Archivos de la categoría ‘Fanzines pre 2002’

Embalado por la entrada de descargas del mes pasado, Don Julián Blas digitalizó el primer ejemplar de “La Secta” para compartir en este espacio. Así que aquí queda en formato PDF -evidencia de la innegable calidad del factotum de “Zinerama”- este maravilloso título de la historia fanzinera.

Descargar: “La Secta Edición N° 1”

La Secta Edición. 1

Sumamos por primera vez al sitio a la reputada revista de los alumnos del viejo Breccia, “El Tripero” fanzine que desde un principio tuvo nivel profesional. No hay mucho que sumar a lo ya dicho sobre esta cabecera, dado que muchos de sus autores siguen en actividad, con presencia en la escena local, en libros y revistas. Sí corresponde aclarar que éste no es su primer número: “El Tripero” cuenta con un N° 0, que era el que originalmente ocuparía esta entrada. Diversos motivos  me lo impidieron , pero es contenido para un posteo futuro, tenganlo por seguro.

Los lectores  más jóvenes pueden descubrir a “El Tripero” partir de su último libro -editado por “Tren en Movimiento” recientemente-; queda el ejercicio del contrapunto con estos primeros pasos, más cercanos a la estética Brecciana y el desenvolvimiento de los artistas a lo largo de los años; queda también redescubrir a aquellos dibujantes que no trascendieron, pero que no por ello adolecen de calidad.

Descargar: “El Tripero N° 1”

El Tripero N°1. 01

Anuncios

Dos publicaciones de gran importancia para la historia de los Fanzines de historieta en la Argentina, que todo amante del medio debiera conocer. Recomendaciones -como los articulos que se acostumbra a leer en el sitio- en este caso, de revistas del pasado.

Comenzamos con “Salchichón Primavera”, cabecera que no me canso de recomendar. La aspuesta formal, el contenido de sus historias, inclusive los artículos, no hay página que sobre en esta perla de los 80.  Edu Binder, Namger Zepol, Cas, Gordín, Melotso, ESP, Jorge Warley, Bruna, Rutigliano, Yoryo, Bedevo aunaron fuerzas para crear uno de los fanzines más interesantes que ha visto la luz. Como en el caso anterior (el N° 4 que compartios hace casi un año) el siguiente scan pertenece a una edición facsimilar publicada en el marco de la muestra organizada por el Museo Reina Sofía y la Red de Conceptualismos “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años 80 latinoamericanos” en 2013.

 

Salchichón Primavera N° 3. 01

Descargar: “Salchichón Primavera N° 3”

Y si hablamos de calidad, “La Secta Edición” es otro ejemplo de la década posterior. Autores de la talla de Ayar B., Javier Rovella, Salvador Sanz (tal vez con su -a mi criterio- trabajo más interesante) y grandes aportes de Martín Ochoa,  J.M. Castro, Nahuel Rando (Casimiro, volvé!) Andrés Lozano (“Encarnato” hallazgo sectario a prestarle atención) y por supuesto, el infaltable “Ringo Kamikaze” de la mano -y la tinta- de Sebastián Ramseg. Aquí el último número de su primer período, antes de la crisis que azotó el mundo editorial a comienzos de siglo.

La Secta Edición N° 6. 01

Descargar: “La Secta Edición N° 6”

Escáner mediante, toca revisitar tres momentos diferentes de la historia fanzinera a partir de sus publicaciones.

Hay disponible en el sitio algunos números de “Poco Loco” para su descarga, pero he decidido engordar la colección con este “Especial Terror”, considerado por los creadores de este blog como “(…) final y cierre de un ciclo (el de la Generación Fanzinera del ‘86) que había nacido de la mano del retorno de la democracia.”

En este volumen se aborda el terror a partir de historias humorísticas que toman íconos de la cultura de masas, a cargo de autores como Emiliano Migliardo, Diego Amengual, Max, Loo, Javier Blanco Belvisi y Fabio Bote. Otra buena razón para compartirlo es que hace unos días he visto varios ejemplares en una famosa librería de la calle Corrientes. Fetichistas del papel, sepan que es una buena oportunidad para hacerse de un ejemplar de uno de los fanzines significativos de los tiempos pasados.

Descargar: “Poco Loco Especial Terror”

Poco Loco. Especial Terror. 01

Publicación cuidada hasta el detalle por sus autores, “Buitre” entra holgadamente en la categoría de pro-zine que vieron la luz hacia finales de los ’90, poco antes del canto del cisne de la llamada “Segunda Primavera Fanzinera” y también dentro de las publicaciones que intentaron trascender los límites del gueto under, incursionando en el circuito de kioscos; y no es descabellado especular que -en otras condiciones- hubiera podido competir palmo a palmo con sus rivales foráneos, por dibujo, por historia. Se trata de una trama enmarcada dentro del género superheroico de tintes oscuros, que tanta fascinación causaba entre los lectores de historieta de aquellos años –entre los que me incluyo-. Momento ideal para releer el artículo de esta enciclopedia, en la que se comparte el testimonio de dos de sus creadores sobre los orígenes y el ocaso de este proyecto.

Descargar: “Buitre N° 1”

Buitre N° 1. 01

“Rojo y Vida” contó con al menos dos números a cargo de un único autor, Marcos Cesari, aparecidos entre abril y julio de 2005, con la propuesta de “traer un poquito de absurdo y surrealismo a los cómics”. No es mucho lo que puedo aportar sobre esta obra (no consulté con el Oráculo esta vez) pero –si bien no es un estilo que a mí particularmente me subyugue- destaco la labor de Cesari como dibujante y narrador en secuencias -que podría fácilmente encontrar admiradores- y su esfuerzo por presentar imágenes y situaciones extrañas. Sería interesante saber como hubiera avanzado la historia presentada en este primer número.

Descargar: “Rojo y Vida N°1”

Rojo y Vida. 01

Volviendo paulatinamente a aportar a la sección de descargas, retomamos con dos títulos y tres archivos enlazados.

Como un acto planificado sucedió una casualidad que haría parecer esta entrada un perfecto autobombo. Al poco de haber escaneado este número de mi pequeña colección de Max King Comics! (engordada por un amigo que me obsequió 4 ejemplares, entre los que se incluye el que aquí comparto) su autor se integró a las filas de Zinerama!. En mis planes se encontraba pasar por el escaner la creación del Sr. Masquin, dado que se trata de un clásico del mundillo under de finales de los ’90 y me sorprendía la ausencia de su obra en la sección de descargar; cualquiera que haya transitado los stands de la A.H.I. o los “Historietas Bajo Tierra” podía ver ejemplares a la venta (creo que fue en éste último en que de algún modo llegó a mi el número 4 –que por una anécdota que no viene al caso, compré nuevamente muchos años después-). Prolífico autor –no muchos zines de aquella época alcanzaron las dos cifras en su numeración- regresó a la escena independiente con su sitio de reseñas, que comparte también en esta página.

Descargar: “Max King Comics! N° 3”

Max King Comics! N° 3.jpeg

——————————————————-

“Acto Fallido” fue un fanzine de corte humorístico de gran calidad, aparecido durante la crisis que arrasó gran parte de las publicaciones independientes y profesionales. En la sección de nuestra enciclopedia, reza:

“Creada a partir de los alumnos del curso de guión de la Escuela Argentina de Historieta (EAH) dictado por Carlos Albiac, Acto Fallido fue un fanzine muy bien escrito producido durante los primeros años del siglo XXI. Mariano del Franco, Diego Yeste, Alejandro Pena, Guillermo Altazrac, Leandro Rodriguez, Leandro De Rissio, Pablo Berman, Santiago Racciatti, Federico Lenzberg y muchos otros más pusieron su grano de arena para conseguir un producto más que interesante, aderezado además por colaboraciones de autores y profesionales como Enrique Alcatena, Walther Taborda, Juan Zanotto, Dani the O y Mariano Navarro.”

Hace algunos años, había enviado por mail a Julián Blas, la digitalización de mi número 1. Y hace poco descubrí que en mi computadora aguardaban los archivos de los otros que tengo en mi poder. De momento, se ponen a disposición de los interesados el 2 y 3, para que los lectores descubran esta genial revista y aguarden impacientes el que resta compartir.

Descargar: “Acto Fallido N° 2”

Acto Fallido N°2. 01.jpeg

Descargar: “Acto Fallido N° 3”

Acto Fallido N°3. 01.jpeg

Una nota personal

Érase una vez, en 1997, cuatro muchachos que se hicieron muy amigos mientras estudiaban cineanimación en la Escuela De Animación Cinematográfica (EDAC) de Avellaneda. Ellos eran Osvaldo Adamo, Maximiliano Castillo, Walter Vázquez y quien les habla. Maxi y yo dibujabamos humorístico, y Osvaldo y Walter hacían estilo serio. Entre ejercicios y filmaciones en la escuela nos quedábamos charlando largas horas de nuestros gustos, donde coincidíamos en la historieta. Un día, en un café, nos pusimos serios en plantear hacer un fanzine entre los cuatro. Walter y Osvaldo me habían introducido al mundillo de los fanzines en una feria en el 97, donde conocí a Carolina Moadeb y a Clara Lagos, que estaban vendiendo sus ejemplares de Océano y Charquito. También me abrieron la puerta a un mundo nuevo cuando me hicieron conseguir la etapa de la JLA que publicó Perfil.

En fin, cuando 1997 acabó y con él la carrera de Cineanimación, los cuatro amigos seguimos rumbos diversos, separados por la distancia física (todos vivíamos en diferentes localidades y no teníamos internet, que por entonces era una novedad incipiente). Yo, que me transformaría en Max King, tras un 1998 sabático en el que desarrollé mis ideas, finalmente saqué Max King Comics! con el material que tenía para ofrecer a aquel proyecto colectivo. Maxi Castillo pudo dedicarse a la animación, a la ilustración y a la docencia, y es hiperactivo y multidisciplinario. Si la televisión argentina de aire no fuese un antro destinado a la pelotudez, Maxi tendría un programa para niños tipo Aprendijuegos, pero con dibujos animados propios. Walter y Osvaldo no se tomaron sabático, ni esperaron, ni se dedicaron de inmediato a otras cosas, unieron lo que iban a poner en ese fanzine, e hicieron Argentina Comics. Así es, amigos. Walter y Osvaldo han sido amigos e influencias en mi vida y carrera comiqueril, y hoy recuerdo este fanzine que sacaron algo antes de que yo lanzase mi primera revista.

El formato más extraño

Los fanzines de los 90 solían hacer uso de alguno de estos dos clásicos tamaños de hoja: A4 u Oficio, que eran doblados y engrampados por la mitad, de modo que la mayoría de las fotoduplicadoras de la época eran capaces de hacer en doble faz una plancha con cuatro páginas, que se doblaban armaban y engrampaban para formar una revista, más chica que un Comicbook y más aún que un tomo francés, pero económica y accesible. Algunos fanzines, los más grossos, o los que unían más gente para hacer la vaquita para pagar la imprenta, usaban papel ilustración más grueso para la tapa, algunos pelaban ingenio, como la gente de Catzole, que imprimía las tapas a todo color en Offset, y usaban un formato doble oficio para las planchas, de modo que cuando sacaban el número 15, ya tenían hecha la tapa del 16, que quedaba guardada para usar en el siguiente número.

Argentina Comics usa el formato jamás visto de… ¡¡¡CARTA!!!, y además la encuadernación consiste en dos grapas al costado. Mi sospecha es que eligieron este modo de armar la revista para que Walter aprovechase la impresora de su trabajo o de su casa para imprimir las tapas a color, y resaltar (sin gastar fortuna en imprimir en un improbable doble carta) el contenido con un tamaño de página más grande que el de las revistas comerciales. Como sea, al menos cumple su objetivo de llamar la atención.

Lo de adentro

Lo primero que uno encuentra al dejar la tapa atrás es una editorial que, a mi entender, refleja una convicción que los cuatro teníamos a la hora de pensar en lo que debíamos  hacer con el fanzine: la idea de sacar más de un número y cada tres meses. Yo lo conseguí con Max King Comics! durante 11 números, Walter y Osvaldo, queda claro, no.

Imagino que la revista no resistió enfrentarse al mundo con tanto qué aprender en el dibujo. Yo zafé el primer año gracias al uso del humor en los guiones, que me ganó los primeros lectores. Walter y Osvaldo, si bien pusieron en el asador los cortes de carne que más les gustan, mostraron estar en lo gráfico tan en modo begginner como yo lo estaba. A Walter se le nota más, con un entintado al que le faltaba soltura y viñetas que parecen incompletas, o que le falta algo para hacerlas más sólidas. Tiene claro lo que quiere en los diseños de página, aunque los espacios entre viñetas podrían haber sido más escuetos. Se le nota mucho a Walter la influencia de Jack Kirby, en las líneas dinámicas, las poses dramáticas y los cuerpos en movimiento. De todas maneras, estoy seguro que hoy Walter coronaría un repaso de esas páginas iniciáticas con un rotundo Meme de Facepalm. Y hubiera estado bueno que Walter la siguiera, para ver dónde iba a parar, tanto la historia de Rayoman, ese justiciero que parece tener un linaje al estilo Caballero Rojo (que a su vez es deudor de The Phantom, la tira de Lee Falk), como el dibujo, que acá tiene elementos básicos desde donde construir un estilo serio y propio que pueda decir más sin necesitar más dibujo. Haber sacado la revista en Oficio al medio le hubiera hecho bien a esta historieta, que de a ratos parece haber sido pensada para que saliera en un formato más chico.

argentinacomics002

En esta secuencia se aprecia el potencial que tenía Walter. Es lo más potable de todo lo que Walter dibujó para éste número.

Una ilustración de JOK (por entonces miembro de la AHI) separa la historieta de Walter de la de Osvaldo. Si no recuerdo mal, Osvaldo había pasado por el estudio de los Villagrán (autores relacionados con Columba y sus publicaciones), lo que se nota en su dibujo, de un nivel más avanzado. Acaso por esa historia, a la hora de rellenar con texto las viñetas, Adamo se pierde un poco y de a ratos escribe a mano y de a ratos usa la compu, lo que puede quitarle consistencia al laburo de letras. De todos modos, hay viñetas donde Osvaldo no parece haber logrado resolver ciertos elementos con la misma solvencia que otros, y de pronto, planos detalle muy bellos se suceden a planos largos a los que les falta mucho laburo, o cuerpos anatómicamente bien resueltos seguidos de lo que parece un dibujo de un adolescente que copia mal a Liefeld (lo que significa que le sale un poco mejor que a Rob).

argentinacomics003

Todo lo mejor y lo peor de Adamo en estas cuatro viñetas. El dominio del plano detalle, a la derecha, y la dificultad en los planos largos para plasmar la anatomía femenina, a la izquierda.

La mayor equivocación que mis dos amigos cometieron al armar este fanzine, sin contar con el formato, el estado básico de desarrollo de la historia y los detalles de edición que son muy propios de cualquier principiante fanzinero sin estudios de diseño gráfico (como yo) es haber pensado las historias como episódicas. Poca acción en poco espacio y una promesa que no sabés si vas a poder cumplir aunque tengas toda la intención de hacerlo. Eso es mucha presión. A mí me cayó esa ficha y opté por historias autoconclusivas. No creo que por eso yo haya llegado al Número 15 y ellos no pasaron del 1, pero sí especulo que no tener la carga del continuará encima hizo que yo le pudiera poner más pilas al paso a paso de cada número, porque en el mundo fanzinero, nunca podés saber lo que va a pasar de acá a que saques el próximo número. Las historietas nacionales que se publicaban profesionalmente en aquella época en serializado (Mitofauno, La Negra, Babetool, Mikilo, Animal Urbano y otros) siempre tenían problemas para sacar el siguiente número en fecha y más de una no vio salir el número 3. Eso le complica la vida al lector que te quiere seguir, contribuyendo a que se olvide de comprarte cuando al fin sale el siguiente número. No bastaba con el compromiso, había que sostenerlo con laburo y con plata. Algo de eso, o quizás todo, faltó en Argentina Comics.

En lo personal lamento mucho que este truncado proyecto haya evitado que Walter, Osvaldo y yo nos volviésemos a cruzar con asiduidad como cuando animábamos objetos, personas y dibujos ante a la vieja Bolex 16 MM de la Escuela de Animación Cinematográfica de Avellaneda. De veras nos llevábamos muy bien, y hoy con gusto me metería en antologías al lado de ellos y, por qué no, de Maxi Castillo. Si todos lograron evolucionar como me las rebusqué yo para evolucionar, haríamos flor de fanzine.

Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo, titulado Memoria del Malón, recaba el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

M. A. Strigaro —por todos conocido como Waquero— no es solo uno de los personajes más carismáticos del under porteño de los ‘80 sino, también, una leyenda de la autoedición. Activista político,  Gestor cultural, emprendedor, autoeditor, guionista, conductor, actor y profesor de teatro, tras su figura, se esconde el primer gran fanzine de historietas de nuestro país, la revista O No, donde brillaron talentos como Mariano D’Angelo, Roberto Lorenzo, Jorge Fantoni y Daniel Ortiz, entre otros. A poco más de 30 de la aparición de O no, Waquero rememora su propia historia.

El niño lector

Nací en un rancho ganadero en EEUU, mi días transcurrían entre los ‘longhorn’, vaqueros taciturnos y leyendas de ‘rednek’… Sin televisión ni nada parecido. Sin embargo, una vez a la semana mi abuelo iba al pueblo y, mientras él hacia las compras en el drugstore, yo ‘asaltaba’ el exhibidor de cómics de la DC. Allí Batman y Superman eran mis mejores y principales amigos por 10 centavos.

La vuelta al rancho con mi abuelo en esa vieja Ford V8 del ‘38 era un mar de aventuras, en donde yo le contaba los episodios de mis superhéroes, adicionándoles algo de mi propio peculio, a lo que JPJhonn Paul, mi abuelo— me preguntaba cosas inesperadas, como qué cosa hacía mantener al Superman en el aire o porqué Batman con tanto dinero hacia las cosas solo con Robin en lugar de tener todo un ejército, yo le inventaba mis propias respuestas y eso lo hacía estallar en carcajadas.

Leía las historias una y otra vez, recuerdo cuando nos sentábamos en porche de la cabaña, con la radio apenas audible, escuchando algún tema de Johnny Cash, mientras JP fumaba su Marlboro y bebía una Dr. Pepper o una Budweiser, y al cabo de un tiempo me decía… ‘¿Qué hay de nuevo con Bat o Sup?’. Y entonces yo, comenzaba a narrarle aventuras que me venían a la mente como las ardillas a las nueces.

Ya en la Argentina la cosa cambió de color, mi madre, adicta a la televisión, me indujo a su vicio. Las creaciones en papel cobraban movimiento y se le sumaban héroes y magia. Dibujos y series en carne y hueso de mi ídolos y la aparición de tres sujetos locos The Three Stooges —la traducción más cercana sería los tres ‘peleles’, ya que decir ‘acompañantes de apoyo de la figura principal’ es demasiado largo, pero real—, me sumergieron en un mundo distinto. En esa época, en el cable, las cosas no se tomaban con las mismas pinzas que ahora y los dibujitos venían en idioma original, lo que para mí no era problema y era al ‘traductor’ oficial de mis amiguitos, hasta que el ‘¿Qué dijo, qué dijo?’ se volvió francamente insoportable. Por suerte y al cabo de poco tiempo se tomaron el trabajo se subtitular las series y traducir los dibujos.

Pero creo que lo que me inclinó más a mi carrera de guionista fue la escuela, por una maestra que propuso a sus alumnos que ilustráramos el cuaderno con ‘figuritas’, eso desató mi imaginación. Al principio solo eran figuritas cortadas de las viñetas de las revistas, pero luego de manera gradual sumaba figurita tras figurita hasta armar historias propias. Cuando llegué a completar todo un cuaderno con una ‘aventura’ en donde Batman y Capitán América salvaban al mundo de unos malvados fue la gota que colmó el vaso y mi maestra, una pobre mujer limitada y amarga, mandó a llamar a mi madre para regañarme y exigirle que ponga ‘un poco de límites a la desbordada y febril imaginación de su hijo’. Si, así como suena. Mi madre no me sermoneó, pero ‘sugirió’ que guardará esas aventuras para mí, lo que llevó a completar cientos de cuadernos con mis propias aventuras que nunca vieron la luz.

Comenzaba a decaer en mi entusiasmo cuando, para el cumpleaños de un amiguito, dieron un programa en particular por una televisión que justo en ese momento nadie veía pero que estaba encendida. Un grupo de chinos, japoneses, asiáticos bah… Se alarmaban y corrían de un lado para otro, curioso por saber que provocaba tal desmadre permanecí absortó hasta que apareció en la pantalla un maldito lagarto gigante…

Mi corazón perdió un latido. Pero antes de que pudiera poner de nuevo mis ojos en sus cuencas se le sumó un personaje justiciero de su talla, Ultraman. Así que mientras mis amiguitos corrían por el patio con sendos bonetes de papel, arrojándose papel picado y serpentinas, entre gritos y risas de alegría y chillidos de los ‘espantasuegras’, yo miraba de rodillas y extasiado como dos gigantes destrozaba una ciudad de cartón. Los monstruos habían ingresado a mi vida.

Ya llevaba este glorioso currículo en mi extensa vida de seis o siete años cuando otro hecho ‘fatídico’ marcó mi vida. Mi madre debía visitar a un vecino en la cuadra pero no tenía con quien dejarme, me preguntó, acudiendo a mi hombría, si era capaz de quedarme solo por espacio de 10 minutos. Valientemente le conteste que sí, tenía como compañía a mis lápices, mi goma de borrar y mi cuaderno de dibujos. Al cabo de unos instantes de soledad, se desató el infierno. Se cortó a luz. La única luminosidad en la casa era el fuego de un hogar artificial, me refugie en su aureola invocando a mis héroes para que me protegieran. Mientras aguarda la llegada de ellos, y mientras pasaban los minutos, descubrí que los espectros no avanzaban a tocarme el tobillo. Lenta pero inexorablemente sentí curiosidad por mi estado de ceguera. Comencé tanteando la pata de la mesa, luego la silla, hasta que finalmente comencé a buscar mis lápices y cuaderno y jugar a ‘dibujar sin ver’. Nada había que temer en la oscuridad.

Cuando mi madre volvió, la luz hacía rato que había regresado y me encontró tranquilo. Dibujando. Nunca me creyó que la luz se había ido. Solo una incipiente quemazón en mi rostro daba asidero a mi historia.
Al comprobar que los monstruos no existían comencé a buscarlos… Pero como diría Michael Ende… ‘Eso es otra historia’

El joven editor

Con semejante introducción al mundo de las historietas no era de extrañar, cuando por el ‘83, al llegar la democracia, que me dedicara a ella. Un fenómeno maravilloso y disparador. Las primeras cosas que me llamaron la atención fueron la explosión de revistas porno que poblaron los kioscos de Buenos Aires. En la televisión un programa en particular, llamado Función Privada, proyectaba una serie de películas nacionales de alto contenido de desnudos, no eróticos pero desnudos al fin —les recuerdo que veníamos de un momento en donde hasta los almanaques de bolsillos de chicas desnudas eran censurados—, de manera que ver esas películas y esas revistas era ‘shockeante’. Pero además, aparecieron las revistas de historietas españolas con toda una carga de cómics de vanguardia. Bumerang, Creppy, Metal Hurlant, entre otras, pero sobre todo la Tótem manejaba un idioma visual y narrativo absolutamente nuevo.

De ser arrestados por estar caminando en la calle por la dictadura pasamos a un desenfreno de arte y talento, los mimos cubrían las plazas, se hacían obras de teatro en las veredas, radio, tele, cine… Comenzaba una cultura superlativa. La cultura ‘Ander’. Como todo evento trascendental pero repentino el amanecer cultural era tan extraordinario como caótico. En un principio todo era arte, por el solo hecho de surgir de las tumbas silenciadas hacia tanto tiempo, pero luego lentamente comenzó a aparecer el pescado podrido. Recuerdo una bazofia hecha a fotocopia del sospechosamente ilustre Batato Barea. Un actor que ganó su fama por trasvestirse en los eventos culturales y usando un humor mezcla de ironía y bajeza cotidiana.

Con la aparición de Fierro y su concurso llamado ‘Fierro busca dos manos’ las cosas comenzaron a enfilarse y a tener más sentido. Se descartaron a los que publicaban fotocopias de su trapo de piso y se comenzó a vislumbrar el verdadero talento. Una infinidad de revistas de calidad superlativa aparecieron del día a la noche. En realidad, al organizarse es como se conformó con propiedad.

Recuerdo que nos reuníamos en un desaparecido bar de la Avenida de Mayo, convocados por un sujeto que pretendía hacer una revista profesional paralela a la Fierro. Infinidad de talentosos valores desfilaron en vano por esas mesas por culpa de este buscador de quimeras que nos sumergió en sus banales sueños. Harto de tanta postergación decidí sacar una revista ‘Ander’, sabiendo o sospechando que el milagro de una revista profesional no se iba a concretar. Junté a los valores que pude y que por suerte consideré los más valiosos y creé la O No.

Muchos colaboraron con la O No y muchos hoy en día son profesionales en el tema. Gerardo D’angelo, Mariano D’angelo, Daniel ‘Tut’ Vazques, Roberto Lorenzo, Fabián Fucchi, Jorge Fantoni, entre otros y hasta los maravillosos Carlos Trillo y Félix Saborido fueron colaboradores. Algo que no había logrado ninguna revista ‘Ander’ jamás. Nunca tuvimos mucho contacto con otras revistas en esa época, salvo con Andrés Accorsi y su -por entonces- nuevecita Comiqueando. Un pastiche pegado con plasticola y un armado desastroso y que a pesar de ello traía un material sorprendente.

Por desgracia, salvo los D’angelo los demás no podían usar su tiempo para la organización de la revista, tanto de manera externa como interna —no olvidemos que casi todos eran estudiantes en esa época—. De manera que además de director, mi trabajo era el de productor, relacionista, cadete, etc.

Gracias a personas como Pablo Muñoz y Andrés Accorsi —que fiel a sus orígenes nos daba mucha participación en la Skorpio, en donde me volví profesional—, surgió la posibilidad de organizar el sector de historietas ‘Ander’ de la primera Bienal de Arte Joven. Allí, además de los colaboradores de siempre, aparecieron maravillosos amigos, como Toni Torres. Nuestro evento fue el único que sobrevivió a la Bienal en sí. Ésta pretendía llevar el evento a los centros culturales barriales, pero no lo logró, en cambio nosotros pudimos hacerlo repetir la experiencia en el Centro Cultural Parque Chacabuco y otros.

Por ese ejemplo de fuerza, se me ocurrió formar una agrupación que pudiera aunar esfuerzos y prolongar el efecto ‘Ander’, así nació Los Cuadronautas. Nuestra primera finalidad era formar eventos de divulgación y exposición para recaudar fondos para comprar una imprenta. En ese sentido, la Fierro nos brindó mucha ayuda, en cada número hablaba de nosotros y de nuestros eventos. Prácticamente vivíamos en la redacción de Fierro, donde el ‘Bocha Flores, entre otros, siempre nos daba una mano.

Eventualmente, Juan Sasturain me preguntó si no quería publicar algo en Fierro, ni lerdo ni perezoso le llevé casi todo el material inédito de la O No. Entonces, Juan se quedó con cuatro o cinco de esas historietas. Sin embargo pasaban los números y no aparecía nada de lo mío. Fue ahí cuando me enteré que no había interés en publicar lo mío y, por un secreto a voces, la razón era mi militancia en el Partido Radical. Aparentemente, caí muy mal en la redacción que, en ese momento, manejaba Juan Manuel Lima. Sin embargo, gracias a la astucia y amistad de muchos chicos de la redacción logramos filtrar una historieta mía en el número 90 de Fierro, se llamó ‘Viajero de la Eternidad’ y tuvo con dibujos de Mariano D’angelo.

Estaba en la cima de todo: Sacaba la O No, Dipsus, Rigor Mortis, tenía un programa de Radio en la Municipalidad, con el nombre ‘Delirando con Waquero’, y prácticamente participábamos de todas las muestras. Claro después apareció Menem y se pudrió todo.

El adulto reflexivo

Paso algo curioso con Los Cuadronautas, mi función era la de siempre, el hombre orquesta. Salvo con honrosas colaboraciones, solo Gerardo D’angelo participó codo a codo conmigo en la organización. Para colmo, con excepción de las revistas de Accorsi, ‘Comiqueando’, y la de Muñoz, ‘HGO’, las otras parecían patear en contra. Una extraña y nefasta competencia comenzó a poblar en los fanzines, defenestrándose unos a otros, en lugar de colaborar por el bien común. Por supuesto, muchos de esos adalides hoy están en el anonimato absoluto, lo que demuestra a las claras que solo eran mediocres en busca de sus 15 minutos de fama.

Tras cartón la hiperinflación de la última época de Alfonsín fue lapidaria, recuerdo la anécdota de uno de los últimos números de O No en donde, estando en la imprenta, durante el tiempo que me llevó trasladar los ejemplares al mostrador me aumentaron el precio. Y con Carlitos Saúl, fue la debacle. Deshizo la Subsecretaria de la Juventud, de la cual estaba a cargo, levantó el programa de radio y desecho todo tipo de presupuesto para el área de cultura. El país se sumergía en un caos de incultura y frivolidad chabacana.

Decididos a no darnos por vencidos y gracias a la nueva tecnología, decidimos sacar nuevamente la O No ahora sí como revista profesional. Habíamos madurado como para agregar más notas y, también, fotonovelas. Yo era actor y profesor de teatro desde hacía varios años y me pareció oportuno mostrar a mis actrices en dichas páginas con un sistema olvidado como el de la fotonovela. Desafortunadamente los colaboradores comenzaron a escasear y mantener el nivel era imposible. Solo quedábamos Comiqueado y O No como revistas profesionales en el mercado.

Fue entonces cuando me dediqué a la Axxón. Gracias a un viejo colaborador Daniel Tut Vazques comencé participando en la columna de un amigo, hasta tener mi propio espacio en la revista, ‘Bajo el suelo Ander’ la cual compartí en un comienzo con mi esposa, Natalia Strigaro, hasta que ella también tuvo su propio espacio, ‘La Luna de Hueso’.

Tanto creció ese sitio que hubo que dividirlo. Un amigo de España se dedicó a la versión Europea, ‘Eurander’, y yo a la americana, ‘Amerander’. Publicábamos de todo, juegos historietas, dibujos, cuentos, notas, etc. Finalmente el espacio comenzaba a opacar a la propia Axxón, así que cuando comenzaron los problemas de cartel, decidí irme dando un portazo. De manera que durante un tiempo decidí volver a lo mío, el teatro, y comencé a pensar en un libro, FantasmagoriaRelatos de Terror’.

Hoy el libro está agotado, por suerte se vendieron todos los ejemplares. El mundo ‘literario’ me cansa, te mezclás con talentos increíbles al mismo tiempo que con unos loros muertos a escobazos que dan pena. Muchos mediocres hacen sus propias ediciones y luego vas viendo los libros en las mesas de ofertas por monedas o te los regalan por cualquier motivo. Esto se aplica tanto a los libros como a las revistas. No están mal las autoediciones pero no son confiables como producto comercial. Y hoy en día, mi consejo es dejar de lado el romanticismo de décadas anteriores y apuntar a vivir de esto.

En cuanto a la historieta argentina actual siento una profunda lastima. La Fierro no es ni la sombra de lo que era. A menudo nos reunimos con amigos de esa época, que hoy son celebridades, y no rescatamos mucho de lo actual. Así que por ahora seguiré con mi verdadero amor que es el teatro y algo de cine, pero… Pero no puedo renunciar del todo a mi viejo amor, así que estoy guionando para un dibujante internacional, como lo es Germán Ponce, y para mi amiga de siempre, Patricia Breccia.

Y si no es un atrevimiento me gustaría despedirme con un pedido. Sigan creando, no importa la calidad, sigan creando historietas. Que de la argentina han salido algunos de los más grandes.

Alguna vez tenía que volver a colaborar acá… =) Y lo hago trayéndoles desde las bóvedas fanzineras de mi casa el número 4 de  HGO. Un número muy especial en su momento porque se hizo en offset, algo que pocos fanzines hacían por esos años. Si mi memoria no falla, eso hizo que le número se viera por mucho tiempo dando vueltas porque se tardó en vender.

Mas allá de la anécdota, el fanzine en sí estaba muy bien realizado, dando un salto cualitaitvo con respecto a los números anteriores. Para mi gusto hay que destacar los trabajos de Luis Federici, Mario Milocco y Antonio Mendonca, que tenían mucho nivel.

Con este número HGO pasó de ser un fanzine más a un referente en la Generación fanzinera del 86. Así que recomiendo que se lo descarguen y lo lean.

Descargar HGO 4