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Cecilia Desiata, también conocida como Gala, no es un nuevo talento de la escena independiente, pues ya lleva varios años haciendo historietas. Sin embargo, su producción espaciada colaboró para que su talento pase inadvertido para el grueso del público. En su arte hay dos vertientes que destacan, primero una facilidad para construir historias complejas en pocas páginas, con guiones que trabajan más de un eje a la vez, explorando a menudo el erotismo, la falsa moral y la violencia, en clave de thriller policial. Mientras que en el dibujo, se puede apreciar un esfuerzo de documentación fotográfica que luego es re-elaborado en clave plástica, otorgando a su arte un fuerte anclaje en la realidad, sin perder la figuración  narrativa. Como curiosidad, hay que destacar que a menudo Desiata se dibuja a sí misma como personaje de sus historias, llevando la interrelación ficción-personaje un paso más allá.

Entre sus trabajos, podemos contar Híbrido, el fanzine surgido del talles de historietas que a principios de la década dirigía Quique Alcatena; además de Jugando, amor, un triller policial violento y de ribetes eróticos; también, Al oído, una inconclusa novela gráfica, que Desiata escribió para su marido, Víctor Serra; y por fin, Hasta el cielo, un fanzine de realización reciente, por completo a color, y que explora el erotismo y el sexo explícito a través de una historia policial. Es debido a este último trabajo que ponemos su trabajo de relieve. Primero porque es una buena historia, bien escrita y bien dibujada, algo que no abunda tanto como debiese. Y también, porque en estos tiempos de violencia de género y de moralina resurgida en clave de corrección política, que alguien pueda asumirse en sus gustos y aficiones, las muestre de forma natural y, por sobretodo, sin  perder el arte, es algo que hay que celebrar.

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PORTADA

Portada del libro

‘Capisci?’ es una antología editada e impresa por el Estudio Mafia (integrado por Lucía Brutta, Juan Pablo Valdecantos, Martín Lietti, Razz, Fede Di Pila, Ernán Cirianni, Daniela Magnelli y Nacho Flores) que reúne en total a 71 artistas de toda Latinoamérica. Fue presentada en Viñetas Sueltas donde además hubo una muestra de originales.

¿En qué se diferencia esta antología de otras como ‘El Volcán’, también de reciente lanzamiento? En que desde su propia producción ‘Capisci?’ celebra su concepción artesanal e independiente.

La tirada completa de 320 ejemplares numerados fue realizada en la imprenta Riso del grupo, o sea mediante risografía. ¿Y eso con qué se come? Es un proceso donde cada página es pasada por un tambor con tinta tantas veces como colores se requieran. En el caso de ‘Capisci?’ se usaron los colores rojo, azul y negro. El resultado final es un festival de los sentidos para el lector. Visualmente por momentos parece que son tres libros superpuestos, a veces sincronizados, a veces desfasados, donde cada color parece a punto de saltar hacia afuera. La risografía permite jugar y desarrollar cada capa de color como una entidad propia, con su propia densidad e inclinación, que recién se convierte en parte de un todo visual en la hoja impresa. Tener un ejemplar de ‘Capisci?’ en las manos se siente poderoso, con mucho peso, con páginas que al tocarlas sentís que estas acariciando un terciopelo y no un papel. Vista, tacto, memoria y hasta olfato se ponen de acuerdo para hacer de la lectura del tomo algo único.

AUTORES

Índice de autores

¿Hay un hilo común entre las historias, una temática o una idea general? La mayoría de los autores trabajaron con la palabra ‘capisci’ (entendiste) como disparador o la hacen aparecer en algún momento, en particular relacionado con la mafia, pero la verdad que todos resaltan más la forma que el contenido. Entre los que desarrollaron tramas con algún tipo de argumento hay que destacar a Otto Zaiser, Di PilaCharly Five, Ariel López V., el colombiano Nomás (con una historia maravillosa de 7 páginas casi sin dialogo), Brutta, Camila Notari, Cirianni, Pablo Guaymasi, la dupla Martín Ferrari / Alejo Vigliani, una historia de Valdecantos que además de estar excelentemente dibujada pone los nervios de punta, Sole Otero (con una versión de ‘Top Cat’ mafiosa y en joda) y Flores con una historia perversa de dibujo inocente y amigable.

Aunque el resto no recurra a estilos narrativos clásicos o tradicionales (y hay muchos autores con ilustraciones de página completa más que con historieta propiamente dicha) no desentonan para nada en una antología que ante todo celebra la libertad creativa, el vale todo, que se opone con fuerza a los prejuicios, a las formas preestablecidas, al “así deben hacerse las historietas” y que sobre todas las cosas celebra la experimentación, un enorme ‘¡VIVA EL UNDER, CARAJO!’

Ficha en Zinerama con lista completa de autores

 

Si hay una editorial que aprovechó al máximo la temática de las mutaciones, sin dudas es Marvel Comics: la franquicia ‘X-Men’ es una de las más conocidas en todo el mundo, generan millones en merchandising y dibujantes estrellas convirtieron a los ‘mutantes odiados y temidos’ en facheros y musculosos. En conclusión, ser mutante en Marvel no es tan malo. Pero se puede dar el reverso, ser un mutante en la serie ‘Birdman’, creación de Ziul Mitomante desarrollada con Nicolás Viglietti, donde la misma idea es filtrada por el colador del humor negro y la sátira social.

Si a los X-Men los dibujaba Jim Lee, el trazo (y color) de Mitomante está más cerca de la animación cruda y visceral de cartoons para adultos como ‘Bojack Horseman’. Y si Marvel edita 20 títulos con mutantes por mes, el colectivo Prendefuego mantiene con pasión un micro universo de dos revistas y tres spin-offs, todos editados con amor, calidad y bajo costo para tener más llegada, incluso con distribución gratuita en la página web de los autores.

¿De que tratan los dos capítulos de ‘Birdman’ editados hasta el momento? Un determinado día aparece una grieta en el cielo y un montón de personas con mala suerte se despiertan con deformaciones y poderes. Pero no poderes copados como volar o tirar rayos por los ojos, eso le toca a unos pocos que son reclutados por el gobierno; al resto se les asignan apodos ofensivos, degradantes tareas como oficio’ y encima los obligan a presentarse en clases de apoyo motivacional.

Viglietti y Mitomante balancean el humor negro, la lastima y la ternura para encariñarnos con los personajes más allá del grotesco visual, remarcando la marginalización de la sociedad ‘normal’, porque en ‘Birdman’ es mejor ser pobre que mutante.

Algo que le queda corto a los dos capítulos es el espacio: en 24 páginas recién cubrieron la presentación de personajes y un escenario importante (la sala de apoyo grupal), mientras que otras tramas como los recuerdos de Birdman (el ‘afortunado’ protagonista con cabeza de pollo) o los experimentos militares quedan con menos espacio, juntando de a poco secuencias que los hagan relevantes.

Como mencione antes, la revista principal de ‘Birdman’ ya dio lugar a spin-offs donde autores invitados desarrollan personajes mencionados en la serie central o creaciones propias pero en el mismo entorno y marco presentado en ‘Birdman’. Lo mejor de estos cuatro ‘Birdman presenta:’ es que además de empezar y terminar en una sola publicación, tienen estilos y puntos de vistas muy distintos a la serie central.

‘El enorme pequeño Juan’ de Fernando Calvi es otro tributo a la inocencia y potencial de los superhéroes que al autor tanto le gusta hacer (para muestra solo hay que ver la línea ‘Ser Súper’ editada por Szama Ediciones o el material subido en Tótem Comics cada semana). Calvi produce un desfile de guiños, colores estridentes, captions sin borde, reflexiones filosóficas y una nena que le encantan los superhéroes, porque pensar que es cosa de varones es de nuestros abuelos. También es la única revista relacionada con ‘Birdman’ que muestra en más detalle el ‘fenómeno’ espacial que provocó las mutaciones.

‘Vértigo (deshechos)’ es de dos autores que vale la pena seguir en futuros proyectos: José Arizmendi y Feru Icchi. Que el protagonista haya recibido una habilidad que hace que nadie pueda acercársele a menos de dos metros solo remarca lo desagradable que era desde antes: fascista, machista y con apenas una ligera fibra moral para investigar un caso que involucra corrupción policíaca ‘porque no es que se les fue la mano con algún negro’. La historia es breve, dura y contundente mientras que el dibujo es claro y muy prolijo, con colores planos resaltando ciertos aspectos (el amarillo, por ejemplo, para las náuseas que provoca el protagonista; desconozco si hubo alguna intención política en ello). De yapa aparece el mutante con el nombre más guacho que podía recibir.

‘Niño Cósmico’ de Nicolás Lepka es el spin-off más espiritual y metafísico. Hay una frase muy conocida de que cada persona es un mundo; el niño protagonista puede confirmar que cada persona es un cosmos completo, lleno de estrellas que resplandecen con la fina línea gráfica de Lepka, autor con un estilo particular y reconocible.

El último ‘Birdman presenta’ hasta la fecha, ‘Food Porn’ de Juan Bertazzi y Hernán González, rompe con cualquier conexión a los clásicos superhéroes incluso desde su presentación gráfica. El argumento es satírico, ácido, violento y lo mejor logrado: recién en la última página cierra cual es el poder mutante del protagonista. El dibujo de González aunque es crudo y sencillo, aprovecha por completo el uso de texturas y distintos encuadres, logrando un efecto visual similar al de los cuadros de Roy Lichtenstein.

Como se puede ver el potencial creativo al que da lugar ‘Birdman’ es enorme y todavía se puede explorar mucho más.

 

 

 

¿Qué sucede cuando la Iglesia se convierte en un todo e interfiere con el Estado? ¿Qué sucede cuando las voluntades individuales son manipuladas con la excusa del libre albedrío y la libertad sexual? En el mundo que plantea Perro –el nuevo magnum opus de Renzo Podestá, publicado por Szama Ediciones-, se vende y compra un Cristo sadomasoquista que ampara todo tipo de perversión para mantener el mismo status quo de siempre: los que están arriba viven a costa de los que están abajo y el pez gordo se come al flaco. La frase es literal porque los personajes son gordos, flacos, altos y petisos pero todos tienen cabeza de peces, gatos, pájaros y, por supuesto, perros. A la vista son diferentes pero en el interior, en la pulsión de vida (o muerte, como en el caso del protagonista) que los motiva, son demasiado iguales a nosotros, con la diferencia que en el cómic el animal interior está a flor de piel y no tapado por ese disfraz llamado ‘humanidad’.

Perro es directa, shockeante, con simbolismos pero sin ambigüedades, tan sincera que ni precisa diálogos. La narrativa es clara y controlada a todo pulso: más dilatada encontratapa_A los momentos tranquilos, más enérgica y efectiva en las muchas secuencias de acción. En ningún momento el lector queda perdido o desconcertado con lo que sucede y el mérito es doble cuando todo transcurre en un mundo con particularidades tan ajenas al nuestro y a la vez tan similares.

El único personaje con un desbalance es el protagonista: un asesino no ‘a sueldo’ sino ‘a conciencia’, tratando de limpiar este mundo amoral de la peor escoria. El resto son predadores o presas, todos muy cómodos en su rol. Pero atención que el sicario también responde a un mandato, a un ente superior. ¿Es su imaginación o es la muerte misma quién le da sus misiones? Al final es igual que los otros, bajando la cabeza y siguiendo órdenes, hasta que llega a un punto de quiebre, cuando la motivación se vuelve personal. Y con esa ruptura aumenta la violencia, la acción y la catarsis, el pensar ‘basta de tanto abuso, loco, ahora a romper todo’.

Perro es una obra para analizar en su totalidad y más allá de sus componentes; se disfruta por el buen hacer de Podestá, un tipo cada vez más pulido en este tipo de obras que quedan dando vueltas y vueltas en la cabeza (como El aneurisma del Chico Punk o la reciente ‘Warpaint), pero también deja mal, con una gran incertidumbre sobre lo que nos rodea, lo que decimos, pensamos y sobre todo, creemos. Como tienen que hacer las obras perdurables.

 

Hay elementos en las historias de aventuras que varían de una a otra: el héroe, el villano, el entorno, la época. Pero hay un elemento que siempre está presente desde los mitos griegos en adelante: la búsqueda. Sea destruir un anillo o siguiendo un mapa del tesoro, siempre hay un disparador que enciende la necesidad por encontrar algo, aunque a veces ni el propio protagonista entiende bien lo que busca. Por ejemplo, al enano Urgh le importa un comino encontrar “la corona de huesos”. Pero para su medio hermano, Dragón, la corona lo es todo. No por nada es la tarea que les encomendó su finado padre.

Como un dragón y un enano son medio hermanos es como mínimo curioso y en este tomo no se dan muchas explicaciones al respeto; lo que importa es la que la dupla (o trio, porque olvide el detalle que Dragón tiene dos cabezas, con personalidades en conflicto constante) tiene química y genera varias situaciones cómicas, potenciadas por los personajes que el autor Andrés Nicolás Allocco (con el seudónimo  griego – ¡qué casualidad!- “Telémaco”) agrega a lo largo de las 256 páginas. En los tiempos medievales donde viven Urgh y Dragón hay hechiceros precoces, goblins que juegan a los dados y una comunidad de vecinos chusmas pero simpáticos (una especie de vecindad del Chavo del 8 haciendo cosplay de D&D)

La primera mitad del libro está dedicada a la presentación de personajes y divaga un poco en largos monólogos (si, Ulfrus hablando con su cuervo o Dragón discutiendo consigo mismo los considero soliloquios) pero cuando empiezan las interacciones la narrativa se torna más dinámica y la segunda mitad se devora de un tirón. Resulta que por una razón ligada a los poderes de Dragón los personajes se pueden trasladar  a cualquier época y así la acción se desplaza hasta África a fines del siglo XIX. O sea que Allocco tiene un abanico enorme de posibilidades para jugar con sucesos reales (en este caso el ataque de leones conocido como “los devoradores de hombres de Tsavo”) y meter personalidades como Billy The Kid.

En el segundo tramo también aumenta la violencia, porque ‘Urgh’ esta apuntada a niños y adolescentes pero no se pone tacaña con los momentos de sangre y muerte.

Telémaco tiene planeadas varias entregas de la saga así que es lógico que queden puntas y plots abiertos; lo que hace ruido son situaciones naturalizadas por la trama y que requerían alguna explicación adicional, en especial la razón de los goblins para buscar a Urgh. Sacando esos detalles (que no descartó que sean cubiertos en los próximos libros) “La corona…” es una historia que se vale por sí misma, con mucha coherencia y cuidado para ir presentando la información a lo largo de todo el libro, con lo que hay detalles que son retomados y explicados hasta las últimas páginas.

El dibujo es un tema aparte; se merece todas las loas y elogios por el manejo de las expresiones, el cuidado en los fondos y diseño de personajes, lo funcional que es con el estilo de guion…. Y pierde un poco cuando se piensa en lo inspirado que esta por Jeff Smith. Allocco es un talento nato y desarrolló todo el libro con dibujo vectorial, lo que solo aumenta mi asombro, pero me gustaría que ‘Urgh’ siga creciendo, buscando su estilo definitivo y que deje de ser un primo lejano de ‘Bone’, que es la sensación que da al leerlo.

‘Urgh y la corona de huesos’ es un libro recomendado para lectores de todas las edades, con una serie increíble de personajes y con mucho potencial para merecer toda la atención.

Durante la segunda parte del año aparecieron varios fanzines valiosos, tanto por la calidad de su arte como por lo cuidado de sus ediciones, pues en esta época de avance tecnológico, la forma en que una obra se edita influye de manera decisiva en el gusto del público a la hora de acercarse a ella.

Matías Mendoza dibuja, escribe y edita desde hace un tiempo y de buena manera, integrando el equipo de Telecomics y a través del webcomic Vegetare para Atmósfera Editorial. Este año además lanzó dos fanzines que se las traen. Uno de ellos es Nakano y la máquina, contado una historia que mezcla fantasía y ciencia ficción, donde la realidad hiperindustrializada se mezcla con la pesadilla del mito. La visión que propone Mendoza es interesante, es la industrialización la que convierte a los hombres en demonios, y frente a ello, Nakano -que lleva la tragedia en su piel-, decide combatir y llevar a cabo su venganza. El dibujo es sintético pero tortuoso y la puesta en página es intensa, resuelta en pocos cuadros donde los escorzos y las visiones angulares destacan. Los textos son complejos, jungando entre el lenguaje metáforico y  las definiciones contundentes. La presentación sobresale por la elección de materiales, tapa color, insert desplegable en papel de color, e interiores a una tinta en papel misionero.

El otro es El Hambre, que desarrolla una historia de ciencia ficción en una Tierra prehistórica, contando el primer encuentro de nuestros antepasados humanos –australopitecos– con un ser extraterrestre de inteligencia superior. De ese encuentro, se deduce por consecuencia el nacimiento de la conciencia humana, sin embargo lo que interesa es cómo eso sucede. El dibujo se puebla de cuadros pequeños contando una secuencia yuxtapuesta que se resuelve en cuadros a página completa.  Por momentos, el trazo de Mendoza encuentra sus influencias en el Breccia de Mort Cinder y en el Olivera del primer Gilgamesh. Los textos por otro lado, cuentan la historia desde dos puntos  vista distintos, el extraterrestre y los monos, y demandan atención por parte del lector. La presentación es impecable, tapa color, un prólogo en papel de color celeste e interiores a una tinta en papel amarillo. En resumen, Nakano y la máquina y El hambre son dos joyas.

Este año, el bueno de Kokin Kokambar, amén del recopilatorio de El Capitán Supositorio, lanzó un publicación secuenciada de nombre Historietas Extraorinarias, en formato apaisado (20,5 x 9 cm.), a razón de una tira por página. Kokin es la demostración cabal que para ser un buen historietista no hace falta ser un dibujante eximio o  un guionista fenomenal, sino tener una buena idea y saber llevarla a cabo. Y en eso está todo, desde la elección del formato singular que realza y pone foco de manera individual en cara tira hasta desarrollar varias historias paralelas que van entremezclándose hasta ser solo una. Así, el autor juega a despistar para después unir las piezas y hacer que todo encaje sin forzar las situaciones. El dibujo muestra progresos en la síntesis, y los diálogos son siempre ingeniosos manejando la parodia con soltura. El universo de Kokin es particular, plagado de cafeteros y vendedores de panchos, que atestiguan o son parte de un mundo descabellado y ridículo, donde la estupidez está al servicio de la risa de manera inteligente. Para hacerla corta, Historietas Extraordinarias te lleva a buen puerto.

Si de regresos con gloria se trata, Pablo García y Jorge Blanco vuelven a la carga con Camulus, el dios céltico de la guerra y guardián del Tír na nÓg. Para andar sin rodeos, la historia es una de las mejores del personaje y, también, de las más necesarias, puesto que después de 19 años de andanzas en publicaciones esporádicas, una puesta al día con los lectores se hacía imprescindible. Con una tapa potente y a lo largo de 24 páginas, plagadas de cuadros a página completa en riguroso blanco y negro, García repasa la historia de Camulus, con textos en primera persona, que ponen los hechos al alcance del lector, manteniendo la tensión narrativa y sin caer en obviedades; mientras que Blanco logra desde el dibujo uno de sus picos artísticos, haciendo de este fanzine la antesala ideal para la edición definitiva de El dios fugitivo, la historia que quedara inconclusa tras la cancelación la revista Magma, allá por el 2009, y que está anunciada para el año que viene en formato libro. Dicho de otra manera, la Saga de los dioses sirve de puerta de entrada para uno de los grandes personajes del cómic independiente argentino y te deja con ganas de más. No es poco.

Bien, había planes de publicar esta reseña por lo menos hace una semana, pero el tiempo es tirano y no por mucho madrugar se amanece más temprano -o algo así-, así que concluída la octava edición de la Crack Bang Boom, en Zinerama se publican 2 recomendaciones.

Luego de una obligada reestructuración interna, el sello Gutter Glitter editó Cría Cuervos -y te arrancarán los ojos-, la nueva obra de Paula Andrade. En la historia, un brujo maldito se embarca en una travesía para encontrar los ingredientes necesarios que le permitan realizar un hechizo que puede redimirlo, aunque esa posibilidad sea remota. En su viaje de recolección, se enfrentará con criaturas oscuras y guardianes arcanos al mismo tiempo que ganará aliados. Por fin, en su viaje de redención, se verá obligado a confrontar con su culpa y con las consecuencias del crimen que cometió.

Cría Cuervos -originamente titulado Zauberkraft– es la primera novela gráfica de Paula Andrade, y en sus más de 150 páginas muestra su evolución autoral. A través del viaje lúdico y espiritual del protagonista, se puede apreciar el manejo de los tiempos narrativos de la historia, donde los diálogos están bien puestos, las acciones antes que explicarse se muestran -tal y como debe ser en una historieta de buena factura-. A nivel gráfico, hay momentos deslumbrantes dentro de un nivel general alto. En ciertos pasajes, debido al largo tiempo que tomó la producción del libro, se ven sutiles cambios en la resolución estilística de las páginas, pero hay que tener el ojo acostumbrado para poder encontrarlos.

Hacia el desenlace de la historia, todo lo que parecía ser, cambia de status quo, y la verdadera trama se devela. Esa revelación final esta bien manejada, y no solo resulta natural sino, también, inteligente. En resumen, Cría Cuervos es un paso adelante en la carrera de Paula Andrade, alejándose de su universo preferido –Gomorra-, pero manteniéndose en el sendero de lo fantástico, lo místico y lo sobrenatural, y que confirma que es uno de los autores vigentes en la panorama de la historieta vernácula.

Desde hace un tiempo, circula un libro-fanzine, producido casi a demanda, que cuando fue reseñado en en el blog de Comiqueando desató una lluvia de trolls de características épicas, se trata de El Capitán Supositorio, de Kokin Kokambar. A través de sus 178 páginas, la obra recopila los primeros 4 números de la serie, que cierran de modo perfecto, quedando los números 5, 6 y 7 para un segundo y último tomo.

Kokin Kokambar es, hoy por hoy, uno de los humoristas con más talento en el campo de la historieta, haciendo gala de un costumbrismo absurdo, que levado al extremo desata las reacciones más impensadas. Así, el Capitán Supositorio, es el heroe idiota de una Nación Argentina descabellada, donde todo puede pasar, incluso el mayor desatino -Osea, una Argentina muy parecida a la real-. Más allá de eso, el Capitán y sus compañeros -en especial, el siempre famélico Dark Chanch, el ninguneado Ñ-Man y el trotskista Hombre Neumático-,  enfrentan como pueden todo tipo de amenazas -como Eschumacher, el dios new age asirio; Urno, el churrasco y el Minotauro Uruguayo que planea destruir Buenos Aires con un termo atómico-. La galería de personajes secundarios es generosa, y en ella destacan Benito Mostacher, Pipo Brazos de resorte y Carlitos, el hombre que ignora, entre otros.

Los diálogos manejan el disparate con maestría y los remates están puestos donde deben. La historia crece en tensión, mientran las situaciones se suceden y los personajes participan de la acción en la dosis justa, logrando una historia coral plagada de desatinos y carcajadas. El libro tiene algunos errores, más que nada en el letreado, algo que, por la forma de producción, se fue corrigiendo a medida que se imprimieron nuevas tandas. En otras palabras, El Capitán Supositorio es bueno y es una muestra de las maravillas que pueden pasar en ámbito de la historieta independiente.