Archivos de la categoría ‘Análisis’

portada‘Ucrónicas’ es la recopilación de varias historias cortas escritas por Mauro Mantella a fines de la década pasada y que salieron en antologías como ‘Bastión’, ‘Antología Zombi’ y ‘Comiqueando’ (etapa Domus/FreakPress).

No todas las historias son ucronías (entendiendo el término como una realidad similar a la nuestra donde determinados eventos históricos se desarrollaron de otra manera; ejemplo clásico: Alemania ganando la Segunda Guerra Mundial) pero todas aportan un giro de vuelta sobre temáticas explotadas por el género fantástico: vampiros, inmortales, zombis, objetos inanimados que cobran vida, incluso superhéroes.

De ‘Amor Negro’, la primera historia no se puede decir nada porque cualquier dato puede estropear el remate escabroso e imaginativo de estas tres páginas. El dibujo de Alejandro Aragón presenta y resuelve bien todo el asunto sin la ayuda de los diálogos.

‘Omninauta’ (dibujos de Omar Pacino) y ‘El arca’ (Juan Manuel ‘Juanmar’ Rodriguez) tienen dibujantes muy inspirados, ambientaciones espaciales futuristas lejos de cualquier rasgo de cotidianidad y protagonistas más cerca de ser maquinas que seres vivos pero con iguales dudas existencialistas. Son tramas con bloques de textos hermosos y total ausencia de diálogos, cercanas en espíritu (en especial ‘El arca’) a ese capítulo de ‘Swamp Thing’ (por Alan Moore y John Totleben) donde el vegetal con patas interactúa con una nave consciente. Como detalle particular el protagonista de ‘Omninauta’ aparece también en ‘Fantaciencia’, reseñada en este mismo sitio.

‘El beso inmortal’ y ‘Ser y Tiempo’ comparten dibujante (Pietro, conocido por sus colaboraciones con Diego Agrimbau, autor del prólogo de este libro). La primera es una revisión del vampirismo, bajando a lo terrenal los rasgos más místicos del tema. La segunda habla de la inmortalidad y la reencarnación con planteo y ambientación en el Antiguo Egipto, bien documentada en mitología y religión del periodo y cuidado desde la composición grafica para remarcar las ideas de repetición y continuidad.

‘El día de los plásticos rotos’ al principio parece una mezcla de ‘Maus’ y ‘Toy Story’ pero el desarrollo es más espeso, más metido en la tiranía ‘amigable’, la que se acepta no por sometimiento sino por autoengaño e ilusión; manteniendo la analogía, es más ‘Brazil’ con ‘Playmobil’. El dibujo a todo color de Leandro Rizzo (‘Fantaciencia’) es inquietante por su realismo en la recreación de los juguetes y los efectos de blurreado o borrón para marcar la presencia de un estado sofocante que no se ve pero se siente. Ojo con malinterpretar dicho efecto con un error de impresión.

‘Fusión’ con sus modestas cuatro páginas ya justifica la compra del libro. Después de todo es dibujo de Salvador Sanz a color y con un guionista, dos rarezas difícil de ver en cualquier otro lado. También marca el comienzo de la serie ‘Lados-B’, donde Mantella con un texto digno de intro de ‘The Twilight Zone’ (bah, ‘La dimensión desconocida’) nos avisa que es el tipo de cosas que suceden cuando la mente humana llega más allá de lo habitual.

Mauro Lirussi ilustra dos capítulos. ‘El gremio de los agujas’ es lisérgico, paranoico y divertido en su presentación épica de algo simple y trivial como son las agujas y los dedales. Por otro lado ‘El cielo de los perritos’ es crudo, angustiante y del tipo de historias que todo amante de los animales después de leerla corre a abrazar a su perro/gato/guacamayo. Espectacular la cancha de Lirussi para dibujar con estilos de trazo y de coloreado tan distintos; en particular ‘El gremio…’ destaca por la elección de un color primario central en cada página.

‘Coleccionistas’ ilustrada por Fede Dallochio es la pata floja del libro. El dibujo es cuidado y detallista pero la historia se cierra apenas presentó al personaje principal. Con dos páginas más hubiera resultado más trascendente.

‘¡Las aventuras de Supraman!’ es pura mala leche y artillería pesada contra los cánones más sacrosantos del genero superheroico, con el plus de que Mantella mete miles de bombas por página. El dibujo de Germán Ponce acompaña el estilo de la historia.

Cierra el tomo ‘Zombisbena’ dibujada por Facundo Percio, una de muertos vivos con un twist llamativo, un punto de vista inusual y una estructura de viñetas paralelas que es la frutilla del postre.

En conclusión esta antología es un gran muestrario de excelentes dibujantes, los recursos de Mantella para romper moldes y de la tarea de rescate de Rabdomantes Ediciones para ofrecer en ediciones cuidadas grandes obras de los 90’s y 00’s.

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Si hay algo complicado de hacer en Argentina son los superhéroes. Tuvimos etapas dignas como ‘Caballero Rojo’ en los 90’s y hoy en día los comics de la línea ‘Capitán Barato’ (que vuelve dentro de nada) pero la verdad que la mayoría de los intentos por acercarse al estilo tradicional de superhéroes suelen fallar o quedar en el olvido. Eso sí, nos va mejor con los antihéroes (‘Cazador’, por ejemplo), las parodias (el clásico ‘Super Hijitus’, ‘Supertet’) e incluso redefiniciones del género (‘El hombre primordial’, por mencionar un caso elogiado por público y crítica)

Cuando aparecieron los primeros avances de los comics editados por la editorial Libera La Bestia se presentía un refrito de las fórmulas que funcionan (hasta cierto punto) en USA, una mezcla de Aquaman con Abe Sapiens, pero en la lectura se aprecia una frescura y energía por proponer algo nuevo.

tapa_iceberg_reduxEn orden cronológico hay que arrancar con ‘Iceberg’; aunque tiene otro título y es una historia unitaria con comienzo y cierre, presenta eventos que son mencionados varias veces en el otro libro. Sin duda lo mejor de ‘Iceberg’ con respeto a los superhéroes argentinos… es que no tiene nada que ver con poderes, orígenes secretos, supervillanos ni nada. El protagonista usa un traje pero porque es su trabajo pago, ser una especie de mascota de un gigantesco y futurista parque acuático… el quilombo empieza cuando un ataque terrorista con ácido arrasa con todo y Bruno tiene que quedarse bajo el agua para no morir.

Los guionistas Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo, los cráneos detrás de toda esta movida, combinan las secuencias mudas bajo el agua con flashbacks que cuentan en reversa el pasado de Bruno, el tipo metido en el traje de manta raya humana. Esa historia secundaria no es tan atractiva como la búsqueda desesperada por la supervivencia en el presente pero ambas tienen un lindo enganche en el desenlace y es un recurso valido para que haya más dialogo. El dibujo está a cargo de Alesio Rossino, un artista impactante en el uso del color, con un trazo adecuado para las secuencias bajo el agua y que provoca shock pero no asco en las muchas viñetas con detalles morbosos. En definitiva ‘Iceberg’ es una historia de supervivencia dinámica e inquietante.

tapa_01_reduxVeintidós años después de la tragedia en el parque Iceberg arranca el primer libro de la serie ‘Manta’, con un estilo distinto en guion y gráfica. El coqueteo con los superhéroes es más estrecho pero hasta ahí nomás, en especial porque el personaje vestido de Manta está mucho más cerca de un psicópata buscando tranquilidad mental que un héroe hecho y derecho… en cambio este pibe tiene tan confundida la brújula moral que hasta se involucra en actividades de trata de personas.

El fuerte de esta entrega es una estructura de guión digna de la serie de ‘Lost’: tres capítulos donde el primero y segundo transcurren al mismo tiempo con protagonistas diferentes y el tercero ambientado en el pasado. Todo conectado y armado para que resulte atractivo y estimulante pero no confuso. Los diálogos podrían ser mejores pero el argumento compensa con creces y quedan abiertas varias puntas interesantes para ver cómo sigue esta primera saga subtitulada ‘La inmortalidad del cangrejo’.

Cada capítulo de esta entrega contó con un dibujante distinto. En el primero lo de Cristian Cassani es tirando a limitado, con poca variedad de expresiones y personajes muy anchos; cumple con la puesta en página y la escena de lucha. El segundo capítulo cuenta con dibujo de Daniel Mendoza. Los caracteres son más estilizados, completos en detalles y hay un buen laburo de fondos en la secuencia de la persecución. El color de Gabriel Roldán en los primeros capítulos acompaña la iluminación de los ambientes: opaco y oscuro para habitaciones cerradas, amarillento en casos de luz artificial, claro y luminoso para las escenas a cielo abierto. Por fin, Ignacio Lázaro pone el broche de oro en el tercer capítulo: su dibujo es climático, oscuro, ideal para lo turbio que es el segmento. Me parece que a color se luce un poco menos su gran manejo del claro oscuro y la influencia de Mike Mignola que tanto se nota en ‘Boras’ pero igual sigue siendo un dibujo muy rendidor. Eso sí, el ‘Santiago’ de Lázaro tiene la cara con cicatrices mientras que páginas antes, dibujado por Cassani, no tiene las cicatrices sino rasgos más deformes, simiescos. ¡Decidan cuál de las dos versiones va a seguir, señores editores!

La edición de ambos libros es impecable y en el caso de ‘Manta’ tiene varios extras de diseños de personajes, bocetos de portada, etc. Lo único que cuidaría en próximas entregas es que los nombres de los dibujantes están escritos en color gris sobre fondo negro en las portadillas de cada capítulo, haciendo un poco difícil enterarse quién dibuja que.

Los primeros libros de Libera La Bestia son una gran sorpresa en calidad y entretenimiento, ojala veamos prontos más novedades.

tapa‘RIP Van Hellsing’ es una serie producida para el mercado italiano de la cual la antología Términus publicó varios capítulos autoconclusivos en Argentina. Finalizada la antología la editorial optó por reconvertirse en Términus Libros y seguir con tomos dedicados a una misma obra. Para el primer lanzamiento se eligieron tres arcos argumentales largos del cazavampiros más cool después de Wesley Snipes.

Entre las similitudes de los unitarios y las sagas escritas por Enrique Barreiro y Hernán Ferrúa, ambos comparten el espíritu frenético en las tramas llenas de acción, peleas y diálogos cortos, con retruques y frases pegadizas. Tampoco hay demasiada introspección, el desarrollo de Rip es nulo (¿este muchacho sigue de uniforme y calzado con todas las armas hasta tomando café en su casa?) y sabemos casi lo mismo sobre él al final que al comienzo del libro. ¿Y qué es lo que sabemos? Que es un mercenario especializado en cazar vampiros, hombres lobos, máquinas de matar con complejos de identidad sexual (¿?) y delicias de ese estilo.

Ahora en diferencias, el libro tiene unos cuantos puntos a favor. Hay más investigación en los casos, interacciones con secundarios, se indaga más en la conexión entre la familia Van Hellsing y el histórico antagonista del conde Dracula y la mayor sorpresa… ¡puntas de argumento que quedan abiertas! Y que encima están piolas. Espero que Términus tenga la intención de editar un segundo libro porque quiero saber más sobre Sombra y su pasado en común con los Van Hellsing.

En el segundo y tercer arco hay un abuso de los globos de diálogo que son solo signos de exclamación; es un recurso que funciona muy bien en manga pero acá estamos con una obra 100% occidental y resulta molesto; sacando ese detalle los personajes no tienen voces neutras y hablan en argentino, lo que agiliza la lectura.

El dibujo de Enrique Santana es magnífico. En los unitarios parecía muy influenciado por el dibujante Scott Kolins pero acá tiene un estilo más marcado y propio, con mucho uso de los contrastes y mucho laburo en la ambientación y los fondos. Las secuencias de acción son en su mayoría impecables y busca todo el tiempo enfoques piolas e innovadores para no cansar.

Lindo primer tomo, espero que sigan saliendo y recomiendo como siempre la lectura de la antología Términus, un auténtico desfile de talento concentrado en doce números.

TAPA_reduxEn el 2015 surgió una editorial rosarina llamada Ouroboros a la que le resultó fatídica la elección del nombre: como la mítica serpiente que se devora a sí misma, desde Octubre del 2017 no hay ninguna actualización en el sitio web ni novedad más allá de las dos ‘novelas gráficas’ con que empezaron: ‘Lucero Oscuro’ e ‘Hilo Rojo’

Todo bien con ese término para recurrir al snobismo coleccionista y la verdad que la edición de ‘Lucero oscuro’ está a la altura (lomo, tapas con solapas, cuidada impresión, incluso algunas páginas a todo color) pero una novela gráfica antes que nada luce orgullosa el nombre de sus autores y en este caso están bien escondidos en esa página que por lo general se usa para información de la imprenta, legales, etc. Ahí nos enteramos que Pablo Vigliano es el guionista de los tres capítulos dibujados por tres artistas distintos.

El primer capítulo nos muestra las tribulaciones de Federico Da Costa (hay un solo personaje sin apellido, del resto hasta tienen DNI los que aparecen en un cuadrito sin diálogo, un detalle que pocos guionistas se toman el trabajo), novelista con bloqueo creativo, la vida cuesta abajo y recurrentes pesadillas relacionadas de alguna forma con su infancia en un pueblito costero. Durante varias páginas Federico da vueltas de tugurio en tugurio, pone cara larga, le entra al whisky como si fuera Coca Cola y reflexiona sobre lo mismo en demasiados bloques de texto. El dibujante es Fernando Campos (alias ‘Kiro’), un dibujante de alto impacto visual, detallista en extremo y que pone toda la carne en el asador para las secuencias oníricas. No por nada también es el autor de la portada.

Empieza el segundo capítulo y Federico vuelve a la ciudad costera de Mar Esmeralda, aparecen más personajes para interactuar y en general la historia adquiere mejor ritmo. Eso sí, confió en los autores que este Federico es el mismo del primer capítulo porque lo cambiaron de un rubio con rulos a un morocho con el pelo lacio y jopo. Un poco de coherencia gráfica, ¡por favor! Fuera de ese detalle el dibujo de Pablo de Bonis funciona muy bien en su propio estilo, la escuela rosarina del alto contraste y los balances de blanco y negro.

Llegamos al tercer capítulo y todo se descontrola pero mal, en páginas aceleradas, con un antagonista que aunque fue nombrado antes aparece de repente para darle un giro sobrenatural (o confirmarlo) a toda la historia. Por lo que cuenta en el prólogo Vigliano su intención era que cada capítulo se leyera como un género distinto pero el desenlace le quedó demasiado caótico… al menos con unas páginas extras estoy seguro que resultaba más orgánico y fluido. Y otra vez por favor, ¡cuidado con el personaje que de repente tiene un arma y puntería perfecta cuando en ningún momento había dado indicios de ello!

El dibujo de Joel Saavedra en el tramo final es una combinación de los dos precedentes: trabaja muy bien los contrastes con un grado de detallismo mayor que de Bonis pero sin entrar en el terreno ultra realista de Kiro; sin duda es el capítulo idóneo para el color y queda patente en la ominosa página final.

‘Lucero oscuro’ tiene mucho talento gráfico y una historia con potencial; a pesar de algunos traspiés el guionista sin duda tiene habilidad para construir una trama interesante y que no resulta previsible. Lástima que no creo que veamos un crecimiento de estos equipos creativos en futuros libros de Ouroboros.

tapa‘Hellhound On My Trail’ tiene unos cuantos puntos en común con ‘DGMW’: ambas hacen énfasis en la figura de un legendario blusero, ambas tienen elementos sobrenaturales y ambas dejan que las letras de las canciones (en inglés) conduzcan buena parte de la acción. También en los dos casos romances prohibidos acercan a los protagonistas a su perdición.

La diferencia más importante en la obra de Juan Bertazzi y Hernán González (la misma dupla de ‘Porn Food’) es que la figura de Robert Johnson (conocido como ‘el rey del Delta Blues’) es el protagonista total en lugar de un disparador de la trama. La presencia de lo sobrenatural también es más funcional al argumento ya que a Johnson se lo considera unos de los primeros del ‘club de los 27’, esa lista de músicos superdotados que (trato con el Diablo mediante, se presume) brillaron con todo para dejar el mundo a la misma edad en todos los casos. Esta conexión y otro elemento que aparece en la historieta, el cruce de caminos, ya fue explorado en varias obras  (la serie  ‘Twenty-Seven’, de Charles Soule y Renzo Podestá, por ejemplo) pero Bertazzi y González se las rebuscan para que el eje argumental no sea tanto el mito y las leyendas urbanas sino los traspiés del propio Johnson… ¿Qué lo llevo a una medida tan desesperada?¿Qué pensó cuando vio que le llegaba la hora de cerrar el trato?¿A quién recurrió buscando una salvación? Es más, ¿cuánto de lo que le sucede es real y cuanto de su imaginación? Esas cuestiones son el marco narrativo de una historia bajonera y deprimente pero también ganchera incluso para los que desconocen la biografía (confirmada o presunta) de Johnson.

El dibujo de González es todo lo contrario al de ‘Food Porn’: sucio (en el buen sentido de sucio a lo Muñoz, por ejemplo), de trazo grueso, lleno de manchas, rayones y expresionismo en los primeros planos, elocuente y poético para las escenas amplias o de espacios abiertos. La narrativa esta cuidada, distendida pero no es un libro donde sobren páginas sino que en todo momento suceden cosas interesantes. Hay pequeñas viñetas-detalles donde el dibujo con tantos trazos y líneas complica distinguir que es lo mostrado (¿una campana?… ah, no, es una botella) pero son los mínimos y González sale airoso de esa difícil tarea que es distinguir en historieta blanco y negro las etnias de cada personaje.

‘Hellhound…’ es ideal para los fanáticos de la música, las fusiones de hechos reales con ficción, las leyendas urbanas y la historieta fina en general, esa que por más que se conozca o adivine para dónde va la trama, da gusto de leer por el hacer de los autores.

Hablar de ‘Fantaciencia’, editada por OVNI Press en el 2008 (cuando la editorial le prestaba más atención a la historieta argentina) es hablar también de Mauro Mantella, un guionista con una capacidad notable para agarrar ideas establecidas y mostrarlas desde una perspectiva novedosa, que pasado ese mini esplendor… desapareció de la actividad autoral. Por suerte hoy está resurgiendo con un sitio web dedicado a producir material online e impreso y la reedición de varias obras.

Aunque ‘Fantaciencia’ también es parte de este renacer ‘mantelleano’ y esta planeado que tenga versión online y a todo color, no es tan mencionada o difundida como ‘El hombre primordial’ o ‘78 km/h’. En parte puede ser que el look visual retrofuturista o la idea de un grupo de cuatro aventureros dedicados a buscar contradicciones en las grandes obras de la ficción universal (unos Cuatro Fantásticos literarios, digamos) aleje a los que buscan material más profundo, intimista o incluso más violento o sofisticado. Grave error porque ‘Fantaciencia’ es un homenaje a la ciencia ficción de los años 30 y 50 pero también es un festín de meta ficción e ideas delirantes.

El cuarteto protagonista, apodado ‘Ficcionautas’, es un rejunte de todos los arquetipos clásicos: un líder valiente y atlético (Dallan), un científico (Emerio), el rol de ‘damisela’ (Zool) y el joven inexperimentado (Jack). Temerarios que en el futurista y lejano año de… 1956… chocan con robots gigantes rusos, sea-monkeys, monstruos marinos y todo tipo de cosas que para ellos ‘no es nada del otro mundo’… hasta que no. De repente empiezan a surgir señales ominosas, augurios de que algo jodido esta por pasar y para el final del libro todo el grupo y hasta su principal némesis (el profesor Calculus Poisson, lejos el personaje con más desarrollo y evolución) van a tener que cuestionar su propia realidad.

Me hubiera gustado ver aventuras de los Ficcionautas con más desarrollo y que no se pase tan rápido de “este el grupo, así funciona su mundo” a “se pudrió todo” pero Mantella maneja de taquito recursos como el diario de Zool para meter muchos datos en poco espacio sin que sea apabullante.

El dibujo de Leandro Rizzo tiene un nivel de detalle impresionante; no solo los personajes tienen expresividad y realismo puntilloso, todo el arsenal de elementos que le tira el guion Rizzo los representa con tanta veracidad que parece más un trabajo de documentación que de ficción: monstruos, naves, aviones, ciudades (enteras y destruidas), trajes, armas, todo ajustado a la línea estética que propone el argumento. Si tengo que mencionar una critica, se nota un poco cuando aparecen personas reales (como Rod Serling o Charles Bukowski) con respeto a los personajes ‘ficticios’ por el grado de foto referencia pero es un detalle mínimo y que no desentona con el juego ficción/realidad que propone todo el tiempo la obra.

Ojala ‘Fantaciencia’ sea re-editada en papel, si es posible en un formato más grande que la edición original, para hacerle justicia al trabajo de Rizzo y para que tenga su merecido reconocimiento y lugar entre los grandes hits de la obra de Mantella.

portadaSi después de leer este libro no querés visitar un hospital o clínica nunca más en tu vida, te lo entiendo perfecto. A lo largo de 96 páginas Carina Maguregui y Muriel Frega relatan las penurias de Ángela, una paciente con un constante deambular entre el quirófano y la sala de terapia intensiva, entre la conciencia y el desmayo, entre la realidad y lo onírico. Se supone que está en ese lugar para mejorar, para sanar, pero las visitas del personal médico son arrasadoras, invasivas, frías e impersonales. De Ángela no se ocupan personas sino espantapájaros que cosechan sin cuidado ni cariño todo lo “irregular” que encuentran en su cuerpo, como si se tratara de un terreno baldío lleno de malezas.

El dibujo de Muriel Frega tiene un vuelo poético que complementa perfecto el guion; es historieta con pocos diálogos y viñetas por página pero donde los bloques de textos se convierten en elementos mismos de las imágenes. También hay que destacar el cuidado en la elección de la paleta de colores para cada capítulo.

Las metáforas como los espantapájaros o los surcos suavizan, apaciguan un poco el shock dramático de una persona viva sometida a un sistema donde es un pedazo de carne neutro, sin sentimientos, asociado a un número de obra social… pero lo más inquietante es que los diez capítulos que integran el libro no representan un comienzo ni un final sino pequeñas secuencias, ventanas, que nos dan un atisbo del todo. Esta estructura fragmentada, más allá de funcionar como condimento dramático, posiblemente tiene que ver con que ‘Modus Operandi’ fue concebido a lo largo de varios años, presentado en capítulos sueltos en distintos concursos y revistas, editado por las propias autoras en el 2014 como libro con ilustraciones y finalmente en el 2017 como novela gráfica. Semejante camino demuestra que por un lado no es un producto comercial ni fácil de digerir pero si una obra que hace reflexionar y cuestionar la ética médica y la valoración que se hace de la conciencia con respeto al cuerpo.