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¿Qué onda?

Cuando miro los laburos en color directo de Natalia Lombardo pienso en la ilustradora perfecta para un libro de lectura de escuela primaria. Acaso sea cierta estética kistch que me recuerda esquemas de color simples y contundentes de tiempos de mi niñez, cuando no había toda esa parafernalia tecnológica de sombreados resueltos con precisión informática imposible que hay hoy en día. Hago una relación improbable con las ilustraciones de María Alcobre para el Viento en Popa 2 de Mirta Goldberg de las ediciones ochentosas de Aiké. Improbable porque el estilo de Natalia no tiene nada que ver. Lo que más se le nota a este fanzine y a Natalia es la atención al detalle y el cuidado de ciertas cosas a la hora de editar. La revista tiene dos planchas de papel ilustración a color, uno para la tapa y otro para una especie de cubierta interna, con dibujos de Sebastian que se repiten en patrón. Eso es mostrar criterio estético para presentar una revista. Las esquinas derechas de la revista están redondeadas, lo que es un detalle que indica una intención muy profesional al montar y armar los ejemplares. Esas cosas cuestan, porque no se hacen a mano (a mano queda horrible y salvo que seas una máquina infalible, nunca quedan parejas). También me encuentro ante el primer fanzine (N. del R.: del que yo tenía conocimiento) que se declara como tal desde el título.

¿De qué se trata?

Fanzin Preview es la revista menos críptica que he tenido oportunidad de tener en mis manos. Si deschava su formato en el título, buchonea su idea en el subtítulo, y te cuenta la cosa de una en sus primeras páginas, con presentaciones de los personajes principales primero y de la historieta después. De hecho, más de la mitad de las páginas de la revista se dedican a las presentaciones y a bellas páginas con dibujo y diseño pero sin historieta. Siete páginas bastan para presentar la historia de un pibe que se reparte entre el ceramismo y la taxidermia como modos de vida y su vocación fanzinera, que un día decide abandonar el abandono de su carrera historietística y rearmar su grupo para volver a hacer fanzines. Como la revista indica, es una preview, una muestra de lo que será la obra completa. Los personajes principales son un tanto border: un fanzinero que labura haciendo cerámica y embalsamando animales, un mangaka gay sadomaso que sueña con comerse un bebé chino, un artista conceptual mitómano, hipocondríaco y politóxico, una suizojaponesa misántropa que trabaja en un local de comidas rápidas pese a que tiene una considerable fortuna familiar y vive en una mansión con lago propio, y una patinadora artística de familia de alcurnia con un serio problema de drogas, cuya presentación formal no se encuentra en este número

El disparador es un ex-colega fanzinero que toma una idea del protagonista, Sebastián, y la convierte en una historieta en la que no lo acredita para nada, lo que lo motiva a Sebastián a volver a hacer fanzines y reclutar para eso a una serie de amistades. En el camino, hay situaciones cómicas y limítrofes, y un equipo que empieza a conformarse. Son presentaciones breves y contundentes, sin lugar para mayores desarrollos. Al cabo, es una preview. Es de esperar que salga alguna vez el FANZIN posta, el que cuente LA historia, pero siendo fanzine, nunca se sabe. Por ahora, hay que conformarse con este comienzo.

Si hay que marcarle algo a una revista tan cuidada en detalles como ésta, es la impresión de las historietas en particular y la del contenido en blanco y negro en general. Los dibujos que originalmente eran a color y se pasaron a grises para el interior de la revista quedaron un poco oscuros. Es probable que hayan usado la misma saturación para las historietas, que parecen estar hechas a tinta y pensadas para imprimir en blanco y negro. En algunas páginas, esa saturación y el uso de tanto negro causó que algunos lugares donde debiera haber blanco se ensuciara con tinta, o que se noten los renglones de guía para los textos dentro de los globos de diálogo.

Cosas que se nos han escapado a todos los fanzineros, dicho sea ésto. Editando aprendemos, esa es la verdad. Lo mismo pasa con el tema del centrado de las páginas a la hora del corte. Hay páginas que quedaron muy afuera, y la cizalla casi se morfa un costado, en las páginas pares de la historieta (2, 4 y 6).
La tapa vende, hay que decirlo, y esta tapa tiene color, un título grandote y rojo que llama la atención (lo hizo conmigo) y los personajes dibujados claros y en buen tamaño, cosa que también ayuda al ojo a mirar la tapa. Lo que de veras quiero es que Natalia saque de una buena vez el resto de la historia, o el número 1 de FANZIN, para saber qué va a pasar cuando el equipo se complete, y ver qué nuevas situaciones genera esta ecléctica yunta de fenómenos que buscan hacer lo que todos nosotros: triunfar haciendo un fanzine.

¿Quién debería comprar FANZIN preview?

Es claramente una historieta para adultos, o para gente con un mínimo de madurez mental. Aunque son dibujos potables para ilustrar de cuentos infantiles o libros de lectura de primaria, el guión apunta más a gente del palo y de las edades de los protagonistas, o sea jóvenes adultos. Es una interesante tensión que da para mucho más, en una edición bastante lujosa para el estandar fanzinero, y si mejora algunos detalles y tira la carne al asador presentando la historieta completa, vamos a estar hablando de un PROZINE digno de lo que Sebastián Moreaux, su protagonista y líder, desea: un fanzine para triunfar.

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Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo, titulado Memoria del Malón, recaba el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

M. A. Strigaro —por todos conocido como Waquero— no es solo uno de los personajes más carismáticos del under porteño de los ‘80 sino, también, una leyenda de la autoedición. Activista político,  Gestor cultural, emprendedor, autoeditor, guionista, conductor, actor y profesor de teatro, tras su figura, se esconde el primer gran fanzine de historietas de nuestro país, la revista O No, donde brillaron talentos como Mariano D’Angelo, Roberto Lorenzo, Jorge Fantoni y Daniel Ortiz, entre otros. A poco más de 30 de la aparición de O no, Waquero rememora su propia historia.

El niño lector

Nací en un rancho ganadero en EEUU, mi días transcurrían entre los ‘longhorn’, vaqueros taciturnos y leyendas de ‘rednek’… Sin televisión ni nada parecido. Sin embargo, una vez a la semana mi abuelo iba al pueblo y, mientras él hacia las compras en el drugstore, yo ‘asaltaba’ el exhibidor de cómics de la DC. Allí Batman y Superman eran mis mejores y principales amigos por 10 centavos.

La vuelta al rancho con mi abuelo en esa vieja Ford V8 del ‘38 era un mar de aventuras, en donde yo le contaba los episodios de mis superhéroes, adicionándoles algo de mi propio peculio, a lo que JPJhonn Paul, mi abuelo— me preguntaba cosas inesperadas, como qué cosa hacía mantener al Superman en el aire o porqué Batman con tanto dinero hacia las cosas solo con Robin en lugar de tener todo un ejército, yo le inventaba mis propias respuestas y eso lo hacía estallar en carcajadas.

Leía las historias una y otra vez, recuerdo cuando nos sentábamos en porche de la cabaña, con la radio apenas audible, escuchando algún tema de Johnny Cash, mientras JP fumaba su Marlboro y bebía una Dr. Pepper o una Budweiser, y al cabo de un tiempo me decía… ‘¿Qué hay de nuevo con Bat o Sup?’. Y entonces yo, comenzaba a narrarle aventuras que me venían a la mente como las ardillas a las nueces.

Ya en la Argentina la cosa cambió de color, mi madre, adicta a la televisión, me indujo a su vicio. Las creaciones en papel cobraban movimiento y se le sumaban héroes y magia. Dibujos y series en carne y hueso de mi ídolos y la aparición de tres sujetos locos The Three Stooges —la traducción más cercana sería los tres ‘peleles’, ya que decir ‘acompañantes de apoyo de la figura principal’ es demasiado largo, pero real—, me sumergieron en un mundo distinto. En esa época, en el cable, las cosas no se tomaban con las mismas pinzas que ahora y los dibujitos venían en idioma original, lo que para mí no era problema y era al ‘traductor’ oficial de mis amiguitos, hasta que el ‘¿Qué dijo, qué dijo?’ se volvió francamente insoportable. Por suerte y al cabo de poco tiempo se tomaron el trabajo se subtitular las series y traducir los dibujos.

Pero creo que lo que me inclinó más a mi carrera de guionista fue la escuela, por una maestra que propuso a sus alumnos que ilustráramos el cuaderno con ‘figuritas’, eso desató mi imaginación. Al principio solo eran figuritas cortadas de las viñetas de las revistas, pero luego de manera gradual sumaba figurita tras figurita hasta armar historias propias. Cuando llegué a completar todo un cuaderno con una ‘aventura’ en donde Batman y Capitán América salvaban al mundo de unos malvados fue la gota que colmó el vaso y mi maestra, una pobre mujer limitada y amarga, mandó a llamar a mi madre para regañarme y exigirle que ponga ‘un poco de límites a la desbordada y febril imaginación de su hijo’. Si, así como suena. Mi madre no me sermoneó, pero ‘sugirió’ que guardará esas aventuras para mí, lo que llevó a completar cientos de cuadernos con mis propias aventuras que nunca vieron la luz.

Comenzaba a decaer en mi entusiasmo cuando, para el cumpleaños de un amiguito, dieron un programa en particular por una televisión que justo en ese momento nadie veía pero que estaba encendida. Un grupo de chinos, japoneses, asiáticos bah… Se alarmaban y corrían de un lado para otro, curioso por saber que provocaba tal desmadre permanecí absortó hasta que apareció en la pantalla un maldito lagarto gigante…

Mi corazón perdió un latido. Pero antes de que pudiera poner de nuevo mis ojos en sus cuencas se le sumó un personaje justiciero de su talla, Ultraman. Así que mientras mis amiguitos corrían por el patio con sendos bonetes de papel, arrojándose papel picado y serpentinas, entre gritos y risas de alegría y chillidos de los ‘espantasuegras’, yo miraba de rodillas y extasiado como dos gigantes destrozaba una ciudad de cartón. Los monstruos habían ingresado a mi vida.

Ya llevaba este glorioso currículo en mi extensa vida de seis o siete años cuando otro hecho ‘fatídico’ marcó mi vida. Mi madre debía visitar a un vecino en la cuadra pero no tenía con quien dejarme, me preguntó, acudiendo a mi hombría, si era capaz de quedarme solo por espacio de 10 minutos. Valientemente le conteste que sí, tenía como compañía a mis lápices, mi goma de borrar y mi cuaderno de dibujos. Al cabo de unos instantes de soledad, se desató el infierno. Se cortó a luz. La única luminosidad en la casa era el fuego de un hogar artificial, me refugie en su aureola invocando a mis héroes para que me protegieran. Mientras aguarda la llegada de ellos, y mientras pasaban los minutos, descubrí que los espectros no avanzaban a tocarme el tobillo. Lenta pero inexorablemente sentí curiosidad por mi estado de ceguera. Comencé tanteando la pata de la mesa, luego la silla, hasta que finalmente comencé a buscar mis lápices y cuaderno y jugar a ‘dibujar sin ver’. Nada había que temer en la oscuridad.

Cuando mi madre volvió, la luz hacía rato que había regresado y me encontró tranquilo. Dibujando. Nunca me creyó que la luz se había ido. Solo una incipiente quemazón en mi rostro daba asidero a mi historia.
Al comprobar que los monstruos no existían comencé a buscarlos… Pero como diría Michael Ende… ‘Eso es otra historia’

El joven editor

Con semejante introducción al mundo de las historietas no era de extrañar, cuando por el ‘83, al llegar la democracia, que me dedicara a ella. Un fenómeno maravilloso y disparador. Las primeras cosas que me llamaron la atención fueron la explosión de revistas porno que poblaron los kioscos de Buenos Aires. En la televisión un programa en particular, llamado Función Privada, proyectaba una serie de películas nacionales de alto contenido de desnudos, no eróticos pero desnudos al fin —les recuerdo que veníamos de un momento en donde hasta los almanaques de bolsillos de chicas desnudas eran censurados—, de manera que ver esas películas y esas revistas era ‘shockeante’. Pero además, aparecieron las revistas de historietas españolas con toda una carga de cómics de vanguardia. Bumerang, Creppy, Metal Hurlant, entre otras, pero sobre todo la Tótem manejaba un idioma visual y narrativo absolutamente nuevo.

De ser arrestados por estar caminando en la calle por la dictadura pasamos a un desenfreno de arte y talento, los mimos cubrían las plazas, se hacían obras de teatro en las veredas, radio, tele, cine… Comenzaba una cultura superlativa. La cultura ‘Ander’. Como todo evento trascendental pero repentino el amanecer cultural era tan extraordinario como caótico. En un principio todo era arte, por el solo hecho de surgir de las tumbas silenciadas hacia tanto tiempo, pero luego lentamente comenzó a aparecer el pescado podrido. Recuerdo una bazofia hecha a fotocopia del sospechosamente ilustre Batato Barea. Un actor que ganó su fama por trasvestirse en los eventos culturales y usando un humor mezcla de ironía y bajeza cotidiana.

Con la aparición de Fierro y su concurso llamado ‘Fierro busca dos manos’ las cosas comenzaron a enfilarse y a tener más sentido. Se descartaron a los que publicaban fotocopias de su trapo de piso y se comenzó a vislumbrar el verdadero talento. Una infinidad de revistas de calidad superlativa aparecieron del día a la noche. En realidad, al organizarse es como se conformó con propiedad.

Recuerdo que nos reuníamos en un desaparecido bar de la Avenida de Mayo, convocados por un sujeto que pretendía hacer una revista profesional paralela a la Fierro. Infinidad de talentosos valores desfilaron en vano por esas mesas por culpa de este buscador de quimeras que nos sumergió en sus banales sueños. Harto de tanta postergación decidí sacar una revista ‘Ander’, sabiendo o sospechando que el milagro de una revista profesional no se iba a concretar. Junté a los valores que pude y que por suerte consideré los más valiosos y creé la O No.

Muchos colaboraron con la O No y muchos hoy en día son profesionales en el tema. Gerardo D’angelo, Mariano D’angelo, Daniel ‘Tut’ Vazques, Roberto Lorenzo, Fabián Fucchi, Jorge Fantoni, entre otros y hasta los maravillosos Carlos Trillo y Félix Saborido fueron colaboradores. Algo que no había logrado ninguna revista ‘Ander’ jamás. Nunca tuvimos mucho contacto con otras revistas en esa época, salvo con Andrés Accorsi y su -por entonces- nuevecita Comiqueando. Un pastiche pegado con plasticola y un armado desastroso y que a pesar de ello traía un material sorprendente.

Por desgracia, salvo los D’angelo los demás no podían usar su tiempo para la organización de la revista, tanto de manera externa como interna —no olvidemos que casi todos eran estudiantes en esa época—. De manera que además de director, mi trabajo era el de productor, relacionista, cadete, etc.

Gracias a personas como Pablo Muñoz y Andrés Accorsi —que fiel a sus orígenes nos daba mucha participación en la Skorpio, en donde me volví profesional—, surgió la posibilidad de organizar el sector de historietas ‘Ander’ de la primera Bienal de Arte Joven. Allí, además de los colaboradores de siempre, aparecieron maravillosos amigos, como Toni Torres. Nuestro evento fue el único que sobrevivió a la Bienal en sí. Ésta pretendía llevar el evento a los centros culturales barriales, pero no lo logró, en cambio nosotros pudimos hacerlo repetir la experiencia en el Centro Cultural Parque Chacabuco y otros.

Por ese ejemplo de fuerza, se me ocurrió formar una agrupación que pudiera aunar esfuerzos y prolongar el efecto ‘Ander’, así nació Los Cuadronautas. Nuestra primera finalidad era formar eventos de divulgación y exposición para recaudar fondos para comprar una imprenta. En ese sentido, la Fierro nos brindó mucha ayuda, en cada número hablaba de nosotros y de nuestros eventos. Prácticamente vivíamos en la redacción de Fierro, donde el ‘Bocha Flores, entre otros, siempre nos daba una mano.

Eventualmente, Juan Sasturain me preguntó si no quería publicar algo en Fierro, ni lerdo ni perezoso le llevé casi todo el material inédito de la O No. Entonces, Juan se quedó con cuatro o cinco de esas historietas. Sin embargo pasaban los números y no aparecía nada de lo mío. Fue ahí cuando me enteré que no había interés en publicar lo mío y, por un secreto a voces, la razón era mi militancia en el Partido Radical. Aparentemente, caí muy mal en la redacción que, en ese momento, manejaba Juan Manuel Lima. Sin embargo, gracias a la astucia y amistad de muchos chicos de la redacción logramos filtrar una historieta mía en el número 90 de Fierro, se llamó ‘Viajero de la Eternidad’ y tuvo con dibujos de Mariano D’angelo.

Estaba en la cima de todo: Sacaba la O No, Dipsus, Rigor Mortis, tenía un programa de Radio en la Municipalidad, con el nombre ‘Delirando con Waquero’, y prácticamente participábamos de todas las muestras. Claro después apareció Menem y se pudrió todo.

El adulto reflexivo

Paso algo curioso con Los Cuadronautas, mi función era la de siempre, el hombre orquesta. Salvo con honrosas colaboraciones, solo Gerardo D’angelo participó codo a codo conmigo en la organización. Para colmo, con excepción de las revistas de Accorsi, ‘Comiqueando’, y la de Muñoz, ‘HGO’, las otras parecían patear en contra. Una extraña y nefasta competencia comenzó a poblar en los fanzines, defenestrándose unos a otros, en lugar de colaborar por el bien común. Por supuesto, muchos de esos adalides hoy están en el anonimato absoluto, lo que demuestra a las claras que solo eran mediocres en busca de sus 15 minutos de fama.

Tras cartón la hiperinflación de la última época de Alfonsín fue lapidaria, recuerdo la anécdota de uno de los últimos números de O No en donde, estando en la imprenta, durante el tiempo que me llevó trasladar los ejemplares al mostrador me aumentaron el precio. Y con Carlitos Saúl, fue la debacle. Deshizo la Subsecretaria de la Juventud, de la cual estaba a cargo, levantó el programa de radio y desecho todo tipo de presupuesto para el área de cultura. El país se sumergía en un caos de incultura y frivolidad chabacana.

Decididos a no darnos por vencidos y gracias a la nueva tecnología, decidimos sacar nuevamente la O No ahora sí como revista profesional. Habíamos madurado como para agregar más notas y, también, fotonovelas. Yo era actor y profesor de teatro desde hacía varios años y me pareció oportuno mostrar a mis actrices en dichas páginas con un sistema olvidado como el de la fotonovela. Desafortunadamente los colaboradores comenzaron a escasear y mantener el nivel era imposible. Solo quedábamos Comiqueado y O No como revistas profesionales en el mercado.

Fue entonces cuando me dediqué a la Axxón. Gracias a un viejo colaborador Daniel Tut Vazques comencé participando en la columna de un amigo, hasta tener mi propio espacio en la revista, ‘Bajo el suelo Ander’ la cual compartí en un comienzo con mi esposa, Natalia Strigaro, hasta que ella también tuvo su propio espacio, ‘La Luna de Hueso’.

Tanto creció ese sitio que hubo que dividirlo. Un amigo de España se dedicó a la versión Europea, ‘Eurander’, y yo a la americana, ‘Amerander’. Publicábamos de todo, juegos historietas, dibujos, cuentos, notas, etc. Finalmente el espacio comenzaba a opacar a la propia Axxón, así que cuando comenzaron los problemas de cartel, decidí irme dando un portazo. De manera que durante un tiempo decidí volver a lo mío, el teatro, y comencé a pensar en un libro, FantasmagoriaRelatos de Terror’.

Hoy el libro está agotado, por suerte se vendieron todos los ejemplares. El mundo ‘literario’ me cansa, te mezclás con talentos increíbles al mismo tiempo que con unos loros muertos a escobazos que dan pena. Muchos mediocres hacen sus propias ediciones y luego vas viendo los libros en las mesas de ofertas por monedas o te los regalan por cualquier motivo. Esto se aplica tanto a los libros como a las revistas. No están mal las autoediciones pero no son confiables como producto comercial. Y hoy en día, mi consejo es dejar de lado el romanticismo de décadas anteriores y apuntar a vivir de esto.

En cuanto a la historieta argentina actual siento una profunda lastima. La Fierro no es ni la sombra de lo que era. A menudo nos reunimos con amigos de esa época, que hoy son celebridades, y no rescatamos mucho de lo actual. Así que por ahora seguiré con mi verdadero amor que es el teatro y algo de cine, pero… Pero no puedo renunciar del todo a mi viejo amor, así que estoy guionando para un dibujante internacional, como lo es Germán Ponce, y para mi amiga de siempre, Patricia Breccia.

Y si no es un atrevimiento me gustaría despedirme con un pedido. Sigan creando, no importa la calidad, sigan creando historietas. Que de la argentina han salido algunos de los más grandes.

Sin deschavar el argumento en la tapa ya sabemos que la historieta es un caño.

¿Qué onda?

En estos años en que estuve alejado de mi blog Fan de Fanzines, me perdí de hablar de muchas publicaciones geniales, una de ellas es una de las obras magnas de Renzo Podestá, me refiero a El Aneurisma del Chico Punk. Obra enorme, en calidad y en tamaño (223 páginas), con un enfoque visual mucho más oscuro.

Así como son sus obras, es la personalidad de Renzo: genial, ácida y con un patovica en la puerta que si sos medio cabeza de termo, te trata bien igual pero no te deja entrar. Y lejos de esa larga, compleja y emocionante odisea que fue El Aneurisma…, Steve Ditko Investigador Privado tiene un estilo gráfico más cercano a la línea clara (sin perder ni un ápice del estilo Podestá), ademá de ser definitivamente más corta y más pródiga en humor. Como me ha pasado con muchos autores que conocí a través de mis años en el mundo fanzinero, a Renzo también lo redescubrí tarde, cuando ya no estaba viviendo en su Rosario natal, sino en la Docta Córdoba Capital. Mejor tarde que nunca, me repito, porque lo que leo ahora no me decepciona y me indica que valió la pena la espera, y encontrarlo recién ahora, que su arte llegó a su altura de crucero. Renzo autoeditó El Aneurisma desde su sello Le Noise, pero Steve Ditko llega a usted gracias a La Pinta, el sello de Martín Muntaner.

¿De qué se trata?

En una de las mejores sinopsis de contratapa/prólogo de introducción que haya leído, se nos plantea una cuestión muy interesante y real: el creador de Spiderman, Doctor Strange y The Question, Steve Ditko, dejó de repente el centro de la escena comiquera en plena fama, en la década del 70, limitándose a colaboraciones, trabajos para antologías y fanzines que sigue haciendo hoy en día. ¿Por qué decidió convertirse en un outsider? ¿Por qué se alejó? ¿Y en qué ocupa sus días? Lo que sigue, responde las preguntas, aunque no literalmente. Presentada de manera no cronológica, la historia, que no pienso espoilear de ningún modo, se desarrolla tan naturalmente que, al terminar, una relectura no hace más que afirmar la idea de que el modo en que se presentaron los hechos es simplemente perfecto. Ojalá yo pudiera narrar el 10% de bien. Los saltos en el tiempo tienen su justificación, el modo en que volvemos sobre los pasos hace que las piezas de información completen la historia en la cabeza sin la menor molestia. Y al final de la historia, además de tener respondidas las preguntas iniciales, entendemos que no había mejor modo de que se nos contase el cuento que éste. ¿Qué más le podés pedir a una historieta que dibujos y narración precisos como un reloj suizo?

¿Quién debería comprar Steve Ditko: Investigador Privado?

Cualquiera bien del palo de la historieta yanki, conocedor de sus figuras y su historia, apreciará leer esta historieta protagonizada por uno de los creadores fundamentales del género superheróico, aunque no haya un solo tipo volando en calzas en toda la historieta.

Fuera del ghetto, cualquiera mínimamente informado sobre la existencia de Steve Ditko, cualquiera que pueda disfrutar una buena historia de intrigas detectivescas con toques de costumbrismo neoyorkino y, definitivamente, cualquier fan letal de Renzo. Todos lo van a disfrutar tanto como lo hice yo.

Cecilia Desiata, también conocida como Gala, no es un nuevo talento de la escena independiente, pues ya lleva varios años haciendo historietas. Sin embargo, su producción espaciada colaboró para que su talento pase inadvertido para el grueso del público. En su arte hay dos vertientes que destacan, primero una facilidad para construir historias complejas en pocas páginas, con guiones que trabajan más de un eje a la vez, explorando a menudo el erotismo, la falsa moral y la violencia, en clave de thriller policial. Mientras que en el dibujo, se puede apreciar un esfuerzo de documentación fotográfica que luego es re-elaborado en clave plástica, otorgando a su arte un fuerte anclaje en la realidad, sin perder la figuración  narrativa. Como curiosidad, hay que destacar que a menudo Desiata se dibuja a sí misma como personaje de sus historias, llevando la interrelación ficción-personaje un paso más allá.

Entre sus trabajos, podemos contar Híbrido, el fanzine surgido del taller de historietas que a principios de la década dirigía Quique Alcatena; además de Jugando, amor, un triller policial violento y de ribetes eróticos; también, Al oído, una inconclusa novela gráfica, que Desiata escribió para su marido, Víctor Serra; y por fin, Hasta el cielo, un fanzine de realización reciente, por completo a color, y que explora el erotismo y el sexo explícito a través de una historia policial. Es debido a esta última publicación que ponemos su trabajo de relieve. Primero porque es una buena historia, bien escrita y bien dibujada, algo que no abunda tanto como debiese. Y también, porque en estos tiempos de violencia de género y de moralina resurgida en clave de corrección política, que alguien pueda asumirse en sus gustos y aficiones, las muestre de forma natural y, por sobretodo, sin  perder el arte, es algo que hay que celebrar.

Si hay una editorial que aprovechó al máximo la temática de las mutaciones, sin dudas es Marvel Comics: la franquicia ‘X-Men’ es una de las más conocidas en todo el mundo, generan millones en merchandising y dibujantes estrellas convirtieron a los ‘mutantes odiados y temidos’ en facheros y musculosos. En conclusión, ser mutante en Marvel no es tan malo. Pero se puede dar el reverso, ser un mutante en la serie ‘Birdman’, creación de Ziul Mitomante desarrollada con Nicolás Viglietti, donde la misma idea es filtrada por el colador del humor negro y la sátira social.

Si a los X-Men los dibujaba Jim Lee, el trazo (y color) de Mitomante está más cerca de la animación cruda y visceral de cartoons para adultos como ‘Bojack Horseman’. Y si Marvel edita 20 títulos con mutantes por mes, el colectivo Prendefuego mantiene con pasión un micro universo de dos revistas y tres spin-offs, todos editados con amor, calidad y bajo costo para tener más llegada, incluso con distribución gratuita en la página web de los autores.

¿De que tratan los dos capítulos de ‘Birdman’ editados hasta el momento? Un determinado día aparece una grieta en el cielo y un montón de personas con mala suerte se despiertan con deformaciones y poderes. Pero no poderes copados como volar o tirar rayos por los ojos, eso le toca a unos pocos que son reclutados por el gobierno; al resto se les asignan apodos ofensivos, degradantes tareas como oficio’ y encima los obligan a presentarse en clases de apoyo motivacional.

Viglietti y Mitomante balancean el humor negro, la lastima y la ternura para encariñarnos con los personajes más allá del grotesco visual, remarcando la marginalización de la sociedad ‘normal’, porque en ‘Birdman’ es mejor ser pobre que mutante.

Algo que le queda corto a los dos capítulos es el espacio: en 24 páginas recién cubrieron la presentación de personajes y un escenario importante (la sala de apoyo grupal), mientras que otras tramas como los recuerdos de Birdman (el ‘afortunado’ protagonista con cabeza de pollo) o los experimentos militares quedan con menos espacio, juntando de a poco secuencias que los hagan relevantes.

Como mencione antes, la revista principal de ‘Birdman’ ya dio lugar a spin-offs donde autores invitados desarrollan personajes mencionados en la serie central o creaciones propias pero en el mismo entorno y marco presentado en ‘Birdman’. Lo mejor de estos cuatro ‘Birdman presenta:’ es que además de empezar y terminar en una sola publicación, tienen estilos y puntos de vistas muy distintos a la serie central.

‘El enorme pequeño Juan’ de Fernando Calvi es otro tributo a la inocencia y potencial de los superhéroes que al autor tanto le gusta hacer (para muestra solo hay que ver la línea ‘Ser Súper’ editada por Szama Ediciones o el material subido en Tótem Comics cada semana). Calvi produce un desfile de guiños, colores estridentes, captions sin borde, reflexiones filosóficas y una nena que le encantan los superhéroes, porque pensar que es cosa de varones es de nuestros abuelos. También es la única revista relacionada con ‘Birdman’ que muestra en más detalle el ‘fenómeno’ espacial que provocó las mutaciones.

‘Vértigo (deshechos)’ es de dos autores que vale la pena seguir en futuros proyectos: José Arizmendi y Feru Icchi. Que el protagonista haya recibido una habilidad que hace que nadie pueda acercársele a menos de dos metros solo remarca lo desagradable que era desde antes: fascista, machista y con apenas una ligera fibra moral para investigar un caso que involucra corrupción policíaca ‘porque no es que se les fue la mano con algún negro’. La historia es breve, dura y contundente mientras que el dibujo es claro y muy prolijo, con colores planos resaltando ciertos aspectos (el amarillo, por ejemplo, para las náuseas que provoca el protagonista; desconozco si hubo alguna intención política en ello). De yapa aparece el mutante con el nombre más guacho que podía recibir.

‘Niño Cósmico’ de Nicolás Lepka es el spin-off más espiritual y metafísico. Hay una frase muy conocida de que cada persona es un mundo; el niño protagonista puede confirmar que cada persona es un cosmos completo, lleno de estrellas que resplandecen con la fina línea gráfica de Lepka, autor con un estilo particular y reconocible.

El último ‘Birdman presenta’ hasta la fecha, ‘Food Porn’ de Juan Bertazzi y Hernán González, rompe con cualquier conexión a los clásicos superhéroes incluso desde su presentación gráfica. El argumento es satírico, ácido, violento y lo mejor logrado: recién en la última página cierra cual es el poder mutante del protagonista. El dibujo de González aunque es crudo y sencillo, aprovecha por completo el uso de texturas y distintos encuadres, logrando un efecto visual similar al de los cuadros de Roy Lichtenstein.

Como se puede ver el potencial creativo al que da lugar ‘Birdman’ es enorme y todavía se puede explorar mucho más.

 

 

 

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‘Programa y afiche del festival’

El pasado 2 al 4 de noviembre tuvo lugar la sexta edición de ‘Viñetas Sueltas’, festival de historieta internacional organizado por la asociación del mismo nombre con la colaboración del Ministerio de Cultura. La sede central del evento fue la Manzana de las Luces. ubicación histórica de Buenos Aires.

‘Viñetas…’ es un evento que apunta a la difusión de la historieta independiente a nivel mundial y a un público más específico que eventos comerciales como Argentina Comic-Con. La noche del sábado coincidió con la ‘Noche de los Museos’, evento masivo y convocante por lo que la concurrencia aumentó en gran cantidad y se presentó un espectáculo de banda en vivo junto al dibujante Robert Sikoryak, en una performance similar a las que realiza Liniers con Kevin Johansen.

La entrada y todas las actividades (charlas, talleres, firma de autores, ‘combates’ de dibujantes’, etc.) fueron gratuitas, bien organizadas y este año hubo novedades como la incorporación de ‘Viñetas Rápidas’, un espacio donde cualquier emprendedor podía dar a conocer su proyecto en cinco minutos.

Entre los invitados internacionales además de Sikoryak estuvieron SethDavid Proudhomme, Denis Kitchen, Sol Díaz y Marcos Tóxico, además de los artistas locales Ariel López V.Bernardo Erlich, Chanti, Clara Lagos, Gustavo Sala, Lilian Obligado (con una muestra retrospectiva de su obra en el Museo Histórico Nacional), Loris Z. y Nahuel Sagárnaga (firmando ejemplares de ‘¡Corré, Wachín!’ con el mismísimo Wachín). También estuvo presente el maestro Horacio Altuna y otros autores fuera de programa.

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Una de las muestras del festival estuvo dedicada al libro ‘Capisci?‘, una antología producida por el estudio Mafia con impresión risografica y que cuenta con la colaboración de 63 autores de toda Latinoamérica. Lucia Brutta, miembro de Mafia y también invitada al festival, ya había adelantado este libro en una entrevista de Zinerama. En el mismo post pueden ver un vídeo de Lucia trabajando con este artesanal y encantador método.

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En los stands presentes se podía encontrar a la agrupación Nueva Historieta Argentina, los colectivos editoriales Prendefuego y Big Sur, las editoriales Tren en Movimiento, NoviembreSalamanca Comics, las distribuidoras Districomix y A4 o las librerías especializadas Punc y Espacio Moebius.

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Por último les dejo el link del álbum completo de GEO con toda la cobertura

Bueno, este año que todo se lleva, hasta el tiempo, ¡también se lleva las reseñas! Así que ante la inminencia de dos eventos como Viñetas Sueltas y Dibujados, corriendo con viento y marea, tres amigos de la casa traen novedades en una nota más rápida que visita de médico, y plagada de frases de otros! Vini, vidi, vici y hasta la viñeta siempre!

Arrancamos con el marplatense Kundo Krunch, que apareciendo con timidez algunos años atrás, a fuerza de talento y compromiso, es hoy uno de los artistas más requeridos y de mayor producción el ambiente independiente. Deuz Tecnicorp es un proyecto co-editado por los sellos Faro Negro y Mitomante, un fanzine hermoso, titulado La reminiscencia de un sistema obsoleto, en formato A5 apaisado (21 x 14,5 cm.) y 24 páginas a color. La historia transcurre en un futuro donde los países ya no son manejados por gobiernos democráticos sino por corporaciones, donde los ciudadanos son también los empleados que llevan estas empresas adelante, y según el puesto y rol que desempeñen en su trabajo es la clase social a la que pertenecen. Allí, tres personajes que desempeñan funciones para una farmacéutica terminan siendo víctimas de los medicamentos que ellos producen. Cómo y por qué es lo que nos cuenta Kundo.

El enrulado Kokin Kokambar viene afiladísimo, y bajo el lema de campaña ‘A todo culo‘, prepara  tres publicaciones nuevas bajo el sello Ediciones Pollofante. Una de ellas -y a la que le tengo más fé- es Culín, un culito como vos, como yo, como todos, un fanzine de 32 páginas, en formato A6 apaisado. A él, se suman,  Historia de un culo y su continuación, Historia de un culo más grande, un cuento infantil ilustrado para niños, todo obra del omnipresente Kokin, con la participación estelar de Verónica Falco. Pero eso no es todo, falta nombrar la colaboración de Kokin, en guión, y Juan Pablo CuriaLocuria Toons-, en el el dibujo, haciendo una revista de tiras cómicas, intitulada Miguel Ángel Buenas Noches, y que tiene la pinta de ser por demás de divertida. Son 28 páginas a color, en formato apaisado. Como pueden ver, hay para elegir.

Para el cierre, están los muchachos de Purple Books, que este año dieron un paso adelante para proponerse como unas de las editoriales más pujantes, tanto por iniciativa como por calidad. Este año editaron Panteras, de Mazzitelli y Alcatena; además de Yo-Nen, de Lea Caballero; y el segundo tomo de Jelly Kid, de Franco Viglino. Ahora, Purple vuelve a la carga con una nueva línea de fanzines, de los cuales el primero es Re-bolt, por completo a cargo de Rodrigo Yoshimiya. La historia se centra en Denki, un joven misterioso que llega a Port Town con el objetivo de encontrar a un individuo conocido como Re-bolt. En su búsqueda, se topa con un escandaloso niño que causa el terror entre los vecinos. Luego de ser víctima en carne propia de las travesuras del chico, Denki averigua que este responde al nombre de Re-bolt. ¿Será este chico la persona a la cual Denki buscó durante tanto tiempo? Esta es la incógnita que se devela en 32 páginas en blanco y negro, con tapas color, en formato 14 x 20 cm. El arte de Rodrigo es cosa seria, están avisados.

Bueno, pocas reseñas esta vez, pero con novedades que prometen! A entrarles sin miedo! El fanzine cumple y la historieta dignifica!