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Si hay una editorial que aprovechó al máximo la temática de las mutaciones, sin dudas es Marvel Comics: la franquicia ‘X-Men’ es una de las más conocidas en todo el mundo, generan millones en merchandising y dibujantes estrellas convirtieron a los ‘mutantes odiados y temidos’ en facheros y musculosos. En conclusión, ser mutante en Marvel no es tan malo. Pero se puede dar el reverso, ser un mutante en la serie ‘Birdman’, creación de Ziul Mitomante desarrollada con Nicolás Viglietti, donde la misma idea es filtrada por el colador del humor negro y la sátira social.

Si a los X-Men los dibujaba Jim Lee, el trazo (y color) de Mitomante está más cerca de la animación cruda y visceral de cartoons para adultos como ‘Bojack Horseman’. Y si Marvel edita 20 títulos con mutantes por mes, el colectivo Prendefuego mantiene con pasión un micro universo de dos revistas y tres spin-offs, todos editados con amor, calidad y bajo costo para tener más llegada, incluso con distribución gratuita en la página web de los autores.

¿De que tratan los dos capítulos de ‘Birdman’ editados hasta el momento? Un determinado día aparece una grieta en el cielo y un montón de personas con mala suerte se despiertan con deformaciones y poderes. Pero no poderes copados como volar o tirar rayos por los ojos, eso le toca a unos pocos que son reclutados por el gobierno; al resto se les asignan apodos ofensivos, degradantes tareas como oficio’ y encima los obligan a presentarse en clases de apoyo motivacional.

Viglietti y Mitomante balancean el humor negro, la lastima y la ternura para encariñarnos con los personajes más allá del grotesco visual, remarcando la marginalización de la sociedad ‘normal’, porque en ‘Birdman’ es mejor ser pobre que mutante.

Algo que le queda corto a los dos capítulos es el espacio: en 24 páginas recién cubrieron la presentación de personajes y un escenario importante (la sala de apoyo grupal), mientras que otras tramas como los recuerdos de Birdman (el ‘afortunado’ protagonista con cabeza de pollo) o los experimentos militares quedan con menos espacio, juntando de a poco secuencias que los hagan relevantes.

Como mencione antes, la revista principal de ‘Birdman’ ya dio lugar a spin-offs donde autores invitados desarrollan personajes mencionados en la serie central o creaciones propias pero en el mismo entorno y marco presentado en ‘Birdman’. Lo mejor de estos cuatro ‘Birdman presenta:’ es que además de empezar y terminar en una sola publicación, tienen estilos y puntos de vistas muy distintos a la serie central.

‘El enorme pequeño Juan’ de Fernando Calvi es otro tributo a la inocencia y potencial de los superhéroes que al autor tanto le gusta hacer (para muestra solo hay que ver la línea ‘Ser Súper’ editada por Szama Ediciones o el material subido en Tótem Comics cada semana). Calvi produce un desfile de guiños, colores estridentes, captions sin borde, reflexiones filosóficas y una nena que le encantan los superhéroes, porque pensar que es cosa de varones es de nuestros abuelos. También es la única revista relacionada con ‘Birdman’ que muestra en más detalle el ‘fenómeno’ espacial que provocó las mutaciones.

‘Vértigo (deshechos)’ es de dos autores que vale la pena seguir en futuros proyectos: José Arizmendi y Feru Icchi. Que el protagonista haya recibido una habilidad que hace que nadie pueda acercársele a menos de dos metros solo remarca lo desagradable que era desde antes: fascista, machista y con apenas una ligera fibra moral para investigar un caso que involucra corrupción policíaca ‘porque no es que se les fue la mano con algún negro’. La historia es breve, dura y contundente mientras que el dibujo es claro y muy prolijo, con colores planos resaltando ciertos aspectos (el amarillo, por ejemplo, para las náuseas que provoca el protagonista; desconozco si hubo alguna intención política en ello). De yapa aparece el mutante con el nombre más guacho que podía recibir.

‘Niño Cósmico’ de Nicolás Lepka es el spin-off más espiritual y metafísico. Hay una frase muy conocida de que cada persona es un mundo; el niño protagonista puede confirmar que cada persona es un cosmos completo, lleno de estrellas que resplandecen con la fina línea gráfica de Lepka, autor con un estilo particular y reconocible.

El último ‘Birdman presenta’ hasta la fecha, ‘Food Porn’ de Juan Bertazzi y Hernán González, rompe con cualquier conexión a los clásicos superhéroes incluso desde su presentación gráfica. El argumento es satírico, ácido, violento y lo mejor logrado: recién en la última página cierra cual es el poder mutante del protagonista. El dibujo de González aunque es crudo y sencillo, aprovecha por completo el uso de texturas y distintos encuadres, logrando un efecto visual similar al de los cuadros de Roy Lichtenstein.

Como se puede ver el potencial creativo al que da lugar ‘Birdman’ es enorme y todavía se puede explorar mucho más.

 

 

 

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‘Programa y afiche del festival’

El pasado 2 al 4 de noviembre tuvo lugar la sexta edición de ‘Viñetas Sueltas’, festival de historieta internacional organizado por la asociación del mismo nombre con la colaboración del Ministerio de Cultura. La sede central del evento fue la Manzana de las Luces. ubicación histórica de Buenos Aires.

‘Viñetas…’ es un evento que apunta a la difusión de la historieta independiente a nivel mundial y a un público más específico que eventos comerciales como Argentina Comic-Con. La noche del sábado coincidió con la ‘Noche de los Museos’, evento masivo y convocante por lo que la concurrencia aumentó en gran cantidad y se presentó un espectáculo de banda en vivo junto al dibujante Robert Sikoryak, en una performance similar a las que realiza Liniers con Kevin Johansen.

La entrada y todas las actividades (charlas, talleres, firma de autores, ‘combates’ de dibujantes’, etc.) fueron gratuitas, bien organizadas y este año hubo novedades como la incorporación de ‘Viñetas Rápidas’, un espacio donde cualquier emprendedor podía dar a conocer su proyecto en cinco minutos.

Entre los invitados internacionales además de Sikoryak estuvieron SethDavid Proudhomme, Denis Kitchen, Sol Díaz y Marcos Tóxico, además de los artistas locales Ariel López V.Bernardo Erlich, Chanti, Clara Lagos, Gustavo Sala, Lilian Obligado (con una muestra retrospectiva de su obra en el Museo Histórico Nacional), Loris Z. y Nahuel Sagárnaga (firmando ejemplares de ‘¡Corré, Wachín!’ con el mismísimo Wachín). También estuvo presente el maestro Horacio Altuna y otros autores fuera de programa.

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Una de las muestras del festival estuvo dedicada al libro ‘Capisci?‘, una antología producida por el estudio Mafia con impresión risografica y que cuenta con la colaboración de 63 autores de toda Latinoamérica. Lucia Brutta, miembro de Mafia y también invitada al festival, ya había adelantado este libro en una entrevista de Zinerama. En el mismo post pueden ver un vídeo de Lucia trabajando con este artesanal y encantador método.

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En los stands presentes se podía encontrar a la agrupación Nueva Historieta Argentina, los colectivos editoriales Prendefuego y Big Sur, las editoriales Tren en Movimiento, NoviembreSalamanca Comics, las distribuidoras Districomix y A4 o las librerías especializadas Punc y Espacio Moebius.

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Por último les dejo el link del álbum completo de GEO con toda la cobertura

Durante la segunda parte del año aparecieron varios fanzines valiosos, tanto por la calidad de su arte como por lo cuidado de sus ediciones, pues en esta época de avance tecnológico, la forma en que una obra se edita influye de manera decisiva en el gusto del público a la hora de acercarse a ella.

Matías Mendoza dibuja, escribe y edita desde hace un tiempo y de buena manera, integrando el equipo de Telecomics y a través del webcomic Vegetare para Atmósfera Editorial. Este año además lanzó dos fanzines que se las traen. Uno de ellos es Nakano y la máquina, contado una historia que mezcla fantasía y ciencia ficción, donde la realidad hiperindustrializada se mezcla con la pesadilla del mito. La visión que propone Mendoza es interesante, es la industrialización la que convierte a los hombres en demonios, y frente a ello, Nakano -que lleva la tragedia en su piel-, decide combatir y llevar a cabo su venganza. El dibujo es sintético pero tortuoso y la puesta en página es intensa, resuelta en pocos cuadros donde los escorzos y las visiones angulares destacan. Los textos son complejos, jungando entre el lenguaje metáforico y  las definiciones contundentes. La presentación sobresale por la elección de materiales, tapa color, insert desplegable en papel de color, e interiores a una tinta en papel misionero.

El otro es El Hambre, que desarrolla una historia de ciencia ficción en una Tierra prehistórica, contando el primer encuentro de nuestros antepasados humanos –australopitecos– con un ser extraterrestre de inteligencia superior. De ese encuentro, se deduce por consecuencia el nacimiento de la conciencia humana, sin embargo lo que interesa es cómo eso sucede. El dibujo se puebla de cuadros pequeños contando una secuencia yuxtapuesta que se resuelve en cuadros a página completa.  Por momentos, el trazo de Mendoza encuentra sus influencias en el Breccia de Mort Cinder y en el Olivera del primer Gilgamesh. Los textos por otro lado, cuentan la historia desde dos puntos  vista distintos, el extraterrestre y los monos, y demandan atención por parte del lector. La presentación es impecable, tapa color, un prólogo en papel de color celeste e interiores a una tinta en papel amarillo. En resumen, Nakano y la máquina y El hambre son dos joyas.

Este año, el bueno de Kokin Kokambar, amén del recopilatorio de El Capitán Supositorio, lanzó un publicación secuenciada de nombre Historietas Extraorinarias, en formato apaisado (20,5 x 9 cm.), a razón de una tira por página. Kokin es la demostración cabal que para ser un buen historietista no hace falta ser un dibujante eximio o  un guionista fenomenal, sino tener una buena idea y saber llevarla a cabo. Y en eso está todo, desde la elección del formato singular que realza y pone foco de manera individual en cara tira hasta desarrollar varias historias paralelas que van entremezclándose hasta ser solo una. Así, el autor juega a despistar para después unir las piezas y hacer que todo encaje sin forzar las situaciones. El dibujo muestra progresos en la síntesis, y los diálogos son siempre ingeniosos manejando la parodia con soltura. El universo de Kokin es particular, plagado de cafeteros y vendedores de panchos, que atestiguan o son parte de un mundo descabellado y ridículo, donde la estupidez está al servicio de la risa de manera inteligente. Para hacerla corta, Historietas Extraordinarias te lleva a buen puerto.

Si de regresos con gloria se trata, Pablo García y Jorge Blanco vuelven a la carga con Camulus, el dios céltico de la guerra y guardián del Tír na nÓg. Para andar sin rodeos, la historia es una de las mejores del personaje y, también, de las más necesarias, puesto que después de 19 años de andanzas en publicaciones esporádicas, una puesta al día con los lectores se hacía imprescindible. Con una tapa potente y a lo largo de 24 páginas, plagadas de cuadros a página completa en riguroso blanco y negro, García repasa la historia de Camulus, con textos en primera persona, que ponen los hechos al alcance del lector, manteniendo la tensión narrativa y sin caer en obviedades; mientras que Blanco logra desde el dibujo uno de sus picos artísticos, haciendo de este fanzine la antesala ideal para la edición definitiva de El dios fugitivo, la historia que quedara inconclusa tras la cancelación la revista Magma, allá por el 2009, y que está anunciada para el año que viene en formato libro. Dicho de otra manera, la Saga de los dioses sirve de puerta de entrada para uno de los grandes personajes del cómic independiente argentino y te deja con ganas de más. No es poco.

Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.

La antología Términus se publicó con periodicidad trimestral desde el año 2012 hasta el 2016. Durante doce números abarcó un interesante elenco de artistas nacionales e internacionales con o sin trayectoria profesional. El enfoque apunta a historias autoconclusivas o de pocos episodios, con énfasis en los géneros de acción, ciencia ficción, policial y terror.

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Términus 01, portada de Maximiliano Bartomucci y Germán Peralta

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Términus 03, portada de Damian Couceiro

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Términus 04, portada de Germán Peralta

Algo que queda muy claro con solo hojear los primeros cuatro tomos es que el nivel gráfico es impactante; en donde se notan las fallas es cuando se presenta una muy buena idea pero no alcanza la cantidad de páginas para ser desarrollada a pleno, un problema común de casi todas las antologías con un elenco plural de autores.

Por ejemplo Las puertas abiertas (Términus 02) de Sebastián Cabrol es un relato de casas embrujadas que arranca de forma típica, con una familia a punto de mudarse al hogar, ¿dulce? hogar… y termina con una vuelta de tuerca en las ultimas viñetas que te dejan loco, querés ver como sigue, 40 páginas más de eso, o al menos otra historia que retome los personajes. Y no, queda ahí.

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Las puertas abiertas, Sebastián Cabrol

Otro segmento que daba para más desarrollo es La Nana (Términus 03) de Marianela Martín y Juan Pablo Vaccaro, un crudo relato de terror sobrenatural, con una carga dramática fuerte, que mezcla ficción con hechos bélicos reales. Interesante pero breve.

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La Nana, Martin / Vaccaro

Ya que lo mencione me voy a detener una líneas en Vaccaro, un dibujante que desconocía y que me impresionó con los distintos estilos gráficos que maneja en cada historia. Por ejemplo, en Parto (Términus 01) usa un estilo foto realista, similar a las portadas de Rodolfo Migliari, para un relato de naves espaciales y cucarachas gigantes. La historia no me pareció interesante pero funciona para el lucimiento gráfico. En cambio en la ya mencionada La nana o La traducción (Términus 02, guión de Gastón Flores), un buen relato policial, se aprecia mejor la habilidad para la narrativa y la apuesta por las masas negras para los efectos de iluminación, algo que hace de Vaccaro un dibujante a tener en cuenta.

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Parto, Juan Pablo Vaccaro

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La traducción, Flores / Vaccaro

Otro dibujante que no conocía es Roberto Viacava, de estilo realista, prolijo y detallado; narra con gran soltura la parte visual de Caro (Términus 04) mientras que los captions y voces en off en un tiempo desfasado (todo escrito por Hernán Carreras) completan y cierran el total de la obra; buena forma de presentar el duelo entre dos hombres enfrentados por las razones equivocadas.

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Caro, Carreras / Viacava

Gastón Nicolás Flores en 20 dólares (Términus 03) se manda un policial sucio y jodido,  digno del más puro genero noir, con unos dibujos de Lisandro Estherren ideales para este tipo de trama con ambiente tan sórdido. Otro policial de Flores es Seda roja (Términus 01), con femme fatale incluida y todo; en esta ocasión el dibujo de Santiago Madile no me llamó la atención pero hay que aclarar que en la impresión se perdieron los detalles de color rojo que tenían las páginas originales.

Dos sagas que se continúan en los primeros tres números (con fichas de personajes en la Términus 04) y comparten el guionista (Ariel Grichener) son Chess Masters (con dibujos de Juan Manuel Frigeri) y El Individuo H (dibujada por Germán Peralta). La primera me pareció un cúmulo de lugares, situaciones y personajes comunes, pensada para la acción sin demasiado contexto ni desarrollo. Un grupo de mercenarios son convocados a una misión especial por una organización que desconocen. El trabajo de Frigeri por otro lado me resultó un poco estático, más enfocado en las poses, los pin-ups y la espectacularidad visual que en la narrativa.

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Chessmasters, Ariel Grichener / Juan Friggeri

En cambio, El individuo H me generó más interés. También cae en un montón de estereotipos en los personajes (y si, también hay un grupo de mercenarios/soldados) pero el guión tiene un elemento sobrenatural relacionado con la religión muy atractivo. Y sin dudas el ancho de basto de esta saga es el dibujo de Peralta, excelente en narrativa y manejo de los contrastes y los grises, dando cuenta de todo su aprendizaje junto a Eduardo Risso; no por nada hoy en día es uno de los dibujantes nacionales con más trabajo en empresas como Marvel Comics.

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El individuo H, Ariel Grichener / Germán Peralta

Otra serie que está en todos los números es Cuentos costeros, escrita por Luciana Maruca. Se trata de historias unitarias ambientadas en ciudades cerca de la costa, sea Montevideo en la actualidad o Normandía en la Segunda Guerra Mundial, todo vale. Son relatos breves,  redonditos, con vueltas de tuercas bien pensadas en los remates y un dibujo de Germán Curti que cambia mucho en cada entrega. Muy recomendable.

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Cuentos costeros, Germán Curti / Luciana Maruca

Diagnóstico incierto de Maxi Bartomucci (dos capítulos, Términus 01/02) es una historia de terror de principios del Siglo XX, con todos los formalismos clásicos de la literatura de esa época (por ejemplo: dos personajes dialogando sobre un suceso ya acontecido, en este caso lo que ellos consideran un ataque de un enfermo mental y que termina siendo mucho más). El dibujo acompaña con un tono ideal, con detalles que me recordaron a Marcelo Frusín y Eduardo Barreto.

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Diagnóstico incierto, Maxi Bartomucci

Otra saga de dos capítulos es Un caso pragmático, de Maximiliano Cabral y Sebastián “Sala” Zalazar (Términus 03 y 04). Es un misterio de cuarto cerrado con la variante de que todos los personajes son homenajes al género de “hombres misteriosos”, precedentes directos de los superhéroes. Diálogos graciosos y un dibujo que recuerda el estilo de las series animadas de Bruce Timm, pero con más violencia.

En Términus 03 aparece por primera vez en Argentina Rip Van Helsing, un personaje pensado por el legendario Ricardo Barreiro y desarrollado por el equipo de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana para una editorial europea. Santana es un dibujante muy interesante y hábil para las escenas de acción que presenta cada capítulo, con pocos diálogos, así que la machaca contra vampiros, fantasmas y demás yerbas malas sobrenaturales está garantizada. Recientemente Términus (como editorial) recopiló un libro con sagas más extensas del mismo personaje.

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Rip Van Helsing de Barreiro, Ferrúa y Santana

Fernando Baldó, el autor de Hostil y abyecto (además de varias obras con Diego Agrimbau) presenta en Términus 04 El Ocaso, una historia de tribus, tradiciones y combates. Más que la historia quiero destacar el trabajo con grises y el detallismo en las expresiones, marcas registradas de Baldó.

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El Ocaso, Fernando Baldó

Otro artista con muchas obras publicadas, Dante Ginevra, en la Términus 01 mete una historia de ciencia ficción de solo tres páginas pensada justo para esa extensión, con un dibujo brillante.

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El número 32, Dante Ginevra

Y por último (pero no menos importante) me quedó Bruno Chiroleu con cuatro historias tensas, muy inquietantes, que se meten mucho en la psicología de los protagonistas. La cuarta en particular (Blas, capítulo uno) es la que más me gustó en dibujo, argumento y me pareció que es la que mejor aprovecha el uso de las tramas de grises, un poco excesivas en las anteriores. Además Blas engancha mucho con la pregunta filosófica de si modificar el recuerdo de un mal acto también corrige el destino del alma

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Blas, Bruno Chiroleu

Mi balance de estos primeros números de Términus es positivo, sobre todo por apostar con calidad y buenos autores al formato antología, criticado hoy en día pero fundamental durante décadas para la historieta nacional y europea.

En esta segunda parte del año, se observa una seguidilla de eventos de historieta que concentran gran actividad, en especial porque a partir de mañana, con la catorceava edición de Dibujados y -en menos de 2 semanas- con la cuarta edición de Comicópolis, los editores ponen oficialmente todas sus novedades al alcance directo del público. En general, hay una tendencia que se mantiene en estos últimos años y es que el volumen de lanzamientos siempre va en constante aumento. De hecho, este recorrido por las nuevas ofertas editoriales, se suma al que ya hizo Sergio Schiavinato, con la certeza que se necesitarían 2 o 3 notas más como para hacer una cobertura exhaustiva de la escena actual. Pero ya queda en manos del lector animarse, ir, charlar con los autores, atreverse con cosas nuevas, hay un mundo de historietas por descubrir. Por último, es importante mencionar que en el próximo Comicópolis, el sector fanzines va a tener un total de 200 expositores, una cifra que probablemente sea un pico histórico de participación y actividad. Hay historieta para rato, señores. Ahora sí, a los papeles.

Los amigos de Panxa Editorial, que también forman parte de la organización de Dibujados, siempre tienen cosas nuevas que mostrar. La primera cosa que hay que mencionar, es la edición del demorado Cíclico, el libro de Luis Gory, que por complicaciones de último momento no llegó al Dibujados pasado, pero que esta vez está listo en tiempo y forma. Cíclico explora lo circular de los ritmos vitales y está escrito y dibujado por Gory, con textos de Godofredo Fink al principio de cada capítulo. Son 48 páginas, a todo color, en un formato algo atípico -12 x 17 cm.-, cosidas a la manera japonesa. Un libro objeto. Además, Federico Ferro -(a) Epileptic Fred– edita Los Caminos del señor Nada. El personaje fue una sección fija en la revista Panxarama y también apareció en la revista-libro de ciencia ficción Cuásar, además de inaugurar la colección Libros de Juguete con PLOC. La historia es muda y en completo blanco y negro. El libro tiene un formato 14 x 20 cm., en cartoné lomo recto.

La colección Libros de juguete agrega un titulo más ya que El pozo, el amo es el volumen 7 de la colección. La obra es un trabajo de Juani Navarro, sobre textos de Rafael Barret -escritor anarquista español-. Navarro es un autor particular, con un estilo de dibujo que conecta con el underground norteamericano –Robert Crumb y Peter Bagge-, pero con una inconfundible impronta argentina. Su obra Pueblo Chico, también editada por Panxa hace unos años, lo mostró como un autor maduro y listo para que más lectores lo conozcan. El pozo, el amo es un minilibro -5 x 7 cm, o sea, un A8 refilado- y la encuadernación es cartoné lomo recto -o sea el tapa dura tradicional-. Todas las encuadernaciones de Panxa son un trabajo artesanal, algo a lo que Federico es muy afecto y maneja con excelencia. Para un bibliófilo y coleccionista de libros objeto, estas ediciones son la perdición absoluta.

Desde la costa del sudeste bonaerense -osea, Mar del Plata y aledaños-, llega una nueva editorial de nombre Faro Negro, dirigida por 3 artistas de la  zona –Kundo Krunch, Lou y Manu Amagi-, que se propone como una cooperativa de autores, además de una familia y una trinchera para historieta independiente y autogestiva. Entre sus lanzamientos está Pagano, de Raúl Andrés Gómez y Lou. Un magazine apaisado en formato A6 -14,8 X 10,5 cm.- a todo color, que cuenta una historia de horror, escrita por Gómez e ilustrada por Lou, que muestra los ancestrales secretos de una tribu y su misteriosa forma de procrear y cuya frase de apertura es ‘Escucha a través del viajero de los mil mundos su primer encuentro con los arboles místicos’.

El segundo título es Teatro Macabro, de Lou, una caja de madera tallada que contiene cuatro fanzines con historias unitarias que cuentan diferentes períodos y etapas en su vida.  Algunas son historias macabras, otras catárticas, en donde la caja es un símbolo de contención y final. Todo en formato A6 -10,5 x 14,8 cm.-.

El amigo Nick Gregory, ya en camino a convertirse en un histórico de la edición autogestiva, acaba de fundar su propio sello, hablamos de Zingo comics, que sale a la cancha con dos publicaciones. La primera es Punkpurrí, una recopilación de historias que Nick ya publicó en los fanzines Espinazo y Padawan, por lo que la revista en un recorrido por su carrera y su evolución en el dibujo. Hay también trabajos inéditos, entre cada historia hay un separador con ‘chistes tontos’ -algo con lo que Nick juega mucho en las redes sociales-, además de una historia  basada en una canción de Flema, la mítica banda de Ricky Espinoza. Hay que aclarar que la postal de Justin Bieber viene dentro del fanzine como regalo. Solo cabe decir una palabra: Tremendo.

La otra novedad de Zingo es el cuarto número de Padawan. Un fanzine que comienza a construir una cierta trayectoria en el medio, y que tiene posibilidades crecer. La antología mantiene a los mismos autores –Rex Lupus, Alico, Leox, Noelia Mol y Nick Gregory-, por lo que algunas historias con continuará siguen su marcha. Como es costumbre, las tapas siempre están a cargo de un talento, y esta vez le tocó a Jok.

El ahora antropólogo Ricardo De Luca, editó -años ha- un fanzine que alcanzó los diez números en un periplo de algo más de 4 años entre 2002 y 2006, y que contaba las historias del Urbanomutante, el misterioso guardián de Urbanópolis, una ciudad donde todo podía ocurrir. Duma Ediciones vuelve a reincidir con este clásico underground, lanzando una selección de los últimos 3 números de Urbanópolis, agregando dos episodios más, uno del primer número de la revista -pero redibujado para la ocasión- y otro inédito por completo. Son 96 páginas en blanco y negro, en formato 14 x 20 cm.  El libro cierra con un epílogo escrito por cierto servidor. A darle una chance que De Luca sabe lo que hace.

Luego de hacer Crónicas de Tinta,  el bueno de Marce Martí reaparece con Cyra y la Vida, una tira cómica que sigue las vivencias de Cyra, una chica cínica -y hasta anarquista- que tiende a romper las reglas de manera continua. La protagonista está acompañada por su -única-  amiga, Pilar, casi su contracara -hippie y siempre alegre sin importar qué-, y su mascota, un cuervo bocón y de pasado dudoso. Las historias de Cyra lo abarcan todo, desde escaparse de clases en la escuela, a la apertura de un portal interdimensional en el inodoro de su casa, o llevar a la esclavitud a una comunidad de duendes que viven debajo de su cama luego de comerse a su reina. Si hay una situación complicada, ella seguro está ahí para sacar provecho. Después de cierto tiempo sin publicar, en este regreso, Marce Martí muestra un trazo más suelto pero a la vez seguro, con buen manejo de los grises.

Antes de seguir adelante, hay que mencionar un nuevo talento de reciente aparición, se trata de Tatiana Cuccaro, mejor conocida en el medio como Blinka, y que lleva 5 números de su revista Queseyó. El terreno del fanzine por lo general depara este tipo de sorpresas, alguien que hace algo casi en secreto y que uno tiene que estar ahí para poder encontrarlo, el asunto es que Queseyó es una buena historia, liviana, sonriente, actual, bien contada y con buenos diálogos. Por supuesto que desde el aspecto formal hay cosas puntuales para mejorar, algunas perspectivas, proporciones y el trabajo de fondos, pero lo principal está, el trazo del dibujo es correcto, tiene posibilidades -y por momentos recuerda a Maitena-, y los personajes funcionan. Con respecto a la historia, Robin, una chica de 21 años, se muda fuera de la casa de sus padres y se va a un alquiler compartido, donde conoce a Félix, un muchacho solitario y algo osco. Los nuevos compañeros no podrán evitar ese choque de trenes en colisión que es el amor, pero, en el medio, amigos y enredos hacen las cosas muy divertidas de leer. Si vas a comprar un fanzine, que sea este. Y ojo con Blinka, que se viene.

Para este Dibujados, Frideld lanza a través de Kanazuchi Productions  un nuevo tomo de Onigamen, la segunda parte de En Viaje a Onigahara, donde continúan las aventuras de la sacerdotisa japonesa Sanae, sus demonios protectores Kensei y Haku, el hechicero -y ejecutivo de ventas- Yasuhiro, y la espadachina Tomoko que por fin se reúnen para hacer frente a un mundo diabólico donde deberán luchar contra la bruja Kegare y sus seguidores. Para para volver a casa, nuestros héroes tendrán que enfrentar a los fantasmas de su pasado se  que les pondrán las cosas aún más difíciles, porque como dijo Spinetta, ‘después de todo tu eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un solo paso‘. Lo que hace Frideld está muy bien, en especial porque pone el énfasis en el desarrollo de la historia, cuidando los diálogos y la construcción del relato. El dibujo es correcto y cumple su función, juega con la masa de negros plenos, aunque con poca modulación de la línea.

Dejamos a los pesos pesados para el final. El amigo César Libardi,  factótum de Rabdomantes Ediciones pega fuerte con tres ediciones. La primera es Paint it black, de Rodrigo Canessa y Nicolás Barbera. La sinopsis dice así: ‘Icarus deambula las calles de Diamond City buscando venganza y justicia, pero cuando un mal mayor aparece, este vigilante se verá cara a cara con su crudo pasado y deberá tomar las decisiones correctas para que todo no termine en una tragedia. Nos sumergimos en la vida de Icarus Black y su lucha contra la corporación Stardust y un enigmático enemigo conocido como Raybakov‘.  En tanto que la segunda es Flash Card Mistery Man, de Damián Connelly y Fernando Calvi. La historia se pregunta ‘¿Qué pasa cuando te despertás en un sótano frío y húmedo y te das cuenta de que ya no sos humano? Nathan es un androide que tiene una misión: Encontrar a una mujer conocida como Baby Blue. Guiado por unas extrañas tarjetas, él deberá sortear una gran cantidad de obstáculos y por sobre todas las cosas, resolver varios misterios.’ Ambas publicaciones son parte del subsello Ojo Eléctrico, al cual hay que estar atentos, pues promete una catarata de títulos para los meses que siguen, todo en formato 17 x 24 cm.

Dejamos el tercer lanzamiento aparte puesto que requiere cierta dedicación. Si algo nos dejó la edición de la efímera y errática Bastión por parte de Gárgola Ediciones en la primera década del nuevo milenio eso fue Angela de la Morte, del enorme Salvador Sanz, y el clásico instantáneo que fue -y es- El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y German Erramouspe. Dice Andrés Accorsi en el prólogo, ‘El Hombre Primordial es atípica en todo. Habla de sexo, religión y política, despliega un nivel de violencia escabroso, prolijamente ornamentado con una sutil pátina de poesía, y hasta se da el lujo de indagar en un personaje que tiene síndrome de Down…Realmente impredecible, impactante, conmovedora. El resultado es una gema extraña de la Historieta Argentina”. Para esta edición las páginas fueron corregidas y reletreadas, el producto final hace brillar aún más los logros de la obra. Hay que decirlo, esto es compra obligada. Son 108 páginas, en formato 17 x 24 cm.

En el final del recorrido, queda recomendar los dos tomos de una obra que va creciendo con cada página, JellyKid, de Franco Viglino. Editada por Purple Books, a la edición del segundo tomo, se la acompañó con la reedición del primero, ahora con una nueva tapa -alucinante-. No hay mucho para decir excepto que la historia crece en desarrollo y se complejiza sin perder la frsecura, esto es aventura pura, lo que nos gusta, bah. La sinopsis del segundo tomo dice así, ‘Oliver lleva bastante tiempo siendo Jellykid, el chico con poderes de aguaviva que defiende a la Tierra y sus habitantes. Una nueva amenaza se esconde en el fondo del océano y, en esta ocasión, nuestro héroe se une a una vieja enemiga, Pangea, para enfrentar a la raza de antiguos seres conocidos como Jellynoids‘. Para el que siga a Franco Viglino, esta nueva aventura del Jellykid es un derroche de talento. La calidad de impresión del libro es apabullante.

Bueno, eso es todo por hoy. Nos vemos en el Dibujados, el único evento del mundo donde la historieta, la amistad y la cerveza se mezclan en partes iguales. ¡Qué más querés, papá!

A lo largo de distintas entrada hemos recorrido el devenir del movimiento independiente de historietas en Argentina durante la década del 80, poniendo especial acento en las publicaciones de información sobre el medio, Crash!, Top!, Akfak, Fandom, Comiqueando y Comic Magazine. Y dejando un poco de lado los autores y editores que se enfocaron a realizar historietas.

Lo que sigue a continuación es un breve recorrido por algunas publicaciones de aquellos años, que de alguna u otra manera marcaron la temperatura creativa de ese entonces. Por supuesto, este recorrido es parcial e incompleto -se quedan afuera revistas como Plástico, Kaput y O no, por ejemplo-, pero es un buen punto de partida para recuperar una memoria de lo que fue. Y es que al fin de cuentas, el presente de nuestra historieta proviene de acá.

Allá vamos, hacia el rejunte de números sueltos.