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Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.

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La antología Términus se publicó con periodicidad trimestral desde el año 2012 hasta el 2016. Durante doce números abarcó un interesante elenco de artistas nacionales e internacionales con o sin trayectoria profesional. El enfoque apunta a historias autoconclusivas o de pocos episodios, con énfasis en los géneros de acción, ciencia ficción, policial y terror.

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Términus 01, portada de Maximiliano Bartomucci y Germán Peralta

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Terminus 02

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Términus 03, portada de Damian Couceiro

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Términus 04, portada de Germán Peralta

Algo que queda muy claro con solo hojear los primeros cuatro tomos es que el nivel gráfico es impactante; en donde se notan las fallas es cuando se presenta una muy buena idea pero no alcanza la cantidad de páginas para ser desarrollada a pleno, un problema común de casi todas las antologías con un elenco plural de autores.

Por ejemplo Las puertas abiertas (Términus 02) de Sebastián Cabrol es un relato de casas embrujadas que arranca de forma típica, con una familia a punto de mudarse al hogar, ¿dulce? hogar… y termina con una vuelta de tuerca en las ultimas viñetas que te dejan loco, querés ver como sigue, 40 páginas más de eso, o al menos otra historia que retome los personajes. Y no, queda ahí.

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Las puertas abiertas, Sebastián Cabrol

Otro segmento que daba para más desarrollo es La Nana (Términus 03) de Marianela Martín y Juan Pablo Vaccaro, un crudo relato de terror sobrenatural, con una carga dramática fuerte, que mezcla ficción con hechos bélicos reales. Interesante pero breve.

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La Nana, Martin / Vaccaro

Ya que lo mencione me voy a detener una líneas en Vaccaro, un dibujante que desconocía y que me impresionó con los distintos estilos gráficos que maneja en cada historia. Por ejemplo, en Parto (Términus 01) usa un estilo foto realista, similar a las portadas de Rodolfo Migliari, para un relato de naves espaciales y cucarachas gigantes. La historia no me pareció interesante pero funciona para el lucimiento gráfico. En cambio en la ya mencionada La nana o La traducción (Términus 02, guión de Gastón Flores), un buen relato policial, se aprecia mejor la habilidad para la narrativa y la apuesta por las masas negras para los efectos de iluminación, algo que hace de Vaccaro un dibujante a tener en cuenta.

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Parto, Juan Pablo Vaccaro

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La traducción, Flores / Vaccaro

Otro dibujante que no conocía es Roberto Viacava, de estilo realista, prolijo y detallado; narra con gran soltura la parte visual de Caro (Términus 04) mientras que los captions y voces en off en un tiempo desfasado (todo escrito por Hernán Carreras) completan y cierran el total de la obra; buena forma de presentar el duelo entre dos hombres enfrentados por las razones equivocadas.

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Caro, Carreras / Viacava

Gastón Nicolás Flores en 20 dólares (Términus 03) se manda un policial sucio y jodido,  digno del más puro genero noir, con unos dibujos de Lisandro Estherren ideales para este tipo de trama con ambiente tan sórdido. Otro policial de Flores es Seda roja (Términus 01), con femme fatale incluida y todo; en esta ocasión el dibujo de Santiago Madile no me llamó la atención pero hay que aclarar que en la impresión se perdieron los detalles de color rojo que tenían las páginas originales.

Dos sagas que se continúan en los primeros tres números (con fichas de personajes en la Términus 04) y comparten el guionista (Ariel Grichener) son Chess Masters (con dibujos de Juan Manuel Frigeri) y El Individuo H (dibujada por Germán Peralta). La primera me pareció un cúmulo de lugares, situaciones y personajes comunes, pensada para la acción sin demasiado contexto ni desarrollo. Un grupo de mercenarios son convocados a una misión especial por una organización que desconocen. El trabajo de Frigeri por otro lado me resultó un poco estático, más enfocado en las poses, los pin-ups y la espectacularidad visual que en la narrativa.

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Chessmasters, Ariel Grichener / Juan Friggeri

En cambio, El individuo H me generó más interés. También cae en un montón de estereotipos en los personajes (y si, también hay un grupo de mercenarios/soldados) pero el guión tiene un elemento sobrenatural relacionado con la religión muy atractivo. Y sin dudas el ancho de basto de esta saga es el dibujo de Peralta, excelente en narrativa y manejo de los contrastes y los grises, dando cuenta de todo su aprendizaje junto a Eduardo Risso; no por nada hoy en día es uno de los dibujantes nacionales con más trabajo en empresas como Marvel Comics.

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El individuo H, Ariel Grichener / Germán Peralta

Otra serie que está en todos los números es Cuentos costeros, escrita por Luciana Maruca. Se trata de historias unitarias ambientadas en ciudades cerca de la costa, sea Montevideo en la actualidad o Normandía en la Segunda Guerra Mundial, todo vale. Son relatos breves,  redonditos, con vueltas de tuercas bien pensadas en los remates y un dibujo de Germán Curti que cambia mucho en cada entrega. Muy recomendable.

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Cuentos costeros, Germán Curti / Luciana Maruca

Diagnóstico incierto de Maxi Bartomucci (dos capítulos, Términus 01/02) es una historia de terror de principios del Siglo XX, con todos los formalismos clásicos de la literatura de esa época (por ejemplo: dos personajes dialogando sobre un suceso ya acontecido, en este caso lo que ellos consideran un ataque de un enfermo mental y que termina siendo mucho más). El dibujo acompaña con un tono ideal, con detalles que me recordaron a Marcelo Frusín y Eduardo Barreto.

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Diagnóstico incierto, Maxi Bartomucci

Otra saga de dos capítulos es Un caso pragmático, de Maximiliano Cabral y Sebastián “Sala” Zalazar (Términus 03 y 04). Es un misterio de cuarto cerrado con la variante de que todos los personajes son homenajes al género de “hombres misteriosos”, precedentes directos de los superhéroes. Diálogos graciosos y un dibujo que recuerda el estilo de las series animadas de Bruce Timm, pero con más violencia.

En Términus 03 aparece por primera vez en Argentina Rip Van Helsing, un personaje pensado por el legendario Ricardo Barreiro y desarrollado por el equipo de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana para una editorial europea. Santana es un dibujante muy interesante y hábil para las escenas de acción que presenta cada capítulo, con pocos diálogos, así que la machaca contra vampiros, fantasmas y demás yerbas malas sobrenaturales está garantizada. Recientemente Términus (como editorial) recopiló un libro con sagas más extensas del mismo personaje.

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Rip Van Helsing de Barreiro, Ferrúa y Santana

Fernando Baldó, el autor de Hostil y abyecto (además de varias obras con Diego Agrimbau) presenta en Términus 04 El Ocaso, una historia de tribus, tradiciones y combates. Más que la historia quiero destacar el trabajo con grises y el detallismo en las expresiones, marcas registradas de Baldó.

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El Ocaso, Fernando Baldó

Otro artista con muchas obras publicadas, Dante Ginevra, en la Términus 01 mete una historia de ciencia ficción de solo tres páginas pensada justo para esa extensión, con un dibujo brillante.

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El número 32, Dante Ginevra

Y por último (pero no menos importante) me quedó Bruno Chiroleu con cuatro historias tensas, muy inquietantes, que se meten mucho en la psicología de los protagonistas. La cuarta en particular (Blas, capítulo uno) es la que más me gustó en dibujo, argumento y me pareció que es la que mejor aprovecha el uso de las tramas de grises, un poco excesivas en las anteriores. Además Blas engancha mucho con la pregunta filosófica de si modificar el recuerdo de un mal acto también corrige el destino del alma

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Blas, Bruno Chiroleu

Mi balance de estos primeros números de Términus es positivo, sobre todo por apostar con calidad y buenos autores al formato antología, criticado hoy en día pero fundamental durante décadas para la historieta nacional y europea.

En esta segunda parte del año, se observa una seguidilla de eventos de historieta que concentran gran actividad, en especial porque a partir de mañana, con la catorceava edición de Dibujados y -en menos de 2 semanas- con la cuarta edición de Comicópolis, los editores ponen oficialmente todas sus novedades al alcance directo del público. En general, hay una tendencia que se mantiene en estos últimos años y es que el volumen de lanzamientos siempre va en constante aumento. De hecho, este recorrido por las nuevas ofertas editoriales, se suma al que ya hizo Sergio Schiavinato, con la certeza que se necesitarían 2 o 3 notas más como para hacer una cobertura exhaustiva de la escena actual. Pero ya queda en manos del lector animarse, ir, charlar con los autores, atreverse con cosas nuevas, hay un mundo de historietas por descubrir. Por último, es importante mencionar que en el próximo Comicópolis, el sector fanzines va a tener un total de 200 expositores, una cifra que probablemente sea un pico histórico de participación y actividad. Hay historieta para rato, señores. Ahora sí, a los papeles.

Los amigos de Panxa Editorial, que también forman parte de la organización de Dibujados, siempre tienen cosas nuevas que mostrar. La primera cosa que hay que mencionar, es la edición del demorado Cíclico, el libro de Luis Gory, que por complicaciones de último momento no llegó al Dibujados pasado, pero que esta vez está listo en tiempo y forma. Cíclico explora lo circular de los ritmos vitales y está escrito y dibujado por Gory, con textos de Godofredo Fink al principio de cada capítulo. Son 48 páginas, a todo color, en un formato algo atípico -12 x 17 cm.-, cosidas a la manera japonesa. Un libro objeto. Además, Federico Ferro -(a) Epileptic Fred– edita Los Caminos del señor Nada. El personaje fue una sección fija en la revista Panxarama y también apareció en la revista-libro de ciencia ficción Cuásar, además de inaugurar la colección Libros de Juguete con PLOC. La historia es muda y en completo blanco y negro. El libro tiene un formato 14 x 20 cm., en cartoné lomo recto.

La colección Libros de juguete agrega un titulo más ya que El pozo, el amo es el volumen 7 de la colección. La obra es un trabajo de Juani Navarro, sobre textos de Rafael Barret -escritor anarquista español-. Navarro es un autor particular, con un estilo de dibujo que conecta con el underground norteamericano –Robert Crumb y Peter Bagge-, pero con una inconfundible impronta argentina. Su obra Pueblo Chico, también editada por Panxa hace unos años, lo mostró como un autor maduro y listo para que más lectores lo conozcan. El pozo, el amo es un minilibro -5 x 7 cm, o sea, un A8 refilado- y la encuadernación es cartoné lomo recto -o sea el tapa dura tradicional-. Todas las encuadernaciones de Panxa son un trabajo artesanal, algo a lo que Federico es muy afecto y maneja con excelencia. Para un bibliófilo y coleccionista de libros objeto, estas ediciones son la perdición absoluta.

Desde la costa del sudeste bonaerense -osea, Mar del Plata y aledaños-, llega una nueva editorial de nombre Faro Negro, dirigida por 3 artistas de la  zona –Kundo Krunch, Lou y Manu Amagi-, que se propone como una cooperativa de autores, además de una familia y una trinchera para historieta independiente y autogestiva. Entre sus lanzamientos está Pagano, de Raúl Andrés Gómez y Lou. Un magazine apaisado en formato A6 -14,8 X 10,5 cm.- a todo color, que cuenta una historia de horror, escrita por Gómez e ilustrada por Lou, que muestra los ancestrales secretos de una tribu y su misteriosa forma de procrear y cuya frase de apertura es ‘Escucha a través del viajero de los mil mundos su primer encuentro con los arboles místicos’.

El segundo título es Teatro Macabro, de Lou, una caja de madera tallada que contiene cuatro fanzines con historias unitarias que cuentan diferentes períodos y etapas en su vida.  Algunas son historias macabras, otras catárticas, en donde la caja es un símbolo de contención y final. Todo en formato A6 -10,5 x 14,8 cm.-.

El amigo Nick Gregory, ya en camino a convertirse en un histórico de la edición autogestiva, acaba de fundar su propio sello, hablamos de Zingo comics, que sale a la cancha con dos publicaciones. La primera es Punkpurrí, una recopilación de historias que Nick ya publicó en los fanzines Espinazo y Padawan, por lo que la revista en un recorrido por su carrera y su evolución en el dibujo. Hay también trabajos inéditos, entre cada historia hay un separador con ‘chistes tontos’ -algo con lo que Nick juega mucho en las redes sociales-, además de una historia  basada en una canción de Flema, la mítica banda de Ricky Espinoza. Hay que aclarar que la postal de Justin Bieber viene dentro del fanzine como regalo. Solo cabe decir una palabra: Tremendo.

La otra novedad de Zingo es el cuarto número de Padawan. Un fanzine que comienza a construir una cierta trayectoria en el medio, y que tiene posibilidades crecer. La antología mantiene a los mismos autores –Rex Lupus, Alico, Leox, Noelia Mol y Nick Gregory-, por lo que algunas historias con continuará siguen su marcha. Como es costumbre, las tapas siempre están a cargo de un talento, y esta vez le tocó a Jok.

El ahora antropólogo Ricardo De Luca, editó -años ha- un fanzine que alcanzó los diez números en un periplo de algo más de 4 años entre 2002 y 2006, y que contaba las historias del Urbanomutante, el misterioso guardián de Urbanópolis, una ciudad donde todo podía ocurrir. Duma Ediciones vuelve a reincidir con este clásico underground, lanzando una selección de los últimos 3 números de Urbanópolis, agregando dos episodios más, uno del primer número de la revista -pero redibujado para la ocasión- y otro inédito por completo. Son 96 páginas en blanco y negro, en formato 14 x 20 cm.  El libro cierra con un epílogo escrito por cierto servidor. A darle una chance que De Luca sabe lo que hace.

Luego de hacer Crónicas de Tinta,  el bueno de Marce Martí reaparece con Cyra y la Vida, una tira cómica que sigue las vivencias de Cyra, una chica cínica -y hasta anarquista- que tiende a romper las reglas de manera continua. La protagonista está acompañada por su -única-  amiga, Pilar, casi su contracara -hippie y siempre alegre sin importar qué-, y su mascota, un cuervo bocón y de pasado dudoso. Las historias de Cyra lo abarcan todo, desde escaparse de clases en la escuela, a la apertura de un portal interdimensional en el inodoro de su casa, o llevar a la esclavitud a una comunidad de duendes que viven debajo de su cama luego de comerse a su reina. Si hay una situación complicada, ella seguro está ahí para sacar provecho. Después de cierto tiempo sin publicar, en este regreso, Marce Martí muestra un trazo más suelto pero a la vez seguro, con buen manejo de los grises.

Antes de seguir adelante, hay que mencionar un nuevo talento de reciente aparición, se trata de Tatiana Cuccaro, mejor conocida en el medio como Blinka, y que lleva 5 números de su revista Queseyó. El terreno del fanzine por lo general depara este tipo de sorpresas, alguien que hace algo casi en secreto y que uno tiene que estar ahí para poder encontrarlo, el asunto es que Queseyó es una buena historia, liviana, sonriente, actual, bien contada y con buenos diálogos. Por supuesto que desde el aspecto formal hay cosas puntuales para mejorar, algunas perspectivas, proporciones y el trabajo de fondos, pero lo principal está, el trazo del dibujo es correcto, tiene posibilidades -y por momentos recuerda a Maitena-, y los personajes funcionan. Con respecto a la historia, Robin, una chica de 21 años, se muda fuera de la casa de sus padres y se va a un alquiler compartido, donde conoce a Félix, un muchacho solitario y algo osco. Los nuevos compañeros no podrán evitar ese choque de trenes en colisión que es el amor, pero, en el medio, amigos y enredos hacen las cosas muy divertidas de leer. Si vas a comprar un fanzine, que sea este. Y ojo con Blinka, que se viene.

Para este Dibujados, Frideld lanza a través de Kanazuchi Productions  un nuevo tomo de Onigamen, la segunda parte de En Viaje a Onigahara, donde continúan las aventuras de la sacerdotisa japonesa Sanae, sus demonios protectores Kensei y Haku, el hechicero -y ejecutivo de ventas- Yasuhiro, y la espadachina Tomoko que por fin se reúnen para hacer frente a un mundo diabólico donde deberán luchar contra la bruja Kegare y sus seguidores. Para para volver a casa, nuestros héroes tendrán que enfrentar a los fantasmas de su pasado se  que les pondrán las cosas aún más difíciles, porque como dijo Spinetta, ‘después de todo tu eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un solo paso‘. Lo que hace Frideld está muy bien, en especial porque pone el énfasis en el desarrollo de la historia, cuidando los diálogos y la construcción del relato. El dibujo es correcto y cumple su función, juega con la masa de negros plenos, aunque con poca modulación de la línea.

Dejamos a los pesos pesados para el final. El amigo César Libardi,  factótum de Rabdomantes Ediciones pega fuerte con tres ediciones. La primera es Paint it black, de Rodrigo Canessa y Nicolás Barbera. La sinopsis dice así: ‘Icarus deambula las calles de Diamond City buscando venganza y justicia, pero cuando un mal mayor aparece, este vigilante se verá cara a cara con su crudo pasado y deberá tomar las decisiones correctas para que todo no termine en una tragedia. Nos sumergimos en la vida de Icarus Black y su lucha contra la corporación Stardust y un enigmático enemigo conocido como Raybakov‘.  En tanto que la segunda es Flash Card Mistery Man, de Damián Connelly y Fernando Calvi. La historia se pregunta ‘¿Qué pasa cuando te despertás en un sótano frío y húmedo y te das cuenta de que ya no sos humano? Nathan es un androide que tiene una misión: Encontrar a una mujer conocida como Baby Blue. Guiado por unas extrañas tarjetas, él deberá sortear una gran cantidad de obstáculos y por sobre todas las cosas, resolver varios misterios.’ Ambas publicaciones son parte del subsello Ojo Eléctrico, al cual hay que estar atentos, pues promete una catarata de títulos para los meses que siguen, todo en formato 17 x 24 cm.

Dejamos el tercer lanzamiento aparte puesto que requiere cierta dedicación. Si algo nos dejó la edición de la efímera y errática Bastión por parte de Gárgola Ediciones en la primera década del nuevo milenio eso fue Angela de la Morte, del enorme Salvador Sanz, y el clásico instantáneo que fue -y es- El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y German Erramouspe. Dice Andrés Accorsi en el prólogo, ‘El Hombre Primordial es atípica en todo. Habla de sexo, religión y política, despliega un nivel de violencia escabroso, prolijamente ornamentado con una sutil pátina de poesía, y hasta se da el lujo de indagar en un personaje que tiene síndrome de Down…Realmente impredecible, impactante, conmovedora. El resultado es una gema extraña de la Historieta Argentina”. Para esta edición las páginas fueron corregidas y reletreadas, el producto final hace brillar aún más los logros de la obra. Hay que decirlo, esto es compra obligada. Son 108 páginas, en formato 17 x 24 cm.

En el final del recorrido, queda recomendar los dos tomos de una obra que va creciendo con cada página, JellyKid, de Franco Viglino. Editada por Purple Books, a la edición del segundo tomo, se la acompañó con la reedición del primero, ahora con una nueva tapa -alucinante-. No hay mucho para decir excepto que la historia crece en desarrollo y se complejiza sin perder la frsecura, esto es aventura pura, lo que nos gusta, bah. La sinopsis del segundo tomo dice así, ‘Oliver lleva bastante tiempo siendo Jellykid, el chico con poderes de aguaviva que defiende a la Tierra y sus habitantes. Una nueva amenaza se esconde en el fondo del océano y, en esta ocasión, nuestro héroe se une a una vieja enemiga, Pangea, para enfrentar a la raza de antiguos seres conocidos como Jellynoids‘. Para el que siga a Franco Viglino, esta nueva aventura del Jellykid es un derroche de talento. La calidad de impresión del libro es apabullante.

Bueno, eso es todo por hoy. Nos vemos en el Dibujados, el único evento del mundo donde la historieta, la amistad y la cerveza se mezclan en partes iguales. ¡Qué más querés, papá!

A lo largo de distintas entrada hemos recorrido el devenir del movimiento independiente de historietas en Argentina durante la década del 80, poniendo especial acento en las publicaciones de información sobre el medio, Crash!, Top!, Akfak, Fandom, Comiqueando y Comic Magazine. Y dejando un poco de lado los autores y editores que se enfocaron a realizar historietas.

Lo que sigue a continuación es un breve recorrido por algunas publicaciones de aquellos años, que de alguna u otra manera marcaron la temperatura creativa de ese entonces. Por supuesto, este recorrido es parcial e incompleto -se quedan afuera revistas como Plástico, Kaput y O no, por ejemplo-, pero es un buen punto de partida para recuperar una memoria de lo que fue. Y es que al fin de cuentas, el presente de nuestra historieta proviene de acá.

Allá vamos, hacia el rejunte de números sueltos.

 

 

Existe un conocido dicho, sobre todo aplicado al cine, de que ‘segundas partes nunca son buenas y ni hablar de las terceras’. Por suerte, cada tanto aparecen obras que marcan la diferencia, y establecen que el objetivo de toda saga debería ser superar la entrega anterior, no disminuir la calidad. Así es el caso de la Liga del Mal, un grupo de seis artistas todo terreno –Gerardo Baró, Tony Ganem, ‘Industrias Lamonicana’, Patricio Plaza, Diego Simone y Pablo Tambuscio-, que en el 2012 se juntaron en un chat de Facebook para charlar, intercambiar anécdotas, conocimientos, etc. Entre tantas idas y vueltas decidieron presentar sus propias historietas por la red social. De a una página por semana, con temáticas e historias independientes uno de otro, cada artista subía su trabajo y, cada vez que completaban un ciclo de historias, recopilaban esos trabajos en libros, primero por la difunta editorial Llanto de Mudo y este año, el tercer y último ciclo, por LocoRabia -junto con Grupo Belerofonte-. Hay que destacar que las ediciones impresas cuentan con hermosas portadas de Julián Totino Tedesco presentando todos los personajes centrales de cada entrega.

Aunque el primer libro impreso se encuentra agotado, no es obligatoria su lectura para entender los siguientes tomos -aunque a veces hay guiños ocultos entre los autores que se reconocen o disfrutan más habiendo leído todo-, y además las historias que lo componen se pueden leer en su versión original en Facebook. Otro punto interesante es que si bien hay historias más cómicas y otras más de suspenso, en general todas son dinámicas y con mucha acción, casi no hay nada de estilo intimista. Se podría decir que el ‘mal’, como entidad invisible e incluso como justificación del título, está siempre presente en los conflictos que atraviesan los protagonistas, ya sea enfrentándolo y, a veces, aceptándolo.

Tony Ganem -colaborando con Manu Perotti en guión-, es el único que rompe un poco el molde unitario: sus tres capítulos se entienden perfecto por sí solos pero tienen los mismos protagonistas y ambiente, lo que le da cierta continuidad y orden de lectura. Es una mini saga que se burla de los clichés del género de espada y brujería: el aventurero, la aldea azotada por un monstruo, las tabernas, los dragones… Nada se salva de la sátira, en especial el pequeño pollo protagonista. ¿Usar animales antropomórficos en un mundo de espada y brujería será un guiño del autor a La Mazmorra de Joann Sfar? Ni idea, pero son tres capítulos muy divertidos y bien dibujados, sobre todo el segundo donde Ganem usa dibujo y color tradicional en vez de digital.

Otro que cambia un montón su estilo de dibujo entre cada ciclo hacía una linea cada vez más depurada es Diego Simone. Su primera historia, El horror sin nombre, es paranoica, sangrienta, graciosa y ambigua en la interpretación, ¿está loco o no Fermín, el niño matador de demonios disfrazados?

Su segunda historia también se aproxima a una variante del terror más o menos conocida, la del grupo familiar retorcido, morboso y lleno de secretos. Un extraño, apodado El Muerto -tan parecido al Dyango de Franco Nero, que hasta arrastra un ataúd- llega para complicar u arreglar los ‘quilombos’.

Sin duda la joya de las obras de Simone es Las perras diamante: ciencia ficción estilo ciberpunk, mucha psicodelia y algo de sexo explícito, reunidos por una narrativa y puesta en pagina que dan envidia. Si Guro, el trabajo de Simone editado por Szama Ediciones, es la mitad de bueno que Las perras…, seguro es increíble.

Rey del terror, de Gerardo Baró, es un hermoso homenaje a Ultraman, Godzilla, Power Rangers y cualquier otra bomba mental oriental para los que crecieron entre los 70 y 80. El dibujo es limpio, caricaturesco y espectacular. La trama es muy simple pero bien dosificada en información para que recién en la última página se entienda todo.

Para el segundo libro, Baró hace Macabro, una mezcla el mito de Orfeo -el músico griego que bajó al inframundo para rescatar a su amada- con el Western y la mitología mexicana, en una fusión rarísima pero que resulta muy atractiva.

La ultima historia de Baró es Rey de la ruta, dibujada en estilo más cartoon, con reminiscencias de Kyle Baker, y con mucho humor -el personaje uruguayo es glorioso-. Tiene emoción, acción, todo. Baró es uno de los artistas que pega tres gemas de corrido.

‘Industrias Lamonicana’ arranca con 2 Deaths, un historieta llena de referencias: The Spirit, de Will Eisner, un villano igual a Jorge Porcel, e incluso una reflexión sobre el cambio de estilo de los cómics norteamericanos durante el periodo llamado ‘Edad Dorada’. Los detalles son geniales; por ejemplo, varias onomatopeyas son los apellidos de los otros dibujantes de la Liga.

La segunda trama ‘lamonicana’ es Dios Devorador, una historia simple pero que hace reír. No se puede negar que presenta un lindo elenco de personajes grotescos, eso sí.

Al igual que en el caso de Simone es en la tercera oportunidad donde todos los elementos cierran muy bien: Video-home, pesadilla analógica, es ganchera, inquietante, con los personajes muy bien escritos y con un gran manejo de la tensión hasta el final.

Pablo Tambuscio tiene tres historias que me parecieron excepcionales: Taipei, Marina y sobre todo Post Mortem son todas escalofriantes y con personajes muy queribles, por lo que las tribulaciones que atraviesan generan mucha preocupación en el lector. El dibujo y el color es brillante, muy expresivo y detallista.

Por fin, tenemos a Patricio Plaza; sus tres historias tienen en común dos cosas: la exploración de las creencias religiosas y la evolución de los protagonistas a través de un cambio fundamental . Orgón es muy delirante y Homúnculo me parece que pierde fuerza en un desenlace confuso, pero La logia blanca funciona muy bien como metáfora de la aceptación de la identidad sexual. En la primeras dos historias, Plaza privilegia la potencia del dibujo, en cambio en La logia blanca se muestra mucho más prolijo y refinado.

Es muy evidente que todos los miembros del grupo pusieron lo mejor, metieron todas sus fichas -sobre todo en el tercer tomo- y terminaron cerrando no una sino tres antologías divertidas, bizarras y con un nivel de calidad altísimo. Una gran vidriera de autores a tener en cuenta.

Bertolucas, Sergio ‘Morbo’ y Fabián García, años atrás.

Existe un grupo de autores unidos por una característica común, y es que sus actividades en el medio independiente atravesaron más de una generación fanzinera. Tal es el caso de Fabián García, un editor incansable con incontables publicaciones a cuestas –Buenos Aires Robot, Viernes Negro y Papel Pesado, entre ellas- y David Veloso, mejor conocido por sus seudónimos –Fermín, Davide y Tinta Cruel, entre otros-.

Alberto Gerardo Dziewguc -(a) Bertolucas– es otro de los miembros de este reducido grupo, puesto que comenzó participando del famoso Subtemento Óxido de la primera encarnación de Fierro, durante la segunda parte de los 80. Y hacia 1991, concretó su primera publicación ‘subte’, Ave Rapaz, con colaboraciones de Humpy Slipperman, Sergio ‘Morbo’, Nehs, Alejandro Codesido, y el ya mencionado Fabián García.

En 1997, sumado en parte al grupo El Imperio Editorial -que publicó los cinco números de Suélteme! y los dos de Óxido de Fierro-, editó bajo el sello Ediciones ‘Acá Andamo’, los dos números de Karkof, una antología con colaboraciones de Max Cachimba, Coca, Bulzomí, Natus, Albertarelli, Nehs y Echaniz. Por fin, en 2004 editó los dos números de Río Abajo, una antología en solitario que reúne algunos de sus mejores trabajos recorriendo géneros como la ciencia ficción y el policial, El Marinero Turco y Fabián García aportan algunas ilustraciones.

El dibujo de Bertolucas se destaca por el manejo del claro oscuro, con buen dominio del pincel, donde las masa negras se funden con naturalidad, logrando una puesta en página clásica pero a la vez dinámica. Sus guiones siempre revelan un dejo de irreverencia, como si hubiese un chiste que todavía no se ha dicho, algo que ayuda a aliviar la carga dramática de su pincel. En resumen, un autor que hoy es desconocido por los nuevos lectores, pero que dejó tras de sí un puñado de buenas historietas. No es poco.

Se podría definir a Comic Magazine como la culminación de un proceso de consolidación del fandom vernáculo y su integración definitiva al medio comercial. Ese desarrollo cronológico ocurre a lo largo de una década, y si bien incluyó a muchos fanzines de historietas -de donde surgieron autores, guionistas y dibujantes, que se unieron a la industria de manera paulatina-, donde más visibilidad tuvo fue en los fanzines sobre historieta -o sea, los que cubrían el medio desde el periodismo-. Y esa exposición fue por partida doble, no solo muchos de esos aficionados se transformaron en editores comerciales, sino que también se convirtieron en formadores de opinión.

Esa cronología se desarrolla así:

  • 1979: Crash!
  • 1982: Top!
  • 1983: AKFAK
  • 1985: Fandom
  • 1986: Comiqueando
  • 1989: Comic Magazine

Comic Magazine representa el ingreso de Javier Doeyo al mundo editorial, en donde no solo ejerció la función de editor y director, sino que también tomó parte en el diseño, diagramación e impresión de la revista. En sus páginas congregó a una variada gama de especialistas surgidos del fanzine, entre ellos Fernando García y Hernán Ostuni, provenientes de AKFAK, en donde reeditaron mucho de ese material y además aportaron nuevos artículos; Andrés Accorsi, quien luego de dirigir Comiqueando se había incorporado al staff de Ediciones Record con la columna El Club del Comic -y que luego de un viaje a la San Diego Comic On, trajo una serie de entrevistas exclusivas-; José Luis Tasinazzo, encargado de las novedades de cine, TV y video; Marcelo Ciccone y Joche, provenientes del fanzine Surmenage, haciendo ‘historietas homenaje’ a personajes emblemáticos; Javier ‘El Niño’ Rodríguez, autor del fanzine Kaput, con diversas tiras de humor, más las colaboraciones esporádicas de Pablo J. Muñoz, del fanzine HGO; y talentos surgido del Subtemento Oxido de Fierro, como Esteban Podetti o Roberto Cubillas -(a) Cuk-.

Comic Magazine tuvo 4 números publicados entre octubre de 1989 y septiembre de 1990, los dos primeros en formato vertical -20 x 28 cm.-, y los dos últimos en formato cuadrado -30 x 30 cm.-; al mismo tiempo se lanzó Comic Magazine ‘El Diario’ en formato cercano al tabloide -28 x 39 cm.-, un poco más enfocado en la actualidad, pero sin perder las notas de fondo, y que alcanzó las 10 ediciones entre julio de 1990 y octubre de 1991 -aunque al tener números dobles, la numeración alcanzó el 12-. Además, hubo una edición especial por el Primer Salón Internacional de la Historieta y el Humor Gráfico, en abril de 1990, con un dossier exhaustivo sobre el Loco Chávez, el célebre personaje de Carlos Trillo y Horacio Altuna.

Javier Doeyo abandonó su rol de director editorial tras el número doble 10/11, para embarcarse en el que sería su proyecto editorial más ambicioso hasta entonces, la revista de historietas Cóctel Molotov. Quien ya se desempeñaba como director de contenidos, Fernando García, asumió la conducción total de la revista, para editar un último número, el 12. Luego, la publicación pasó a integrarse con la mencionada Cóctel Molotov.