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El-Escapista-TAPA-ALTA‘El escapista’ es una obra que fue seriada en el sitio web de LocoRabia y después publicada en libro pero por estética, temática y formato hace pensar en algo salido de la legendaria ‘Skorpio’. Después de todo la presencia de Horacio Lalia en los lápices remite a ‘Nekrodamus’ y sus múltiples adaptaciones de cuentos de Poe y Lovecraft. Pero Lalia también se ha lucido en otros géneros como el policial (‘Inspector Bull’, con guiones de Carlos Albiac, por ejemplo) y Rodolfo Santullo aprovecha esa versatilidad con esta mezcla de drama carcelario y terror gótico.

¿Quién es el penado 1814, ese que apenas puesto un pie en la cárcel ya apodan “el Nariz”? El “Canario” está seguro que el Nariz es un especialista en escapes contratado para sacar a una persona en especial y quiere asegurarse de prenderse a la fuga. Esto dispara una trama de sospechas, seguimientos, espionaje y chantajes que capitulo tras capitulo aumenta en personajes y situaciones. Encima en el presidio empiezan a suceder situaciones muy escabrosas: muertes inexplicables, prisioneros que caen en coma o enloquecen… y una mancha en el techo que parece tener vida propia.

El guion de Santullo entrelaza con habilidad la historia realista con la fantástica para que no se molesten entre sí aunque para el desenlace la primera ocupa más espacio. Eso no quita que en el transcurso de las páginas tuvimos un montón de secuencias de terror que Lalia maneja con una maestría absoluta. Hay páginas en que el orden y el tamaño de las viñetas entorpece un poco la lectura pero es un placer ver un dibujante con tanta trayectoria que sigue manteniendo semejante calidad en los trazos, el balance de blanco y negro y el diseño de personajes…y criaturas, por supuesto.

‘El escapista’ como mezcla de géneros demuestra una vez más la habilidad de Santullo para estos experimentos y es una gran adicción a la ilustre carrera de Lalia.

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‘La pasión’, obra de Diego Cortés y Leo Sandler publicada en el 2012 por Llanto de Mudo, es un tomo que más que leerlo hay que sentirlo. El ritmo narrativo que manejan los autores es intenso, enfocado y maneja la tensión hasta que todo estalla de una manera orgánica y creíble. Hay largas secuencias mudas, viajes en autos, miradas cruzadas y de reojo; cuando surge el diálogo es filoso, crudo y cala profundo… de a poco y sin apuro los autores van revelando lo necesario sobre el protagonista, su trabajo, el entorno y lo que tiene que hacer, una tarea que lo cambiara para siempre.

La trama es simple, tanto que es complicado entrar en detalles sin arruinar sorpresas o momentos claves. Lo importante es saber que Mira, el protagonista, tiene un trabajo que cumplir con sus socios y no es una tarea agradable; es una rutina que se da a entender que la hicieron varias veces, tanto, que debería salir normal, pero no, esta vez todo será distinto.

Lo que sí se puede contar es que ‘La pasión’ hace funcionar su título a muchos niveles: esta la pasión por lo que gusta y por lo que se hace, que no siempre es lo mismo. A Mira no le gusta su trabajo pero siente que no le queda otra; en cambio, a su compañero Runfe le encanta y lo disfruta, quizás por eso se lleva los mejores diálogos y es el personaje más agradable a pesar de la persona terrible que es.

Y también esta la otra Pasión, la de P mayúscula, la del calvario y el sacrificio de Cristo. De esa también habla mucho el libro, pero más en metáfora y sin una bajada de línea agresiva ni embolante.

El dibujo de Sandler es un poco crudo en comparación al gran nivel que tiene hoy en día: abusa de las manchas negras en los rostros, dependiendo el ángulo algunos personajes se confunden. Pero la narrativa es impecable y los fanáticos de Eduardo Risso seguro van a disfrutar el arte.

Ojala algún día haya reediciones de la obra de Cortés, un guionista y editor con una escritura potente, gran narrador de sentimientos y que nos dejó demasiado pronto.

PORTADA

Portada del libro

‘Capisci?’ es una antología editada e impresa por el Estudio Mafia (integrado por Lucía Brutta, Juan Pablo Valdecantos, Martín Lietti, Razz, Fede Di Pila, Ernán Cirianni, Daniela Magnelli y Nacho Flores) que reúne en total a 71 artistas de toda Latinoamérica. Fue presentada en Viñetas Sueltas donde además hubo una muestra de originales.

¿En qué se diferencia esta antología de otras como ‘El Volcán’, también de reciente lanzamiento? En que desde su propia producción ‘Capisci?’ celebra su concepción artesanal e independiente.

La tirada completa de 320 ejemplares numerados fue realizada en la imprenta Riso del grupo, o sea mediante risografía. ¿Y eso con qué se come? Es un proceso donde cada página es pasada por un tambor con tinta tantas veces como colores se requieran. En el caso de ‘Capisci?’ se usaron los colores rojo, azul y negro. El resultado final es un festival de los sentidos para el lector. Visualmente por momentos parece que son tres libros superpuestos, a veces sincronizados, a veces desfasados, donde cada color parece a punto de saltar hacia afuera. La risografía permite jugar y desarrollar cada capa de color como una entidad propia, con su propia densidad e inclinación, que recién se convierte en parte de un todo visual en la hoja impresa. Tener un ejemplar de ‘Capisci?’ en las manos se siente poderoso, con mucho peso, con páginas que al tocarlas sentís que estas acariciando un terciopelo y no un papel. Vista, tacto, memoria y hasta olfato se ponen de acuerdo para hacer de la lectura del tomo algo único.

AUTORES

Índice de autores

¿Hay un hilo común entre las historias, una temática o una idea general? La mayoría de los autores trabajaron con la palabra ‘capisci’ (entendiste) como disparador o la hacen aparecer en algún momento, en particular relacionado con la mafia, pero la verdad que todos resaltan más la forma que el contenido. Entre los que desarrollaron tramas con algún tipo de argumento hay que destacar a Otto Zaiser, Di PilaCharly Five, Ariel López V., el colombiano Nomás (con una historia maravillosa de 7 páginas casi sin dialogo), Brutta, Camila Notari, Cirianni, Pablo Guaymasi, la dupla Martín Ferrari / Alejo Vigliani, una historia de Valdecantos que además de estar excelentemente dibujada pone los nervios de punta, Sole Otero (con una versión de ‘Top Cat’ mafiosa y en joda) y Flores con una historia perversa de dibujo inocente y amigable.

Aunque el resto no recurra a estilos narrativos clásicos o tradicionales (y hay muchos autores con ilustraciones de página completa más que con historieta propiamente dicha) no desentonan para nada en una antología que ante todo celebra la libertad creativa, el vale todo, que se opone con fuerza a los prejuicios, a las formas preestablecidas, al “así deben hacerse las historietas” y que sobre todas las cosas celebra la experimentación, un enorme ‘¡VIVA EL UNDER, CARAJO!’

Ficha en Zinerama con lista completa de autores

 

 

Hay elementos en las historias de aventuras que varían de una a otra: el héroe, el villano, el entorno, la época. Pero hay un elemento que siempre está presente desde los mitos griegos en adelante: la búsqueda. Sea destruir un anillo o siguiendo un mapa del tesoro, siempre hay un disparador que enciende la necesidad por encontrar algo, aunque a veces ni el propio protagonista entiende bien lo que busca. Por ejemplo, al enano Urgh le importa un comino encontrar “la corona de huesos”. Pero para su medio hermano, Dragón, la corona lo es todo. No por nada es la tarea que les encomendó su finado padre.

Como un dragón y un enano son medio hermanos es como mínimo curioso y en este tomo no se dan muchas explicaciones al respeto; lo que importa es la que la dupla (o trio, porque olvide el detalle que Dragón tiene dos cabezas, con personalidades en conflicto constante) tiene química y genera varias situaciones cómicas, potenciadas por los personajes que el autor Andrés Nicolás Allocco (con el seudónimo  griego – ¡qué casualidad!- “Telémaco”) agrega a lo largo de las 256 páginas. En los tiempos medievales donde viven Urgh y Dragón hay hechiceros precoces, goblins que juegan a los dados y una comunidad de vecinos chusmas pero simpáticos (una especie de vecindad del Chavo del 8 haciendo cosplay de D&D)

La primera mitad del libro está dedicada a la presentación de personajes y divaga un poco en largos monólogos (si, Ulfrus hablando con su cuervo o Dragón discutiendo consigo mismo los considero soliloquios) pero cuando empiezan las interacciones la narrativa se torna más dinámica y la segunda mitad se devora de un tirón. Resulta que por una razón ligada a los poderes de Dragón los personajes se pueden trasladar  a cualquier época y así la acción se desplaza hasta África a fines del siglo XIX. O sea que Allocco tiene un abanico enorme de posibilidades para jugar con sucesos reales (en este caso el ataque de leones conocido como “los devoradores de hombres de Tsavo”) y meter personalidades como Billy The Kid.

En el segundo tramo también aumenta la violencia, porque ‘Urgh’ esta apuntada a niños y adolescentes pero no se pone tacaña con los momentos de sangre y muerte.

Telémaco tiene planeadas varias entregas de la saga así que es lógico que queden puntas y plots abiertos; lo que hace ruido son situaciones naturalizadas por la trama y que requerían alguna explicación adicional, en especial la razón de los goblins para buscar a Urgh. Sacando esos detalles (que no descartó que sean cubiertos en los próximos libros) “La corona…” es una historia que se vale por sí misma, con mucha coherencia y cuidado para ir presentando la información a lo largo de todo el libro, con lo que hay detalles que son retomados y explicados hasta las últimas páginas.

El dibujo es un tema aparte; se merece todas las loas y elogios por el manejo de las expresiones, el cuidado en los fondos y diseño de personajes, lo funcional que es con el estilo de guion…. Y pierde un poco cuando se piensa en lo inspirado que esta por Jeff Smith. Allocco es un talento nato y desarrolló todo el libro con dibujo vectorial, lo que solo aumenta mi asombro, pero me gustaría que ‘Urgh’ siga creciendo, buscando su estilo definitivo y que deje de ser un primo lejano de ‘Bone’, que es la sensación que da al leerlo.

‘Urgh y la corona de huesos’ es un libro recomendado para lectores de todas las edades, con una serie increíble de personajes y con mucho potencial para merecer toda la atención.

Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.

En esta oportunidad, presentamos tres fanzines de tres décadas distintas.

Chapa-Chapa

La cronología nos lleva a empezar por el más antiguo de los tres, “Chapa Chapa” gema inconseguible, aportada por el Oráculo fanzinero, el señor Julián Blas. En sus propias palabras “Editada en 1989 por Daniel Ortiz y Jorge Fantoni, la dupla que luego editaría la revista independiente Parásito y serían miembros estables de la revista-libro El lápiz Japonés. Con humor ácido y absurdo, la publicación ponía de manifiesto cómo la hiperinflación destruía las posibilidades de editar fanzines y revistas. De ahí que el fanzine tan solo fuese una hoja oficio doblada al medio.” Una propuesta cuyo análisis puede exceder las escasas carillas que conforman el fanzine, extendiéndose a la práctica fanzinera en general -la gratuidad, la factura artesanal, el contenido, la emergencia-.

Descargar: “Chapa Chapa”.

Tirapia N°1. 01

Javier J. Rovella es sin duda, uno de los grandes autores surgidos del under de los noventa. Muchos de sus personajes son -hoy por hoy- célebres para los lectores de historieta (y un verdadero hallazgo para quienes no lo son), dada la  fuerza del lenguaje visual de sus tiras, sumado a la  mirada sensible, a veces satírica, de la realidad y a la capacidad para jugar con el lenguaje propio de la narración secuencial, que agrega un componente lúdico a parte de su obra. Publicada en pleno auge de la “Catzole”, esta “Tirapia” es una muestra sucinta pero representativa de este maestro de las viñetas. Un dato pintoresco es que, hasta donde tengo entendido, estas páginas incluyen la primera aparición de “Zebita”.

Descargar: “Tirapia”.

01

Este fazine tiene una particularidad que sólo puede darse en el mundillo de la autopublicación y que lo hace fascinante, más allá de su valor intrínseco: es para mí un verdadero misterio. Ni nombre, ni fecha, ni autor se indican, por lo que me vi obligado a bautizarlo de algún modo para poder referenciarlo. “Mary and Her Little Lamb” es una historieta realizada íntegramente a través de la técnica del collage, recurso muy poco visto en el mundo de las viñetas. Así, podemos aprovechar y mencionar la obra de Max Ernst “Una Semana de Bondad o Los Siete Elementos Capitales”, o en el terreno que nos ocupa, las experiencias de Josep M. Beá en la Revista Rambla o – ya en nuestros días- el mencionado Gato, del zine “La Ponzoña”. Más allá de establecer una genealogía arbitraria, recortada por gustos personales, creo que estas páginas tienen un brillo propio. A la dificultad de generar narrativa a partir de imágenes pre-establecidas -que dan lugar a nuevas puestas en escena- resuelta con gran oficio, se suma un texto con ribetes poéticos. El resultado es de gran interés por su particularidad, aunque no apto para lectores acostumbrados a material más tradicional.  Aquel que pueda sumar información sobre esta joya, no dude en hacerlo.

Descargar: “Mary and Her Little Lamb”.

Existe un conocido dicho, sobre todo aplicado al cine, de que ‘segundas partes nunca son buenas y ni hablar de las terceras’. Por suerte, cada tanto aparecen obras que marcan la diferencia, y establecen que el objetivo de toda saga debería ser superar la entrega anterior, no disminuir la calidad. Así es el caso de la Liga del Mal, un grupo de seis artistas todo terreno –Gerardo Baró, Tony Ganem, ‘Industrias Lamonicana’, Patricio Plaza, Diego Simone y Pablo Tambuscio-, que en el 2012 se juntaron en un chat de Facebook para charlar, intercambiar anécdotas, conocimientos, etc. Entre tantas idas y vueltas decidieron presentar sus propias historietas por la red social. De a una página por semana, con temáticas e historias independientes uno de otro, cada artista subía su trabajo y, cada vez que completaban un ciclo de historias, recopilaban esos trabajos en libros, primero por la difunta editorial Llanto de Mudo y este año, el tercer y último ciclo, por LocoRabia -junto con Grupo Belerofonte-. Hay que destacar que las ediciones impresas cuentan con hermosas portadas de Julián Totino Tedesco presentando todos los personajes centrales de cada entrega.

Aunque el primer libro impreso se encuentra agotado, no es obligatoria su lectura para entender los siguientes tomos -aunque a veces hay guiños ocultos entre los autores que se reconocen o disfrutan más habiendo leído todo-, y además las historias que lo componen se pueden leer en su versión original en Facebook. Otro punto interesante es que si bien hay historias más cómicas y otras más de suspenso, en general todas son dinámicas y con mucha acción, casi no hay nada de estilo intimista. Se podría decir que el ‘mal’, como entidad invisible e incluso como justificación del título, está siempre presente en los conflictos que atraviesan los protagonistas, ya sea enfrentándolo y, a veces, aceptándolo.

Tony Ganem -colaborando con Manu Perotti en guión-, es el único que rompe un poco el molde unitario: sus tres capítulos se entienden perfecto por sí solos pero tienen los mismos protagonistas y ambiente, lo que le da cierta continuidad y orden de lectura. Es una mini saga que se burla de los clichés del género de espada y brujería: el aventurero, la aldea azotada por un monstruo, las tabernas, los dragones… Nada se salva de la sátira, en especial el pequeño pollo protagonista. ¿Usar animales antropomórficos en un mundo de espada y brujería será un guiño del autor a La Mazmorra de Joann Sfar? Ni idea, pero son tres capítulos muy divertidos y bien dibujados, sobre todo el segundo donde Ganem usa dibujo y color tradicional en vez de digital.

Otro que cambia un montón su estilo de dibujo entre cada ciclo hacía una linea cada vez más depurada es Diego Simone. Su primera historia, El horror sin nombre, es paranoica, sangrienta, graciosa y ambigua en la interpretación, ¿está loco o no Fermín, el niño matador de demonios disfrazados?

Su segunda historia también se aproxima a una variante del terror más o menos conocida, la del grupo familiar retorcido, morboso y lleno de secretos. Un extraño, apodado El Muerto -tan parecido al Dyango de Franco Nero, que hasta arrastra un ataúd- llega para complicar u arreglar los ‘quilombos’.

Sin duda la joya de las obras de Simone es Las perras diamante: ciencia ficción estilo ciberpunk, mucha psicodelia y algo de sexo explícito, reunidos por una narrativa y puesta en pagina que dan envidia. Si Guro, el trabajo de Simone editado por Szama Ediciones, es la mitad de bueno que Las perras…, seguro es increíble.

Rey del terror, de Gerardo Baró, es un hermoso homenaje a Ultraman, Godzilla, Power Rangers y cualquier otra bomba mental oriental para los que crecieron entre los 70 y 80. El dibujo es limpio, caricaturesco y espectacular. La trama es muy simple pero bien dosificada en información para que recién en la última página se entienda todo.

Para el segundo libro, Baró hace Macabro, una mezcla el mito de Orfeo -el músico griego que bajó al inframundo para rescatar a su amada- con el Western y la mitología mexicana, en una fusión rarísima pero que resulta muy atractiva.

La ultima historia de Baró es Rey de la ruta, dibujada en estilo más cartoon, con reminiscencias de Kyle Baker, y con mucho humor -el personaje uruguayo es glorioso-. Tiene emoción, acción, todo. Baró es uno de los artistas que pega tres gemas de corrido.

‘Industrias Lamonicana’ arranca con 2 Deaths, un historieta llena de referencias: The Spirit, de Will Eisner, un villano igual a Jorge Porcel, e incluso una reflexión sobre el cambio de estilo de los cómics norteamericanos durante el periodo llamado ‘Edad Dorada’. Los detalles son geniales; por ejemplo, varias onomatopeyas son los apellidos de los otros dibujantes de la Liga.

La segunda trama ‘lamonicana’ es Dios Devorador, una historia simple pero que hace reír. No se puede negar que presenta un lindo elenco de personajes grotescos, eso sí.

Al igual que en el caso de Simone es en la tercera oportunidad donde todos los elementos cierran muy bien: Video-home, pesadilla analógica, es ganchera, inquietante, con los personajes muy bien escritos y con un gran manejo de la tensión hasta el final.

Pablo Tambuscio tiene tres historias que me parecieron excepcionales: Taipei, Marina y sobre todo Post Mortem son todas escalofriantes y con personajes muy queribles, por lo que las tribulaciones que atraviesan generan mucha preocupación en el lector. El dibujo y el color es brillante, muy expresivo y detallista.

Por fin, tenemos a Patricio Plaza; sus tres historias tienen en común dos cosas: la exploración de las creencias religiosas y la evolución de los protagonistas a través de un cambio fundamental . Orgón es muy delirante y Homúnculo me parece que pierde fuerza en un desenlace confuso, pero La logia blanca funciona muy bien como metáfora de la aceptación de la identidad sexual. En la primeras dos historias, Plaza privilegia la potencia del dibujo, en cambio en La logia blanca se muestra mucho más prolijo y refinado.

Es muy evidente que todos los miembros del grupo pusieron lo mejor, metieron todas sus fichas -sobre todo en el tercer tomo- y terminaron cerrando no una sino tres antologías divertidas, bizarras y con un nivel de calidad altísimo. Una gran vidriera de autores a tener en cuenta.