Archivos de la categoría ‘Generación del 86’

Dos publicaciones de gran importancia para la historia de los Fanzines de historieta en la Argentina, que todo amante del medio debiera conocer. Recomendaciones -como los articulos que se acostumbra a leer en el sitio- en este caso, de revistas del pasado.

Comenzamos con “Salchichón Primavera”, cabecera que no me canso de recomendar. La aspuesta formal, el contenido de sus historias, inclusive los artículos, no hay página que sobre en esta perla de los 80.  Edu Binder, Namger Zepol, Cas, Gordín, Melotso, ESP, Jorge Warley, Bruna, Rutigliano, Yoryo, Bedevo aunaron fuerzas para crear uno de los fanzines más interesantes que ha visto la luz. Como en el caso anterior (el N° 4 que compartios hace casi un año) el siguiente scan pertenece a una edición facsimilar publicada en el marco de la muestra organizada por el Museo Reina Sofía y la Red de Conceptualismos “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años 80 latinoamericanos” en 2013.

 

Salchichón Primavera N° 3. 01

Descargar: “Salchichón Primavera N° 3”

Y si hablamos de calidad, “La Secta Edición” es otro ejemplo de la década posterior. Autores de la talla de Ayar B., Javier Rovella, Salvador Sanz (tal vez con su -a mi criterio- trabajo más interesante) y grandes aportes de Martín Ochoa,  J.M. Castro, Nahuel Rando (Casimiro, volvé!) Andrés Lozano (“Encarnato” hallazgo sectario a prestarle atención) y por supuesto, el infaltable “Ringo Kamikaze” de la mano -y la tinta- de Sebastián Ramseg. Aquí el último número de su primer período, antes de la crisis que azotó el mundo editorial a comienzos de siglo.

La Secta Edición N° 6. 01

Descargar: “La Secta Edición N° 6”

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Escáner mediante, toca revisitar tres momentos diferentes de la historia fanzinera a partir de sus publicaciones.

Hay disponible en el sitio algunos números de “Poco Loco” para su descarga, pero he decidido engordar la colección con este “Especial Terror”, considerado por los creadores de este blog como “(…) final y cierre de un ciclo (el de la Generación Fanzinera del ‘86) que había nacido de la mano del retorno de la democracia.”

En este volumen se aborda el terror a partir de historias humorísticas que toman íconos de la cultura de masas, a cargo de autores como Emiliano Migliardo, Diego Amengual, Max, Loo, Javier Blanco Belvisi y Fabio Bote. Otra buena razón para compartirlo es que hace unos días he visto varios ejemplares en una famosa librería de la calle Corrientes. Fetichistas del papel, sepan que es una buena oportunidad para hacerse de un ejemplar de uno de los fanzines significativos de los tiempos pasados.

Descargar: “Poco Loco Especial Terror”

Poco Loco. Especial Terror. 01

Publicación cuidada hasta el detalle por sus autores, “Buitre” entra holgadamente en la categoría de pro-zine que vieron la luz hacia finales de los ’90, poco antes del canto del cisne de la llamada “Segunda Primavera Fanzinera” y también dentro de las publicaciones que intentaron trascender los límites del gueto under, incursionando en el circuito de kioscos; y no es descabellado especular que -en otras condiciones- hubiera podido competir palmo a palmo con sus rivales foráneos, por dibujo, por historia. Se trata de una trama enmarcada dentro del género superheroico de tintes oscuros, que tanta fascinación causaba entre los lectores de historieta de aquellos años –entre los que me incluyo-. Momento ideal para releer el artículo de esta enciclopedia, en la que se comparte el testimonio de dos de sus creadores sobre los orígenes y el ocaso de este proyecto.

Descargar: “Buitre N° 1”

Buitre N° 1. 01

“Rojo y Vida” contó con al menos dos números a cargo de un único autor, Marcos Cesari, aparecidos entre abril y julio de 2005, con la propuesta de “traer un poquito de absurdo y surrealismo a los cómics”. No es mucho lo que puedo aportar sobre esta obra (no consulté con el Oráculo esta vez) pero –si bien no es un estilo que a mí particularmente me subyugue- destaco la labor de Cesari como dibujante y narrador en secuencias -que podría fácilmente encontrar admiradores- y su esfuerzo por presentar imágenes y situaciones extrañas. Sería interesante saber como hubiera avanzado la historia presentada en este primer número.

Descargar: “Rojo y Vida N°1”

Rojo y Vida. 01

Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo, titulado Memoria del Malón, recaba el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

M. A. Strigaro —por todos conocido como Waquero— no es solo uno de los personajes más carismáticos del under porteño de los ‘80 sino, también, una leyenda de la autoedición. Activista político,  Gestor cultural, emprendedor, autoeditor, guionista, conductor, actor y profesor de teatro, tras su figura, se esconde el primer gran fanzine de historietas de nuestro país, la revista O No, donde brillaron talentos como Mariano D’Angelo, Roberto Lorenzo, Jorge Fantoni y Daniel Ortiz, entre otros. A poco más de 30 de la aparición de O no, Waquero rememora su propia historia.

El niño lector

Nací en un rancho ganadero en EEUU, mi días transcurrían entre los ‘longhorn’, vaqueros taciturnos y leyendas de ‘rednek’… Sin televisión ni nada parecido. Sin embargo, una vez a la semana mi abuelo iba al pueblo y, mientras él hacia las compras en el drugstore, yo ‘asaltaba’ el exhibidor de cómics de la DC. Allí Batman y Superman eran mis mejores y principales amigos por 10 centavos.

La vuelta al rancho con mi abuelo en esa vieja Ford V8 del ‘38 era un mar de aventuras, en donde yo le contaba los episodios de mis superhéroes, adicionándoles algo de mi propio peculio, a lo que JPJhonn Paul, mi abuelo— me preguntaba cosas inesperadas, como qué cosa hacía mantener al Superman en el aire o porqué Batman con tanto dinero hacia las cosas solo con Robin en lugar de tener todo un ejército, yo le inventaba mis propias respuestas y eso lo hacía estallar en carcajadas.

Leía las historias una y otra vez, recuerdo cuando nos sentábamos en porche de la cabaña, con la radio apenas audible, escuchando algún tema de Johnny Cash, mientras JP fumaba su Marlboro y bebía una Dr. Pepper o una Budweiser, y al cabo de un tiempo me decía… ‘¿Qué hay de nuevo con Bat o Sup?’. Y entonces yo, comenzaba a narrarle aventuras que me venían a la mente como las ardillas a las nueces.

Ya en la Argentina la cosa cambió de color, mi madre, adicta a la televisión, me indujo a su vicio. Las creaciones en papel cobraban movimiento y se le sumaban héroes y magia. Dibujos y series en carne y hueso de mi ídolos y la aparición de tres sujetos locos The Three Stooges —la traducción más cercana sería los tres ‘peleles’, ya que decir ‘acompañantes de apoyo de la figura principal’ es demasiado largo, pero real—, me sumergieron en un mundo distinto. En esa época, en el cable, las cosas no se tomaban con las mismas pinzas que ahora y los dibujitos venían en idioma original, lo que para mí no era problema y era al ‘traductor’ oficial de mis amiguitos, hasta que el ‘¿Qué dijo, qué dijo?’ se volvió francamente insoportable. Por suerte y al cabo de poco tiempo se tomaron el trabajo se subtitular las series y traducir los dibujos.

Pero creo que lo que me inclinó más a mi carrera de guionista fue la escuela, por una maestra que propuso a sus alumnos que ilustráramos el cuaderno con ‘figuritas’, eso desató mi imaginación. Al principio solo eran figuritas cortadas de las viñetas de las revistas, pero luego de manera gradual sumaba figurita tras figurita hasta armar historias propias. Cuando llegué a completar todo un cuaderno con una ‘aventura’ en donde Batman y Capitán América salvaban al mundo de unos malvados fue la gota que colmó el vaso y mi maestra, una pobre mujer limitada y amarga, mandó a llamar a mi madre para regañarme y exigirle que ponga ‘un poco de límites a la desbordada y febril imaginación de su hijo’. Si, así como suena. Mi madre no me sermoneó, pero ‘sugirió’ que guardará esas aventuras para mí, lo que llevó a completar cientos de cuadernos con mis propias aventuras que nunca vieron la luz.

Comenzaba a decaer en mi entusiasmo cuando, para el cumpleaños de un amiguito, dieron un programa en particular por una televisión que justo en ese momento nadie veía pero que estaba encendida. Un grupo de chinos, japoneses, asiáticos bah… Se alarmaban y corrían de un lado para otro, curioso por saber que provocaba tal desmadre permanecí absortó hasta que apareció en la pantalla un maldito lagarto gigante…

Mi corazón perdió un latido. Pero antes de que pudiera poner de nuevo mis ojos en sus cuencas se le sumó un personaje justiciero de su talla, Ultraman. Así que mientras mis amiguitos corrían por el patio con sendos bonetes de papel, arrojándose papel picado y serpentinas, entre gritos y risas de alegría y chillidos de los ‘espantasuegras’, yo miraba de rodillas y extasiado como dos gigantes destrozaba una ciudad de cartón. Los monstruos habían ingresado a mi vida.

Ya llevaba este glorioso currículo en mi extensa vida de seis o siete años cuando otro hecho ‘fatídico’ marcó mi vida. Mi madre debía visitar a un vecino en la cuadra pero no tenía con quien dejarme, me preguntó, acudiendo a mi hombría, si era capaz de quedarme solo por espacio de 10 minutos. Valientemente le conteste que sí, tenía como compañía a mis lápices, mi goma de borrar y mi cuaderno de dibujos. Al cabo de unos instantes de soledad, se desató el infierno. Se cortó a luz. La única luminosidad en la casa era el fuego de un hogar artificial, me refugie en su aureola invocando a mis héroes para que me protegieran. Mientras aguarda la llegada de ellos, y mientras pasaban los minutos, descubrí que los espectros no avanzaban a tocarme el tobillo. Lenta pero inexorablemente sentí curiosidad por mi estado de ceguera. Comencé tanteando la pata de la mesa, luego la silla, hasta que finalmente comencé a buscar mis lápices y cuaderno y jugar a ‘dibujar sin ver’. Nada había que temer en la oscuridad.

Cuando mi madre volvió, la luz hacía rato que había regresado y me encontró tranquilo. Dibujando. Nunca me creyó que la luz se había ido. Solo una incipiente quemazón en mi rostro daba asidero a mi historia.
Al comprobar que los monstruos no existían comencé a buscarlos… Pero como diría Michael Ende… ‘Eso es otra historia’

El joven editor

Con semejante introducción al mundo de las historietas no era de extrañar, cuando por el ‘83, al llegar la democracia, que me dedicara a ella. Un fenómeno maravilloso y disparador. Las primeras cosas que me llamaron la atención fueron la explosión de revistas porno que poblaron los kioscos de Buenos Aires. En la televisión un programa en particular, llamado Función Privada, proyectaba una serie de películas nacionales de alto contenido de desnudos, no eróticos pero desnudos al fin —les recuerdo que veníamos de un momento en donde hasta los almanaques de bolsillos de chicas desnudas eran censurados—, de manera que ver esas películas y esas revistas era ‘shockeante’. Pero además, aparecieron las revistas de historietas españolas con toda una carga de cómics de vanguardia. Bumerang, Creppy, Metal Hurlant, entre otras, pero sobre todo la Tótem manejaba un idioma visual y narrativo absolutamente nuevo.

De ser arrestados por estar caminando en la calle por la dictadura pasamos a un desenfreno de arte y talento, los mimos cubrían las plazas, se hacían obras de teatro en las veredas, radio, tele, cine… Comenzaba una cultura superlativa. La cultura ‘Ander’. Como todo evento trascendental pero repentino el amanecer cultural era tan extraordinario como caótico. En un principio todo era arte, por el solo hecho de surgir de las tumbas silenciadas hacia tanto tiempo, pero luego lentamente comenzó a aparecer el pescado podrido. Recuerdo una bazofia hecha a fotocopia del sospechosamente ilustre Batato Barea. Un actor que ganó su fama por trasvestirse en los eventos culturales y usando un humor mezcla de ironía y bajeza cotidiana.

Con la aparición de Fierro y su concurso llamado ‘Fierro busca dos manos’ las cosas comenzaron a enfilarse y a tener más sentido. Se descartaron a los que publicaban fotocopias de su trapo de piso y se comenzó a vislumbrar el verdadero talento. Una infinidad de revistas de calidad superlativa aparecieron del día a la noche. En realidad, al organizarse es como se conformó con propiedad.

Recuerdo que nos reuníamos en un desaparecido bar de la Avenida de Mayo, convocados por un sujeto que pretendía hacer una revista profesional paralela a la Fierro. Infinidad de talentosos valores desfilaron en vano por esas mesas por culpa de este buscador de quimeras que nos sumergió en sus banales sueños. Harto de tanta postergación decidí sacar una revista ‘Ander’, sabiendo o sospechando que el milagro de una revista profesional no se iba a concretar. Junté a los valores que pude y que por suerte consideré los más valiosos y creé la O No.

Muchos colaboraron con la O No y muchos hoy en día son profesionales en el tema. Gerardo D’angelo, Mariano D’angelo, Daniel ‘Tut’ Vazques, Roberto Lorenzo, Fabián Fucchi, Jorge Fantoni, entre otros y hasta los maravillosos Carlos Trillo y Félix Saborido fueron colaboradores. Algo que no había logrado ninguna revista ‘Ander’ jamás. Nunca tuvimos mucho contacto con otras revistas en esa época, salvo con Andrés Accorsi y su -por entonces- nuevecita Comiqueando. Un pastiche pegado con plasticola y un armado desastroso y que a pesar de ello traía un material sorprendente.

Por desgracia, salvo los D’angelo los demás no podían usar su tiempo para la organización de la revista, tanto de manera externa como interna —no olvidemos que casi todos eran estudiantes en esa época—. De manera que además de director, mi trabajo era el de productor, relacionista, cadete, etc.

Gracias a personas como Pablo Muñoz y Andrés Accorsi —que fiel a sus orígenes nos daba mucha participación en la Skorpio, en donde me volví profesional—, surgió la posibilidad de organizar el sector de historietas ‘Ander’ de la primera Bienal de Arte Joven. Allí, además de los colaboradores de siempre, aparecieron maravillosos amigos, como Toni Torres. Nuestro evento fue el único que sobrevivió a la Bienal en sí. Ésta pretendía llevar el evento a los centros culturales barriales, pero no lo logró, en cambio nosotros pudimos hacerlo repetir la experiencia en el Centro Cultural Parque Chacabuco y otros.

Por ese ejemplo de fuerza, se me ocurrió formar una agrupación que pudiera aunar esfuerzos y prolongar el efecto ‘Ander’, así nació Los Cuadronautas. Nuestra primera finalidad era formar eventos de divulgación y exposición para recaudar fondos para comprar una imprenta. En ese sentido, la Fierro nos brindó mucha ayuda, en cada número hablaba de nosotros y de nuestros eventos. Prácticamente vivíamos en la redacción de Fierro, donde el ‘Bocha Flores, entre otros, siempre nos daba una mano.

Eventualmente, Juan Sasturain me preguntó si no quería publicar algo en Fierro, ni lerdo ni perezoso le llevé casi todo el material inédito de la O No. Entonces, Juan se quedó con cuatro o cinco de esas historietas. Sin embargo pasaban los números y no aparecía nada de lo mío. Fue ahí cuando me enteré que no había interés en publicar lo mío y, por un secreto a voces, la razón era mi militancia en el Partido Radical. Aparentemente, caí muy mal en la redacción que, en ese momento, manejaba Juan Manuel Lima. Sin embargo, gracias a la astucia y amistad de muchos chicos de la redacción logramos filtrar una historieta mía en el número 90 de Fierro, se llamó ‘Viajero de la Eternidad’ y tuvo con dibujos de Mariano D’angelo.

Estaba en la cima de todo: Sacaba la O No, Dipsus, Rigor Mortis, tenía un programa de Radio en la Municipalidad, con el nombre ‘Delirando con Waquero’, y prácticamente participábamos de todas las muestras. Claro después apareció Menem y se pudrió todo.

El adulto reflexivo

Paso algo curioso con Los Cuadronautas, mi función era la de siempre, el hombre orquesta. Salvo con honrosas colaboraciones, solo Gerardo D’angelo participó codo a codo conmigo en la organización. Para colmo, con excepción de las revistas de Accorsi, ‘Comiqueando’, y la de Muñoz, ‘HGO’, las otras parecían patear en contra. Una extraña y nefasta competencia comenzó a poblar en los fanzines, defenestrándose unos a otros, en lugar de colaborar por el bien común. Por supuesto, muchos de esos adalides hoy están en el anonimato absoluto, lo que demuestra a las claras que solo eran mediocres en busca de sus 15 minutos de fama.

Tras cartón la hiperinflación de la última época de Alfonsín fue lapidaria, recuerdo la anécdota de uno de los últimos números de O No en donde, estando en la imprenta, durante el tiempo que me llevó trasladar los ejemplares al mostrador me aumentaron el precio. Y con Carlitos Saúl, fue la debacle. Deshizo la Subsecretaria de la Juventud, de la cual estaba a cargo, levantó el programa de radio y desecho todo tipo de presupuesto para el área de cultura. El país se sumergía en un caos de incultura y frivolidad chabacana.

Decididos a no darnos por vencidos y gracias a la nueva tecnología, decidimos sacar nuevamente la O No ahora sí como revista profesional. Habíamos madurado como para agregar más notas y, también, fotonovelas. Yo era actor y profesor de teatro desde hacía varios años y me pareció oportuno mostrar a mis actrices en dichas páginas con un sistema olvidado como el de la fotonovela. Desafortunadamente los colaboradores comenzaron a escasear y mantener el nivel era imposible. Solo quedábamos Comiqueado y O No como revistas profesionales en el mercado.

Fue entonces cuando me dediqué a la Axxón. Gracias a un viejo colaborador Daniel Tut Vazques comencé participando en la columna de un amigo, hasta tener mi propio espacio en la revista, ‘Bajo el suelo Ander’ la cual compartí en un comienzo con mi esposa, Natalia Strigaro, hasta que ella también tuvo su propio espacio, ‘La Luna de Hueso’.

Tanto creció ese sitio que hubo que dividirlo. Un amigo de España se dedicó a la versión Europea, ‘Eurander’, y yo a la americana, ‘Amerander’. Publicábamos de todo, juegos historietas, dibujos, cuentos, notas, etc. Finalmente el espacio comenzaba a opacar a la propia Axxón, así que cuando comenzaron los problemas de cartel, decidí irme dando un portazo. De manera que durante un tiempo decidí volver a lo mío, el teatro, y comencé a pensar en un libro, FantasmagoriaRelatos de Terror’.

Hoy el libro está agotado, por suerte se vendieron todos los ejemplares. El mundo ‘literario’ me cansa, te mezclás con talentos increíbles al mismo tiempo que con unos loros muertos a escobazos que dan pena. Muchos mediocres hacen sus propias ediciones y luego vas viendo los libros en las mesas de ofertas por monedas o te los regalan por cualquier motivo. Esto se aplica tanto a los libros como a las revistas. No están mal las autoediciones pero no son confiables como producto comercial. Y hoy en día, mi consejo es dejar de lado el romanticismo de décadas anteriores y apuntar a vivir de esto.

En cuanto a la historieta argentina actual siento una profunda lastima. La Fierro no es ni la sombra de lo que era. A menudo nos reunimos con amigos de esa época, que hoy son celebridades, y no rescatamos mucho de lo actual. Así que por ahora seguiré con mi verdadero amor que es el teatro y algo de cine, pero… Pero no puedo renunciar del todo a mi viejo amor, así que estoy guionando para un dibujante internacional, como lo es Germán Ponce, y para mi amiga de siempre, Patricia Breccia.

Y si no es un atrevimiento me gustaría despedirme con un pedido. Sigan creando, no importa la calidad, sigan creando historietas. Que de la argentina han salido algunos de los más grandes.

Alguna vez tenía que volver a colaborar acá… =) Y lo hago trayéndoles desde las bóvedas fanzineras de mi casa el número 4 de  HGO. Un número muy especial en su momento porque se hizo en offset, algo que pocos fanzines hacían por esos años. Si mi memoria no falla, eso hizo que le número se viera por mucho tiempo dando vueltas porque se tardó en vender.

Mas allá de la anécdota, el fanzine en sí estaba muy bien realizado, dando un salto cualitaitvo con respecto a los números anteriores. Para mi gusto hay que destacar los trabajos de Luis Federici, Mario Milocco y Antonio Mendonca, que tenían mucho nivel.

Con este número HGO pasó de ser un fanzine más a un referente en la Generación fanzinera del 86. Así que recomiendo que se lo descarguen y lo lean.

Descargar HGO 4

Siguiendo la costumbre de tres por vez, vamos con los fanzines de fin de mes.

Arrancamos con la revista Rosarina, “La Parda”, de diciembre de 1989.

Nuestro Oráculo fanzinero apela a sus recuerdos y nos informa que La parda, se hizo como una sociedad de hecho, con subvención de la Municipalidad de Rosario por lo que su publicación estuvo determinada por el dinero que aportaba el estado. Contó con 5 números, incluyendo el número 0, que es el que hoy compartimos; sus tapas en sepia fueron obras de Maus. La revista se convirtió en un muestrario de la movida rosarina de los finales de los 80 y principios de los 90. Muchos de esos autores se habían hecho conocidos por acceder al subtemento oxido de Fierro (Max Cachimba y Maus, los dos más conocidos) y estuvieron apadrinados por El Tomi. La lista cuenta con otros nombres destacados como Breccia, Taborda, Claudio Ramirez, Dupleich, Edu Molina y Germán López, y con otros menos conocidos pero no por ello despreciables como L.U.N. Hornner o Jorge Barrios, todos bastante profesionales.

Descargar: “La Parda N° 0”

La Parda Nº0. 01

Seguimos con Pulp, El Grillo! fanzine destacado de su época
En palabras de Camila Torre Notari en una entrevista a este sitio:

“Lo editábamos con Pilar Corrales. Hacer Pulp, el Grillo, era lo más divertido que nos podía pasar. Primero juntábamos algo de material, convocábamos a amigos y conocidos a que nos manden sus dibujos, cómics, cuentos, poesías, pensamientos, ¡lo que quisieran! Entonces nos juntábamos y nos quedábamos hasta las 7 de la mañana escaneando, imprimiendo, cortando y pegando.

Lo vendíamos a nuestros amigos al principio y después lo empezamos a llevar a ferias y a dejar en comiquerías. A la gente le divertía un montón, muchos nos pedían por favor que publiquemos su trabajo en el siguiente número. Y sobre todo, cuando apareció La Matinée de Pulp, el grillo, la gente esperaba con ansias a que salga el próximo número para poder ir a la reunión.”

Descargar: “Pulp, El Grillo! N° 7”

Pulp, El Grillo Nº7. 01

Y nos despedimos con la cereza del postre, el primer número de “Yuntamule” la obra de la señorita Naná Cuevas Otonelli. Autora oriunda de 25 de Mayo, anduvo por estos lares y editó bajo esta cabecera 4 bellos fanzines entre 2012 y 2016 -si no me equivoco-. Narración secuencial con ribetes artísticos, rastros oníricos y poéticos, interés y búsqueda estética; “Yuntamule” es todo eso, por ello se convirtió en uno de esos zines que buscaba en cada evento independiente. Aparentemente ha vuelto al ruedo -el último número se presentó en “Punc” hacia finales de 2016- luego de mucho tiempo de silencio (tres años, para ser exactos)-. Esperemos más obra de esta gran historietista del medio.

Descargar: “Yuntamule N°1”

Yuntamule Nº1. 01

En esta oportunidad, presentamos tres fanzines de tres décadas distintas.

Chapa-Chapa

La cronología nos lleva a empezar por el más antiguo de los tres, “Chapa Chapa” gema inconseguible, aportada por el Oráculo fanzinero, el señor Julián Blas. En sus propias palabras “Editada en 1989 por Daniel Ortiz y Jorge Fantoni, la dupla que luego editaría la revista independiente Parásito y serían miembros estables de la revista-libro El lápiz Japonés. Con humor ácido y absurdo, la publicación ponía de manifiesto cómo la hiperinflación destruía las posibilidades de editar fanzines y revistas. De ahí que el fanzine tan solo fuese una hoja oficio doblada al medio.” Una propuesta cuyo análisis puede exceder las escasas carillas que conforman el fanzine, extendiéndose a la práctica fanzinera en general -la gratuidad, la factura artesanal, el contenido, la emergencia-.

Descargar: “Chapa Chapa”.

Tirapia N°1. 01

Javier J. Rovella es sin duda, uno de los grandes autores surgidos del under de los noventa. Muchos de sus personajes son -hoy por hoy- célebres para los lectores de historieta (y un verdadero hallazgo para quienes no lo son), dada la  fuerza del lenguaje visual de sus tiras, sumado a la  mirada sensible, a veces satírica, de la realidad y a la capacidad para jugar con el lenguaje propio de la narración secuencial, que agrega un componente lúdico a parte de su obra. Publicada en pleno auge de la “Catzole”, esta “Tirapia” es una muestra sucinta pero representativa de este maestro de las viñetas. Un dato pintoresco es que, hasta donde tengo entendido, estas páginas incluyen la primera aparición de “Zebita”.

Descargar: “Tirapia”.

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Este fazine tiene una particularidad que sólo puede darse en el mundillo de la autopublicación y que lo hace fascinante, más allá de su valor intrínseco: es para mí un verdadero misterio. Ni nombre, ni fecha, ni autor se indican, por lo que me vi obligado a bautizarlo de algún modo para poder referenciarlo. “Mary and Her Little Lamb” es una historieta realizada íntegramente a través de la técnica del collage, recurso muy poco visto en el mundo de las viñetas. Así, podemos aprovechar y mencionar la obra de Max Ernst “Una Semana de Bondad o Los Siete Elementos Capitales”, o en el terreno que nos ocupa, las experiencias de Josep M. Beá en la Revista Rambla o – ya en nuestros días- el mencionado Gato, del zine “La Ponzoña”. Más allá de establecer una genealogía arbitraria, recortada por gustos personales, creo que estas páginas tienen un brillo propio. A la dificultad de generar narrativa a partir de imágenes pre-establecidas -que dan lugar a nuevas puestas en escena- resuelta con gran oficio, se suma un texto con ribetes poéticos. El resultado es de gran interés por su particularidad, aunque no apto para lectores acostumbrados a material más tradicional.  Aquel que pueda sumar información sobre esta joya, no dude en hacerlo.

Descargar: “Mary and Her Little Lamb”.

Entre Junio y Julio de 2012 tuvo lugar en Moebius Liceo, una exposición de originales del dibujante Juan Sáenz Valiente, realizados con tinta china en pequeño formato. Como catálogo circuló un bello fanzine -es sabido la debilidad del autor de “La Sudestada” por este formato- que es el primero que hoy nos ocupa.

Más allá de la Richieri. 01

Descargar: Más allá de la Richieri.

 

Un ejemplo de la potencialidad del fanzine como medio es “Salchichón Primavera”, una de las primeras revistas de las generación del 86.  Este dato no es menor, cuando se confronta con la calidad de sus páginas. Hay una búsqueda plástica, un interés estético que envidiaría cualquier revista con ínfulas artísticas o aspiraciones de experimentación, pero cronológicamente, muy próxima al surgimiento de la autopublicación en Argentina. Una propuesta audaz no siempre tenida en cuenta cuando se narra la historia del medio independiente, pero claramente precursora de proyectos posteriores (a mi criterio, de lo que sería “El Lápiz Japonés”) y muy actual por donde se la mire. El siguiente scan pertenece a una edición facsimilar publicada en el marco de la muestra organizada por el Museo Reina Sofía y la Red de Conceptualismos “Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años 80 latinoamericanos” en 2013. Absolutamente recomendable.

Salchichón Primavera. Nº4. 01

Descarga: Salchichón Primavera N°4.