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‘Como mi abuela escuchando Pixies’. Exes de Muriel Bellini y Gustavo Von Chuyo.

Puede ser porque soy nueva en ésto, pero no lo entendí. Y no me gustó porque no lo entendí. Tuve que hacer un esfuerzo mental importante para leer, seguir el hilo en mi cabeza, y tratar de comprender (en el sentido más primitivo de la palabra) qué les pasa a los dibujitos.

No necesito entender todas las cosas, no me interesa saber cómo funciona Linkedin, ni cómo se hacen las biromes, pero cuando consumís arte y/o entretenimiento, está bueno ir entendiendo algo (a menos que estés mirando Twin Peaks, que ya entrás sabiendo que no vas a entender una mierda).

Mi comentario es absolutamente personal y subjetivo, pero a nadie le gusta sentirse pelotudo en general. Entiendo más a mi gato cuando hace ruidos (agua, comida, mimos, salir, despertate tarada que son las dos de la tarde), que lo que está pasando acá.

Quizá no me gustó el mashup. Igual no me dejó un mal gusto, la historia en sí es simpática. Cuando llegué como a la mitad (les diría qué página es, pero no están numeradas), entendí que estaban matando insectos. Sentí un alivio rarísimo. ‘Ah, esto es lo que está pasando, ok.” Lamentablemente, al toque dejé de entender otra vez, y les juro que dormí, no estoy zombie como otros días, esos en que no entiendo cómo hacerme un café instantáneo. Tal vez tengo poco nivel de abstracción y una necesidad aguda de control y entendimiento, tal vez también tengo una úlcera, qué se yo.

Me siento como mi abuela escuchando Pixies, o entendiendo a dónde van los mails. Me frustra un montón. ¿Qué querían contar en Exes? No tengo idea. Ni siquiera podría afirmar quién cuenta la historia. Creo que la voy a volver a leer, imaginando que es de Lynch, y ver qué me genera. Ahora vuelvo, de paso hago un café.

Bueno, volví de releerlo. Me auto-spoileé (cosa que jamás hubiese creído posible). Creo que lo que me cuesta, al igual que no mover las manos en círculo cuando pedaleo, es la no-conexión directa entre texto e imagen. Decidí entonces tomarlo como un género aparte, un mashup disconexo, y disfrutarlo por separado. Ahora me gusta más.

Por último, pero no menos importante: ¡EL TAMAÑO! Como cuando conocés a un flaco, y te das cuenta que todos los anteriores la tenían chiquita. Pero recuerden, no siempre más grande es mejor.

La reseña original acá.

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TAPA‘Devil Got My Woman’ (o como abrevia incluso la portada del libro, ‘DGMW’) es una famosa canción del músico Skip James y también una historieta de Damián Connelly y Berliac donde el propio James tiene una fuerte presencia.

Es la historia de Henry Rowland, un periodista de New York que llega a la ciudad de Bentonia en 1963 para tratar de encontrar a Skip James, desaparecido de la vida pública años atrás. El escenario es fundamental en la trama así que repito: es Mississippi en los sesenta y Rowland es un periodista blanco husmeando en una ciudad con mayoría de población de color. Cada interacción, cada dialogo sugiere una incomodidad y tensión racial que se puede cortar como manteca y más cuando Rowland estrecha ciertos vínculos, en especial con Marion, una joven con muchos secretos (como el resto de los personajes)

‘DGMW’ a primera vista tiene un ritmo parsimonioso, distendido, con viñetas mudas y secuencias oníricas que parecen inexplicables; pero de repente todo se une en una historia de suspenso con toques sobrenaturales donde cada momento previo que parecía inconexo aportó un elemento de desarrollo.

Los diálogos en voz neutra que son marca registrada de Connelly (como en ‘Las chicas de nadie’) esta vez no distorsionan la experiencia de lectura (aunque en un libro con tanto énfasis en la ambientación leer ‘Nueva York’ en vez de ‘New York’ genera un quiebre mínimo de atención) y el dibujo de Berliac esta afiladísimo para hacernos sentir en esos pantanos, vías de tren y cabañas venidas a menos. Los rostros de los personajes tienen poca expresión pero en ningún momento se descuida el clima de opresión, extrañamiento y misterio que es la verdadera estrella del tomo. A destacar que todas las viñetas están solapadas sin ‘calles’ entre ellas, lo que le permite al artista aprovechar el tamaño promedio de la edición (los infames 14×20 cm. tan tradicionales como guachos para el lucimiento gráfico) y mejorar el fluir narrativo.

Aunque ‘DGMW’ en algún momento deja de lado el misterio del músico (o no, porque siempre hay pequeñas insinuaciones) para convertirse en otra historia y tiene un desenlace chocante, es una buena demostración del compromiso de guionista y dibujante por contar una atrapante mezcla entre hechos reales y fantasía, de esa que nos llena la mente y el corazón como un buen tema de blues.

 

¿Qué onda?

Cuando miro los laburos en color directo de Natalia Lombardo pienso en la ilustradora perfecta para un libro de lectura de escuela primaria. Acaso sea cierta estética kistch que me recuerda esquemas de color simples y contundentes de tiempos de mi niñez, cuando no había toda esa parafernalia tecnológica de sombreados resueltos con precisión informática imposible que hay hoy en día. Hago una relación improbable con las ilustraciones de María Alcobre para el Viento en Popa 2 de Mirta Goldberg de las ediciones ochentosas de Aiké. Improbable porque el estilo de Natalia no tiene nada que ver. Lo que más se le nota a este fanzine y a Natalia es la atención al detalle y el cuidado de ciertas cosas a la hora de editar. La revista tiene dos planchas de papel ilustración a color, uno para la tapa y otro para una especie de cubierta interna, con dibujos de Sebastian que se repiten en patrón. Eso es mostrar criterio estético para presentar una revista. Las esquinas derechas de la revista están redondeadas, lo que es un detalle que indica una intención muy profesional al montar y armar los ejemplares. Esas cosas cuestan, porque no se hacen a mano (a mano queda horrible y salvo que seas una máquina infalible, nunca quedan parejas). También me encuentro ante el primer fanzine (N. del R.: del que yo tenía conocimiento) que se declara como tal desde el título.

¿De qué se trata?

Fanzin Preview es la revista menos críptica que he tenido oportunidad de tener en mis manos. Si deschava su formato en el título, buchonea su idea en el subtítulo, y te cuenta la cosa de una en sus primeras páginas, con presentaciones de los personajes principales primero y de la historieta después. De hecho, más de la mitad de las páginas de la revista se dedican a las presentaciones y a bellas páginas con dibujo y diseño pero sin historieta. Siete páginas bastan para presentar la historia de un pibe que se reparte entre el ceramismo y la taxidermia como modos de vida y su vocación fanzinera, que un día decide abandonar el abandono de su carrera historietística y rearmar su grupo para volver a hacer fanzines. Como la revista indica, es una preview, una muestra de lo que será la obra completa. Los personajes principales son un tanto border: un fanzinero que labura haciendo cerámica y embalsamando animales, un mangaka gay sadomaso que sueña con comerse un bebé chino, un artista conceptual mitómano, hipocondríaco y politóxico, una suizojaponesa misántropa que trabaja en un local de comidas rápidas pese a que tiene una considerable fortuna familiar y vive en una mansión con lago propio, y una patinadora artística de familia de alcurnia con un serio problema de drogas, cuya presentación formal no se encuentra en este número

El disparador es un ex-colega fanzinero que toma una idea del protagonista, Sebastián, y la convierte en una historieta en la que no lo acredita para nada, lo que lo motiva a Sebastián a volver a hacer fanzines y reclutar para eso a una serie de amistades. En el camino, hay situaciones cómicas y limítrofes, y un equipo que empieza a conformarse. Son presentaciones breves y contundentes, sin lugar para mayores desarrollos. Al cabo, es una preview. Es de esperar que salga alguna vez el FANZIN posta, el que cuente LA historia, pero siendo fanzine, nunca se sabe. Por ahora, hay que conformarse con este comienzo.

Si hay que marcarle algo a una revista tan cuidada en detalles como ésta, es la impresión de las historietas en particular y la del contenido en blanco y negro en general. Los dibujos que originalmente eran a color y se pasaron a grises para el interior de la revista quedaron un poco oscuros. Es probable que hayan usado la misma saturación para las historietas, que parecen estar hechas a tinta y pensadas para imprimir en blanco y negro. En algunas páginas, esa saturación y el uso de tanto negro causó que algunos lugares donde debiera haber blanco se ensuciara con tinta, o que se noten los renglones de guía para los textos dentro de los globos de diálogo.

Cosas que se nos han escapado a todos los fanzineros, dicho sea ésto. Editando aprendemos, esa es la verdad. Lo mismo pasa con el tema del centrado de las páginas a la hora del corte. Hay páginas que quedaron muy afuera, y la cizalla casi se morfa un costado, en las páginas pares de la historieta (2, 4 y 6).
La tapa vende, hay que decirlo, y esta tapa tiene color, un título grandote y rojo que llama la atención (lo hizo conmigo) y los personajes dibujados claros y en buen tamaño, cosa que también ayuda al ojo a mirar la tapa. Lo que de veras quiero es que Natalia saque de una buena vez el resto de la historia, o el número 1 de FANZIN, para saber qué va a pasar cuando el equipo se complete, y ver qué nuevas situaciones genera esta ecléctica yunta de fenómenos que buscan hacer lo que todos nosotros: triunfar haciendo un fanzine.

¿Quién debería comprar FANZIN preview?

Es claramente una historieta para adultos, o para gente con un mínimo de madurez mental. Aunque son dibujos potables para ilustrar de cuentos infantiles o libros de lectura de primaria, el guión apunta más a gente del palo y de las edades de los protagonistas, o sea jóvenes adultos. Es una interesante tensión que da para mucho más, en una edición bastante lujosa para el estandar fanzinero, y si mejora algunos detalles y tira la carne al asador presentando la historieta completa, vamos a estar hablando de un PROZINE digno de lo que Sebastián Moreaux, su protagonista y líder, desea: un fanzine para triunfar.

‘Me copa ésta turbiedad”. El Asco, de Diego Agrimbau y Dante Ginevra.

Primer mashup. Como el negro Rada y Natalia Oreiro, supuestamente homenajeando a Gilda con ‘Corazón Valiente’, generándome piel de gallina y ganas de aprender a hacer una bomba con materiales domésticos. Bueno, todo lo contrario, Agrimbau-Ginevra funcionan genial juntos, y deciden contar esas cosas que todos flasheamos pero normalmente no decimos, porque no da.

Haciéndose los boludos, disimulando con vómitos y deformidades, tratan algunos mambos internos de lo más comunes pero oscuros. De esos profundos que uno sólo charla con ese amigo, ese que te dijo que tiene hemorroides y te lo dibujó para que lo entiendas. ‘¿Qué nivel de hemorroides es éste? ¿Me lo googleás?’.

Ya nada nos sorprende: bukakes, Nicholas Cage, gatos andando en patineta. Si ya es tarea difícil hacer reír, imagínense dar asco. Me gusta imaginarme a la dupla creativa definiendo algunas cosas… ‘Che, ¿qué ponemos para incomodar al lector? ¿Algo con Morgan Freeman? No, pongamos a una señora metiéndose un gato en la concha. Dale.’

¿Qué hacemos cuando no nos ven? ¿En qué pensamos para hacernos una chaqueta? Quienes tenemos esa hermosa habilidad de recrear imágenes nítidas mentalmente, y me incluyo, no precisamos del porno externo. Voy leyendo y pienso: me copa ésta turbiedad.

Todos tenemos esa voz chotísima y negativa, esa conversación interna, que nos dice que somos boludos y la minita se equivocó, que cuando nos vea se va a dar cuenta que hizo cualquiera. ‘Dejala antes de que te deje, cagala con otra así no se da cuenta que estás hasta las pelotas de amor.’ El Asco es tan circular que asusta.
Más de una vez te tira la posta, una posta de mierda pero acertadísima. Si conseguimos todo lo que queremos, ¿vamos a ser felices? Ni en pedo.

Genera rechazo, porque está coloreada horrible, con ese beige-caca-caracol, y porque nos dice algo que ya sabemos, pero que no tenemos ganas de aceptar. Funciona, como Whiskas para ocho de diez gatos, pero no sé si la volvería a leer. Con la misma premisa básica podrían haber hecho una rom-com. Qué suerte que no lo hicieron.

La reseña original acá.

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‘A tu rojo ruta’ es un palíndromo, una frase que se lee igual en ambos sentidos. También es el título elegido por Mariano Taibo para esta obra desarrollada para una empresa de contenidos para celulares, de ahí su formato apaisado. En una primera lectura llama la atención el título porque es un comic con una trama central que tiene comienzo, desarrollo y desenlace y que se lee de forma tradicional. Hilando fino se ven las razones: la narrativa salta en el tiempo en casi todas las páginas, la impresión es a dos tonos de tinta (roja y azul) haciendo especial énfasis en los detalles colorados y las rutas son un escenario central en todo momento.

a-tu-rojo-ruta_01La trama central sigue a Federico, un ingeniero de la ciudad que se desplaza al sitio de construcción de un gasoducto remoto y aislado, desconociendo que la obra es una tapadera para un montón de situaciones turbias que se relacionan con una tragedia personal. Situaciones que involucran alteres del Gauchito Gil, prostitución, drogas, tráfico y hasta sacrificios humanos.

Las escenas de violencia no solo son jodidas por lo que muestran sino por lo que sugieren en data y veracidad, un realismo morboso que hace más perturbador todo. Esa credibilidad se pierde en algunas páginas cuando el asunto se pone místico y se atan cabos sueltos por pura Deux Ex Machina pero Taibo pega el volantazo a tiempo (vieron, otra referencia pistera!) para volver a la historia policial espesa y amarga.

El autor mueve el foco de la narración sobre cada uno de los trabajadores del gasoducto para mostrar que todos tienen un pasado jodido que de alguna manera los arrastró hasta ese lugar y circunstancias. Al comienzo tanto flashback resulta confuso pero como se mantiene un uso constante del recurso y se dosifica la información en lo necesario, es fácil agarrarle la mano.

El dibujo presenta bien los cambios temporales, le saca el jugo a la impresión de dos tonos y para escenas abiertas, donde se luce el escenario rural, el formato horizontal juega a favor; resulta un poco confuso cuando dos personajes se parecen (el ‘Correntino’ y el mayor de los hermanos Ibarra, por ejemplo) pero igual es un notable trabajo visual con muchos hallazgos.

‘A tu rojo ruta’ es un libro punzante, que no busca el amiguismo pochoclero con el lector sino hacer mella, provocar y dejar pensando con uno de los comics mas jodidos y sangrientos de la historieta nacional reciente. No es poco.

angel-mosquito-la-calambre-tapa-en-alta1-d719b8e6436344d9fc15126436253091-640-0Larry y Mogul son vampiros. Pero no elegantes vampiros europeos que viven en castillos transilvanos y duermen en ataúdes durante el día; en cambio los vampiros pensados por Ángel Mosquito huelen mal, se bancan el sol, comen y cagan como cualquier hijo de vecino y en definitiva tratan de ganarse la vida como pueden, por las buenas y también por las malas. Porque estamos en Argentina en el 2003, verdadera “tierra de nadie”, del “sálvese quien pueda” y cualquier otra frase fatalista que se les ocurra, una época donde ni siquiera los hijos de la oscuridad lo pasaban bien.

‘La Calambre’ es antes que nada una obra costumbrista con mucha acción, no siempre del tipo “palo y a la bolsa” pero si donde todo el tiempo pasan cosas: entran y salen personajes siempre y hay dos tramas que parecen ir separadas y se conectan en los momentos justos, logrando una lectura ganchera y entretenida. Por momentos la mano es cómica, por momentos más espesa en el tono dramático, con personajes que se sienten reales, que tienen problemas comunes a cualquier persona. Y todo transcurre en el conurbano bonaerense, así que Mosquito apenas se aleja de los argumentos y temáticas que desarrolla desde hace años solo o con Federico Reggiani.

Uno de los elementos mejor ejecutados es la ambigüedad; no hay buenos ni malos, sí personajes que les tocó un rol antagonista dentro de la historia pero que no pierden credibilidad, con sus momentos altos y bajos. Incluso Mogul y Larry, que despiertan empatía casi todo el tiempo, tienen sus viñetas turbias y pesadas. Hay una sola página con un flashback que esta armada en joda y para no tomarse en serio.

¿Y el vampirismo? Hay situaciones puntuales de la historia donde el elemento fantástico aparece con toda la furia (literal) pero en general Mosquito lo mantiene en segundo plano o lo usa como una metáfora: ser vampiro es tanto o más jodido que ser un indocumentado, por ejemplo.

El dibujo es sin duda uno de los mejores trabajos de Mosquito; mantiene la línea estética habitual pero cargada de tramas, grises y sombreados. Las referencias geográficas como la autopista Acceso Oeste, los bondis y las casas se reconocen al toque y sin parecer que haya referencia fotográfica sino puro conocimiento del lugar.

Mención aparte para las páginas enciclopédicas al final del tomo que explican que es el Gran Buenos Aires, el robo de autos con equipos de GNC, los cartoneros y demás cosas muy conocidas en Argentina. Desconozco si Mosquito las colocó pensando en el lector español (donde se publicó ‘La Calambre’ por primera vez) o directamente jodiendo con que esto sea leído por alguien que considera igual de ficticia tanto la realidad argentina como los vampiros.

PERRO_TAPA_bajaLos personajes de Renzo Podestá suelen estar contra el sistema; incluso aunque no se definan como anarquistas de alma, son los que pelean contra lo establecido, lo aceptado y lo que marcan las normas; Nolasco Guerra y su banda, el taxidermista, il Kadaver, incluso su versión de Steve Ditko… todos son más felices viviendo en las grietas donde no llegan las luces, los medios y las reglas. Pero en ‘Perro’ Podestá mueve la lupa inquisitiva a toda la sociedad. Porque el mundo de ‘Perro’, habitado por animales antropomórficos (¿o humanos con rasgos bestiales?), Iglesia y Estado son uno y lo mismo, dominando todo con una idea de libertad sexual y perversión regida por las altas esferas del poder.

El protagonista es un sicario anónimo, solitario, motivado por la muerte misma para mantener algo de balance en este mundo. La serie de situaciones que atraviesa, cada una más jodida y pesada que la anterior, son hilvanadas por el autor con un dominio total de la narrativa y el ritmo. Y cuando estamos hablando de un comic mudo, sin diálogos, ese factor es indispensable.

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Al comienzo el antropomorfismo parece que sobra, que no aporta nada, pero con el correr de las páginas toma una relevancia importante; porque ‘Perro’ deja claro que no hay que bajar la cabeza, no hay que aceptar lo que va contra los principios personales, porque si hacemos eso nos convertimos en un animal amaestrado, uno que lo recompensen o lo pateen, lo alimenten o lo manden a dormir en la intemperie, igual se queda siempre manso y sin morder.

El dibujo de Podestá alcanza un pico altísimo en su carrera: el contraste, los diseños de personajes, los juegos de iluminación arman un todo poderoso y visceral.

Sin duda ‘Perro’ es un comic que no debería pasar desapercibido por nadie, tanto por calidad como por su alcance, un shock que entra por los ojos pero que impacta directo en la cabeza.