuntalamiento de nuevas subjetividades, que suelen ir por los márgenes de los medios de comunicación industriales. Hoy, es imprescindible que el ámbito académico comience a darle lugar a las producciones marginales, porque a lo largo de los años y en repetidos casos, fue -y es- el lugar por excelencia donde la contracultura pudo respirar y manifestarse. Muchas causas y gestos de producción cultural que hoy tienen difusión masiva empezaron así. De igual manera, mucho de lo que empezó de esta manera, nunca fue ni será masivo, pero al mismo tiempo, es de vital importancia rescatarlo, además de estimulante y divertido. El movimiento fanzinero tiene una impronta diversa, errática, libertaria y caótica que muchos creemos necesaria para una mirada abierta, múltiple y abarcativa.’

Este 1 y 2 de Diciembre, además de una gran Feria de Fanzines, habrá charlas que cubran la impresión, encuadernación, edición y divulgación del movimiento impreso autogestivo y, por si fuera poco, mucha música. Para enterarte de todo, hacé clic acá. Hasta el fanzín, siempre!