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‘Como mi abuela escuchando Pixies’. Exes de Muriel Bellini y Gustavo Von Chuyo.

Puede ser porque soy nueva en ésto, pero no lo entendí. Y no me gustó porque no lo entendí. Tuve que hacer un esfuerzo mental importante para leer, seguir el hilo en mi cabeza, y tratar de comprender (en el sentido más primitivo de la palabra) qué les pasa a los dibujitos.

No necesito entender todas las cosas, no me interesa saber cómo funciona Linkedin, ni cómo se hacen las biromes, pero cuando consumís arte y/o entretenimiento, está bueno ir entendiendo algo (a menos que estés mirando Twin Peaks, que ya entrás sabiendo que no vas a entender una mierda).

Mi comentario es absolutamente personal y subjetivo, pero a nadie le gusta sentirse pelotudo en general. Entiendo más a mi gato cuando hace ruidos (agua, comida, mimos, salir, despertate tarada que son las dos de la tarde), que lo que está pasando acá.

Quizá no me gustó el mashup. Igual no me dejó un mal gusto, la historia en sí es simpática. Cuando llegué como a la mitad (les diría qué página es, pero no están numeradas), entendí que estaban matando insectos. Sentí un alivio rarísimo. ‘Ah, esto es lo que está pasando, ok.” Lamentablemente, al toque dejé de entender otra vez, y les juro que dormí, no estoy zombie como otros días, esos en que no entiendo cómo hacerme un café instantáneo. Tal vez tengo poco nivel de abstracción y una necesidad aguda de control y entendimiento, tal vez también tengo una úlcera, qué se yo.

Me siento como mi abuela escuchando Pixies, o entendiendo a dónde van los mails. Me frustra un montón. ¿Qué querían contar en Exes? No tengo idea. Ni siquiera podría afirmar quién cuenta la historia. Creo que la voy a volver a leer, imaginando que es de Lynch, y ver qué me genera. Ahora vuelvo, de paso hago un café.

Bueno, volví de releerlo. Me auto-spoileé (cosa que jamás hubiese creído posible). Creo que lo que me cuesta, al igual que no mover las manos en círculo cuando pedaleo, es la no-conexión directa entre texto e imagen. Decidí entonces tomarlo como un género aparte, un mashup disconexo, y disfrutarlo por separado. Ahora me gusta más.

Por último, pero no menos importante: ¡EL TAMAÑO! Como cuando conocés a un flaco, y te das cuenta que todos los anteriores la tenían chiquita. Pero recuerden, no siempre más grande es mejor.

La reseña original acá.

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Cuando en 1979, Leandro Sesarego editó Crash! —el primer fanzine de la Historieta Argentina—, no imaginaba que aquello era la punta de lanza de un movimiento que, aunque tímido al principio, se volvió una fuerza irrefrenable que superó todos los vaivenes económicos y culturales de nuestro país, hasta erigirse en uno de los principales componentes de la cultura del cómic en Argentina. Este ciclo, titulado Memoria del Malón, recaba el testimonio directo de algunos de los actores más interesantes que pasaron por la autoedición, el fanzine y su hijo directo, la edición independiente.

M. A. Strigaro —por todos conocido como Waquero— no es solo uno de los personajes más carismáticos del under porteño de los ‘80 sino, también, una leyenda de la autoedición. Activista político,  Gestor cultural, emprendedor, autoeditor, guionista, conductor, actor y profesor de teatro, tras su figura, se esconde el primer gran fanzine de historietas de nuestro país, la revista O No, donde brillaron talentos como Mariano D’Angelo, Roberto Lorenzo, Jorge Fantoni y Daniel Ortiz, entre otros. A poco más de 30 de la aparición de O no, Waquero rememora su propia historia.

El niño lector

Nací en un rancho ganadero en EEUU, mi días transcurrían entre los ‘longhorn’, vaqueros taciturnos y leyendas de ‘rednek’… Sin televisión ni nada parecido. Sin embargo, una vez a la semana mi abuelo iba al pueblo y, mientras él hacia las compras en el drugstore, yo ‘asaltaba’ el exhibidor de cómics de la DC. Allí Batman y Superman eran mis mejores y principales amigos por 10 centavos.

La vuelta al rancho con mi abuelo en esa vieja Ford V8 del ‘38 era un mar de aventuras, en donde yo le contaba los episodios de mis superhéroes, adicionándoles algo de mi propio peculio, a lo que JPJhonn Paul, mi abuelo— me preguntaba cosas inesperadas, como qué cosa hacía mantener al Superman en el aire o porqué Batman con tanto dinero hacia las cosas solo con Robin en lugar de tener todo un ejército, yo le inventaba mis propias respuestas y eso lo hacía estallar en carcajadas.

Leía las historias una y otra vez, recuerdo cuando nos sentábamos en porche de la cabaña, con la radio apenas audible, escuchando algún tema de Johnny Cash, mientras JP fumaba su Marlboro y bebía una Dr. Pepper o una Budweiser, y al cabo de un tiempo me decía… ‘¿Qué hay de nuevo con Bat o Sup?’. Y entonces yo, comenzaba a narrarle aventuras que me venían a la mente como las ardillas a las nueces.

Ya en la Argentina la cosa cambió de color, mi madre, adicta a la televisión, me indujo a su vicio. Las creaciones en papel cobraban movimiento y se le sumaban héroes y magia. Dibujos y series en carne y hueso de mi ídolos y la aparición de tres sujetos locos The Three Stooges —la traducción más cercana sería los tres ‘peleles’, ya que decir ‘acompañantes de apoyo de la figura principal’ es demasiado largo, pero real—, me sumergieron en un mundo distinto. En esa época, en el cable, las cosas no se tomaban con las mismas pinzas que ahora y los dibujitos venían en idioma original, lo que para mí no era problema y era al ‘traductor’ oficial de mis amiguitos, hasta que el ‘¿Qué dijo, qué dijo?’ se volvió francamente insoportable. Por suerte y al cabo de poco tiempo se tomaron el trabajo se subtitular las series y traducir los dibujos.

Pero creo que lo que me inclinó más a mi carrera de guionista fue la escuela, por una maestra que propuso a sus alumnos que ilustráramos el cuaderno con ‘figuritas’, eso desató mi imaginación. Al principio solo eran figuritas cortadas de las viñetas de las revistas, pero luego de manera gradual sumaba figurita tras figurita hasta armar historias propias. Cuando llegué a completar todo un cuaderno con una ‘aventura’ en donde Batman y Capitán América salvaban al mundo de unos malvados fue la gota que colmó el vaso y mi maestra, una pobre mujer limitada y amarga, mandó a llamar a mi madre para regañarme y exigirle que ponga ‘un poco de límites a la desbordada y febril imaginación de su hijo’. Si, así como suena. Mi madre no me sermoneó, pero ‘sugirió’ que guardará esas aventuras para mí, lo que llevó a completar cientos de cuadernos con mis propias aventuras que nunca vieron la luz.

Comenzaba a decaer en mi entusiasmo cuando, para el cumpleaños de un amiguito, dieron un programa en particular por una televisión que justo en ese momento nadie veía pero que estaba encendida. Un grupo de chinos, japoneses, asiáticos bah… Se alarmaban y corrían de un lado para otro, curioso por saber que provocaba tal desmadre permanecí absortó hasta que apareció en la pantalla un maldito lagarto gigante…

Mi corazón perdió un latido. Pero antes de que pudiera poner de nuevo mis ojos en sus cuencas se le sumó un personaje justiciero de su talla, Ultraman. Así que mientras mis amiguitos corrían por el patio con sendos bonetes de papel, arrojándose papel picado y serpentinas, entre gritos y risas de alegría y chillidos de los ‘espantasuegras’, yo miraba de rodillas y extasiado como dos gigantes destrozaba una ciudad de cartón. Los monstruos habían ingresado a mi vida.

Ya llevaba este glorioso currículo en mi extensa vida de seis o siete años cuando otro hecho ‘fatídico’ marcó mi vida. Mi madre debía visitar a un vecino en la cuadra pero no tenía con quien dejarme, me preguntó, acudiendo a mi hombría, si era capaz de quedarme solo por espacio de 10 minutos. Valientemente le conteste que sí, tenía como compañía a mis lápices, mi goma de borrar y mi cuaderno de dibujos. Al cabo de unos instantes de soledad, se desató el infierno. Se cortó a luz. La única luminosidad en la casa era el fuego de un hogar artificial, me refugie en su aureola invocando a mis héroes para que me protegieran. Mientras aguarda la llegada de ellos, y mientras pasaban los minutos, descubrí que los espectros no avanzaban a tocarme el tobillo. Lenta pero inexorablemente sentí curiosidad por mi estado de ceguera. Comencé tanteando la pata de la mesa, luego la silla, hasta que finalmente comencé a buscar mis lápices y cuaderno y jugar a ‘dibujar sin ver’. Nada había que temer en la oscuridad.

Cuando mi madre volvió, la luz hacía rato que había regresado y me encontró tranquilo. Dibujando. Nunca me creyó que la luz se había ido. Solo una incipiente quemazón en mi rostro daba asidero a mi historia.
Al comprobar que los monstruos no existían comencé a buscarlos… Pero como diría Michael Ende… ‘Eso es otra historia’

El joven editor

Con semejante introducción al mundo de las historietas no era de extrañar, cuando por el ‘83, al llegar la democracia, que me dedicara a ella. Un fenómeno maravilloso y disparador. Las primeras cosas que me llamaron la atención fueron la explosión de revistas porno que poblaron los kioscos de Buenos Aires. En la televisión un programa en particular, llamado Función Privada, proyectaba una serie de películas nacionales de alto contenido de desnudos, no eróticos pero desnudos al fin —les recuerdo que veníamos de un momento en donde hasta los almanaques de bolsillos de chicas desnudas eran censurados—, de manera que ver esas películas y esas revistas era ‘shockeante’. Pero además, aparecieron las revistas de historietas españolas con toda una carga de cómics de vanguardia. Bumerang, Creppy, Metal Hurlant, entre otras, pero sobre todo la Tótem manejaba un idioma visual y narrativo absolutamente nuevo.

De ser arrestados por estar caminando en la calle por la dictadura pasamos a un desenfreno de arte y talento, los mimos cubrían las plazas, se hacían obras de teatro en las veredas, radio, tele, cine… Comenzaba una cultura superlativa. La cultura ‘Ander’. Como todo evento trascendental pero repentino el amanecer cultural era tan extraordinario como caótico. En un principio todo era arte, por el solo hecho de surgir de las tumbas silenciadas hacia tanto tiempo, pero luego lentamente comenzó a aparecer el pescado podrido. Recuerdo una bazofia hecha a fotocopia del sospechosamente ilustre Batato Barea. Un actor que ganó su fama por trasvestirse en los eventos culturales y usando un humor mezcla de ironía y bajeza cotidiana.

Con la aparición de Fierro y su concurso llamado ‘Fierro busca dos manos’ las cosas comenzaron a enfilarse y a tener más sentido. Se descartaron a los que publicaban fotocopias de su trapo de piso y se comenzó a vislumbrar el verdadero talento. Una infinidad de revistas de calidad superlativa aparecieron del día a la noche. En realidad, al organizarse es como se conformó con propiedad.

Recuerdo que nos reuníamos en un desaparecido bar de la Avenida de Mayo, convocados por un sujeto que pretendía hacer una revista profesional paralela a la Fierro. Infinidad de talentosos valores desfilaron en vano por esas mesas por culpa de este buscador de quimeras que nos sumergió en sus banales sueños. Harto de tanta postergación decidí sacar una revista ‘Ander’, sabiendo o sospechando que el milagro de una revista profesional no se iba a concretar. Junté a los valores que pude y que por suerte consideré los más valiosos y creé la O No.

Muchos colaboraron con la O No y muchos hoy en día son profesionales en el tema. Gerardo D’angelo, Mariano D’angelo, Daniel ‘Tut’ Vazques, Roberto Lorenzo, Fabián Fucchi, Jorge Fantoni, entre otros y hasta los maravillosos Carlos Trillo y Félix Saborido fueron colaboradores. Algo que no había logrado ninguna revista ‘Ander’ jamás. Nunca tuvimos mucho contacto con otras revistas en esa época, salvo con Andrés Accorsi y su -por entonces- nuevecita Comiqueando. Un pastiche pegado con plasticola y un armado desastroso y que a pesar de ello traía un material sorprendente.

Por desgracia, salvo los D’angelo los demás no podían usar su tiempo para la organización de la revista, tanto de manera externa como interna —no olvidemos que casi todos eran estudiantes en esa época—. De manera que además de director, mi trabajo era el de productor, relacionista, cadete, etc.

Gracias a personas como Pablo Muñoz y Andrés Accorsi —que fiel a sus orígenes nos daba mucha participación en la Skorpio, en donde me volví profesional—, surgió la posibilidad de organizar el sector de historietas ‘Ander’ de la primera Bienal de Arte Joven. Allí, además de los colaboradores de siempre, aparecieron maravillosos amigos, como Toni Torres. Nuestro evento fue el único que sobrevivió a la Bienal en sí. Ésta pretendía llevar el evento a los centros culturales barriales, pero no lo logró, en cambio nosotros pudimos hacerlo repetir la experiencia en el Centro Cultural Parque Chacabuco y otros.

Por ese ejemplo de fuerza, se me ocurrió formar una agrupación que pudiera aunar esfuerzos y prolongar el efecto ‘Ander’, así nació Los Cuadronautas. Nuestra primera finalidad era formar eventos de divulgación y exposición para recaudar fondos para comprar una imprenta. En ese sentido, la Fierro nos brindó mucha ayuda, en cada número hablaba de nosotros y de nuestros eventos. Prácticamente vivíamos en la redacción de Fierro, donde el ‘Bocha Flores, entre otros, siempre nos daba una mano.

Eventualmente, Juan Sasturain me preguntó si no quería publicar algo en Fierro, ni lerdo ni perezoso le llevé casi todo el material inédito de la O No. Entonces, Juan se quedó con cuatro o cinco de esas historietas. Sin embargo pasaban los números y no aparecía nada de lo mío. Fue ahí cuando me enteré que no había interés en publicar lo mío y, por un secreto a voces, la razón era mi militancia en el Partido Radical. Aparentemente, caí muy mal en la redacción que, en ese momento, manejaba Juan Manuel Lima. Sin embargo, gracias a la astucia y amistad de muchos chicos de la redacción logramos filtrar una historieta mía en el número 90 de Fierro, se llamó ‘Viajero de la Eternidad’ y tuvo con dibujos de Mariano D’angelo.

Estaba en la cima de todo: Sacaba la O No, Dipsus, Rigor Mortis, tenía un programa de Radio en la Municipalidad, con el nombre ‘Delirando con Waquero’, y prácticamente participábamos de todas las muestras. Claro después apareció Menem y se pudrió todo.

El adulto reflexivo

Paso algo curioso con Los Cuadronautas, mi función era la de siempre, el hombre orquesta. Salvo con honrosas colaboraciones, solo Gerardo D’angelo participó codo a codo conmigo en la organización. Para colmo, con excepción de las revistas de Accorsi, ‘Comiqueando’, y la de Muñoz, ‘HGO’, las otras parecían patear en contra. Una extraña y nefasta competencia comenzó a poblar en los fanzines, defenestrándose unos a otros, en lugar de colaborar por el bien común. Por supuesto, muchos de esos adalides hoy están en el anonimato absoluto, lo que demuestra a las claras que solo eran mediocres en busca de sus 15 minutos de fama.

Tras cartón la hiperinflación de la última época de Alfonsín fue lapidaria, recuerdo la anécdota de uno de los últimos números de O No en donde, estando en la imprenta, durante el tiempo que me llevó trasladar los ejemplares al mostrador me aumentaron el precio. Y con Carlitos Saúl, fue la debacle. Deshizo la Subsecretaria de la Juventud, de la cual estaba a cargo, levantó el programa de radio y desecho todo tipo de presupuesto para el área de cultura. El país se sumergía en un caos de incultura y frivolidad chabacana.

Decididos a no darnos por vencidos y gracias a la nueva tecnología, decidimos sacar nuevamente la O No ahora sí como revista profesional. Habíamos madurado como para agregar más notas y, también, fotonovelas. Yo era actor y profesor de teatro desde hacía varios años y me pareció oportuno mostrar a mis actrices en dichas páginas con un sistema olvidado como el de la fotonovela. Desafortunadamente los colaboradores comenzaron a escasear y mantener el nivel era imposible. Solo quedábamos Comiqueado y O No como revistas profesionales en el mercado.

Fue entonces cuando me dediqué a la Axxón. Gracias a un viejo colaborador Daniel Tut Vazques comencé participando en la columna de un amigo, hasta tener mi propio espacio en la revista, ‘Bajo el suelo Ander’ la cual compartí en un comienzo con mi esposa, Natalia Strigaro, hasta que ella también tuvo su propio espacio, ‘La Luna de Hueso’.

Tanto creció ese sitio que hubo que dividirlo. Un amigo de España se dedicó a la versión Europea, ‘Eurander’, y yo a la americana, ‘Amerander’. Publicábamos de todo, juegos historietas, dibujos, cuentos, notas, etc. Finalmente el espacio comenzaba a opacar a la propia Axxón, así que cuando comenzaron los problemas de cartel, decidí irme dando un portazo. De manera que durante un tiempo decidí volver a lo mío, el teatro, y comencé a pensar en un libro, FantasmagoriaRelatos de Terror’.

Hoy el libro está agotado, por suerte se vendieron todos los ejemplares. El mundo ‘literario’ me cansa, te mezclás con talentos increíbles al mismo tiempo que con unos loros muertos a escobazos que dan pena. Muchos mediocres hacen sus propias ediciones y luego vas viendo los libros en las mesas de ofertas por monedas o te los regalan por cualquier motivo. Esto se aplica tanto a los libros como a las revistas. No están mal las autoediciones pero no son confiables como producto comercial. Y hoy en día, mi consejo es dejar de lado el romanticismo de décadas anteriores y apuntar a vivir de esto.

En cuanto a la historieta argentina actual siento una profunda lastima. La Fierro no es ni la sombra de lo que era. A menudo nos reunimos con amigos de esa época, que hoy son celebridades, y no rescatamos mucho de lo actual. Así que por ahora seguiré con mi verdadero amor que es el teatro y algo de cine, pero… Pero no puedo renunciar del todo a mi viejo amor, así que estoy guionando para un dibujante internacional, como lo es Germán Ponce, y para mi amiga de siempre, Patricia Breccia.

Y si no es un atrevimiento me gustaría despedirme con un pedido. Sigan creando, no importa la calidad, sigan creando historietas. Que de la argentina han salido algunos de los más grandes.

Bueno, este año que todo se lleva, hasta el tiempo, ¡también se lleva las reseñas! Así que ante la inminencia de dos eventos como Viñetas Sueltas y Dibujados, corriendo con viento y marea, tres amigos de la casa traen novedades en una nota más rápida que visita de médico, y plagada de frases de otros! Vini, vidi, vici y hasta la viñeta siempre!

Arrancamos con el marplatense Kundo Krunch, que apareciendo con timidez algunos años atrás, a fuerza de talento y compromiso, es hoy uno de los artistas más requeridos y de mayor producción el ambiente independiente. Deuz Tecnicorp es un proyecto co-editado por los sellos Faro Negro y Mitomante, un fanzine hermoso, titulado La reminiscencia de un sistema obsoleto, en formato A5 apaisado (21 x 14,5 cm.) y 24 páginas a color. La historia transcurre en un futuro donde los países ya no son manejados por gobiernos democráticos sino por corporaciones, donde los ciudadanos son también los empleados que llevan estas empresas adelante, y según el puesto y rol que desempeñen en su trabajo es la clase social a la que pertenecen. Allí, tres personajes que desempeñan funciones para una farmacéutica terminan siendo víctimas de los medicamentos que ellos producen. Cómo y por qué es lo que nos cuenta Kundo.

El enrulado Kokin Kokambar viene afiladísimo, y bajo el lema de campaña ‘A todo culo‘, prepara  tres publicaciones nuevas bajo el sello Ediciones Pollofante. Una de ellas -y a la que le tengo más fé- es Culín, un culito como vos, como yo, como todos, un fanzine de 32 páginas, en formato A6 apaisado. A él, se suman,  Historia de un culo y su continuación, Historia de un culo más grande, un cuento infantil ilustrado para niños, todo obra del omnipresente Kokin, con la participación estelar de Verónica Falco. Pero eso no es todo, falta nombrar la colaboración de Kokin, en guión, y Juan Pablo CuriaLocuria Toons-, en el el dibujo, haciendo una revista de tiras cómicas, intitulada Miguel Ángel Buenas Noches, y que tiene la pinta de ser por demás de divertida. Son 28 páginas a color, en formato apaisado. Como pueden ver, hay para elegir.

Para el cierre, están los muchachos de Purple Books, que este año dieron un paso adelante para proponerse como unas de las editoriales más pujantes, tanto por iniciativa como por calidad. Este año editaron Panteras, de Mazzitelli y Alcatena; además de Yo-Nen, de Lea Caballero; y el segundo tomo de Jelly Kid, de Franco Viglino. Ahora, Purple vuelve a la carga con una nueva línea de fanzines, de los cuales el primero es Re-bolt, por completo a cargo de Rodrigo Yoshimiya. La historia se centra en Denki, un joven misterioso que llega a Port Town con el objetivo de encontrar a un individuo conocido como Re-bolt. En su búsqueda, se topa con un escandaloso niño que causa el terror entre los vecinos. Luego de ser víctima en carne propia de las travesuras del chico, Denki averigua que este responde al nombre de Re-bolt. ¿Será este chico la persona a la cual Denki buscó durante tanto tiempo? Esta es la incógnita que se devela en 32 páginas en blanco y negro, con tapas color, en formato 14 x 20 cm. El arte de Rodrigo es cosa seria, están avisados.

Bueno, pocas reseñas esta vez, pero con novedades que prometen! A entrarles sin miedo! El fanzine cumple y la historieta dignifica!

A lo largo de distintas entrada hemos recorrido el devenir del movimiento independiente de historietas en Argentina durante la década del 80, poniendo especial acento en las publicaciones de información sobre el medio, Crash!, Top!, Akfak, Fandom, Comiqueando y Comic Magazine. Y dejando un poco de lado los autores y editores que se enfocaron a realizar historietas.

Lo que sigue a continuación es un breve recorrido por algunas publicaciones de aquellos años, que de alguna u otra manera marcaron la temperatura creativa de ese entonces. Por supuesto, este recorrido es parcial e incompleto -se quedan afuera revistas como Plástico, Kaput y O no, por ejemplo-, pero es un buen punto de partida para recuperar una memoria de lo que fue. Y es que al fin de cuentas, el presente de nuestra historieta proviene de acá.

Allá vamos, hacia el rejunte de números sueltos.

 

 

Bertolucas, Sergio ‘Morbo’ y Fabián García, años atrás.

Existe un grupo de autores unidos por una característica común, y es que sus actividades en el medio independiente atravesaron más de una generación fanzinera. Tal es el caso de Fabián García, un editor incansable con incontables publicaciones a cuestas –Buenos Aires Robot, Viernes Negro y Papel Pesado, entre ellas- y David Veloso, mejor conocido por sus seudónimos –Fermín, Davide y Tinta Cruel, entre otros-.

Alberto Gerardo Dziewguc -(a) Bertolucas– es otro de los miembros de este reducido grupo, puesto que comenzó participando del famoso Subtemento Óxido de la primera encarnación de Fierro, durante la segunda parte de los 80. Y hacia 1991, concretó su primera publicación ‘subte’, Ave Rapaz, con colaboraciones de Humpy Slipperman, Sergio ‘Morbo’, Nehs, Alejandro Codesido, y el ya mencionado Fabián García.

En 1997, sumado en parte al grupo El Imperio Editorial -que publicó los cinco números de Suélteme! y los dos de Óxido de Fierro-, editó bajo el sello Ediciones ‘Acá Andamo’, los dos números de Karkof, una antología con colaboraciones de Max Cachimba, Coca, Bulzomí, Natus, Albertarelli, Nehs y Echaniz. Por fin, en 2004 editó los dos números de Río Abajo, una antología en solitario que reúne algunos de sus mejores trabajos recorriendo géneros como la ciencia ficción y el policial, El Marinero Turco y Fabián García aportan algunas ilustraciones.

El dibujo de Bertolucas se destaca por el manejo del claro oscuro, con buen dominio del pincel, donde las masa negras se funden con naturalidad, logrando una puesta en página clásica pero a la vez dinámica. Sus guiones siempre revelan un dejo de irreverencia, como si hubiese un chiste que todavía no se ha dicho, algo que ayuda a aliviar la carga dramática de su pincel. En resumen, un autor que hoy es desconocido por los nuevos lectores, pero que dejó tras de sí un puñado de buenas historietas. No es poco.

Se podría definir a Comic Magazine como la culminación de un proceso de consolidación del fandom vernáculo y su integración definitiva al medio comercial. Ese desarrollo cronológico ocurre a lo largo de una década, y si bien incluyó a muchos fanzines de historietas -de donde surgieron autores, guionistas y dibujantes, que se unieron a la industria de manera paulatina-, donde más visibilidad tuvo fue en los fanzines sobre historieta -o sea, los que cubrían el medio desde el periodismo-. Y esa exposición fue por partida doble, no solo muchos de esos aficionados se transformaron en editores comerciales, sino que también se convirtieron en formadores de opinión.

Esa cronología se desarrolla así:

  • 1979: Crash!
  • 1982: Top!
  • 1983: AKFAK
  • 1985: Fandom
  • 1986: Comiqueando
  • 1989: Comic Magazine

Comic Magazine representa el ingreso de Javier Doeyo al mundo editorial, en donde no solo ejerció la función de editor y director, sino que también tomó parte en el diseño, diagramación e impresión de la revista. En sus páginas congregó a una variada gama de especialistas surgidos del fanzine, entre ellos Fernando García y Hernán Ostuni, provenientes de AKFAK, en donde reeditaron mucho de ese material y además aportaron nuevos artículos; Andrés Accorsi, quien luego de dirigir Comiqueando se había incorporado al staff de Ediciones Record con la columna El Club del Comic -y que luego de un viaje a la San Diego Comic On, trajo una serie de entrevistas exclusivas-; José Luis Tasinazzo, encargado de las novedades de cine, TV y video; Marcelo Ciccone y Joche, provenientes del fanzine Surmenage, haciendo ‘historietas homenaje’ a personajes emblemáticos; Javier ‘El Niño’ Rodríguez, autor del fanzine Kaput, con diversas tiras de humor, más las colaboraciones esporádicas de Pablo J. Muñoz, del fanzine HGO; y talentos surgido del Subtemento Oxido de Fierro, como Esteban Podetti o Roberto Cubillas -(a) Cuk-.

Comic Magazine tuvo 4 números publicados entre octubre de 1989 y septiembre de 1990, los dos primeros en formato vertical -20 x 28 cm.-, y los dos últimos en formato cuadrado -30 x 30 cm.-; al mismo tiempo se lanzó Comic Magazine ‘El Diario’ en formato cercano al tabloide -28 x 39 cm.-, un poco más enfocado en la actualidad, pero sin perder las notas de fondo, y que alcanzó las 10 ediciones entre julio de 1990 y octubre de 1991 -aunque al tener números dobles, la numeración alcanzó el 12-. Además, hubo una edición especial por el Primer Salón Internacional de la Historieta y el Humor Gráfico, en abril de 1990, con un dossier exhaustivo sobre el Loco Chávez, el célebre personaje de Carlos Trillo y Horacio Altuna.

Javier Doeyo abandonó su rol de director editorial tras el número doble 10/11, para embarcarse en el que sería su proyecto editorial más ambicioso hasta entonces, la revista de historietas Cóctel Molotov. Quien ya se desempeñaba como director de contenidos, Fernando García, asumió la conducción total de la revista, para editar un último número, el 12. Luego, la publicación pasó a integrarse con la mencionada Cóctel Molotov.

Los primeros fanzines sobre el medio de la historieta que circularon fueron periodísticos, o sea se dedicaban a informar. En esa cronología fanzinera, hay un orden. El primero en aparecer fue Crash! en 1979, gracias a la voluntad del Círculo de Artes Visuales de la República Argentina y su director, Leandro Sesarego. El segundo fue Top! en 1982, por iniciativa del nicoleño Luis Rosales. El tercero de ellos fue AKFAK, aparecido en 1983, de la mano de dos amigos y arduos investigadores del campo de la historieta, Fernando García y Hernán Ostuni, responsables del 95% de las notas de la revista, coordinados por Ricardo García, y ayudados por Juan Pérez ReyesRoberto Barreiro y Horacio Ferrer -que publicó una poesía-editorial en el nº7-.

AKFAK tuvo una primera época en 1983, cuando la dupla sacó los números 0, 1 y 2, y una segunda a partir de 1985 que se extendió por otros 10 números hasta 1989. Entre los puntos altos de las dos etapas se encuentran las notas sobre sobre el serial The Phantom de Columbia en 1943 , la extensa revisión de la Editorial Warren, el dossier sobre Frank Frazzeta -con entrevista exclusiva incluida-, la celebración de los sesenta años de Patoruzú, las entrevistas a Carmine Infantino y Neal Adams  y las notas dedicadas  a personajes poco conocidos como Bil Bol Bul, Tapok, Peloduro y Fantax.

Pero dejemos que sea Fernando García quien nos cuente surgió el título de la revista: ‘Es el nombre de Kafka de al revés. Cuando estábamos buscándole nombre al fanzine, en la casa de Hernán Ostuni, estábamos sentados en el escritorio de su padre; y como no nos convencía ningún nombre, miramos sobre el escritorio y ahí estaba la edición de América de Kafka, una edición de bolsillo del Eudeba, de tapas negras. Le dimos vuelta al apellido y ahí quedó’.

Hacia 1989, cuando la trayectoria de AKFAK estaba llegando a su fin, la dupla García-Ostuni, se unió a Comic Magazine, un nuevo proyecto editorial comandado por Javier Doeyo, y que también contaba con la colaboración de otros integrantes del medio independiente, también productores de fanzines, como Andrés Accorsi, Pablo J. Muñoz, Marcelo Ciccone y Joche. Es necesario especificar que el grueso del material producido para AKFAK fue corregido y ampliado para ser republicado en Comic Magazine.

A partir de 1994, la dupla García-Ostuni, estuvo a cargo de la sección Los rescatadores en la segunda época de Comiqueando, completando una total de 55 revisiones de material antiguo, con especial preferencia por la Historieta Argentina. Por fin, en el nuevo milenio, junto a otros colaboradores, los autores publican el libro Patoruzú Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche, punto de partida para el grupo de estudio La bañadera del cómic, con el que además publicaron dos libros complementarios dedicados a Oesterheld y su obra, cuatros tomos sobre la historieta latinoamericana y la revista digital Sonaste Maneco -hoy, convertida en un blog-.