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Bertolucas, Sergio ‘Morbo’ y Fabián García, años atrás.

Existe un grupo de autores unidos por una característica común, y es que sus actividades en el medio independiente atravesaron más de una generación fanzinera. Tal es el caso de Fabián García, un editor incansable con incontables publicaciones a cuestas –Buenos Aires Robot, Viernes Negro y Papel Pesado, entre ellas- y David Veloso, mejor conocido por sus seudónimos –Fermín, Davide y Tinta Cruel, entre otros-.

Alberto Gerardo Dziewguc -(a) Bertolucas– es otro de los miembros de este reducido grupo, puesto que comenzó participando del famoso Subtemento Óxido de la primera encarnación de Fierro, durante la segunda parte de los 80. Y hacia 1991, concretó su primera publicación ‘subte’, Ave Rapaz, con colaboraciones de Humpy Slipperman, Sergio ‘Morbo’, Nehs, Alejandro Codesido, y el ya mencionado Fabián García.

En 1997, sumado en parte al grupo El Imperio Editorial -que publicó los cinco números de Suélteme! y los dos de Óxido de Fierro-, editó bajo el sello Ediciones ‘Acá Andamo’, los dos números de Karkof, una antología con colaboraciones de Max Cachimba, Coca, Bulzomí, Natus, Albertarelli, Nehs y Echaniz. Por fin, en 2004 editó los dos números de Río Abajo, una antología en solitario que reúne algunos de sus mejores trabajos recorriendo géneros como la ciencia ficción y el policial, El Marinero Turco y Fabián García aportan algunas ilustraciones.

El dibujo de Bertolucas se destaca por el manejo del claro oscuro, con buen dominio del pincel, donde las masa negras se funden con naturalidad, logrando una puesta en página clásica pero a la vez dinámica. Sus guiones siempre revelan un dejo de irreverencia, como si hubiese un chiste que todavía no se ha dicho, algo que ayuda a aliviar la carga dramática de su pincel. En resumen, un autor que hoy es desconocido por los nuevos lectores, pero que dejó tras de sí un puñado de buenas historietas. No es poco.

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Los primeros fanzines sobre el medio de la historieta que circularon fueron periodísticos, o sea se dedicaban a informar. En esa cronología fanzinera, hay un orden. El primero en aparecer fue Crash! en 1979, gracias a la voluntad del Círculo de Artes Visuales de la República Argentina y su director, Leandro Sesarego. El segundo fue Top! en 1982, por iniciativa del nicoleño Luis Rosales. El tercero de ellos fue AKFAK, aparecido en 1983, de la mano de dos amigos y arduos investigadores del campo de la historieta, Fernando García y Hernán Ostuni, responsables del 95% de las notas de la revista, coordinados por Ricardo García, y ayudados por Juan Pérez ReyesRoberto Barreiro y Horacio Ferrer -que publicó una poesía-editorial en el nº7-.

AKFAK tuvo una primera época en 1983, cuando la dupla sacó los números 0, 1 y 2, y una segunda a partir de 1985 que se extendió por otros 10 números hasta 1989. Entre los puntos altos de las dos etapas se encuentran las notas sobre sobre el serial The Phantom de Columbia en 1943 , la extensa revisión de la Editorial Warren, el dossier sobre Frank Frazzeta -con entrevista exclusiva incluida-, la celebración de los sesenta años de Patoruzú, las entrevistas a Carmine Infantino y Neal Adams  y las notas dedicadas  a personajes poco conocidos como Bil Bol Bul, Tapok, Peloduro y Fantax.

Pero dejemos que sea Fernando García quien nos cuente surgió el título de la revista: ‘Es el nombre de Kafka de al revés. Cuando estábamos buscándole nombre al fanzine, en la casa de Hernán Ostuni, estábamos sentados en el escritorio de su padre; y como no nos convencía ningún nombre, miramos sobre el escritorio y ahí estaba la edición de América de Kafka, una edición de bolsillo del Eudeba, de tapas negras. Le dimos vuelta al apellido y ahí quedó’.

Hacia 1989, cuando la trayectoria de AKFAK estaba llegando a su fin, la dupla García-Ostuni, se unió a Comic Magazine, un nuevo proyecto editorial comandado por Javier Doeyo, y que también contaba con la colaboración de otros integrantes del medio independiente, también productores de fanzines, como Andrés Accorsi, Pablo J. Muñoz, Marcelo Ciccone y Joche. Es necesario especificar que el grueso del material producido para AKFAK fue corregido y ampliado para ser republicado en Comic Magazine.

A partir de 1994, la dupla García-Ostuni, estuvo a cargo de la sección Los rescatadores en la segunda época de Comiqueando, completando una total de 55 revisiones de material antiguo, con especial preferencia por la Historieta Argentina. Por fin, en el nuevo milenio, junto a otros colaboradores, los autores publican el libro Patoruzú Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche, punto de partida para el grupo de estudio La bañadera del cómic, con el que además publicaron dos libros complementarios dedicados a Oesterheld y su obra, cuatros tomos sobre la historieta latinoamericana y la revista digital Sonaste Maneco -hoy, convertida en un blog-.

Entre los fanzines pioneros de los 80 un posta insalvable es Fandom, palabra que deriva de la conjunción de Fanatic Kingdom -que en traducción literal al castellano quedaría como Reino Fanático-, y es que algo de fanatismo hay tener para decidirse a hacer un fanzine sin mayor motivación que las ganas. Al contrario de otros Fanzines de información -como Crash!, Top!, Akfak y Comiqueando-, Fandom se destacó por incluir historietas de todo el mundo acompañadas de pequeñas notas introductorias. Una manera hermosa de difundir el medio.

Fandom fue un emprendimiento de los hermanos Claudio y Gustavo Rubin, que asumían los roles de director y asesor editorial, respectivamente. A los largo de los 9 números publicados entre 1985 y 1987, Fandom se transformó en un muestrario mundial de la historieta. La dupla también editaría un cuadernillo, llamado simplemente Historietas en 1986, dedicado en exclusiva al mundo de los superhéroes, y que sería el pie para la edición del libro El origen de los superhéroes en 1990, hasta donde alcanzan nuestros datos.

Fandom tuvo columnistas invitados, entre ellos la dupla conformada por Fernando García y Hernán Ostuni, editores del fanzine AKFAK, redactores de las revistas comerciales Comic Magazine y Comiqueando (segunda época), con la columna Los rescatadores, e integrantes del colectivo La bañadera del Comic; y a Rafael De la Iglesia y Andrés Accorsi, que más tarde iniciarían su periplo editorial en Comiqueando. Es de destacar que Fandom registra la primera colaboración de Andrés Accorsi en  un fanzine, con una sección denominada Comic Clips, la cual sería una de las columnas fijas de Comiqueando incluso hasta el día de hoy en su versión online.

 

Luis Rosales, uno de los primeros difusores del medio.

Al contrario de la actualidad, donde el grueso de las historietas que se publican surgen del medio independiente -gracias a la actividad de los autores y autoeditores que comienzan su recorrido editando fanzines y haciendo historieta amateur hasta alcanzar, en base a la constancia, trayectoria y calidad artística-, los primeros fanzines argentinos de historieta tuvieron un eminente enfoque periodístico, avocándose sobre todo a la revisión histórica de autores, personajes, títulos y revistas. En otras palabras, los fanzines en Argentina nacieron haciendo periodismo, ese es el inicio de la crítica especializada del medio.

En ese origen se encuentran, primero, autores profesionales que también hicieron de historiadores. Desde Alfredo Grassi y su ¿Qué es la historieta? de 1968, publicado por Editorial Columba, a los omnipresentes Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, con el a veces mal entendido Historia de la Historieta Argentina de 1980, publicado por Ediciones Record. Todo esto, sin olvidar a Leandro Sesarego, fundador del primer fanzine con conciencia de tal, Crash! en 1979. Luego están los aficionados, lectores y coleccionistas compulsivos, que deseaban comunicar, contar qué estaba pasando. De todos ellos, lo más conocidos son los célebres Andrés Accorsi, figura central de Comiqueando, y Andrés Valenzuela, periodista en Página/12.  Pero ninguno de ellos fue el primero. Ese lugar lo ocupa Luis Alberto Rosales, quien se inició en el periodismo de historietas de la mano de Sesarego, colaborando en Crash!, para luego largarse solo a partir de 1982, con Top! -en la práctica, el segundo fanzine sobre historietas que existió-.

Tanto Crash! como Top! compartieron características, formato grande, buen diseño e impresión, información exacta y detallada. Cuando Top! dejó de salir, Rosales se sumó al staff de Ediciones Record, con sus columnas Planeta Comic y Oh, el comic!, en donde compartió por varios años actividades de difusión con Alfredo Grassi -encargado de la sección El club de la historieta– y con Leonardo Wadel -con su sección Así los conozco-, y más tarde con Andrés Accorsi -que continuó la sección de Alfredo bajo el nombre, El club del comic-. Gracias a la magia de la Internet, Top! resurgió en el nuevo milenio en forma de blog. Desde allí, Rosales volvió a encargarse de difundir aquello que más le gustaba. Top-Comics fue un éxito, tanto que sobrevivió a su propio creador, fallecido el 18 de abril de 2009, y que hoy, bajo el mando del amigo Carlos Martínez, continúa su marcha.

Pero dejemos al propio Rosales, que nos cuente un poco sobre la aventura de editar un fanzine: “Cuando a principios de los 80, con Miguel Almirón Assalli, nos pusimos a crear un nuevo fanzine, a la postre, TOP!, decidimos que fuera distinto. Al menos, que tuviera una personalidad distinta a Crash!, donde nos iniciamos. Allí éramos tan felices de participar en la patriada que comandaba el recordado Leandro Sesarego. Miguel Assalli era un trabajador incansable, con las fotocromías, el diagramado y el pasado a máquina, todo muy cuidado, casi a la perfección diría. Eso hacía en Crash! y lo repitió en TOP!. Habíamos pensado ponerle a esta nueva revista un toque distinto, algo que se concretó en el suplemento El Pibe, dedicado a difundir noticias, hechos interesantes, misceláneas, anécdotas y con espacio para crónicas de interés. Casi de inmediato, se nos sumó Eduardo Weidmann, un hombre absolutamente calificado y con mucha pasión; conocedor, por supuesto, del mundo de la historieta y el humor gráfico. El staff estaba, entonces, completo pero, el producto-fanzine comenzó a sufrir problemas económicos, algo insalvable que nos llevó a la desaparición; lamentablemente, sólo pudimos editar siete números. El golpe fue durísimo para nuestros sueños. Pero, mantuvimos nuestros sueños en alto y pasados los años, iniciamos un nuevo espacio, esta vez en Internet, con el mundo de la historieta en Top-Comics que tantas satisfacciones nos está dando. Hemos sumado a esos inestimables valores como Almirón y Weidman, a Gerardo Canelo, Carlos Martínez, Mariano Chinelli, que aportan sus trabajos de calidad, obviamente. En marzo 2009 cumplimos 2 años de vida, lo que nos enorgullece porque logramos un espacio sólido y prestigioso, según nos comentan nuestros lectores y amigos. Es, someramente, lo que puedo decir sobre la historia de papel de TOP!. La actualidad nos ubica en el Top-Comics electrónico, sitio que queremos mucho y al que nos brindamos totalmente.”

Vaya este rescate, para quien hizo uno de los mejores fanzines que haya existido.

El fanzine y el movimiento independiente ha sido el eje alrededor del cual la producción de historietas en Argentina orbitó cada vez  con mayor fuerza desde la década del 80 hasta la actualidad. Testigo, narrador, difusor, promotor y parte activa de todo esto fue y es Andrés Accorsi y su Comiqueando -en todas sus encarnaciones: fanzine, revista independiente y sitio web. Conseguir una colección completa de aquel primitivo fanzine -y que, sin embargo, marcó una forma de hacer periodismo de historietas en estas pampas-, es una tarea difícil. Pero, ya se sabe, Zinerama está para eso… …para conseguirlos hubo que caminar.

 

Cuenta la historia, que el primer fanzine argentino con conciencia de serlo fue: Crash! Creado por Leandro Sesarego allá por 1979, con aportes de estudiosos del medio, como el gran Luis Rosales, Norberto Van Roussel y Esteban Laruccia, y de profesionales como Gerardo Canelo, Frank Szilagy y Oswal, entre otros. Nuestro sitio tenía una deuda con respecto a las tapas de este más que mítico iniciador de toda la movida fanzinera… …hasta hoy, je!

El canto del cisne

Publicado: octubre 22, 2013 de Julián Blas Oubiña Castro en Generación AHI, Historia
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Mientras publicábamos la entrada anterior, el bueno de Emiliano Vargas subía online su segundo video sobre el movimiento de la Historieta Subte Argentina en el final del Siglo XX, un cortometraje documental sobre el evento “Historieta Bajo Tierra III”, que congregaba por aquel entonces a los fanzines de historieta (nominalmente organizado por el AHI, pero formalmente gestado por “La Secta Edición”).

Catzole 2000Con el AHI, la Asociación de Historietístas Independientes, en franca disolución y escindido en dos grupos mayoritarios: los integrantes de “La Secta Edición“, por un lado, y los de “La Productora” por el otro (además de otros proyectos que también dejaron la Asociación pero que se mantenían independientes de los dos grupos , como las revistas Kapop y Camulus); el “Historieta Bajo Tierra III“, supuso, casi sin darse cuenta, el fin de una época.

De una u otra manera, este evento fue el canto de cisne de una generación que se se acostumbró a a gestionar sus propio proyectos.

Si en años y eventos anteriores, se podía observar una gran diversidad de fanzines; para el año 2000, la política económica argentina y la sociedad de consumo que funcionaba alrededor de ella, ahora se había encargado de vaciar no sólo el mercado y la industria de historietas nacionales, sino, incluso, a las publicaciones independientes.

Para esta edición, sólo los proyectos más profesionales de mayor compromiso artístico y trayectoria, habían quedado en pie y decían presente. Tal vez por la menor cantidad de publicaciones, se optó por hacer un evento de un sólo día de duración, con mucha interacción e intercambio con el público. Así, el domingo 5 de Noviembre del año 2000, la sede de CTA (Independencia 766), abrió sus puertas de 14 a 22 hs., para que el público pudiese encontrarse con sus fanzines.

Kamikaze 6Más de 400 personas asistieron a la reunión, y el resto es historia. Hubo venta de fanzines, proyecciones de cortos, videoclips y pilotos de animación, el estreno de la película “Nunca asistas a este tipo de fiestas“, realizada por Farsa Producciones, y la espectacular conducción del evento a cargo Batman y Robin (Rovella y Ramseg), en algo que, sin duda, más que un evento de historieta, pareció una fiesta.

Después, ya no habría otro “Bajo Tierra“. Así, un movimiento que fue una revolución en la forma de hacer historietas y gestionar su contacto con los lectores, se despedía sin saberlo. Dejaba tras de sí, varios de los mejores trabajos de la Historieta Argentina (Desfigurado de Salvador Sanz; El Buche y El Oficial Yuta, de J.J. Rovella; Orgamastrón, de Azamor; Morón Suburbio, de Mosquito; el universo unificado de Arkanov, de Agrimbau; Los hermanos Segelin, de Barreiro y Varela; Camulus, de Blanco, García y Jok; y varias promociones más). Al día de hoy, la influencia de estos y otros artistas que tomaron parte de los movimientos de autogestión de aquellos años, ya convertidos en verdaderos profesionales del medio, luego del natural proceso de decantación, es una feliz realidad.

Catzole 11Como ávido lector de fanzines (en esa época y hasta el día de hoy), todavía guardo, o atesoro, o acovacho, esa Catzole N°11 (la del hombre-cocodrilo) con algunas hojas internas fotocopiadas y recortadas a mano por Sanz, ese cuadradito de fotocopia color (5 x 5 cm) que Ramseg distribuía con la promesa del inminente Kamikaze N°6 (“El regreso del Quetejedi”), ese Animal Urbano N°4 con tapa verde fluo (Grillo jamás me creyó que existía, sólo la violeta, y sin embargo la tengo), los fanzines gratuitos de El Oficial Yuta y Anónimo que unos años después, en el 2005, Rovella publicó en ocasión de su exposición en el Centro Cultural Recoleta, esa acuarela con “El Guía” que Jok me dio ya no recuerdo porqué, y quién sabe qué otras cosas sin valor y tan preciadas…

Por último, queda para decir que a ésta nueva cultura de eventos multitudinarios como Crack Bang Boom, Comicópolis o Animate,  más preocupados por ubicar mano de obra argentina en el exterior, antes que por establecer un vínculo cultural y un hábito de consumo de historietas argentinas en el público argentino, 400 personas anónimas, reunidas en un salón sucio, perdidas en los anales del tiempo, puede parecer insignificante; pero para los que estuvimos ahí como asistentes, fue una reunión plagada por la risa y la inconciencia que produce el disfrute, cuando esos muchachos hacían sus historietas pensando en dos cosas, lo que querían contar y el público que los consumía. Nada más ni nada menos.

Como dije, repito, aquel “Bajo Tierra” fue una celebración, una fiesta de pocos, pero ¡qué fiesta! No hace falta más que ver el video.

*Publicado en simultáneo con kirk!