Archivos de la categoría ‘Fanzines Argentinos’

Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.

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Pablo García, un creativo todo terreno contra viento y marea.

Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo que comienza, titulado Memoria del Malón, busca recabar el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

Pablo García —para los amigos, Pablete— es padre, esposo, creativo publicitario, escritor, guionista, editor, fanzinero y creador en 1998 —junto a Jorge Blanco— de Camulus, una de los grandes personajes surgidos en el ámbito de la autoedición de historietas. A casi 20 de su aparición pública en las arenas del fanzine, nos cuenta cómo es publicar y mantenerse vivo.

El tiempo pasa (o de cómo me pasé más de 20 años perdiendo guita).

Pablo García y Jorge Blanco durante Fantabaires 98, una de las primeras presentaciones públicas de Camulus como parte de la Asociación de Historietistas Independientes (AHI).

— Dale, Pablete, contá cómo se conocieron Jorge y vos. —Ese era el pedido de nuestros amigos en cada convención de cómics, comilona o tertulia de turno.

— ¿Otra vez? ¿En serio?

Y no era mala onda pero desde 1997, la de Jorge Blanco y la mía, era la anécdota diferente. Hoy podríamos alardear de que nos conocimos en Facebook, por ejemplo, pero para esa fecha, ni siquiera teníamos internet en casa y, para ser francos, no sería la anécdota que viene a continuación.

Esto comenzó más o menos así.

Corría el año ´97 y no hacía más que trabajar como un condenado en la agencia de publicidad de turno. En los ratos libres leía alguna historieta o un libro o me ponía a escribir algún esbozo de guión. Siempre estaba latente el querer publicar un cómic, algo mío y de nadie más, pero claro, ¿quién iba a hacerme los dibujitos? Cuando me daba cuenta de eso, la estantería se me caía encima por no tener en claro hacia dónde correr.

Mi cuñado en ese entonces, Gustavo, era el peluquero del barrio. Un sábado, después de tomar unos mates, me senté en el sillón para que hiciera su magia en mi cabeza. Todos los cortes de pelo que probé y con los que sigo innovando, se los debo a él.

—Che, tengo un amigo, que dibuja esas boludeces que te gustan a vos, ¿no querés que te lo presente? —Sin anestesia me increpó para que conociera a su amigo mientras la maquinita de cortar el pelo me zumbaba en el oído.

-S-sí. —Mi respuesta había sido tibia pero es que, si bien no conocía personalmente a su amigo, sus dibujos hiperrealistas colgaban de las paredes de la peluquería. Para ser franco, no era esa la idea de ‘las boludeces que a mí me gustaban’. El retrato que más grabado me quedó fue el de Freddie Mercury con las bananas en la cabeza sacado del video de Innuendo.

Para la semana siguiente, mi cuñado había hecho el contacto y me daba el teléfono de este ilustrador desconocido para mí. A pesar de que tenía en mi haber 5 años en publicidad, mi cabeza no poseía la suficiente apertura como para entender o asimilar determinadas cosas, menos aún, un estilo de dibujo como ese.

Por ejemplo, la música. Solo metal y darkie, el resto que lo incineren. O respecto a la historieta, aquellos guionistas y dibujantes que fueran de mi agrado o que simplemente considerase de primer nivel por afinidad y por cuestiones estéticas. Aún no estaba para cosas más experimentales o fuera del canon del cómic de superhéroes de la época. Con ese panorama, mi cita a ciegas iba mal encaminada. Pero el problema era yo.

Lo llamé a Jorge Blanco y quedamos en vernos en marzo porque estaba, valija en mano, rumbo a sus vacaciones en la costa. Respiré aliviado, tenía un mes por delante para inventarme una excusa creíble que me dejase bien parado si el día que nos conociéramos sucedía lo inevitable: que el estilo de dibujo no me gustara.

Llegó marzo. Hice el llamado de rigor y quedamos en vernos el sábado siguiente en su casa. Junté mis manuscritos y algunos dibujos que había hecho, metí todo en mi bolso y me fui para Wilde.

El icónico stand de la AHI durante el Fantabaires 98, donde pueden visualizarse los fanzines más importantes de la época, Camulus entre ellos.

Mientras caminaba hacia la casa de Jorge mi cabeza repetía:

—Que me gusten, que me gusten, que me gusten…  —Era el mantra que resonaba en mi cabeza desde que bajé del 98 a cinco cuadras de su casa. Estaba muy cagado. Había pasado el mes y no tenía ninguna excusa creíble.

Jorge me recibió amablemente, nos tomamos unos mates y nos pusimos a charlar sobre cómo salvar al mundo con viñetas y bocadillos de diálogo. Era el precalentamiento para lo que venía y el momento donde el mate me podría quedar atravesado en el duodeno.

—Pará, voy a buscar mis dibujos. Los tengo arriba. —Me dijo y se fue dando zancadas escaleras arriba. Lo notaba entusiasmado pero yo estaba en un momento delicado, ventralmente complicado.

—Que me gusten, que me gusten, que me gusten. —No paraba de repetirlo una y otra vez como si del nivel de dibujo de Jorge dependiera mi vida.

Puso las hojas sobre la mesa y empezó a mostrarme trabajos sueltos y algunas páginas terminadas sobre sus propios personajes e historias. Eso sí que fue amor a primera vista y aún hoy, con este relato inconcluso, seguimos trabajando juntos.

Habíamos dispuesto juntarnos todos los sábados de 10 a 15 hs. Esto tenía que ser un trabajo y debíamos tomarlo con la seriedad correspondiente. A partir de ese momento, mi habitación chorizo y atiborrada de libros y revistas pasó a ser búnker de EFX Studio alternativamente con la casa de Jorge.

A ambos nos gustaba la fantasía heroica o el cómic épico; el caso emblemático de este género es Conan, el bárbaro. Y así fue que nos dispusimos a hacer Sogoth, nuestro Conan, una historia plagada de magia oscura, cabezas en picas a la vera del camino y un par de monstruos de miedo. Creo que Sogoth fue nuestro tubo de ensayo y después de meter mano en tres números decidimos no publicarlo. La verdad, no recuerdo por qué tomamos esa decisión. Quizás estuvo ligada a que era un personaje que, tranquilamente, podía ser emparentado con Conan o Kull y no estaba bueno. De ahí saltamos a Camulus. Con un libro sobre mitología y sabiduría celta en mano, decidimos buscar un nombre entre las páginas del libro. Debo reconocer que no era el más feliz en cuanto a sonoridad: Camulus/cúmulus, todo lo mismo. Sin embargo, lo que representaba ese dios era lo que creíamos que el personaje debía ser. ¿Qué otro enfermo le iba a poner Camulus a un personaje?

Empezando por el número 0, Camulus tuvo un recorrido inicial de 10 ediciones. El personaje en ese entonces, tenía influencias directas del cómic americano, en especial de los X-men, muy de moda en ese momento. Aquí, los primeros 5 números de la revista, que en los locales especializados era exhibida en un escaparate diseñado y confeccionado de manera exclusiva.

¿Dónde radicaba el diferencial de Camulus?

Simple. Yo era productor gráfico publicitario, la idea del fanzine era ideal pero yo entendía que podíamos hacer una diferencia desde la presentación. Camulus se imprimía en offset y en un papel que me produce envidia hoy en día ya que no podríamos pagarlo. La imprenta era una máquina en un galpón pero imprimía muy bien y barato, al menos para los parámetros de 1998. Frente a las otras publicaciones, destacaba pero era más por nuestra obsecuencia de tener algo copado antes que por buscar competencia con las otras ediciones.

Jorge Blanco y JOK, más la ayuda de Dany Rodríguez, fueron los responsables de la parte gráfica del personaje. En las fotos de Fantabaires 98, aparecen: Jorge Blanco, Dante Ginevra, JOK, Ángel Mosquito, Javier Rovella y Dany Rodríguez.

No recuerdo exactamente cómo llegamos a la AHI, es Jorge el memorioso de esas cosas. Pero tengo presente las reuniones de los sábados en la CTA de Av. Independencia. Recuerdo que un día le pregunté a Jorge qué hacíamos en esas reuniones en las que, a veces, había discusiones que en ese momento, para mí, carecían de sentido. Era un pendejo y quería ir a eventos a vender revistas, el estatuto o si el presidente era Will Eisner o John Romita, me daba igual. Debo decir que más allá de mi desapego personal respecto de las cuestiones burocráticas, era un lugar donde yo me ponía del moño viendo gente entrar con publicaciones bajo el brazo y, más allá de estar o no de acuerdo con posturas e ideas, alucinaba con el laburo del resto de los artistas. Muchos de ellos siguen en mi rincón de fanzines que se engrosa con cada visita a algún evento. La experiencia era necesaria y no puedo echar culpas o criticar cuando estuve más afuera que adentro pero me pareció útil y beneficioso poder escuchar razones, posibles soluciones de la boca de otras personas. No me pidas madurez con 21 años. Hoy, si se diera una situación similar, creo que contaría con las herramientas para exponer mis puntos de vista y escuchar y analizar los del resto con más calma.

Ya en 1999 se nos coló un tal Jok, de nombre Diego, dibujante y guionista. JokLa Metáfora, Camulus, Carne Argentina, Perfecto, 40 Cajones, Control de Plagas, etc., y también miembro del staff de La Productora— hacía de todo, dibujaba, entintaba, rotulaba, escribía —con un estilo que, en lo personal, disfruto mucho—. Completito el chico. A él y a la troupe de lo que conforma hoy La Productora, los conocimos en las reuniones de la AHI. Muchos de ellos tuvieron participación en la primera historia épica de Camulus como dios de la guerra, un anual y un replanteo en la historia que me dejó, al menos por un tiempo, excluido de la escritura y reviendo cómo hacerlo de la forma más profesional posible —porque yo no estudié con nadie del medio—.

En el medio de todo esto, Jorge y Jok preparan Cedric, un personaje que armaron juntos y donde me involucré solo en el diseño y armado de la revista. Me parecía una buena apuesta editorial y tres números más eran pagables y al mismo tiempo nos servía para salir con otra producción a la calle.

Los 3 números de Cedric, El Cazademonios, una historia donde mito y religion se mezclan por partes iguales, a cargo de JOK y Jorge Blanco.

Volviendo al Anual, ahí participaron bestias —animales de la tinta— y considero, más allá de que editorialmente muchos lo consideraron una aberración, que es una pequeña pieza de arte de 32 páginas. La portada la hizo Dante Ginevra y los interiores estuvieron a cargo de Dany Rodríguez, Jorge Blanco, Jok, Martín Larreategui, Cristian Mallea, Luis Guaragna y José Mazzone, al guión lo co-escribimos con Jok.

Creo que todo se terminó dando más por onda y luego por cierto ‘cariño’ con el personaje, algo extraño que sigue dando aún hoy con muchos artistas que nos regalan su arte en un dibujo o colaboran con nosotros aun cuando Camulus tiene más presencia online que en papel. Por alguna razón extraña, Camulus es lo que nos mantiene unidos.

Ultimos 5 números de la primera etapa del personaje, la cual concluyó con un número anual, donde se exploraban las raices mitológicas de su origen y se relacionaba con otro personaje del grupo, Cedric El Cazademonios. El calor creativo del grupo conformado por García, Blanco y JOK, venía en ascenso desde hacía tiempo, y la apuesta argumental y artística que habían hecho en el número 8 quedaba superada por el Anual, en donde varios de los mejores talentos del under de fin del milenio se ponían al servicio de un guión complejo y dinámico.

Con el Anual nos replanteamos muchas cosas respecto de la historia, el personaje y su mundo y el rumbo a tomar con la publicación. Jok tuvo mucho que ver en eso. Quizás fue él quien vio que el trasfondo de su nombre y la cultura que arrastraba detrás de sí, era mucho más rica que un vengador celestial pasado de anabólicos. Y no es que el nombre cayó del cielo, había salido de un libro sobre celtas. Tan lejos no estábamos de lo que es hoy, pero alguien tenía que abrirnos los ojos.

Así decidimos salir con Camulus versión formato A5 y con un tridente creativo a cargo de la revista de manera definitiva. Nos autogestionamos durante un año más, 6 números con salida bimestral. En los quioscos logramos ventas interesantes de casi 1.000 ejemplares por bimestre (había oscilaciones a la baja pero el promedio fue ese). También fue una época donde convivimos con otras publicaciones con las que nos ayudábamos intercambiando publicidad para lograr llegar a otros públicos sin importar si el otro tenía 10 lectores o 500. Estábamos todos en el mismo barco. Seguimos colaborando junto a Jok y Jorge, Y luego volvimos a sumar a Dany Rodriguez. Pero para aquellos que no saben, el número 5 en el que Camulus se enfrentaba a los dioses vikingos, lo dibujó íntegro Rubén Meriggi —y nosotros babeamos un poco, para qué mentir.

La segunda etapa del personaje constó de 6 números, distribuidos en el circuito comercial de kioscos y negocios especializados. Ahora Camulus, es el guardián de un panteón de dioses en decadencia que luchan por sobrevivir. Jorge Blanco y Jok se turnan en el arte, mientras que el número 5 estuvo dibujado por Rubén Meriggi.

Lo inevitable

El Gigante Romano y Camulus Especial 15 Años -que incluye las historias Muerte de Sal, Locura y El fin de los gigantes Formoré-, fanzines en el nuevo milenio.

Se vino la maroma ecomómica en forma de corralito, el 2001 y toda la malaria que dejó de arrastre luego de una década complicada para muchos. Nos quedamos sin laburo, yo sin casa y con dos pasajes a España, Jorge con las valijas para emigrar definitivamente a la costa. Camulus se quedó en cajas junto a una pila enorme de historias y dibujos sin ver la luz y con nosotros teniendo que arreglar los quilombos económicos de nuestras familias antes siquiera pensar cómo seguir con la historieta, si es que esa posibilidad existía.

Camulus siguió online, se publicó El gigante Romano, una antología con historias cortas, también El fin formoré, de 48 páginas a modo de festejo por los 15 años de la bestia celta y había quedado trunca la novela gráfica El dios fugitivo, que se hiciera a color para Magma. Tardamos un poquito desde 2007 hasta hoy pero hace un mes quedó terminada con las últimas 15 páginas a cargo de Darío Brabo y color de Jorge Blanco, mientras que Jok le sumó retoques y mejoras a sus dibujos e hizo una nueva portada. También se re-trabajó el color en algunas escenas. El guion lo seguimos manejando junto a Fran Cascallares.

Camulus en la portada de Magma.

Tuvimos una etapa interesante a partir de 2012, donde Adrián Paglini nos dio el espacio para publicar Camulus en su Antología de Héroes Argentinos, a través del sello Universo Retro, y trabajar junto a Jok y Fran en una historia de Carlitos, el personaje de Sebastián Rizzo.

Con Jorge seguimos trabajando con la mira puesta en el papel. Material para hacer hay para varios años y luego de El dios fugitivo creo que es hora de que se arme alto quilombo, pero ya no depende de la buena voluntad de todos nosotros sino de la posibilidad de armar un libro decente para los que quieran leerlo. Es un tema económico. No quiero pedirle colaboración a nadie si no tengo la chance de entrar a imprenta y hacer algo que le dé sentido al laburo de quienes confían en nosotros. Pero nunca está dicha la última palabra…

Sobre la autoedición

Bueno, ya vieron, entré por la ventana. De chico —9 años— me encantaba ‘armar’ libritos con cuentos que escribía en la Olivetti de mi abuelo. Con el tiempo descubrí que esas ficciones con superhéroes de mi infancia eran nada más y nada menos que llamamos fan fiction.

La autoedición me parece una disciplina totalmente necesaria. Aquello que va por fuera del canon es lo que, a mi entender, genera un valor agregado irrenunciable. La autoedición es lo que representa para cada uno: búsqueda, furia, descargo, sueños, arte. Tal vez, una vía de escape para canalizar sueños, inquietudes, depresiones, angustias, dolor, humor; lo que el ser humano lleva consigo por ser lo que es: un ser humano. Para mí es todo eso y es un viaje lleno de emociones en todo su espectro.

Si hoy tuviese que explicar por qué sigo vinculado a un laburo que no deja dinero, fácil: por amor. Viví, desde que recuerdo, enamorado de este arte. Pero la historieta no me dejó los bolsillos vacíos: me llenó de experiencias, de amigos, me permitió colaborar con otra gente y conocer a aquellos autores que leía cuando era un nene.

Si la búsqueda es económica, creo que equivocamos el camino. Si es por la gloria, mejor salir en culo en el programa de Rial. Si tenés algo para decir, descargalo en una hoja, plegala, ponele un nombre o dibujo en la portada y disfrutá el viaje.

Lo bueno de este arte es que podés llevarlo hacia el rubro que quieras y que te permite compartir con alguien más eso que tenés adentro. El fanzine, la autoedición, es algo muy personal aun cuando se haga en grupo. Es un flor de laburo, pero cuando lo ves terminado…

Hoy la autoedición  es más necesaria que nunca. Nuestro mundo es un hervidero de gente que necesita cosas que no sabe para qué mierda sirven y que, cuando las tienen, les producen un efecto químico en el cerebro parecido a la felicidad que dura 5, 4, 3, 2, 1 ¡Puf! Vivimos rodeados de selfies y de apuro por mostrarnos bien en nuestros perfiles sociales aunque la estemos pasando mal. Todo es efímero, todo es ya y todo es como dicen Facebook, Twitter e Instagram. Podemos sumarle a lo anterior a la vieja y golpeada guardia, como son los diarios y revistas, la radio y la TV. Internet no es democrática, ni libre. Nuestros movimientos son monitoreados para perfilarnos como consumidores potenciales, como ciudadanos, con nombre y apellido al que fueron asignados tarjetas de crédito, un recibo de sueldo, un plan de prepaga, etc., etc. Vivo —todavía— de la publicidad. En serio, nada es gratis.

¿Qué tiene que ver el culo con el olmo? Mucho. Como nos seguimos quedando con lo superficial y con ‘lo que dicen’; al no preguntarnos nada más y al no indagar más en profundidad, solo nos queda conformarnos con lo que hay, con ese recorte de la realidad. Por eso el fanzine —y acá abro el paño para todos los rubros del mismo— es una parte esencial de la historia que no sucede en los medios. Es la contribución de primera mano de un contenido que llega a pocos pero que deja algo. Contracultura, subcultura, resistencia, llamalo como más te guste. Esto está fuera del mainstream a veces, más en el under de lo que me gustaría pero creo que ahí es donde todo toma sentido. Porque muchos creen que el ser independientes es ser inocentes, no entender cómo son ciertas cosas. Quizás deba dejar Camulus y empezar un fanzine punk.

Producción fanzinera

Autores en plena época del Historieta Bajo Tierra, Pablo García, Jorge Blanco, Carlos Aon, Dante Ginevra, Ángel Mosquito y Martín Larreategui.

Antes de ser autor, fui y soy fan. No un ñoño incorregible pero definitivamente, soy tu fan. Si hay algo que en los últimos años amé coleccionar fueron fanzines. Me gustan los fanzines personales sin importar la temática, me atraen los musicales, pero en el último tiempo fui comprando reediciones en formato libro de fanzines punk. Tengo guardado material de la primera época de la AHI y otras tantas publicaciones que vinieron después, en muchos casos, con un nivel de edición superior. Creo que el punto —la esencia misma— está en el contenido y en el espíritu de la publicación, no en los materiales de la edición física. Los que guardo con cariño especial son Catzole, Pluma Negra, Morón Suburbio, Gato Negro, El Buitre, La Metáfora, Animal Urbano y de los más actuales la Panxarama. Pero tengo mil cosas más y todas con su encanto particular.

Siendo director de arte, mi búsqueda es muy visual: me encantan los formatos raros, las ediciones especiales, las encuadernaciones fuera de lo habitual. Más allá del gusto personal, todas esas publicaciones que aún guardo son material de consulta para mí —me encantaría hacer un libro sobre el tema, pero necesito tiempo y, por lo que estuve averiguando, todos los relojes tienen 24 hs., supongo que será un defecto de fábrica mío, no el del reloj—.

Ese libro es algo kármico a esta altura de mi vida. Estoy siempre trabajando entre mi hobby –las historietas y los fanzines– y mi profesión –la publicidad y la comunicación–. Estos dos mundos se chocan: mientras uno es de características cooperativistas, el otro se mira el ombligo. Los fanzines proliferan en papel mientras los gurúes del 2.0 vienen diciendo hace 15 años que el papel está muerto. Yo veo cada vez más publicaciones, mejor calidad en su producción, formatos tradicionales o no, siempre en papel y que no se conectan al WiFi. En un mundo de siomes con la nariz pegada al teléfono sin mirar el camino, donde es más fácil sacarse una foto en bolas y mandarla por Whatsapp que pedir perdón o permiso… mi abuelo decía: –Mientras más conozco a la gente más quiero a mi perro. Por otro lado, los fanzines son un sistema de expresión que corre por canales alternativos, con multiplicidad de voces y mensajes, muchos de ellos muy personales y profundos. Si te interesa que no te den cucharadas de moco en la boca, movete y andá a buscar algo diferente. Después está todo el entramado de los derechos y la propiedad intelectual, algo que en mí es una lucha interna entre lo que debo defender profesionalmente y lo que creo que debería ser.

En el año 2004 entro en Ogilvy, una agencia de publicidad multinacional como director de arte senior. Habitualmente se labura en duplas: redactor + director de arte. Esta agencia —en particular esa división—, no tenía duplas fijas así que me tocaba con uno u otro y nos acostumbrábamos a trabajar con gente distinta con diferentes formas de pensar y de crear.

Early Prototype Nakoma, financiado por Intel, y Edición Ilimitada, una antología autoeditada, muestran el amplio abanico creativo de la dupla García-Cascallares.

FranciscoFranCascallares era un redactor con grandes aspiraciones —y potencial— de ser escritor. El edificio donde estaba emplazada la agencia era un antiguo banco y tenía en el subsuelo una bóveda. La puerta metálica gigante quedaba trabada para que no se cerrara y tomamos por asalto ese lugar ya que estábamos alejados del ruido y de la gente. Las charlas con Fran eran interminables y el tiempo dedicado al trabajo era a las corridas, quince minutos antes de tener que presentar ideas al director creativo. Como la cosa funcionaba a la perfección, decidimos que lo mejor era charlar de lo que nos importaba y dejar el laburo para el último round.

En el 2005, Fran renuncia y no entiendo qué iba a hacer yo sin él —La seguimos afuera y nos vemos, charlamos, ¿dale?

Equipos de Camulus, Stories Everywhere y amigos: Pablo García, Fran Cascallares, Jorge Blanco, JOK y Max Aguirre.

Y la verdad es que pensé que iba a quedar ahí, yo encerrado en la bóveda y él por su cuenta. Al final nos encontramos, comenzamos a escribir y juntos hicimos nuestro primer viaje a la Necomicón de 2007, con el frío necochense dándonos cachetazos. Surgió la necesidad, luego de ese evento, de armar una campaña para Intel y a Fran no se le ocurrió mejor idea que venderles un manga, dado que teníamos que laburar con procesadores para gamers. Así salió una idea fabulosa de la melena de Fran: Early Prototype Nakoma. Este manga ilustrado por Sebastián Noya se produjo en una primera entrega de 24 páginas en papel y una segunda edición de otras 24 páginas online. Esto nos llevó de la mano al stand propio de Intel en una expo en la calle Sarmiento donde se entregaba de manera gratuita a los participantes. Quedó ahí, sin terminar de publicarse y si me preguntás, haría un reboot —están de moda, ¿no?— y armaría un lindo libro. La historia está bárbara y lo merece.

Fran se metió de lleno con Camulus cuando surgió la idea de El dios fugitivo, pero ya había incursionado en la autoedición por primera vez con una antología de comics que se llamó Edición Ilimitada. Hoy estamos con una novela gráfica oscurita que verá la luz en el 2018 y que está en manos de Pablo Burman. Estamos muy contentos con todo el proceso.

Los dos números de GumGum, minifanzines en formato A6, mezclando narrativa, historietas y collage. En otras palabras, experimentación total.

Otro proyecto fue GumGum que surgió dentro de la agencia que mencioné antes. Una revista colaborativa a todo culo. Yo estaba quemado en el trabajo, escapándome para atender clientes y armar mi propio garito sumado a una revista que era un divague de laburo. Sebastián Zawerucha —alias Chuwi—, diseñador e ilustrador —el día que se decida a ilustrar la va a romper—, había hecho ese logo retro hermoso y no quería perderlo. GumGum terminó siendo un fanzine con la misma lógica de aquella revista pero con menos pretensiones, en formato mínimo y en blanco y negro. Salieron solo dos números pero están planteados tres más. Como siempre, el tema principal es el tiempo. Cada revista tiene un tema, la primera fue Popurrí —o sea, hagan lo que quieran— y la segunda, Mostros. Que el nombre indique algo no implica que los artistas deban seguirlo a ultranza, a veces, el concepto es más fuerte que la palabra en sí.

Los eventos

Me encantaría viajar y dedicarles más tiempo. Me encantaría poder escaparme 4 días a Rosario o a San Luis para conocer otros eventos y otra gente. Se me dificultó siempre por el trabajo, y hoy, con una familia, no se simplificó mucho el tema.

Tengo debilidad por los eventos hechos a pulmón, mientras más indie, mejor. Creo que el que viene marchando parejo y bien es Dibujados y mi deseo es que pueda seguir así y creciendo año a año. Son buena gente y lo que hacen es espectacular.

Pablo García, en una de las tantas ediciones de Dibujados.

A la historieta la veo bien. Si pretendemos que esto sea EE.UU., pifiamos. Hoy te encontrás con editoriales que editan comics de todo tipo; editores independientes que editan trabajos de tipos consagrados hace años; pequeñas editoriales que rescatan material editado que estaba en el olvido; fanzines de todo tipo y color que, a pesar de que la economía no ayuda, parecen salir de entre las baldosas. Está lleno de editores y publicaciones independientes, de ideas que se renuevan. Desde mi punto de vista, la salud de la historieta no se mide por lo que pasa en las librerías sino por lo que pasa en la base de la pirámide. El día que no haya fanzines para comprar, autores y editoriales nuevas para descubrir, ese día estaremos hablando de otro diagnóstico.

Futurología no voy a hacer pero creo que, si lo que comentaba en el párrafo anterior está sucediendo, no tenemos que preocuparnos porque vamos a seguir teniendo referentes en un mundillo que no deja dinero y que se mueve más con pasión y sudor que con cualquier otro estimulante.

Si tenés algo para contar, contalo. Querés dibujar pero no lo hacés bien, dibujá igual y contame lo que te pasa. Sos poeta y te cuesta mostrarle a tu familia o amigos lo que escribís, mejor publicalo y que lo lean extraños. Se te van los miedos en 5 minutos cuando alguien se acerca y te pregunta si ‘eso’ lo publicaste vos.

—Me gustó mucho.

Ahí se acaba el mundo y comienza otra aventura.

Siguiendo la costumbre de tres por vez, vamos con los fanzines de fin de mes.

Arrancamos con la revista Rosarina, “La Parda”, de diciembre de 1989.

Nuestro Oráculo fanzinero apela a sus recuerdos y nos informa que La parda, se hizo como una sociedad de hecho, con subvención de la Municipalidad de Rosario por lo que su publicación estuvo determinada por el dinero que aportaba el estado. Contó con 5 números, incluyendo el número 0, que es el que hoy compartimos; sus tapas en sepia fueron obras de Maus. La revista se convirtió en un muestrario de la movida rosarina de los finales de los 80 y principios de los 90. Muchos de esos autores se habían hecho conocidos por acceder al subtemento oxido de Fierro (Max Cachimba y Maus, los dos más conocidos) y estuvieron apadrinados por El Tomi. La lista cuenta con otros nombres destacados como Breccia, Taborda, Claudio Ramirez, Dupleich, Edu Molina y Germán López, y con otros menos conocidos pero no por ello despreciables como L.U.N. Hornner o Jorge Barrios, todos bastante profesionales.

Descargar: “La Parda N° 0”

La Parda Nº0. 01

Seguimos con Pulp, El Grillo! fanzine destacado de su época
En palabras de Camila Torre Notari en una entrevista a este sitio:

“Lo editábamos con Pilar Corrales. Hacer Pulp, el Grillo, era lo más divertido que nos podía pasar. Primero juntábamos algo de material, convocábamos a amigos y conocidos a que nos manden sus dibujos, cómics, cuentos, poesías, pensamientos, ¡lo que quisieran! Entonces nos juntábamos y nos quedábamos hasta las 7 de la mañana escaneando, imprimiendo, cortando y pegando.

Lo vendíamos a nuestros amigos al principio y después lo empezamos a llevar a ferias y a dejar en comiquerías. A la gente le divertía un montón, muchos nos pedían por favor que publiquemos su trabajo en el siguiente número. Y sobre todo, cuando apareció La Matinée de Pulp, el grillo, la gente esperaba con ansias a que salga el próximo número para poder ir a la reunión.”

Descargar: “Pulp, El Grillo! N° 7”

Pulp, El Grillo Nº7. 01

Y nos despedimos con la cereza del postre, el primer número de “Yuntamule” la obra de la señorita Naná Cuevas Otonelli. Autora oriunda de 25 de Mayo, anduvo por estos lares y editó bajo esta cabecera 4 bellos fanzines entre 2012 y 2016 -si no me equivoco-. Narración secuencial con ribetes artísticos, rastros oníricos y poéticos, interés y búsqueda estética; “Yuntamule” es todo eso, por ello se convirtió en uno de esos zines que buscaba en cada evento independiente. Aparentemente ha vuelto al ruedo -el último número se presentó en “Punc” hacia finales de 2016- luego de mucho tiempo de silencio (tres años, para ser exactos)-. Esperemos más obra de esta gran historietista del medio.

Descargar: “Yuntamule N°1”

Yuntamule Nº1. 01

En esta oportunidad, presentamos tres fanzines de tres décadas distintas.

Chapa-Chapa

La cronología nos lleva a empezar por el más antiguo de los tres, “Chapa Chapa” gema inconseguible, aportada por el Oráculo fanzinero, el señor Julián Blas. En sus propias palabras “Editada en 1989 por Daniel Ortiz y Jorge Fantoni, la dupla que luego editaría la revista independiente Parásito y serían miembros estables de la revista-libro El lápiz Japonés. Con humor ácido y absurdo, la publicación ponía de manifiesto cómo la hiperinflación destruía las posibilidades de editar fanzines y revistas. De ahí que el fanzine tan solo fuese una hoja oficio doblada al medio.” Una propuesta cuyo análisis puede exceder las escasas carillas que conforman el fanzine, extendiéndose a la práctica fanzinera en general -la gratuidad, la factura artesanal, el contenido, la emergencia-.

Descargar: “Chapa Chapa”.

Tirapia N°1. 01

Javier J. Rovella es sin duda, uno de los grandes autores surgidos del under de los noventa. Muchos de sus personajes son -hoy por hoy- célebres para los lectores de historieta (y un verdadero hallazgo para quienes no lo son), dada la  fuerza del lenguaje visual de sus tiras, sumado a la  mirada sensible, a veces satírica, de la realidad y a la capacidad para jugar con el lenguaje propio de la narración secuencial, que agrega un componente lúdico a parte de su obra. Publicada en pleno auge de la “Catzole”, esta “Tirapia” es una muestra sucinta pero representativa de este maestro de las viñetas. Un dato pintoresco es que, hasta donde tengo entendido, estas páginas incluyen la primera aparición de “Zebita”.

Descargar: “Tirapia”.

01

Este fazine tiene una particularidad que sólo puede darse en el mundillo de la autopublicación y que lo hace fascinante, más allá de su valor intrínseco: es para mí un verdadero misterio. Ni nombre, ni fecha, ni autor se indican, por lo que me vi obligado a bautizarlo de algún modo para poder referenciarlo. “Mary and Her Little Lamb” es una historieta realizada íntegramente a través de la técnica del collage, recurso muy poco visto en el mundo de las viñetas. Así, podemos aprovechar y mencionar la obra de Max Ernst “Una Semana de Bondad o Los Siete Elementos Capitales”, o en el terreno que nos ocupa, las experiencias de Josep M. Beá en la Revista Rambla o – ya en nuestros días- el mencionado Gato, del zine “La Ponzoña”. Más allá de establecer una genealogía arbitraria, recortada por gustos personales, creo que estas páginas tienen un brillo propio. A la dificultad de generar narrativa a partir de imágenes pre-establecidas -que dan lugar a nuevas puestas en escena- resuelta con gran oficio, se suma un texto con ribetes poéticos. El resultado es de gran interés por su particularidad, aunque no apto para lectores acostumbrados a material más tradicional.  Aquel que pueda sumar información sobre esta joya, no dude en hacerlo.

Descargar: “Mary and Her Little Lamb”.

En esta segunda parte del año, se observa una seguidilla de eventos de historieta que concentran gran actividad, en especial porque a partir de mañana, con la catorceava edición de Dibujados y -en menos de 2 semanas- con la cuarta edición de Comicópolis, los editores ponen oficialmente todas sus novedades al alcance directo del público. En general, hay una tendencia que se mantiene en estos últimos años y es que el volumen de lanzamientos siempre va en constante aumento. De hecho, este recorrido por las nuevas ofertas editoriales, se suma al que ya hizo Sergio Schiavinato, con la certeza que se necesitarían 2 o 3 notas más como para hacer una cobertura exhaustiva de la escena actual. Pero ya queda en manos del lector animarse, ir, charlar con los autores, atreverse con cosas nuevas, hay un mundo de historietas por descubrir. Por último, es importante mencionar que en el próximo Comicópolis, el sector fanzines va a tener un total de 200 expositores, una cifra que probablemente sea un pico histórico de participación y actividad. Hay historieta para rato, señores. Ahora sí, a los papeles.

Los amigos de Panxa Editorial, que también forman parte de la organización de Dibujados, siempre tienen cosas nuevas que mostrar. La primera cosa que hay que mencionar, es la edición del demorado Cíclico, el libro de Luis Gory, que por complicaciones de último momento no llegó al Dibujados pasado, pero que esta vez está listo en tiempo y forma. Cíclico explora lo circular de los ritmos vitales y está escrito y dibujado por Gory, con textos de Godofredo Fink al principio de cada capítulo. Son 48 páginas, a todo color, en un formato algo atípico -12 x 17 cm.-, cosidas a la manera japonesa. Un libro objeto. Además, Federico Ferro -(a) Epileptic Fred– edita Los Caminos del señor Nada. El personaje fue una sección fija en la revista Panxarama y también apareció en la revista-libro de ciencia ficción Cuásar, además de inaugurar la colección Libros de Juguete con PLOC. La historia es muda y en completo blanco y negro. El libro tiene un formato 14 x 20 cm., en cartoné lomo recto.

La colección Libros de juguete agrega un titulo más ya que El pozo, el amo es el volumen 7 de la colección. La obra es un trabajo de Juani Navarro, sobre textos de Rafael Barret -escritor anarquista español-. Navarro es un autor particular, con un estilo de dibujo que conecta con el underground norteamericano –Robert Crumb y Peter Bagge-, pero con una inconfundible impronta argentina. Su obra Pueblo Chico, también editada por Panxa hace unos años, lo mostró como un autor maduro y listo para que más lectores lo conozcan. El pozo, el amo es un minilibro -5 x 7 cm, o sea, un A8 refilado- y la encuadernación es cartoné lomo recto -o sea el tapa dura tradicional-. Todas las encuadernaciones de Panxa son un trabajo artesanal, algo a lo que Federico es muy afecto y maneja con excelencia. Para un bibliófilo y coleccionista de libros objeto, estas ediciones son la perdición absoluta.

Desde la costa del sudeste bonaerense -osea, Mar del Plata y aledaños-, llega una nueva editorial de nombre Faro Negro, dirigida por 3 artistas de la  zona –Kundo Krunch, Lou y Manu Amagi-, que se propone como una cooperativa de autores, además de una familia y una trinchera para historieta independiente y autogestiva. Entre sus lanzamientos está Pagano, de Raúl Andrés Gómez y Lou. Un magazine apaisado en formato A6 -14,8 X 10,5 cm.- a todo color, que cuenta una historia de horror, escrita por Gómez e ilustrada por Lou, que muestra los ancestrales secretos de una tribu y su misteriosa forma de procrear y cuya frase de apertura es ‘Escucha a través del viajero de los mil mundos su primer encuentro con los arboles místicos’.

El segundo título es Teatro Macabro, de Lou, una caja de madera tallada que contiene cuatro fanzines con historias unitarias que cuentan diferentes períodos y etapas en su vida.  Algunas son historias macabras, otras catárticas, en donde la caja es un símbolo de contención y final. Todo en formato A6 -10,5 x 14,8 cm.-.

El amigo Nick Gregory, ya en camino a convertirse en un histórico de la edición autogestiva, acaba de fundar su propio sello, hablamos de Zingo comics, que sale a la cancha con dos publicaciones. La primera es Punkpurrí, una recopilación de historias que Nick ya publicó en los fanzines Espinazo y Padawan, por lo que la revista en un recorrido por su carrera y su evolución en el dibujo. Hay también trabajos inéditos, entre cada historia hay un separador con ‘chistes tontos’ -algo con lo que Nick juega mucho en las redes sociales-, además de una historia  basada en una canción de Flema, la mítica banda de Ricky Espinoza. Hay que aclarar que la postal de Justin Bieber viene dentro del fanzine como regalo. Solo cabe decir una palabra: Tremendo.

La otra novedad de Zingo es el cuarto número de Padawan. Un fanzine que comienza a construir una cierta trayectoria en el medio, y que tiene posibilidades crecer. La antología mantiene a los mismos autores –Rex Lupus, Alico, Leox, Noelia Mol y Nick Gregory-, por lo que algunas historias con continuará siguen su marcha. Como es costumbre, las tapas siempre están a cargo de un talento, y esta vez le tocó a Jok.

El ahora antropólogo Ricardo De Luca, editó -años ha- un fanzine que alcanzó los diez números en un periplo de algo más de 4 años entre 2002 y 2006, y que contaba las historias del Urbanomutante, el misterioso guardián de Urbanópolis, una ciudad donde todo podía ocurrir. Duma Ediciones vuelve a reincidir con este clásico underground, lanzando una selección de los últimos 3 números de Urbanópolis, agregando dos episodios más, uno del primer número de la revista -pero redibujado para la ocasión- y otro inédito por completo. Son 96 páginas en blanco y negro, en formato 14 x 20 cm.  El libro cierra con un epílogo escrito por cierto servidor. A darle una chance que De Luca sabe lo que hace.

Luego de hacer Crónicas de Tinta,  el bueno de Marce Martí reaparece con Cyra y la Vida, una tira cómica que sigue las vivencias de Cyra, una chica cínica -y hasta anarquista- que tiende a romper las reglas de manera continua. La protagonista está acompañada por su -única-  amiga, Pilar, casi su contracara -hippie y siempre alegre sin importar qué-, y su mascota, un cuervo bocón y de pasado dudoso. Las historias de Cyra lo abarcan todo, desde escaparse de clases en la escuela, a la apertura de un portal interdimensional en el inodoro de su casa, o llevar a la esclavitud a una comunidad de duendes que viven debajo de su cama luego de comerse a su reina. Si hay una situación complicada, ella seguro está ahí para sacar provecho. Después de cierto tiempo sin publicar, en este regreso, Marce Martí muestra un trazo más suelto pero a la vez seguro, con buen manejo de los grises.

Antes de seguir adelante, hay que mencionar un nuevo talento de reciente aparición, se trata de Tatiana Cuccaro, mejor conocida en el medio como Blinka, y que lleva 5 números de su revista Queseyó. El terreno del fanzine por lo general depara este tipo de sorpresas, alguien que hace algo casi en secreto y que uno tiene que estar ahí para poder encontrarlo, el asunto es que Queseyó es una buena historia, liviana, sonriente, actual, bien contada y con buenos diálogos. Por supuesto que desde el aspecto formal hay cosas puntuales para mejorar, algunas perspectivas, proporciones y el trabajo de fondos, pero lo principal está, el trazo del dibujo es correcto, tiene posibilidades -y por momentos recuerda a Maitena-, y los personajes funcionan. Con respecto a la historia, Robin, una chica de 21 años, se muda fuera de la casa de sus padres y se va a un alquiler compartido, donde conoce a Félix, un muchacho solitario y algo osco. Los nuevos compañeros no podrán evitar ese choque de trenes en colisión que es el amor, pero, en el medio, amigos y enredos hacen las cosas muy divertidas de leer. Si vas a comprar un fanzine, que sea este. Y ojo con Blinka, que se viene.

Para este Dibujados, Frideld lanza a través de Kanazuchi Productions  un nuevo tomo de Onigamen, la segunda parte de En Viaje a Onigahara, donde continúan las aventuras de la sacerdotisa japonesa Sanae, sus demonios protectores Kensei y Haku, el hechicero -y ejecutivo de ventas- Yasuhiro, y la espadachina Tomoko que por fin se reúnen para hacer frente a un mundo diabólico donde deberán luchar contra la bruja Kegare y sus seguidores. Para para volver a casa, nuestros héroes tendrán que enfrentar a los fantasmas de su pasado se  que les pondrán las cosas aún más difíciles, porque como dijo Spinetta, ‘después de todo tu eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un solo paso‘. Lo que hace Frideld está muy bien, en especial porque pone el énfasis en el desarrollo de la historia, cuidando los diálogos y la construcción del relato. El dibujo es correcto y cumple su función, juega con la masa de negros plenos, aunque con poca modulación de la línea.

Dejamos a los pesos pesados para el final. El amigo César Libardi,  factótum de Rabdomantes Ediciones pega fuerte con tres ediciones. La primera es Paint it black, de Rodrigo Canessa y Nicolás Barbera. La sinopsis dice así: ‘Icarus deambula las calles de Diamond City buscando venganza y justicia, pero cuando un mal mayor aparece, este vigilante se verá cara a cara con su crudo pasado y deberá tomar las decisiones correctas para que todo no termine en una tragedia. Nos sumergimos en la vida de Icarus Black y su lucha contra la corporación Stardust y un enigmático enemigo conocido como Raybakov‘.  En tanto que la segunda es Flash Card Mistery Man, de Damián Connelly y Fernando Calvi. La historia se pregunta ‘¿Qué pasa cuando te despertás en un sótano frío y húmedo y te das cuenta de que ya no sos humano? Nathan es un androide que tiene una misión: Encontrar a una mujer conocida como Baby Blue. Guiado por unas extrañas tarjetas, él deberá sortear una gran cantidad de obstáculos y por sobre todas las cosas, resolver varios misterios.’ Ambas publicaciones son parte del subsello Ojo Eléctrico, al cual hay que estar atentos, pues promete una catarata de títulos para los meses que siguen, todo en formato 17 x 24 cm.

Dejamos el tercer lanzamiento aparte puesto que requiere cierta dedicación. Si algo nos dejó la edición de la efímera y errática Bastión por parte de Gárgola Ediciones en la primera década del nuevo milenio eso fue Angela de la Morte, del enorme Salvador Sanz, y el clásico instantáneo que fue -y es- El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y German Erramouspe. Dice Andrés Accorsi en el prólogo, ‘El Hombre Primordial es atípica en todo. Habla de sexo, religión y política, despliega un nivel de violencia escabroso, prolijamente ornamentado con una sutil pátina de poesía, y hasta se da el lujo de indagar en un personaje que tiene síndrome de Down…Realmente impredecible, impactante, conmovedora. El resultado es una gema extraña de la Historieta Argentina”. Para esta edición las páginas fueron corregidas y reletreadas, el producto final hace brillar aún más los logros de la obra. Hay que decirlo, esto es compra obligada. Son 108 páginas, en formato 17 x 24 cm.

En el final del recorrido, queda recomendar los dos tomos de una obra que va creciendo con cada página, JellyKid, de Franco Viglino. Editada por Purple Books, a la edición del segundo tomo, se la acompañó con la reedición del primero, ahora con una nueva tapa -alucinante-. No hay mucho para decir excepto que la historia crece en desarrollo y se complejiza sin perder la frsecura, esto es aventura pura, lo que nos gusta, bah. La sinopsis del segundo tomo dice así, ‘Oliver lleva bastante tiempo siendo Jellykid, el chico con poderes de aguaviva que defiende a la Tierra y sus habitantes. Una nueva amenaza se esconde en el fondo del océano y, en esta ocasión, nuestro héroe se une a una vieja enemiga, Pangea, para enfrentar a la raza de antiguos seres conocidos como Jellynoids‘. Para el que siga a Franco Viglino, esta nueva aventura del Jellykid es un derroche de talento. La calidad de impresión del libro es apabullante.

Bueno, eso es todo por hoy. Nos vemos en el Dibujados, el único evento del mundo donde la historieta, la amistad y la cerveza se mezclan en partes iguales. ¡Qué más querés, papá!

Lo que vendrá

Publicado: agosto 15, 2017 de Julián Blas Oubiña Castro en Anuncios, Autobombo, Cómic Nacional, Fanzines Argentinos, Noticias, Sanata
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¡Buenos nuevos aires se respiran en Zinerama! Desde el ingreso al equipo de Pablo Zambrano y Sergio Schiavinato a principios de año, otros dos nuevos miembros se sumaron al equipo. Uno de ellos es  NN, un artista impresionante y amante de los fanzines, que nos aporta no solo notas e información, sino también, mucho del material escaneado disponible para descarga. El otro es Gastón Elian Ocariz, un divulgador incansable del medio tanto desde su emprendimiento personal –GEO Comics-, como desde medios internacionales –Neoverso-. Con ellos, Zinerama se convierte en un grupo de trabajo compuesto por seis personas, lo que nos permite cubrir mucho del espectro del panorama actual de la historieta en todo aquello que involucre la autogestión.

Después están las actividades que hoy ocupan al blog. El gran proyecto de esta segunda parte del año, es terminar de escanear y armar la Enciclopedia de Fanzines, la misión original con la que este espacio surgió. De allí que, desde hace un tiempo, hayan encontrado muchas entradas pequeñas, explorando el universo fanzinero de los 80. Pronto, pasaremos a los 90, luego los 2000, y así, hasta ponernos al día.

También, sumamos una columna de recomendaciones, en donde nos tomamos la libertad opinar sobre obras que nos gustan y divulgarlas –¡que hay muchas y muy buenas, mire usté, venga, acérquese, no sea tímido!-. Además, estamos trabajando en cierta logística que nos permita cubrir los eventos que den lugar la autogestión y los fanzines, que hoy son la otra gran parte del movimiento independiente y representan su parte más social e inclusiva.

Por fin, solo queda anunciar la apertura de un nuevo ciclo en Zinerama, intitulado Memorias del malón,  donde los más destacados actores del movimiento independiente van a contar la historia del medio en primera persona. ¡Guarda que vienen los indios!

Si de algo está lleno el fanzine, es de historias mínimas. Esas que para recordarlas requieren de algo esencial: haber estado ahí, ser parte. En lo que refiere a la lectura, hay dos maneras básicas de participar, ser autor o ser lector. Si uno es lector de un bestseller, la participación que le corresponde es mínima, pero si se es lector de una de las cincuenta copias de un fanzine distribuido mano en mano, esa participación se agiganta, pues uno se vuelva parte vital de un circuito donde la cultura se transmite punto a punto. De hecho, en el medio del fanzine, los límites entre autores y lectores tienden a esfumarse, y a un mismo tiempo uno actor puede ocupar ambos roles.

Allá, lejos y hace tiempo, cuando la Argentina intentaba reconstruirse luego de la debacle del nuevo milenio, hubo una comiquería muy especial, capitaneada por dos muchachos de nombres Beto y Poly, que supo reunir y dar cobijo a un montón de muchachos llenos de fruición por la historieta, que deseaban participar del medio y hacer historietas.

Ese lugar se llamó Punto de Fuga y entre sus muchísimos asistentes hubo dos que tuvieron su momento de gloria fanzinera,  que no es otra cosa que un paraíso frugal, compuesto de papel, tóner y amigos. Esos dos muchachos, Leo Rubio y Jonathan Weis, ya habían colaborado en alguno de los 3 números de Esfinge Comics, pero dieron un paso al frente cuando hicieron La Triste Historia del Historietista, una metahistoria singular, con los autores  como protagonistas,  que satirizaba el medio y se reía de sí misma, mientras  recorría los lugares y anhelos comunes del los fanáticos de aquella época.

La buena recepción permitió que ese unitario lanzado a la nada continuase en los dos números de A Pathetic Life, para seguir explorando las diversas obsesiones de los lectores de historietas más acérrimos y, después, en los 10 números de N.E.R.D.S., ya auspiciados por la comiquería que les dio cabida. El resto es historia, Beto vendió la comiquería para dedicarse al transporte, Poly se transformó en un reconocido vendedor de historietas, Rubio y Weis evolucionaron, o algo así, pero siguieron haciendo historietas, participando del medio y conduciendo programas de radio.

Unos meses atrás visité a Poly en su local, Fans Choice, hablamos de fanzines y recordamos a los particulares clientes que pululaban cierto local. Me dio la impresión que ya tenía una idea en su cabeza. Y mañana, sábado 12 de agosto de 2017, es la fecha que confirma esa sospecha, cuando Rubio y Weis presenten la segunda temporada de N.E.R.D.S., y es que todo vuelve… incluso, los fanzines.