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Si se mete en una licuadora gigante a Mad Max y El viaje de Chihiro, el resultado puede ser parecido a Los niños de la basura. Casi todo el libro transcurre en un basural gigante: miles de kilómetros con edificios abandonados, ratas y, por supuesto, basura, montañas gigantescas… en fin, todos indicios de lo que parece un escenario posapocalíptico, un ocaso total de la civilización. Y además de una historia de supervivencia, ‘Los Niños…’ también trata sobre crecer, madurar y aceptar los cambios. Y por supuesto sus protagonistas son casi infantes, lo que la conecta aún más con el universo de Hayao Miyazaki.

Aunque un grupo de chicos muy jóvenes en el medio de la nada suena a un drama social denso, Dario Fantacci apuesta por otro lado: la aventura pura, las relaciones entre los personajes y situaciones de suspenso y terror, ya que los pibes (y el lector) irán descubriendo que no están solos y que la compañía no es nada grata.

La primera mitad del libro tiene un ritmo impecable; al toque de la presentación de Pum! (el líder del grupo y por lejos el personaje con más desarrollo), aparecen los demás chicos, se explora el mundo en que se mueven estos personajes, como viven, como juegan, como se alimentan (algo no muy agradable de ver), etc. Todos los protagonistas hablan con diálogos naturales y simples, acordes a sus edades, no parecen adultos en cuerpos de niño. Y en general el ritmo de lectura está más marcado por la narrativa visual que por lo escrito.Niños 1-3 b

Cuando los personajes ya están asentados (y queridos) llega un capitulo que representa un punto de quiebre total, tanto para los niños, porque los cambia para siempre (como grupo y como personas), como para el lector porque es una sorpresa que da vuelta como una media lo considerado o especulado sobre los niños y sobre todo su entorno.

En este punto para mí se abrieron dos posibilidades, una, la más natural y previsible, era explotar las nuevas revelaciones, pero Los niños de la basura no es una obra que vaya por los caminos convencionales, y por el contrario, Fantacci mantiene el foco en el crecimiento de los personajes, en sus cambios internos y no en los externos. Entonces, la trama cambia con ellos… se vuelve más jodida, violenta y turbia, incluso más errática en el orden temporal de las secuencias… Aunque también más reflexiva y metafórica; para cuando termina el libro ningún personaje será igual que al comienzo y todo ese cambio lo seguimos paso a paso, viñeta a viñeta. En una forma natural y sin que nadie se de cuenta, los niños cambiaron y el lector también.

Niños 3-3 b

El dibujo es crudo y brutal, muy en sintonía con la historia, pero muy cuidado en la narrativa y la puesta en página. Por momentos aparecen viñetas donde la anatomía humana juega se deforma (caras achatadas, brazos larguísimos o con poses imposibles), pero no hacen ruido al lado del enorme cuidado en los detalles, las ropas, los fondos, etc. No quiero ni pensar la cantidad de tinta gastada en tantos trazos y líneas finas, que cubren absolutamente todo.

Los Niños de la Basura se lee muy rápido, se queda dando vueltas en la cabeza y alienta a buscar ya mismo cualquier otra obra hecha por Fantacci.

Existe un conocido dicho, sobre todo aplicado al cine, de que ‘segundas partes nunca son buenas y ni hablar de las terceras’. Por suerte, cada tanto aparecen obras que marcan la diferencia, y establecen que el objetivo de toda saga debería ser superar la entrega anterior, no disminuir la calidad. Así es el caso de la Liga del Mal, un grupo de seis artistas todo terreno –Gerardo Baró, Tony Ganem, ‘Industrias Lamonicana’, Patricio Plaza, Diego Simone y Pablo Tambuscio-, que en el 2012 se juntaron en un chat de Facebook para charlar, intercambiar anécdotas, conocimientos, etc. Entre tantas idas y vueltas decidieron presentar sus propias historietas por la red social. De a una página por semana, con temáticas e historias independientes uno de otro, cada artista subía su trabajo y, cada vez que completaban un ciclo de historias, recopilaban esos trabajos en libros, primero por la difunta editorial Llanto de Mudo y este año, el tercer y último ciclo, por LocoRabia -junto con Grupo Belerofonte-. Hay que destacar que las ediciones impresas cuentan con hermosas portadas de Julián Totino Tedesco presentando todos los personajes centrales de cada entrega.

Aunque el primer libro impreso se encuentra agotado, no es obligatoria su lectura para entender los siguientes tomos -aunque a veces hay guiños ocultos entre los autores que se reconocen o disfrutan más habiendo leído todo-, y además las historias que lo componen se pueden leer en su versión original en Facebook. Otro punto interesante es que si bien hay historias más cómicas y otras más de suspenso, en general todas son dinámicas y con mucha acción, casi no hay nada de estilo intimista. Se podría decir que el ‘mal’, como entidad invisible e incluso como justificación del título, está siempre presente en los conflictos que atraviesan los protagonistas, ya sea enfrentándolo y, a veces, aceptándolo.

Tony Ganem -colaborando con Manu Perotti en guión-, es el único que rompe un poco el molde unitario: sus tres capítulos se entienden perfecto por sí solos pero tienen los mismos protagonistas y ambiente, lo que le da cierta continuidad y orden de lectura. Es una mini saga que se burla de los clichés del género de espada y brujería: el aventurero, la aldea azotada por un monstruo, las tabernas, los dragones… Nada se salva de la sátira, en especial el pequeño pollo protagonista. ¿Usar animales antropomórficos en un mundo de espada y brujería será un guiño del autor a La Mazmorra de Joann Sfar? Ni idea, pero son tres capítulos muy divertidos y bien dibujados, sobre todo el segundo donde Ganem usa dibujo y color tradicional en vez de digital.

Otro que cambia un montón su estilo de dibujo entre cada ciclo hacía una linea cada vez más depurada es Diego Simone. Su primera historia, El horror sin nombre, es paranoica, sangrienta, graciosa y ambigua en la interpretación, ¿está loco o no Fermín, el niño matador de demonios disfrazados?

Su segunda historia también se aproxima a una variante del terror más o menos conocida, la del grupo familiar retorcido, morboso y lleno de secretos. Un extraño, apodado El Muerto -tan parecido al Dyango de Franco Nero, que hasta arrastra un ataúd- llega para complicar u arreglar los ‘quilombos’.

Sin duda la joya de las obras de Simone es Las perras diamante: ciencia ficción estilo ciberpunk, mucha psicodelia y algo de sexo explícito, reunidos por una narrativa y puesta en pagina que dan envidia. Si Guro, el trabajo de Simone editado por Szama Ediciones, es la mitad de bueno que Las perras…, seguro es increíble.

Rey del terror, de Gerardo Baró, es un hermoso homenaje a Ultraman, Godzilla, Power Rangers y cualquier otra bomba mental oriental para los que crecieron entre los 70 y 80. El dibujo es limpio, caricaturesco y espectacular. La trama es muy simple pero bien dosificada en información para que recién en la última página se entienda todo.

Para el segundo libro, Baró hace Macabro, una mezcla el mito de Orfeo -el músico griego que bajó al inframundo para rescatar a su amada- con el Western y la mitología mexicana, en una fusión rarísima pero que resulta muy atractiva.

La ultima historia de Baró es Rey de la ruta, dibujada en estilo más cartoon, con reminiscencias de Kyle Baker, y con mucho humor -el personaje uruguayo es glorioso-. Tiene emoción, acción, todo. Baró es uno de los artistas que pega tres gemas de corrido.

‘Industrias Lamonicana’ arranca con 2 Deaths, un historieta llena de referencias: The Spirit, de Will Eisner, un villano igual a Jorge Porcel, e incluso una reflexión sobre el cambio de estilo de los cómics norteamericanos durante el periodo llamado ‘Edad Dorada’. Los detalles son geniales; por ejemplo, varias onomatopeyas son los apellidos de los otros dibujantes de la Liga.

La segunda trama ‘lamonicana’ es Dios Devorador, una historia simple pero que hace reír. No se puede negar que presenta un lindo elenco de personajes grotescos, eso sí.

Al igual que en el caso de Simone es en la tercera oportunidad donde todos los elementos cierran muy bien: Video-home, pesadilla analógica, es ganchera, inquietante, con los personajes muy bien escritos y con un gran manejo de la tensión hasta el final.

Pablo Tambuscio tiene tres historias que me parecieron excepcionales: Taipei, Marina y sobre todo Post Mortem son todas escalofriantes y con personajes muy queribles, por lo que las tribulaciones que atraviesan generan mucha preocupación en el lector. El dibujo y el color es brillante, muy expresivo y detallista.

Por fin, tenemos a Patricio Plaza; sus tres historias tienen en común dos cosas: la exploración de las creencias religiosas y la evolución de los protagonistas a través de un cambio fundamental . Orgón es muy delirante y Homúnculo me parece que pierde fuerza en un desenlace confuso, pero La logia blanca funciona muy bien como metáfora de la aceptación de la identidad sexual. En la primeras dos historias, Plaza privilegia la potencia del dibujo, en cambio en La logia blanca se muestra mucho más prolijo y refinado.

Es muy evidente que todos los miembros del grupo pusieron lo mejor, metieron todas sus fichas -sobre todo en el tercer tomo- y terminaron cerrando no una sino tres antologías divertidas, bizarras y con un nivel de calidad altísimo. Una gran vidriera de autores a tener en cuenta.

Se podría definir a Comic Magazine como la culminación de un proceso de consolidación del fandom vernáculo y su integración definitiva al medio comercial. Ese desarrollo cronológico ocurre a lo largo de una década, y si bien incluyó a muchos fanzines de historietas -de donde surgieron autores, guionistas y dibujantes, que se unieron a la industria de manera paulatina-, donde más visibilidad tuvo fue en los fanzines sobre historieta -o sea, los que cubrían el medio desde el periodismo-. Y esa exposición fue por partida doble, no solo muchos de esos aficionados se transformaron en editores comerciales, sino que también se convirtieron en formadores de opinión.

Esa cronología se desarrolla así:

  • 1979: Crash!
  • 1982: Top!
  • 1983: AKFAK
  • 1985: Fandom
  • 1986: Comiqueando
  • 1989: Comic Magazine

Comic Magazine representa el ingreso de Javier Doeyo al mundo editorial, en donde no solo ejerció la función de editor y director, sino que también tomó parte en el diseño, diagramación e impresión de la revista. En sus páginas congregó a una variada gama de especialistas surgidos del fanzine, entre ellos Fernando García y Hernán Ostuni, provenientes de AKFAK, en donde reeditaron mucho de ese material y además aportaron nuevos artículos; Andrés Accorsi, quien luego de dirigir Comiqueando se había incorporado al staff de Ediciones Record con la columna El Club del Comic -y que luego de un viaje a la San Diego Comic On, trajo una serie de entrevistas exclusivas-; José Luis Tasinazzo, encargado de las novedades de cine, TV y video; Marcelo Ciccone y Joche, provenientes del fanzine Surmenage, haciendo ‘historietas homenaje’ a personajes emblemáticos; Javier ‘El Niño’ Rodríguez, autor del fanzine Kaput, con diversas tiras de humor, más las colaboraciones esporádicas de Pablo J. Muñoz, del fanzine HGO; y talentos surgido del Subtemento Oxido de Fierro, como Esteban Podetti o Roberto Cubillas -(a) Cuk-.

Comic Magazine tuvo 4 números publicados entre octubre de 1989 y septiembre de 1990, los dos primeros en formato vertical -20 x 28 cm.-, y los dos últimos en formato cuadrado -30 x 30 cm.-; al mismo tiempo se lanzó Comic Magazine ‘El Diario’ en formato cercano al tabloide -28 x 39 cm.-, un poco más enfocado en la actualidad, pero sin perder las notas de fondo, y que alcanzó las 10 ediciones entre julio de 1990 y octubre de 1991 -aunque al tener números dobles, la numeración alcanzó el 12-. Además, hubo una edición especial por el Primer Salón Internacional de la Historieta y el Humor Gráfico, en abril de 1990, con un dossier exhaustivo sobre el Loco Chávez, el célebre personaje de Carlos Trillo y Horacio Altuna.

Javier Doeyo abandonó su rol de director editorial tras el número doble 10/11, para embarcarse en el que sería su proyecto editorial más ambicioso hasta entonces, la revista de historietas Cóctel Molotov. Quien ya se desempeñaba como director de contenidos, Fernando García, asumió la conducción total de la revista, para editar un último número, el 12. Luego, la publicación pasó a integrarse con la mencionada Cóctel Molotov.

Los primeros fanzines sobre el medio de la historieta que circularon fueron periodísticos, o sea se dedicaban a informar. En esa cronología fanzinera, hay un orden. El primero en aparecer fue Crash! en 1979, gracias a la voluntad del Círculo de Artes Visuales de la República Argentina y su director, Leandro Sesarego. El segundo fue Top! en 1982, por iniciativa del nicoleño Luis Rosales. El tercero de ellos fue AKFAK, aparecido en 1983, de la mano de dos amigos y arduos investigadores del campo de la historieta, Fernando García y Hernán Ostuni, responsables del 95% de las notas de la revista, coordinados por Ricardo García, y ayudados por Juan Pérez ReyesRoberto Barreiro y Horacio Ferrer -que publicó una poesía-editorial en el nº7-.

AKFAK tuvo una primera época en 1983, cuando la dupla sacó los números 0, 1 y 2, y una segunda a partir de 1985 que se extendió por otros 10 números hasta 1989. Entre los puntos altos de las dos etapas se encuentran las notas sobre sobre el serial The Phantom de Columbia en 1943 , la extensa revisión de la Editorial Warren, el dossier sobre Frank Frazzeta -con entrevista exclusiva incluida-, la celebración de los sesenta años de Patoruzú, las entrevistas a Carmine Infantino y Neal Adams  y las notas dedicadas  a personajes poco conocidos como Bil Bol Bul, Tapok, Peloduro y Fantax.

Pero dejemos que sea Fernando García quien nos cuente surgió el título de la revista: ‘Es el nombre de Kafka de al revés. Cuando estábamos buscándole nombre al fanzine, en la casa de Hernán Ostuni, estábamos sentados en el escritorio de su padre; y como no nos convencía ningún nombre, miramos sobre el escritorio y ahí estaba la edición de América de Kafka, una edición de bolsillo del Eudeba, de tapas negras. Le dimos vuelta al apellido y ahí quedó’.

Hacia 1989, cuando la trayectoria de AKFAK estaba llegando a su fin, la dupla García-Ostuni, se unió a Comic Magazine, un nuevo proyecto editorial comandado por Javier Doeyo, y que también contaba con la colaboración de otros integrantes del medio independiente, también productores de fanzines, como Andrés Accorsi, Pablo J. Muñoz, Marcelo Ciccone y Joche. Es necesario especificar que el grueso del material producido para AKFAK fue corregido y ampliado para ser republicado en Comic Magazine.

A partir de 1994, la dupla García-Ostuni, estuvo a cargo de la sección Los rescatadores en la segunda época de Comiqueando, completando una total de 55 revisiones de material antiguo, con especial preferencia por la Historieta Argentina. Por fin, en el nuevo milenio, junto a otros colaboradores, los autores publican el libro Patoruzú Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche, punto de partida para el grupo de estudio La bañadera del cómic, con el que además publicaron dos libros complementarios dedicados a Oesterheld y su obra, cuatros tomos sobre la historieta latinoamericana y la revista digital Sonaste Maneco -hoy, convertida en un blog-.

Entre los fanzines pioneros de los 80 un posta insalvable es Fandom, palabra que deriva de la conjunción de Fanatic Kingdom -que en traducción literal al castellano quedaría como Reino Fanático-, y es que algo de fanatismo hay tener para decidirse a hacer un fanzine sin mayor motivación que las ganas. Al contrario de otros Fanzines de información -como Crash!, Top!, Akfak y Comiqueando-, Fandom se destacó por incluir historietas de todo el mundo acompañadas de pequeñas notas introductorias. Una manera hermosa de difundir el medio.

Fandom fue un emprendimiento de los hermanos Claudio y Gustavo Rubin, que asumían los roles de director y asesor editorial, respectivamente. A los largo de los 9 números publicados entre 1985 y 1987, Fandom se transformó en un muestrario mundial de la historieta. La dupla también editaría un cuadernillo, llamado simplemente Historietas en 1986, dedicado en exclusiva al mundo de los superhéroes, y que sería el pie para la edición del libro El origen de los superhéroes en 1990, hasta donde alcanzan nuestros datos.

Fandom tuvo columnistas invitados, entre ellos la dupla conformada por Fernando García y Hernán Ostuni, editores del fanzine AKFAK, redactores de las revistas comerciales Comic Magazine y Comiqueando (segunda época), con la columna Los rescatadores, e integrantes del colectivo La bañadera del Comic; y a Rafael De la Iglesia y Andrés Accorsi, que más tarde iniciarían su periplo editorial en Comiqueando. Es de destacar que Fandom registra la primera colaboración de Andrés Accorsi en  un fanzine, con una sección denominada Comic Clips, la cual sería una de las columnas fijas de Comiqueando incluso hasta el día de hoy en su versión online.

 

Damián Connelly es uno de los guionistas argentinos con más producción, tanto en su propia editorial, Atmósfera, como en otros emprendimientos. Con tantos trabajos de guión y edición no es raro que terminen apareciendo reediciones de obras agotadas como la que nos ocupa en este momento.

‘Las chicas de nadie’ es una obra que engancha al lector con su argumento sórdido, los personajes bien construidos y un impecable ritmo narrativo.

La trama comienza con Emmet, un solitario profesor de secundaria, divorciado y adicto a la pornografía, que un día cualquiera viendo una película porno se encuentra con una chica atada y pidiendo auxilio a los gritos. La imagen queda grabada en la mente de Emmet y junto con una vecina bastante metiche empieza a investigar. Casi sin darse cuenta el improvisado dúo se encuentra cada vez más metido en situaciones jodidas, esas de las que no se puede estar seguro de salir en una sola pieza.

Cuando se lee la obra por primera vez puede dejar la sensación de un final inesperado por puro morbo, que le quita un poco de gusto a las páginas previas. Pero hay señales, indicios de ese desenlace a lo largo del libro que sin reducir lo shockeante sí dejan claro que no es un manotazo de ahogado del guionista.

La mayor crítica viene por el lado de los diálogos; si bien la ambientación transcurre en una pequeña ciudad en USA, resulta poco natural que todos los personajes hablen en una especie de castellano neutro como el de las películas (mal) dobladas, sobre todo cuando tienen muchos rasgos culturales muy distintos entre sí: un profesor mayor de edad, una adolescente clase media baja, mafiosos chinos, traficantes latinos… todos hablan de ‘tu’, putean con ‘mierda’ y ese tipo de expresiones que le quitan personalidad y onda a las caracterizaciones. De todos modos, no hay muchos diálogos y sí mucha narrativa visual, lo que hace muy llevadera la lectura.

El dibujo de Matías San Juan, una de las mitades de la revista ‘Doppelgänger’, es pensado justo para este tipo de historia: es sobrio y delicado, una mezcla de Dan Clowes y Lucas Varela, pero apostando más por la narrativa y la claridad del dibujo antes que por los virtuosismos gráficos. Los tonos de grises acompañan el clima, igual que todos los detalles en fondos y ambientación; tampoco se notan para nada las referencias fotográficas que figuran en los extras de esta nueva edición.

La edición es impecable para su precio y es muy bueno que esta obra haya sido reeditada para seguir siendo descubierta y disfrutada por cada vez más gente.

 

 

Luis Rosales, uno de los primeros difusores del medio.

Al contrario de la actualidad, donde el grueso de las historietas que se publican surgen del medio independiente -gracias a la actividad de los autores y autoeditores que comienzan su recorrido editando fanzines y haciendo historieta amateur hasta alcanzar, en base a la constancia, trayectoria y calidad artística-, los primeros fanzines argentinos de historieta tuvieron un eminente enfoque periodístico, avocándose sobre todo a la revisión histórica de autores, personajes, títulos y revistas. En otras palabras, los fanzines en Argentina nacieron haciendo periodismo, ese es el inicio de la crítica especializada del medio.

En ese origen se encuentran, primero, autores profesionales que también hicieron de historiadores. Desde Alfredo Grassi y su ¿Qué es la historieta? de 1968, publicado por Editorial Columba, a los omnipresentes Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, con el a veces mal entendido Historia de la Historieta Argentina de 1980, publicado por Ediciones Record. Todo esto, sin olvidar a Leandro Sesarego, fundador del primer fanzine con conciencia de tal, Crash! en 1979. Luego están los aficionados, lectores y coleccionistas compulsivos, que deseaban comunicar, contar qué estaba pasando. De todos ellos, lo más conocidos son los célebres Andrés Accorsi, figura central de Comiqueando, y Andrés Valenzuela, periodista en Página/12.  Pero ninguno de ellos fue el primero. Ese lugar lo ocupa Luis Alberto Rosales, quien se inició en el periodismo de historietas de la mano de Sesarego, colaborando en Crash!, para luego largarse solo a partir de 1982, con Top! -en la práctica, el segundo fanzine sobre historietas que existió-.

Tanto Crash! como Top! compartieron características, formato grande, buen diseño e impresión, información exacta y detallada. Cuando Top! dejó de salir, Rosales se sumó al staff de Ediciones Record, con sus columnas Planeta Comic y Oh, el comic!, en donde compartió por varios años actividades de difusión con Alfredo Grassi -encargado de la sección El club de la historieta– y con Leonardo Wadel -con su sección Así los conozco-, y más tarde con Andrés Accorsi -que continuó la sección de Alfredo bajo el nombre, El club del comic-. Gracias a la magia de la Internet, Top! resurgió en el nuevo milenio en forma de blog. Desde allí, Rosales volvió a encargarse de difundir aquello que más le gustaba. Top-Comics fue un éxito, tanto que sobrevivió a su propio creador, fallecido el 18 de abril de 2009, y que hoy, bajo el mando del amigo Carlos Martínez, continúa su marcha.

Pero dejemos al propio Rosales, que nos cuente un poco sobre la aventura de editar un fanzine: “Cuando a principios de los 80, con Miguel Almirón Assalli, nos pusimos a crear un nuevo fanzine, a la postre, TOP!, decidimos que fuera distinto. Al menos, que tuviera una personalidad distinta a Crash!, donde nos iniciamos. Allí éramos tan felices de participar en la patriada que comandaba el recordado Leandro Sesarego. Miguel Assalli era un trabajador incansable, con las fotocromías, el diagramado y el pasado a máquina, todo muy cuidado, casi a la perfección diría. Eso hacía en Crash! y lo repitió en TOP!. Habíamos pensado ponerle a esta nueva revista un toque distinto, algo que se concretó en el suplemento El Pibe, dedicado a difundir noticias, hechos interesantes, misceláneas, anécdotas y con espacio para crónicas de interés. Casi de inmediato, se nos sumó Eduardo Weidmann, un hombre absolutamente calificado y con mucha pasión; conocedor, por supuesto, del mundo de la historieta y el humor gráfico. El staff estaba, entonces, completo pero, el producto-fanzine comenzó a sufrir problemas económicos, algo insalvable que nos llevó a la desaparición; lamentablemente, sólo pudimos editar siete números. El golpe fue durísimo para nuestros sueños. Pero, mantuvimos nuestros sueños en alto y pasados los años, iniciamos un nuevo espacio, esta vez en Internet, con el mundo de la historieta en Top-Comics que tantas satisfacciones nos está dando. Hemos sumado a esos inestimables valores como Almirón y Weidman, a Gerardo Canelo, Carlos Martínez, Mariano Chinelli, que aportan sus trabajos de calidad, obviamente. En marzo 2009 cumplimos 2 años de vida, lo que nos enorgullece porque logramos un espacio sólido y prestigioso, según nos comentan nuestros lectores y amigos. Es, someramente, lo que puedo decir sobre la historia de papel de TOP!. La actualidad nos ubica en el Top-Comics electrónico, sitio que queremos mucho y al que nos brindamos totalmente.”

Vaya este rescate, para quien hizo uno de los mejores fanzines que haya existido.