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Cecilia Desiata, también conocida como Gala, no es un nuevo talento de la escena independiente, pues ya lleva varios años haciendo historietas. Sin embargo, su producción espaciada colaboró para que su talento pase inadvertido para el grueso del público. En su arte hay dos vertientes que destacan, primero una facilidad para construir historias complejas en pocas páginas, con guiones que trabajan más de un eje a la vez, explorando a menudo el erotismo, la falsa moral y la violencia, en clave de thriller policial. Mientras que en el dibujo, se puede apreciar un esfuerzo de documentación fotográfica que luego es re-elaborado en clave plástica, otorgando a su arte un fuerte anclaje en la realidad, sin perder la figuración  narrativa. Como curiosidad, hay que destacar que a menudo Desiata se dibuja a sí misma como personaje de sus historias, llevando la interrelación ficción-personaje un paso más allá.

Entre sus trabajos, podemos contar Híbrido, el fanzine surgido del talles de historietas que a principios de la década dirigía Quique Alcatena; además de Jugando, amor, un triller policial violento y de ribetes eróticos; también, Al oído, una inconclusa novela gráfica, que Desiata escribió para su marido, Víctor Serra; y por fin, Hasta el cielo, un fanzine de realización reciente, por completo a color, y que explora el erotismo y el sexo explícito a través de una historia policial. Es debido a este último trabajo que ponemos su trabajo de relieve. Primero porque es una buena historia, bien escrita y bien dibujada, algo que no abunda tanto como debiese. Y también, porque en estos tiempos de violencia de género y de moralina resurgida en clave de corrección política, que alguien pueda asumirse en sus gustos y aficiones, las muestre de forma natural y, por sobretodo, sin  perder el arte, es algo que hay que celebrar.

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PORTADA

Portada del libro

‘Capisci?’ es una antología editada e impresa por el Estudio Mafia (integrado por Lucía Brutta, Juan Pablo Valdecantos, Martín Lietti, Razz, Fede Di Pila, Ernán Cirianni, Daniela Magnelli y Nacho Flores) que reúne en total a 71 artistas de toda Latinoamérica. Fue presentada en Viñetas Sueltas donde además hubo una muestra de originales.

¿En qué se diferencia esta antología de otras como ‘El Volcán’, también de reciente lanzamiento? En que desde su propia producción ‘Capisci?’ celebra su concepción artesanal e independiente.

La tirada completa de 320 ejemplares numerados fue realizada en la imprenta Riso del grupo, o sea mediante risografía. ¿Y eso con qué se come? Es un proceso donde cada página es pasada por un tambor con tinta tantas veces como colores se requieran. En el caso de ‘Capisci?’ se usaron los colores rojo, azul y negro. El resultado final es un festival de los sentidos para el lector. Visualmente por momentos parece que son tres libros superpuestos, a veces sincronizados, a veces desfasados, donde cada color parece a punto de saltar hacia afuera. La risografía permite jugar y desarrollar cada capa de color como una entidad propia, con su propia densidad e inclinación, que recién se convierte en parte de un todo visual en la hoja impresa. Tener un ejemplar de ‘Capisci?’ en las manos se siente poderoso, con mucho peso, con páginas que al tocarlas sentís que estas acariciando un terciopelo y no un papel. Vista, tacto, memoria y hasta olfato se ponen de acuerdo para hacer de la lectura del tomo algo único.

AUTORES

Índice de autores

¿Hay un hilo común entre las historias, una temática o una idea general? La mayoría de los autores trabajaron con la palabra ‘capisci’ (entendiste) como disparador o la hacen aparecer en algún momento, en particular relacionado con la mafia, pero la verdad que todos resaltan más la forma que el contenido. Entre los que desarrollaron tramas con algún tipo de argumento hay que destacar a Otto Zaiser, Di PilaCharly Five, Ariel López V., el colombiano Nomás (con una historia maravillosa de 7 páginas casi sin dialogo), Brutta, Camila Notari, Cirianni, Pablo Guaymasi, la dupla Martín Ferrari / Alejo Vigliani, una historia de Valdecantos que además de estar excelentemente dibujada pone los nervios de punta, Sole Otero (con una versión de ‘Top Cat’ mafiosa y en joda) y Flores con una historia perversa de dibujo inocente y amigable.

Aunque el resto no recurra a estilos narrativos clásicos o tradicionales (y hay muchos autores con ilustraciones de página completa más que con historieta propiamente dicha) no desentonan para nada en una antología que ante todo celebra la libertad creativa, el vale todo, que se opone con fuerza a los prejuicios, a las formas preestablecidas, al “así deben hacerse las historietas” y que sobre todas las cosas celebra la experimentación, un enorme ‘¡VIVA EL UNDER, CARAJO!’

Ficha en Zinerama con lista completa de autores

 

¿Qué sucede cuando la Iglesia se convierte en un todo e interfiere con el Estado? ¿Qué sucede cuando las voluntades individuales son manipuladas con la excusa del libre albedrío y la libertad sexual? En el mundo que plantea Perro –el nuevo magnum opus de Renzo Podestá, publicado por Szama Ediciones-, se vende y compra un Cristo sadomasoquista que ampara todo tipo de perversión para mantener el mismo status quo de siempre: los que están arriba viven a costa de los que están abajo y el pez gordo se come al flaco. La frase es literal porque los personajes son gordos, flacos, altos y petisos pero todos tienen cabeza de peces, gatos, pájaros y, por supuesto, perros. A la vista son diferentes pero en el interior, en la pulsión de vida (o muerte, como en el caso del protagonista) que los motiva, son demasiado iguales a nosotros, con la diferencia que en el cómic el animal interior está a flor de piel y no tapado por ese disfraz llamado ‘humanidad’.

Perro es directa, shockeante, con simbolismos pero sin ambigüedades, tan sincera que ni precisa diálogos. La narrativa es clara y controlada a todo pulso: más dilatada encontratapa_A los momentos tranquilos, más enérgica y efectiva en las muchas secuencias de acción. En ningún momento el lector queda perdido o desconcertado con lo que sucede y el mérito es doble cuando todo transcurre en un mundo con particularidades tan ajenas al nuestro y a la vez tan similares.

El único personaje con un desbalance es el protagonista: un asesino no ‘a sueldo’ sino ‘a conciencia’, tratando de limpiar este mundo amoral de la peor escoria. El resto son predadores o presas, todos muy cómodos en su rol. Pero atención que el sicario también responde a un mandato, a un ente superior. ¿Es su imaginación o es la muerte misma quién le da sus misiones? Al final es igual que los otros, bajando la cabeza y siguiendo órdenes, hasta que llega a un punto de quiebre, cuando la motivación se vuelve personal. Y con esa ruptura aumenta la violencia, la acción y la catarsis, el pensar ‘basta de tanto abuso, loco, ahora a romper todo’.

Perro es una obra para analizar en su totalidad y más allá de sus componentes; se disfruta por el buen hacer de Podestá, un tipo cada vez más pulido en este tipo de obras que quedan dando vueltas y vueltas en la cabeza (como El aneurisma del Chico Punk o la reciente ‘Warpaint), pero también deja mal, con una gran incertidumbre sobre lo que nos rodea, lo que decimos, pensamos y sobre todo, creemos. Como tienen que hacer las obras perdurables.

Bueno, este año que todo se lleva, hasta el tiempo, ¡también se lleva las reseñas! Así que ante la inminencia de dos eventos como Viñetas Sueltas y Dibujados, corriendo con viento y marea, tres amigos de la casa traen novedades en una nota más rápida que visita de médico, y plagada de frases de otros! Vini, vidi, vici y hasta la viñeta siempre!

Arrancamos con el marplatense Kundo Krunch, que apareciendo con timidez algunos años atrás, a fuerza de talento y compromiso, es hoy uno de los artistas más requeridos y de mayor producción el ambiente independiente. Deuz Tecnicorp es un proyecto co-editado por los sellos Faro Negro y Mitomante, un fanzine hermoso, titulado La reminiscencia de un sistema obsoleto, en formato A5 apaisado (21 x 14,5 cm.) y 24 páginas a color. La historia transcurre en un futuro donde los países ya no son manejados por gobiernos democráticos sino por corporaciones, donde los ciudadanos son también los empleados que llevan estas empresas adelante, y según el puesto y rol que desempeñen en su trabajo es la clase social a la que pertenecen. Allí, tres personajes que desempeñan funciones para una farmacéutica terminan siendo víctimas de los medicamentos que ellos producen. Cómo y por qué es lo que nos cuenta Kundo.

El enrulado Kokin Kokambar viene afiladísimo, y bajo el lema de campaña ‘A todo culo‘, prepara  tres publicaciones nuevas bajo el sello Ediciones Pollofante. Una de ellas -y a la que le tengo más fé- es Culín, un culito como vos, como yo, como todos, un fanzine de 32 páginas, en formato A6 apaisado. A él, se suman,  Historia de un culo y su continuación, Historia de un culo más grande, un cuento infantil ilustrado para niños, todo obra del omnipresente Kokin, con la participación estelar de Verónica Falco. Pero eso no es todo, falta nombrar la colaboración de Kokin, en guión, y Juan Pablo CuriaLocuria Toons-, en el el dibujo, haciendo una revista de tiras cómicas, intitulada Miguel Ángel Buenas Noches, y que tiene la pinta de ser por demás de divertida. Son 28 páginas a color, en formato apaisado. Como pueden ver, hay para elegir.

Para el cierre, están los muchachos de Purple Books, que este año dieron un paso adelante para proponerse como unas de las editoriales más pujantes, tanto por iniciativa como por calidad. Este año editaron Panteras, de Mazzitelli y Alcatena; además de Yo-Nen, de Lea Caballero; y el segundo tomo de Jelly Kid, de Franco Viglino. Ahora, Purple vuelve a la carga con una nueva línea de fanzines, de los cuales el primero es Re-bolt, por completo a cargo de Rodrigo Yoshimiya. La historia se centra en Denki, un joven misterioso que llega a Port Town con el objetivo de encontrar a un individuo conocido como Re-bolt. En su búsqueda, se topa con un escandaloso niño que causa el terror entre los vecinos. Luego de ser víctima en carne propia de las travesuras del chico, Denki averigua que este responde al nombre de Re-bolt. ¿Será este chico la persona a la cual Denki buscó durante tanto tiempo? Esta es la incógnita que se devela en 32 páginas en blanco y negro, con tapas color, en formato 14 x 20 cm. El arte de Rodrigo es cosa seria, están avisados.

Bueno, pocas reseñas esta vez, pero con novedades que prometen! A entrarles sin miedo! El fanzine cumple y la historieta dignifica!

Durante la segunda parte del año aparecieron varios fanzines valiosos, tanto por la calidad de su arte como por lo cuidado de sus ediciones, pues en esta época de avance tecnológico, la forma en que una obra se edita influye de manera decisiva en el gusto del público a la hora de acercarse a ella.

Matías Mendoza dibuja, escribe y edita desde hace un tiempo y de buena manera, integrando el equipo de Telecomics y a través del webcomic Vegetare para Atmósfera Editorial. Este año además lanzó dos fanzines que se las traen. Uno de ellos es Nakano y la máquina, contado una historia que mezcla fantasía y ciencia ficción, donde la realidad hiperindustrializada se mezcla con la pesadilla del mito. La visión que propone Mendoza es interesante, es la industrialización la que convierte a los hombres en demonios, y frente a ello, Nakano -que lleva la tragedia en su piel-, decide combatir y llevar a cabo su venganza. El dibujo es sintético pero tortuoso y la puesta en página es intensa, resuelta en pocos cuadros donde los escorzos y las visiones angulares destacan. Los textos son complejos, jungando entre el lenguaje metáforico y  las definiciones contundentes. La presentación sobresale por la elección de materiales, tapa color, insert desplegable en papel de color, e interiores a una tinta en papel misionero.

El otro es El Hambre, que desarrolla una historia de ciencia ficción en una Tierra prehistórica, contando el primer encuentro de nuestros antepasados humanos –australopitecos– con un ser extraterrestre de inteligencia superior. De ese encuentro, se deduce por consecuencia el nacimiento de la conciencia humana, sin embargo lo que interesa es cómo eso sucede. El dibujo se puebla de cuadros pequeños contando una secuencia yuxtapuesta que se resuelve en cuadros a página completa.  Por momentos, el trazo de Mendoza encuentra sus influencias en el Breccia de Mort Cinder y en el Olivera del primer Gilgamesh. Los textos por otro lado, cuentan la historia desde dos puntos  vista distintos, el extraterrestre y los monos, y demandan atención por parte del lector. La presentación es impecable, tapa color, un prólogo en papel de color celeste e interiores a una tinta en papel amarillo. En resumen, Nakano y la máquina y El hambre son dos joyas.

Este año, el bueno de Kokin Kokambar, amén del recopilatorio de El Capitán Supositorio, lanzó un publicación secuenciada de nombre Historietas Extraorinarias, en formato apaisado (20,5 x 9 cm.), a razón de una tira por página. Kokin es la demostración cabal que para ser un buen historietista no hace falta ser un dibujante eximio o  un guionista fenomenal, sino tener una buena idea y saber llevarla a cabo. Y en eso está todo, desde la elección del formato singular que realza y pone foco de manera individual en cara tira hasta desarrollar varias historias paralelas que van entremezclándose hasta ser solo una. Así, el autor juega a despistar para después unir las piezas y hacer que todo encaje sin forzar las situaciones. El dibujo muestra progresos en la síntesis, y los diálogos son siempre ingeniosos manejando la parodia con soltura. El universo de Kokin es particular, plagado de cafeteros y vendedores de panchos, que atestiguan o son parte de un mundo descabellado y ridículo, donde la estupidez está al servicio de la risa de manera inteligente. Para hacerla corta, Historietas Extraordinarias te lleva a buen puerto.

Si de regresos con gloria se trata, Pablo García y Jorge Blanco vuelven a la carga con Camulus, el dios céltico de la guerra y guardián del Tír na nÓg. Para andar sin rodeos, la historia es una de las mejores del personaje y, también, de las más necesarias, puesto que después de 19 años de andanzas en publicaciones esporádicas, una puesta al día con los lectores se hacía imprescindible. Con una tapa potente y a lo largo de 24 páginas, plagadas de cuadros a página completa en riguroso blanco y negro, García repasa la historia de Camulus, con textos en primera persona, que ponen los hechos al alcance del lector, manteniendo la tensión narrativa y sin caer en obviedades; mientras que Blanco logra desde el dibujo uno de sus picos artísticos, haciendo de este fanzine la antesala ideal para la edición definitiva de El dios fugitivo, la historia que quedara inconclusa tras la cancelación la revista Magma, allá por el 2009, y que está anunciada para el año que viene en formato libro. Dicho de otra manera, la Saga de los dioses sirve de puerta de entrada para uno de los grandes personajes del cómic independiente argentino y te deja con ganas de más. No es poco.

Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.

Pablo García, un creativo todo terreno contra viento y marea.

Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo que comienza, titulado Memoria del Malón, busca recabar el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

Pablo García —para los amigos, Pablete— es padre, esposo, creativo publicitario, escritor, guionista, editor, fanzinero y creador en 1998 —junto a Jorge Blanco— de Camulus, una de los grandes personajes surgidos en el ámbito de la autoedición de historietas. A casi 20 de su aparición pública en las arenas del fanzine, nos cuenta cómo es publicar y mantenerse vivo.

El tiempo pasa (o de cómo me pasé más de 20 años perdiendo guita).

Pablo García y Jorge Blanco durante Fantabaires 98, una de las primeras presentaciones públicas de Camulus como parte de la Asociación de Historietistas Independientes (AHI).

— Dale, Pablete, contá cómo se conocieron Jorge y vos. —Ese era el pedido de nuestros amigos en cada convención de cómics, comilona o tertulia de turno.

— ¿Otra vez? ¿En serio?

Y no era mala onda pero desde 1997, la de Jorge Blanco y la mía, era la anécdota diferente. Hoy podríamos alardear de que nos conocimos en Facebook, por ejemplo, pero para esa fecha, ni siquiera teníamos internet en casa y, para ser francos, no sería la anécdota que viene a continuación.

Esto comenzó más o menos así.

Corría el año ´97 y no hacía más que trabajar como un condenado en la agencia de publicidad de turno. En los ratos libres leía alguna historieta o un libro o me ponía a escribir algún esbozo de guión. Siempre estaba latente el querer publicar un cómic, algo mío y de nadie más, pero claro, ¿quién iba a hacerme los dibujitos? Cuando me daba cuenta de eso, la estantería se me caía encima por no tener en claro hacia dónde correr.

Mi cuñado en ese entonces, Gustavo, era el peluquero del barrio. Un sábado, después de tomar unos mates, me senté en el sillón para que hiciera su magia en mi cabeza. Todos los cortes de pelo que probé y con los que sigo innovando, se los debo a él.

—Che, tengo un amigo, que dibuja esas boludeces que te gustan a vos, ¿no querés que te lo presente? —Sin anestesia me increpó para que conociera a su amigo mientras la maquinita de cortar el pelo me zumbaba en el oído.

-S-sí. —Mi respuesta había sido tibia pero es que, si bien no conocía personalmente a su amigo, sus dibujos hiperrealistas colgaban de las paredes de la peluquería. Para ser franco, no era esa la idea de ‘las boludeces que a mí me gustaban’. El retrato que más grabado me quedó fue el de Freddie Mercury con las bananas en la cabeza sacado del video de Innuendo.

Para la semana siguiente, mi cuñado había hecho el contacto y me daba el teléfono de este ilustrador desconocido para mí. A pesar de que tenía en mi haber 5 años en publicidad, mi cabeza no poseía la suficiente apertura como para entender o asimilar determinadas cosas, menos aún, un estilo de dibujo como ese.

Por ejemplo, la música. Solo metal y darkie, el resto que lo incineren. O respecto a la historieta, aquellos guionistas y dibujantes que fueran de mi agrado o que simplemente considerase de primer nivel por afinidad y por cuestiones estéticas. Aún no estaba para cosas más experimentales o fuera del canon del cómic de superhéroes de la época. Con ese panorama, mi cita a ciegas iba mal encaminada. Pero el problema era yo.

Lo llamé a Jorge Blanco y quedamos en vernos en marzo porque estaba, valija en mano, rumbo a sus vacaciones en la costa. Respiré aliviado, tenía un mes por delante para inventarme una excusa creíble que me dejase bien parado si el día que nos conociéramos sucedía lo inevitable: que el estilo de dibujo no me gustara.

Llegó marzo. Hice el llamado de rigor y quedamos en vernos el sábado siguiente en su casa. Junté mis manuscritos y algunos dibujos que había hecho, metí todo en mi bolso y me fui para Wilde.

El icónico stand de la AHI durante el Fantabaires 98, donde pueden visualizarse los fanzines más importantes de la época, Camulus entre ellos.

Mientras caminaba hacia la casa de Jorge mi cabeza repetía:

—Que me gusten, que me gusten, que me gusten…  —Era el mantra que resonaba en mi cabeza desde que bajé del 98 a cinco cuadras de su casa. Estaba muy cagado. Había pasado el mes y no tenía ninguna excusa creíble.

Jorge me recibió amablemente, nos tomamos unos mates y nos pusimos a charlar sobre cómo salvar al mundo con viñetas y bocadillos de diálogo. Era el precalentamiento para lo que venía y el momento donde el mate me podría quedar atravesado en el duodeno.

—Pará, voy a buscar mis dibujos. Los tengo arriba. —Me dijo y se fue dando zancadas escaleras arriba. Lo notaba entusiasmado pero yo estaba en un momento delicado, ventralmente complicado.

—Que me gusten, que me gusten, que me gusten. —No paraba de repetirlo una y otra vez como si del nivel de dibujo de Jorge dependiera mi vida.

Puso las hojas sobre la mesa y empezó a mostrarme trabajos sueltos y algunas páginas terminadas sobre sus propios personajes e historias. Eso sí que fue amor a primera vista y aún hoy, con este relato inconcluso, seguimos trabajando juntos.

Habíamos dispuesto juntarnos todos los sábados de 10 a 15 hs. Esto tenía que ser un trabajo y debíamos tomarlo con la seriedad correspondiente. A partir de ese momento, mi habitación chorizo y atiborrada de libros y revistas pasó a ser búnker de EFX Studio alternativamente con la casa de Jorge.

A ambos nos gustaba la fantasía heroica o el cómic épico; el caso emblemático de este género es Conan, el bárbaro. Y así fue que nos dispusimos a hacer Sogoth, nuestro Conan, una historia plagada de magia oscura, cabezas en picas a la vera del camino y un par de monstruos de miedo. Creo que Sogoth fue nuestro tubo de ensayo y después de meter mano en tres números decidimos no publicarlo. La verdad, no recuerdo por qué tomamos esa decisión. Quizás estuvo ligada a que era un personaje que, tranquilamente, podía ser emparentado con Conan o Kull y no estaba bueno. De ahí saltamos a Camulus. Con un libro sobre mitología y sabiduría celta en mano, decidimos buscar un nombre entre las páginas del libro. Debo reconocer que no era el más feliz en cuanto a sonoridad: Camulus/cúmulus, todo lo mismo. Sin embargo, lo que representaba ese dios era lo que creíamos que el personaje debía ser. ¿Qué otro enfermo le iba a poner Camulus a un personaje?

Empezando por el número 0, Camulus tuvo un recorrido inicial de 10 ediciones. El personaje en ese entonces, tenía influencias directas del cómic americano, en especial de los X-men, muy de moda en ese momento. Aquí, los primeros 5 números de la revista, que en los locales especializados era exhibida en un escaparate diseñado y confeccionado de manera exclusiva.

¿Dónde radicaba el diferencial de Camulus?

Simple. Yo era productor gráfico publicitario, la idea del fanzine era ideal pero yo entendía que podíamos hacer una diferencia desde la presentación. Camulus se imprimía en offset y en un papel que me produce envidia hoy en día ya que no podríamos pagarlo. La imprenta era una máquina en un galpón pero imprimía muy bien y barato, al menos para los parámetros de 1998. Frente a las otras publicaciones, destacaba pero era más por nuestra obsecuencia de tener algo copado antes que por buscar competencia con las otras ediciones.

Jorge Blanco y JOK, más la ayuda de Dany Rodríguez, fueron los responsables de la parte gráfica del personaje. En las fotos de Fantabaires 98, aparecen: Jorge Blanco, Dante Ginevra, JOK, Ángel Mosquito, Javier Rovella y Dany Rodríguez.

No recuerdo exactamente cómo llegamos a la AHI, es Jorge el memorioso de esas cosas. Pero tengo presente las reuniones de los sábados en la CTA de Av. Independencia. Recuerdo que un día le pregunté a Jorge qué hacíamos en esas reuniones en las que, a veces, había discusiones que en ese momento, para mí, carecían de sentido. Era un pendejo y quería ir a eventos a vender revistas, el estatuto o si el presidente era Will Eisner o John Romita, me daba igual. Debo decir que más allá de mi desapego personal respecto de las cuestiones burocráticas, era un lugar donde yo me ponía del moño viendo gente entrar con publicaciones bajo el brazo y, más allá de estar o no de acuerdo con posturas e ideas, alucinaba con el laburo del resto de los artistas. Muchos de ellos siguen en mi rincón de fanzines que se engrosa con cada visita a algún evento. La experiencia era necesaria y no puedo echar culpas o criticar cuando estuve más afuera que adentro pero me pareció útil y beneficioso poder escuchar razones, posibles soluciones de la boca de otras personas. No me pidas madurez con 21 años. Hoy, si se diera una situación similar, creo que contaría con las herramientas para exponer mis puntos de vista y escuchar y analizar los del resto con más calma.

Ya en 1999 se nos coló un tal Jok, de nombre Diego, dibujante y guionista. JokLa Metáfora, Camulus, Carne Argentina, Perfecto, 40 Cajones, Control de Plagas, etc., y también miembro del staff de La Productora— hacía de todo, dibujaba, entintaba, rotulaba, escribía —con un estilo que, en lo personal, disfruto mucho—. Completito el chico. A él y a la troupe de lo que conforma hoy La Productora, los conocimos en las reuniones de la AHI. Muchos de ellos tuvieron participación en la primera historia épica de Camulus como dios de la guerra, un anual y un replanteo en la historia que me dejó, al menos por un tiempo, excluido de la escritura y reviendo cómo hacerlo de la forma más profesional posible —porque yo no estudié con nadie del medio—.

En el medio de todo esto, Jorge y Jok preparan Cedric, un personaje que armaron juntos y donde me involucré solo en el diseño y armado de la revista. Me parecía una buena apuesta editorial y tres números más eran pagables y al mismo tiempo nos servía para salir con otra producción a la calle.

Los 3 números de Cedric, El Cazademonios, una historia donde mito y religion se mezclan por partes iguales, a cargo de JOK y Jorge Blanco.

Volviendo al Anual, ahí participaron bestias —animales de la tinta— y considero, más allá de que editorialmente muchos lo consideraron una aberración, que es una pequeña pieza de arte de 32 páginas. La portada la hizo Dante Ginevra y los interiores estuvieron a cargo de Dany Rodríguez, Jorge Blanco, Jok, Martín Larreategui, Cristian Mallea, Luis Guaragna y José Mazzone, al guión lo co-escribimos con Jok.

Creo que todo se terminó dando más por onda y luego por cierto ‘cariño’ con el personaje, algo extraño que sigue dando aún hoy con muchos artistas que nos regalan su arte en un dibujo o colaboran con nosotros aun cuando Camulus tiene más presencia online que en papel. Por alguna razón extraña, Camulus es lo que nos mantiene unidos.

Ultimos 5 números de la primera etapa del personaje, la cual concluyó con un número anual, donde se exploraban las raices mitológicas de su origen y se relacionaba con otro personaje del grupo, Cedric El Cazademonios. El calor creativo del grupo conformado por García, Blanco y JOK, venía en ascenso desde hacía tiempo, y la apuesta argumental y artística que habían hecho en el número 8 quedaba superada por el Anual, en donde varios de los mejores talentos del under de fin del milenio se ponían al servicio de un guión complejo y dinámico.

Con el Anual nos replanteamos muchas cosas respecto de la historia, el personaje y su mundo y el rumbo a tomar con la publicación. Jok tuvo mucho que ver en eso. Quizás fue él quien vio que el trasfondo de su nombre y la cultura que arrastraba detrás de sí, era mucho más rica que un vengador celestial pasado de anabólicos. Y no es que el nombre cayó del cielo, había salido de un libro sobre celtas. Tan lejos no estábamos de lo que es hoy, pero alguien tenía que abrirnos los ojos.

Así decidimos salir con Camulus versión formato A5 y con un tridente creativo a cargo de la revista de manera definitiva. Nos autogestionamos durante un año más, 6 números con salida bimestral. En los quioscos logramos ventas interesantes de casi 1.000 ejemplares por bimestre (había oscilaciones a la baja pero el promedio fue ese). También fue una época donde convivimos con otras publicaciones con las que nos ayudábamos intercambiando publicidad para lograr llegar a otros públicos sin importar si el otro tenía 10 lectores o 500. Estábamos todos en el mismo barco. Seguimos colaborando junto a Jok y Jorge, Y luego volvimos a sumar a Dany Rodriguez. Pero para aquellos que no saben, el número 5 en el que Camulus se enfrentaba a los dioses vikingos, lo dibujó íntegro Rubén Meriggi —y nosotros babeamos un poco, para qué mentir.

La segunda etapa del personaje constó de 6 números, distribuidos en el circuito comercial de kioscos y negocios especializados. Ahora Camulus, es el guardián de un panteón de dioses en decadencia que luchan por sobrevivir. Jorge Blanco y Jok se turnan en el arte, mientras que el número 5 estuvo dibujado por Rubén Meriggi.

Lo inevitable

El Gigante Romano y Camulus Especial 15 Años -que incluye las historias Muerte de Sal, Locura y El fin de los gigantes Formoré-, fanzines en el nuevo milenio.

Se vino la maroma ecomómica en forma de corralito, el 2001 y toda la malaria que dejó de arrastre luego de una década complicada para muchos. Nos quedamos sin laburo, yo sin casa y con dos pasajes a España, Jorge con las valijas para emigrar definitivamente a la costa. Camulus se quedó en cajas junto a una pila enorme de historias y dibujos sin ver la luz y con nosotros teniendo que arreglar los quilombos económicos de nuestras familias antes siquiera pensar cómo seguir con la historieta, si es que esa posibilidad existía.

Camulus siguió online, se publicó El gigante Romano, una antología con historias cortas, también El fin formoré, de 48 páginas a modo de festejo por los 15 años de la bestia celta y había quedado trunca la novela gráfica El dios fugitivo, que se hiciera a color para Magma. Tardamos un poquito desde 2007 hasta hoy pero hace un mes quedó terminada con las últimas 15 páginas a cargo de Darío Brabo y color de Jorge Blanco, mientras que Jok le sumó retoques y mejoras a sus dibujos e hizo una nueva portada. También se re-trabajó el color en algunas escenas. El guion lo seguimos manejando junto a Fran Cascallares.

Camulus en la portada de Magma.

Tuvimos una etapa interesante a partir de 2012, donde Adrián Paglini nos dio el espacio para publicar Camulus en su Antología de Héroes Argentinos, a través del sello Universo Retro, y trabajar junto a Jok y Fran en una historia de Carlitos, el personaje de Sebastián Rizzo.

Con Jorge seguimos trabajando con la mira puesta en el papel. Material para hacer hay para varios años y luego de El dios fugitivo creo que es hora de que se arme alto quilombo, pero ya no depende de la buena voluntad de todos nosotros sino de la posibilidad de armar un libro decente para los que quieran leerlo. Es un tema económico. No quiero pedirle colaboración a nadie si no tengo la chance de entrar a imprenta y hacer algo que le dé sentido al laburo de quienes confían en nosotros. Pero nunca está dicha la última palabra…

Sobre la autoedición

Bueno, ya vieron, entré por la ventana. De chico —9 años— me encantaba ‘armar’ libritos con cuentos que escribía en la Olivetti de mi abuelo. Con el tiempo descubrí que esas ficciones con superhéroes de mi infancia eran nada más y nada menos que llamamos fan fiction.

La autoedición me parece una disciplina totalmente necesaria. Aquello que va por fuera del canon es lo que, a mi entender, genera un valor agregado irrenunciable. La autoedición es lo que representa para cada uno: búsqueda, furia, descargo, sueños, arte. Tal vez, una vía de escape para canalizar sueños, inquietudes, depresiones, angustias, dolor, humor; lo que el ser humano lleva consigo por ser lo que es: un ser humano. Para mí es todo eso y es un viaje lleno de emociones en todo su espectro.

Si hoy tuviese que explicar por qué sigo vinculado a un laburo que no deja dinero, fácil: por amor. Viví, desde que recuerdo, enamorado de este arte. Pero la historieta no me dejó los bolsillos vacíos: me llenó de experiencias, de amigos, me permitió colaborar con otra gente y conocer a aquellos autores que leía cuando era un nene.

Si la búsqueda es económica, creo que equivocamos el camino. Si es por la gloria, mejor salir en culo en el programa de Rial. Si tenés algo para decir, descargalo en una hoja, plegala, ponele un nombre o dibujo en la portada y disfrutá el viaje.

Lo bueno de este arte es que podés llevarlo hacia el rubro que quieras y que te permite compartir con alguien más eso que tenés adentro. El fanzine, la autoedición, es algo muy personal aun cuando se haga en grupo. Es un flor de laburo, pero cuando lo ves terminado…

Hoy la autoedición  es más necesaria que nunca. Nuestro mundo es un hervidero de gente que necesita cosas que no sabe para qué mierda sirven y que, cuando las tienen, les producen un efecto químico en el cerebro parecido a la felicidad que dura 5, 4, 3, 2, 1 ¡Puf! Vivimos rodeados de selfies y de apuro por mostrarnos bien en nuestros perfiles sociales aunque la estemos pasando mal. Todo es efímero, todo es ya y todo es como dicen Facebook, Twitter e Instagram. Podemos sumarle a lo anterior a la vieja y golpeada guardia, como son los diarios y revistas, la radio y la TV. Internet no es democrática, ni libre. Nuestros movimientos son monitoreados para perfilarnos como consumidores potenciales, como ciudadanos, con nombre y apellido al que fueron asignados tarjetas de crédito, un recibo de sueldo, un plan de prepaga, etc., etc. Vivo —todavía— de la publicidad. En serio, nada es gratis.

¿Qué tiene que ver el culo con el olmo? Mucho. Como nos seguimos quedando con lo superficial y con ‘lo que dicen’; al no preguntarnos nada más y al no indagar más en profundidad, solo nos queda conformarnos con lo que hay, con ese recorte de la realidad. Por eso el fanzine —y acá abro el paño para todos los rubros del mismo— es una parte esencial de la historia que no sucede en los medios. Es la contribución de primera mano de un contenido que llega a pocos pero que deja algo. Contracultura, subcultura, resistencia, llamalo como más te guste. Esto está fuera del mainstream a veces, más en el under de lo que me gustaría pero creo que ahí es donde todo toma sentido. Porque muchos creen que el ser independientes es ser inocentes, no entender cómo son ciertas cosas. Quizás deba dejar Camulus y empezar un fanzine punk.

Producción fanzinera

Autores en plena época del Historieta Bajo Tierra, Pablo García, Jorge Blanco, Carlos Aon, Dante Ginevra, Ángel Mosquito y Martín Larreategui.

Antes de ser autor, fui y soy fan. No un ñoño incorregible pero definitivamente, soy tu fan. Si hay algo que en los últimos años amé coleccionar fueron fanzines. Me gustan los fanzines personales sin importar la temática, me atraen los musicales, pero en el último tiempo fui comprando reediciones en formato libro de fanzines punk. Tengo guardado material de la primera época de la AHI y otras tantas publicaciones que vinieron después, en muchos casos, con un nivel de edición superior. Creo que el punto —la esencia misma— está en el contenido y en el espíritu de la publicación, no en los materiales de la edición física. Los que guardo con cariño especial son Catzole, Pluma Negra, Morón Suburbio, Gato Negro, El Buitre, La Metáfora, Animal Urbano y de los más actuales la Panxarama. Pero tengo mil cosas más y todas con su encanto particular.

Siendo director de arte, mi búsqueda es muy visual: me encantan los formatos raros, las ediciones especiales, las encuadernaciones fuera de lo habitual. Más allá del gusto personal, todas esas publicaciones que aún guardo son material de consulta para mí —me encantaría hacer un libro sobre el tema, pero necesito tiempo y, por lo que estuve averiguando, todos los relojes tienen 24 hs., supongo que será un defecto de fábrica mío, no el del reloj—.

Ese libro es algo kármico a esta altura de mi vida. Estoy siempre trabajando entre mi hobby –las historietas y los fanzines– y mi profesión –la publicidad y la comunicación–. Estos dos mundos se chocan: mientras uno es de características cooperativistas, el otro se mira el ombligo. Los fanzines proliferan en papel mientras los gurúes del 2.0 vienen diciendo hace 15 años que el papel está muerto. Yo veo cada vez más publicaciones, mejor calidad en su producción, formatos tradicionales o no, siempre en papel y que no se conectan al WiFi. En un mundo de siomes con la nariz pegada al teléfono sin mirar el camino, donde es más fácil sacarse una foto en bolas y mandarla por Whatsapp que pedir perdón o permiso… mi abuelo decía: –Mientras más conozco a la gente más quiero a mi perro. Por otro lado, los fanzines son un sistema de expresión que corre por canales alternativos, con multiplicidad de voces y mensajes, muchos de ellos muy personales y profundos. Si te interesa que no te den cucharadas de moco en la boca, movete y andá a buscar algo diferente. Después está todo el entramado de los derechos y la propiedad intelectual, algo que en mí es una lucha interna entre lo que debo defender profesionalmente y lo que creo que debería ser.

En el año 2004 entro en Ogilvy, una agencia de publicidad multinacional como director de arte senior. Habitualmente se labura en duplas: redactor + director de arte. Esta agencia —en particular esa división—, no tenía duplas fijas así que me tocaba con uno u otro y nos acostumbrábamos a trabajar con gente distinta con diferentes formas de pensar y de crear.

Early Prototype Nakoma, financiado por Intel, y Edición Ilimitada, una antología autoeditada, muestran el amplio abanico creativo de la dupla García-Cascallares.

FranciscoFranCascallares era un redactor con grandes aspiraciones —y potencial— de ser escritor. El edificio donde estaba emplazada la agencia era un antiguo banco y tenía en el subsuelo una bóveda. La puerta metálica gigante quedaba trabada para que no se cerrara y tomamos por asalto ese lugar ya que estábamos alejados del ruido y de la gente. Las charlas con Fran eran interminables y el tiempo dedicado al trabajo era a las corridas, quince minutos antes de tener que presentar ideas al director creativo. Como la cosa funcionaba a la perfección, decidimos que lo mejor era charlar de lo que nos importaba y dejar el laburo para el último round.

En el 2005, Fran renuncia y no entiendo qué iba a hacer yo sin él —La seguimos afuera y nos vemos, charlamos, ¿dale?

Equipos de Camulus, Stories Everywhere y amigos: Pablo García, Fran Cascallares, Jorge Blanco, JOK y Max Aguirre.

Y la verdad es que pensé que iba a quedar ahí, yo encerrado en la bóveda y él por su cuenta. Al final nos encontramos, comenzamos a escribir y juntos hicimos nuestro primer viaje a la Necomicón de 2007, con el frío necochense dándonos cachetazos. Surgió la necesidad, luego de ese evento, de armar una campaña para Intel y a Fran no se le ocurrió mejor idea que venderles un manga, dado que teníamos que laburar con procesadores para gamers. Así salió una idea fabulosa de la melena de Fran: Early Prototype Nakoma. Este manga ilustrado por Sebastián Noya se produjo en una primera entrega de 24 páginas en papel y una segunda edición de otras 24 páginas online. Esto nos llevó de la mano al stand propio de Intel en una expo en la calle Sarmiento donde se entregaba de manera gratuita a los participantes. Quedó ahí, sin terminar de publicarse y si me preguntás, haría un reboot —están de moda, ¿no?— y armaría un lindo libro. La historia está bárbara y lo merece.

Fran se metió de lleno con Camulus cuando surgió la idea de El dios fugitivo, pero ya había incursionado en la autoedición por primera vez con una antología de comics que se llamó Edición Ilimitada. Hoy estamos con una novela gráfica oscurita que verá la luz en el 2018 y que está en manos de Pablo Burman. Estamos muy contentos con todo el proceso.

Los dos números de GumGum, minifanzines en formato A6, mezclando narrativa, historietas y collage. En otras palabras, experimentación total.

Otro proyecto fue GumGum que surgió dentro de la agencia que mencioné antes. Una revista colaborativa a todo culo. Yo estaba quemado en el trabajo, escapándome para atender clientes y armar mi propio garito sumado a una revista que era un divague de laburo. Sebastián Zawerucha —alias Chuwi—, diseñador e ilustrador —el día que se decida a ilustrar la va a romper—, había hecho ese logo retro hermoso y no quería perderlo. GumGum terminó siendo un fanzine con la misma lógica de aquella revista pero con menos pretensiones, en formato mínimo y en blanco y negro. Salieron solo dos números pero están planteados tres más. Como siempre, el tema principal es el tiempo. Cada revista tiene un tema, la primera fue Popurrí —o sea, hagan lo que quieran— y la segunda, Mostros. Que el nombre indique algo no implica que los artistas deban seguirlo a ultranza, a veces, el concepto es más fuerte que la palabra en sí.

Los eventos

Me encantaría viajar y dedicarles más tiempo. Me encantaría poder escaparme 4 días a Rosario o a San Luis para conocer otros eventos y otra gente. Se me dificultó siempre por el trabajo, y hoy, con una familia, no se simplificó mucho el tema.

Tengo debilidad por los eventos hechos a pulmón, mientras más indie, mejor. Creo que el que viene marchando parejo y bien es Dibujados y mi deseo es que pueda seguir así y creciendo año a año. Son buena gente y lo que hacen es espectacular.

Pablo García, en una de las tantas ediciones de Dibujados.

A la historieta la veo bien. Si pretendemos que esto sea EE.UU., pifiamos. Hoy te encontrás con editoriales que editan comics de todo tipo; editores independientes que editan trabajos de tipos consagrados hace años; pequeñas editoriales que rescatan material editado que estaba en el olvido; fanzines de todo tipo y color que, a pesar de que la economía no ayuda, parecen salir de entre las baldosas. Está lleno de editores y publicaciones independientes, de ideas que se renuevan. Desde mi punto de vista, la salud de la historieta no se mide por lo que pasa en las librerías sino por lo que pasa en la base de la pirámide. El día que no haya fanzines para comprar, autores y editoriales nuevas para descubrir, ese día estaremos hablando de otro diagnóstico.

Futurología no voy a hacer pero creo que, si lo que comentaba en el párrafo anterior está sucediendo, no tenemos que preocuparnos porque vamos a seguir teniendo referentes en un mundillo que no deja dinero y que se mueve más con pasión y sudor que con cualquier otro estimulante.

Si tenés algo para contar, contalo. Querés dibujar pero no lo hacés bien, dibujá igual y contame lo que te pasa. Sos poeta y te cuesta mostrarle a tu familia o amigos lo que escribís, mejor publicalo y que lo lean extraños. Se te van los miedos en 5 minutos cuando alguien se acerca y te pregunta si ‘eso’ lo publicaste vos.

—Me gustó mucho.

Ahí se acaba el mundo y comienza otra aventura.