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Luis Rosales, uno de los primeros difusores del medio.

Al contrario de la actualidad, donde el grueso de las historietas que se publican surgen del medio independiente -gracias a la actividad de los autores y autoeditores que comienzan su recorrido editando fanzines y haciendo historieta amateur hasta alcanzar, en base a la constancia, trayectoria y calidad artística-, los primeros fanzines argentinos de historieta tuvieron un eminente enfoque periodístico, avocándose sobre todo a la revisión histórica de autores, personajes, títulos y revistas. En otras palabras, los fanzines en Argentina nacieron haciendo periodismo, ese es el inicio de la crítica especializada del medio.

En ese origen se encuentran, primero, autores profesionales que también hicieron de historiadores. Desde Alfredo Grassi y su ¿Qué es la historieta? de 1968, publicado por Editorial Columba, a los omnipresentes Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, con el a veces mal entendido Historia de la Historieta Argentina de 1980, publicado por Ediciones Record. Todo esto, sin olvidar a Leandro Sesarego, fundador del primer fanzine con conciencia de tal, Crash! en 1979. Luego están los aficionados, lectores y coleccionistas compulsivos, que deseaban comunicar, contar qué estaba pasando. De todos ellos, lo más conocidos son los célebres Andrés Accorsi, figura central de Comiqueando, y Andrés Valenzuela, periodista en Página/12.  Pero ninguno de ellos fue el primero. Ese lugar lo ocupa Luis Alberto Rosales, quien se inició en el periodismo de historietas de la mano de Sesarego, colaborando en Crash!, para luego largarse solo a partir de 1982, con Top! -en la práctica, el segundo fanzine sobre historietas que existió-.

Tanto Crash! como Top! compartieron características, formato grande, buen diseño e impresión, información exacta y detallada. Cuando Top! dejó de salir, Rosales se sumó al staff de Ediciones Record, con sus columnas Planeta Comic y Oh, el comic!, en donde compartió por varios años actividades de difusión con Alfredo Grassi -encargado de la sección El club de la historieta– y con Leonardo Wadel -con su sección Así los conozco-, y más tarde con Andrés Accorsi -que continuó la sección de Alfredo bajo el nombre, El club del comic-. Gracias a la magia de la Internet, Top! resurgió en el nuevo milenio en forma de blog. Desde allí, Rosales volvió a encargarse de difundir aquello que más le gustaba. Top-Comics fue un éxito, tanto que sobrevivió a su propio creador, fallecido el 18 de abril de 2009, y que hoy, bajo el mando del amigo Carlos Martínez, continúa su marcha.

Pero dejemos al propio Rosales, que nos cuente un poco sobre la aventura de editar un fanzine: “Cuando a principios de los 80, con Miguel Almirón Assalli, nos pusimos a crear un nuevo fanzine, a la postre, TOP!, decidimos que fuera distinto. Al menos, que tuviera una personalidad distinta a Crash!, donde nos iniciamos. Allí éramos tan felices de participar en la patriada que comandaba el recordado Leandro Sesarego. Miguel Assalli era un trabajador incansable, con las fotocromías, el diagramado y el pasado a máquina, todo muy cuidado, casi a la perfección diría. Eso hacía en Crash! y lo repitió en TOP!. Habíamos pensado ponerle a esta nueva revista un toque distinto, algo que se concretó en el suplemento El Pibe, dedicado a difundir noticias, hechos interesantes, misceláneas, anécdotas y con espacio para crónicas de interés. Casi de inmediato, se nos sumó Eduardo Weidmann, un hombre absolutamente calificado y con mucha pasión; conocedor, por supuesto, del mundo de la historieta y el humor gráfico. El staff estaba, entonces, completo pero, el producto-fanzine comenzó a sufrir problemas económicos, algo insalvable que nos llevó a la desaparición; lamentablemente, sólo pudimos editar siete números. El golpe fue durísimo para nuestros sueños. Pero, mantuvimos nuestros sueños en alto y pasados los años, iniciamos un nuevo espacio, esta vez en Internet, con el mundo de la historieta en Top-Comics que tantas satisfacciones nos está dando. Hemos sumado a esos inestimables valores como Almirón y Weidman, a Gerardo Canelo, Carlos Martínez, Mariano Chinelli, que aportan sus trabajos de calidad, obviamente. En marzo 2009 cumplimos 2 años de vida, lo que nos enorgullece porque logramos un espacio sólido y prestigioso, según nos comentan nuestros lectores y amigos. Es, someramente, lo que puedo decir sobre la historia de papel de TOP!. La actualidad nos ubica en el Top-Comics electrónico, sitio que queremos mucho y al que nos brindamos totalmente.”

Vaya este rescate, para quien hizo uno de los mejores fanzines que haya existido.

El fanzine y el movimiento independiente ha sido el eje alrededor del cual la producción de historietas en Argentina orbitó cada vez  con mayor fuerza desde la década del 80 hasta la actualidad. Testigo, narrador, difusor, promotor y parte activa de todo esto fue y es Andrés Accorsi y su Comiqueando -en todas sus encarnaciones: fanzine, revista independiente y sitio web. Conseguir una colección completa de aquel primitivo fanzine -y que, sin embargo, marcó una forma de hacer periodismo de historietas en estas pampas-, es una tarea difícil. Pero, ya se sabe, Zinerama está para eso… …para conseguirlos hubo que caminar.

 

Cuenta la historia, que el primer fanzine argentino con conciencia de serlo fue: Crash! Creado por Leandro Sesarego allá por 1979, con aportes de estudiosos del medio, como el gran Luis Rosales, Norberto Van Roussel y Esteban Laruccia, y de profesionales como Gerardo Canelo, Frank Szilagy y Oswal, entre otros. Nuestro sitio tenía una deuda con respecto a las tapas de este más que mítico iniciador de toda la movida fanzinera… …hasta hoy, je!

El canto del cisne

Publicado: octubre 22, 2013 de Julián Blas Oubiña Castro en Generación AHI, Historia
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Mientras publicábamos la entrada anterior, el bueno de Emiliano Vargas subía online su segundo video sobre el movimiento de la Historieta Subte Argentina en el final del Siglo XX, un cortometraje documental sobre el evento “Historieta Bajo Tierra III”, que congregaba por aquel entonces a los fanzines de historieta (nominalmente organizado por el AHI, pero formalmente gestado por “La Secta Edición”).

Catzole 2000Con el AHI, la Asociación de Historietístas Independientes, en franca disolución y escindido en dos grupos mayoritarios: los integrantes de “La Secta Edición“, por un lado, y los de “La Productora” por el otro (además de otros proyectos que también dejaron la Asociación pero que se mantenían independientes de los dos grupos , como las revistas Kapop y Camulus); el “Historieta Bajo Tierra III“, supuso, casi sin darse cuenta, el fin de una época.

De una u otra manera, este evento fue el canto de cisne de una generación que se se acostumbró a a gestionar sus propio proyectos.

Si en años y eventos anteriores, se podía observar una gran diversidad de fanzines; para el año 2000, la política económica argentina y la sociedad de consumo que funcionaba alrededor de ella, ahora se había encargado de vaciar no sólo el mercado y la industria de historietas nacionales, sino, incluso, a las publicaciones independientes.

Para esta edición, sólo los proyectos más profesionales de mayor compromiso artístico y trayectoria, habían quedado en pie y decían presente. Tal vez por la menor cantidad de publicaciones, se optó por hacer un evento de un sólo día de duración, con mucha interacción e intercambio con el público. Así, el domingo 5 de Noviembre del año 2000, la sede de CTA (Independencia 766), abrió sus puertas de 14 a 22 hs., para que el público pudiese encontrarse con sus fanzines.

Kamikaze 6Más de 400 personas asistieron a la reunión, y el resto es historia. Hubo venta de fanzines, proyecciones de cortos, videoclips y pilotos de animación, el estreno de la película “Nunca asistas a este tipo de fiestas“, realizada por Farsa Producciones, y la espectacular conducción del evento a cargo Batman y Robin (Rovella y Ramseg), en algo que, sin duda, más que un evento de historieta, pareció una fiesta.

Después, ya no habría otro “Bajo Tierra“. Así, un movimiento que fue una revolución en la forma de hacer historietas y gestionar su contacto con los lectores, se despedía sin saberlo. Dejaba tras de sí, varios de los mejores trabajos de la Historieta Argentina (Desfigurado de Salvador Sanz; El Buche y El Oficial Yuta, de J.J. Rovella; Orgamastrón, de Azamor; Morón Suburbio, de Mosquito; el universo unificado de Arkanov, de Agrimbau; Los hermanos Segelin, de Barreiro y Varela; Camulus, de Blanco, García y Jok; y varias promociones más). Al día de hoy, la influencia de estos y otros artistas que tomaron parte de los movimientos de autogestión de aquellos años, ya convertidos en verdaderos profesionales del medio, luego del natural proceso de decantación, es una feliz realidad.

Catzole 11Como ávido lector de fanzines (en esa época y hasta el día de hoy), todavía guardo, o atesoro, o acovacho, esa Catzole N°11 (la del hombre-cocodrilo) con algunas hojas internas fotocopiadas y recortadas a mano por Sanz, ese cuadradito de fotocopia color (5 x 5 cm) que Ramseg distribuía con la promesa del inminente Kamikaze N°6 (“El regreso del Quetejedi”), ese Animal Urbano N°4 con tapa verde fluo (Grillo jamás me creyó que existía, sólo la violeta, y sin embargo la tengo), los fanzines gratuitos de El Oficial Yuta y Anónimo que unos años después, en el 2005, Rovella publicó en ocasión de su exposición en el Centro Cultural Recoleta, esa acuarela con “El Guía” que Jok me dio ya no recuerdo porqué, y quién sabe qué otras cosas sin valor y tan preciadas…

Por último, queda para decir que a ésta nueva cultura de eventos multitudinarios como Crack Bang Boom, Comicópolis o Animate,  más preocupados por ubicar mano de obra argentina en el exterior, antes que por establecer un vínculo cultural y un hábito de consumo de historietas argentinas en el público argentino, 400 personas anónimas, reunidas en un salón sucio, perdidas en los anales del tiempo, puede parecer insignificante; pero para los que estuvimos ahí como asistentes, fue una reunión plagada por la risa y la inconciencia que produce el disfrute, cuando esos muchachos hacían sus historietas pensando en dos cosas, lo que querían contar y el público que los consumía. Nada más ni nada menos.

Como dije, repito, aquel “Bajo Tierra” fue una celebración, una fiesta de pocos, pero ¡qué fiesta! No hace falta más que ver el video.

*Publicado en simultáneo con kirk!

Por que nos gusta

Publicado: octubre 22, 2013 de Julián Blas Oubiña Castro en Generación AHI, Historia
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Gracias a Emiliano Vargas, podemos ver onlinePorque nos gusta“.

Emiliano, director del corto y, en aquella época, alumno del IDAC  (Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda), filmó durante el 2000, este documental.

En sus poco más de 8 minutos de duración, asistimos a las peripecias que los miembros de La Secta Edición pasan en la aventura de autogestionar historietas. Allí, podemos ver a  Javier Rovella y Salvador Sanz, de la revista Catzole, a Sebastián Ramseg, de Kamikaze; a Nahuel Rando, de La Quimera; y a Andrés Lozano, de Alas; interactuando con el público asistente, en la exposición que hicieron ese mismo año en el Centro Cultural Recoleta.

Además, el corto los muestra en diferentes facetas, como artistas, entintando páginas; como editores, organizando su trabajo; como comerciantes de sus productos y, también, como organizadores de eventos. Ellos, como casi todos los que produjeron historietas por fuera del circuito comercial (que por entonces ya era casi inexistente, e iba camino a desaparecer en breve), debieron hacerse cargo de toda la cadena de producción, que implicaba, ya no sólo dibujar y escribir, sino solventar de su propio bolsillo los costos de impresión y producción, además de difundir y comercializar su arte, tarea denodada si las hay.

La.Secta.09La Secta Edición, fue (y de alguna manera, aún es) el colectivo artístico que los integrantes de las revistas Catzole, KamikazeLa Quimera y Alas, formaron en las postrimerías del AHI (Asociación de Historietistas Independientes), cuando ésta estaba a punto de disolverse y ya actuaba nominalmente sólo como un título.

Tal cual se explica en el video, la agrupación surge con la intención de estar organizados para poder difundir y publicitar las 4 revistas madre. Para ello, concretaron la buena idea de sacar una revista de historietas gratuita, solventada con las publicidades que aparecían en sus páginas.

Bautizada con nombre homónimo, “La Secta Edición“, apareció en la calle en el año 2000, y concretó un periplo de 6 números en su primera época, y otros 3 números más durante su regreso en el 2006. La revista consistía en 16 páginas, en riguroso blanco y negro,  en formato A5 (15 x 21 cm), con dos páginas promedio para cada autor.

Es importante destacar que en este espacio tan reducido y con tan pocos pocos números publicados, hubo lugar para cosas memorables. Ahí están los primeros pasos de “El Inivisor“, de Salvador Sanz, que luego se transfomaría en un recordado corto animado; las desventuras de “Casimiro“, por Nahuel Rando; la última aventura de Ringo Kamikaze, ese clásico under de Ramseg; la anarquía y la filosofía punk de “El cura All-Star”, de Castro; o las mini-histoiras de Rovella, entre otras cosas. En su segunda época, la revista albergó, la primera versión, de lo que luego sería “Nocturno“, la serie éxito de Sanz en la revista Fierro. Muchas de las cosas publicadas en “La Secta” pueden verse acá.

También es interesante mencionar la buena difusión que tuvo la revista, ya que se imprimían 3000 ejemplares de cada edición.

Vale aclarar que Emiliano Vargas, también tiene un registro filmado del último “Historieta Bajo Tierra” (conocido entre los asistentes como el evento de historietas más divertido de la historia), que incluyó desde proyecciones  de animaciones secretas y casi ilegales, hasta el estreno deNunca asistas  a este tipo de fiestas, la película de culto hecha por Farsa Producciones, y  un stand-up inolvidable a cargo de J.J. Rovella y Sebastián Ramseg, disfrazados de Batman y Robin (no vamos a decir quién se disfrazó de qué).

Mientras esperamos que esa joya salga a la luz, tenemos “Porque nos gusta”, un documento que grafica toda una época.

*publicado en simultáneo con Kirk!

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Es bueno saber que uno no esta solo en esta locura.

Es bueno saber que hay quien quiere empezar a contar sobre los fanzines post 2002 (algo que yo no pueod hacer por obvias situaciones biográficas y geográficas).

Así que saludo con este post a Julián Oubliña, que viene a reseñar los fanzines hechos tras la debacle del 2002. Que hay muchos y tambien merecen ser contados.

Empezando con su entrada del fanzine Gomorra. Ni la última de él, ni la de otro colaborador más o menos fijo (hay una persona más en gateras).

Desde ya si quieren seguir mandando data y /o colaborando, haganlo.

Esto se hace de esta manera. Entre muchos.

Así que solo me queda darle la bienvenida a Julián y recomendarle a los demás que lean su entrada.

 

 

 

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Este texto salió editado en el número 24 de la revista cubana Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta , un emprendimiento brillante que ojala se pudiera conseguir fácilmente (un día les cuento lo dificil que fue conseguir quince números gracias a una pariente de mi mujer que residía allí). 

El artículo resume en lo esencial como creo que fue el desarrollo de los fanzines de historieta en Argentina. Un desarrollo mas largo lo tienen en mi libro Historia de los fanzines de Historieta en Argentina.  Creo que el artículo funciona perfectamente ocmo un resumen introductorio que sirve de marco para este sitio y todo análisis y/o discusión sobre el fenómeno. Desde ya que espero opiniones divergentes, críticas y correcciones a las ideas que aparecen aquí: esta historia no se ha mitificado todavía y ya bastantes mitos tiene la historiografía de la historieta argenta como para agregar uno más. Espero que les sirva:

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Tras casi treinta años de presencia constante en la historieta argentina, que no se intente historizar a los fanzines de comics es algo imperdonable para cualquier estudioso de la cultura popular y especialmente del Noveno Arte que se precie. En todo este tiempo, en las páginas de estar revistas no profesionales (en tanto que no se cobra por el trabajo), distribuidas fuera del circuito comercial, de tiradas ínfimas y producción irregular han aparecido personajes de éxito popular, autores de talento y reconocimiento (aunque no siempre en la historieta) y algunos de los editores involucrados en el panorama de la historieta actual de Argentina. Por eso, se hace menester intentar hacer un breve panorama que esboce títulos, tendencias, autores y períodos.

Obviamente la tarea es muy compleja por la propia naturaleza del corpus estudiado. El fanzine es visto como algo efímero incluso por los coleccionistas, muchas veces carece de fecha de impresión o algún tipo de registro editorial. Su aparición esporádica hace que habitualmente fechar cada número sea una tarea ímproba. Su escasa distribución hace que la gran mayoría sean fenómenos locales, adscritos a una ciudad (esto ha mejorado en el tiempo pero igual sigue siendo complejo). Finalmente hay un menosprecio cultural por parte de muchos participantes de la subcultura del ocmic, que los ven meramente como productos de segunda categoría, hecha por gente uqe no es capaz de hacer material de calidad profesional, cuando mucho considerándolos de manera condescendiente como el primer paso para la verdadera creación. Por todo esto, la conservación de estas revistas (sumadas a las bajas tiradas) hacen sumamente difícil tener muchas veces el material completo de los fanzines publicados y por ende, se complica el rastreo y trabajo sobre ese material. De hecho, este trabjao no hubiera isdo posible sin el aporte en us momento de coleccionistas que consideran que los fanzines son tambien formas válidas de historieta y por ello han guardado los fanzines recolectados de una u otra manera años atrás. A ellos mis más sincero agradecimiento.

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1 – Los primeros fanzines de historieta argentinos.

En diciembre de 1979, aparecía en la ciudad de Buenos Aires el primer fanzine sobre historieta hecho en Argentina: ¡Crash! Editada pro el Círculo de Artes Visuales de Argneitna y dirigida por le dibujante Leandro Sesarego, su reducida tirada (hecha en fotoduplicación, sistema que recién empezaba a popularizarse y que se convertiría en proceso crucial para la profusión de los fanzines) y su limitada distribución hacen que claramente éste pueda ser considerado el primer fanzine argneitno dedicado totalmente al mundo del comic.

Tanto ¡Crash! como su contemporáneo Top! (publicado a partir de 1982 por Luis Rosales) eran fanzines dedicados al estudio de la historieta y no a la producción de material original. Sin embargo, su enfoque de estudio resultaba muy diferente del realizado hasta el momento por otros estudios argentinos sobre la historieta (por ejemplo en la revista LD que se publicase durante 3 números en 1968). Frente al modelo predominante en los años sesentas y setentas de analizar al comic en clave estructuralista, a fin de descubrir en ellos los mensajes subyacentes y analizar efectos comunicacionales posibles de su lectura, los artículos en estos fanzines apuntaban hacia la reconstrucción histórica de las historietas, el análisis de series, autores y géneros en su momento histórico. Frente al punto de vista semiótico de gente como Oscar Massotta, Ariel Dorfman , Oscar Steimberg, se oponía la mirada del archivista, del que quería saber cómo y cuándo habían aparecido las historietas para, a partir de ahí determinar el por qué (y no poner ese por qué a priori como hacía LD, lo que podía llevar a conclusiones erróneas al obviar toda la dimensión histórica de producción y consumo en los análisis). Además en le caso de Top! Se hacía patente una revaloración muy fuerte de la historieta argentina en tanto elemento clave de una cultura popular negada y reprimida por el gobierno militar de entonces y que comenzaba justamente a retomar el discurso cultural en medio del esperado retorno a la democracia. Retorno que influiría en la primera explosión de los fanzines, como veremos a continuación.

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2 – La Generación del 86

En setiembre de 1984, la aparición de la revista Fierro desencadenaría un cambio cultural en la forma de entender la historieta para mucha gente. Desde sus comienzos, la revista apuntó a renovar la historieta nacional, apuntando a un público adulto que en esos años de vuelta a la democracia quería nuevas formas y nuevos contenidos tras los años de la sequía cultural que trajo la dictadura militar. La gente estaba ansiosa de leer cosas nuevas… y también de participar.

Eso lo descubrieron los editores de la revista cuando lanzaron en su segundo número el concurso Fierro busca dos manos. La idea era elegir un guionista y un dibujante nuevo para publicar en la revista. La repuesta sobrepasó todas las expectativas: centenares de jóvenes autores mandaron sus historietas, muchas de ellas de gran claridad. Fierro respondería inventando un suplemento destinado a jóvenes autores llamado Oxido. Pero incluso esto no era suficiente para cubrir el clamor de toda esta gente, ansiosa de explotar creativamente en los comics.

Y se encontraron para poder hacerlo la difusión del sistema de fotoduplicación, que comenzaba a popularizarse en esa década. La fotoduplicación permitía reproducir en una calidad aceptable dibujos e ilustraciones, algo necesario obviamente en un fanzine de historietas.

Estos tres elementos (la efervescencia cultural tras la vuelta de la democracia argentina, la aparición de la revista Fierro y su acercamiento a buscar jóvenes autores y la difusión de la fotocopia) ayudaron a desencadenar durante la segunda mitad de los años ochenta una verdadera avalancha de fanzines, que algunos han llamado la Generación del 86, porque fue en ese año donde se alcanzó el punto álgido en cantidad de publicaciones.

Podríamos establecer entre los fanzines de esos años una clasificación en tres subgrupos, determinados en torno a sus contenidos (si bien esto no era algo rígido). En primer lugar teníamos los fanzines sobre historieta, herederos de Crash¡ y Top!, que apuntaban a informar e investigar sobre la historieta. Revistas como Comiqueando, Akfak y Fandom cubrieron este espacio.

El segundo subgrupo correspondía a las revistas cuya estructura gráfica y formal era similar al de las revistas de historieta comerciales publicadas en esos años. Fanzines como O No, Poco Loco, Surmenage, Panqueque, Under Comix, HGO, Tren, etc. publicaban un material de corte mayoritariamente narrativo, usando géneros y estilos similares a los de las revistas comerciales de esos años (“Fierro”, “Skorpio”, “Zona 84”, “Cimoc”, etc). Muchos de quienes publicaban en ellas intentaban entrar en las revistas profesionales (y de hecho hubo quienes lo lograron).

El tercer subgrupo lo componían aquellos fanzines que apuntaban a estéticas más experimentales. Su espejo eran los comix underground americanos de la década del sesenta y setenta y revistas europeas de estética vanguardista como “El Víbora”, “Cairo”, “Fluide Glacial”, “Frigidaire”, etc, revistas que apuntaban a ser revulsivas tanto en forma como en fondo en los comics. Tras esa idea, revistas como Squonk!, el Cerdo Pancho, Maldita Garcha, “Araca, Cala, Jaca”, “Carlitos”, etc. se abrieron un espacio como proveedoras de historietas raras, extrañas, de un humor absurdo y de estilos poco convencionales.

A fines de los ochentas, el movimiento fanzinero venía consolidándose en calidad (si bien reduciendo el número de sus publicaciones) y prestigio. El evento Buenos Aires No Duerme de 1988 (posiblemente le mejor exponente de lo que fue la movida argentina de la década del ochenta) fue el lugar de mayor y mejor exposición del fenómeno cultural. Varios de los autores de fanzines comenzaban a aparecer en publicaciones profesionales, que les daban cabida más y más. Incluso algunos fanzineros comenzaban proyectos editoriales más profesionales (como la fallida revista Reo, dirigida por dos números por Marcelo Ciccone, anteriormente editor del fanzine Surmenage). En un fanzine cuyo único número salió en 1990 llamado Arkham, aparecía la primera historia de un personaje imprescindible para hablar de la historieta argentina de la década siguiente: Cazador.

Y en medio de la euforia, llegó la hiperinflación. Los precios se dispararon y la actividad económica sufrió tremendamente. Y por supuesto esto importó en un producto de importancia (al menos desde le punto de vista del consumidor) como el fanzine.

Curiosamente, sin embargo, el shock no fue tan profundo y hasta 1991 seguirían haciéndose fanzines con una cierta presencia, especialmente en el interior de Argentina. La hiperinflación había sido un golpe muy fuerte, pero no letal. Otros factores, sin embargo, hicieron que para 1993, los fanzines casi desaparecieran del mapa historietístico argentino.

El primer factor fue consecuencia del cambio socio político que vino de la mano del gobierno de Carlos Menem. Su apuesta a la apertura del mercado de bienes y servicios y la consecuente rebajas de aranceles de importación, mas un dólar bajo, permitió la entrada a Argentina de revistas de historietas extranjeras a bajo costo y con calidades de impresión muy superiores al producto local. Esto afectó las ventas de las revistas locales, tanto profesionales como fanzines. ¿Para qué pagar tres pesos por un material local si por esa plata se conseguían productos extranjeros de calidad de impresión mayor?

Otro factor fue el agotamiento comercial de la revista de antología que imperó en los años ochenta. Su público o abandonó por completo el comic o bien prefirió pasarse a la compra de álbumes recopilatorios donde aparecían las historias completas. El público lector de Fierro (que había sido la base del público lector de los fanzines) se había marcvhado y todavía no había un reemplazo.

Por estos factores, para 1993 la Generación del 86 había abandonado los fanzines. Algunos se convirtieron en profesionales (artistas o editores) del género. Otros buscaron trabajo en la ilustración o la publicidad. Otros sencillamente se alejaron pro completo de los fanzines.

¿Había muerto el fanzine de historietas? No, porque otros factores aparecían y anunciaban la creación de una segunda generación fanzinera.

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3 – Los chicos AHÍ

En 1994 aparece el primer número del fanzine que sería la cabezada playa del desembarco de la segunda oleada fanzinera argentina: la revista Catzole! Su andadura marcó el inicio de la aparición de un nuevo grupo de autores decididos a editar pro su cuenta sus comics. Pero el contexto en que estos aparecerían había cambiado y, por ende, también sus respuestas ante éstos como faneditores.

En primer lugar, la apertura económica del gobierno de Carlos Menem había traído (como dijéramos más arriba) la progresiva desaparición de las revistas comerciales de historietas hechas en Argentina, sometidas a una competencia imposible en términos de impresión con el material llegado del extranjero. La revista Fierro cerró en 1993, la editorial Record cerró en 1996 tras una larga agonía y hasta la poderosa editorial Columba (que hasta la década del ochenta tenía grandes tiradas) fue lentamente sucumbiendo ante la nueva realidad (sumada a erróneos manejos editoriales) que se imponía. Los muchos profesionales del comic argentino terminaron así por migrar definitivamente en lo laboral (y a veces incluso físicamente) para trabajar en el extranjero de manera casi exclusiva (u optar por la salida total de la producción historietística). Las posibilidades de crecimiento profesional de nuevos autores estaba (a diferencia de los años ochenta, donde era posible profesionalizarse a partir del fanzine) vedada. El fanzine ya no era un paso previo e inicial en el crecimiento profesional, era LA UNICA POSIBILIDAD de publicar. Y los nuevos autores lo entendieron claramente, siendo muy cuidadosos con sus revistas (al punto de no aceptar propuestas para “profesionalizar” su material que no les permitieran controlar los derechos de esos personajes).

La única excepción exitosa de autores relativamente nuevos en esta década la conformaron dos antiguos fanzineros con un personaje aparecido en 1990 en el fanzine Arkham. Jorge Lucas y Sergio Ramirez (más los aportes de Ariel Olivetti y Sergio y Renato Cascioli) recuperaron al personaje Cazador para reconvertirlo en le protagonista de un comic book de un humor brutal, satírico y de “mal gusto” que fascinó al público adolescente de esos años. La mirada salvaje a personajes públicos del período y a personajes de la cultura popular argentina e internacional y un humor escatológico y poco sutil, le dio a cazador el status de ícono de los años noventa y les garantizó cierto éxito a sus autores. Pero fue un oasis de nuevos autores en el desierto de la historieta nacional de esos años.

Otro de los cambios llegó de la mano del reemplazo del modelo de la antología de autores por el comic book con una única historia y generalmente de superhéroes. Los comic books editados por editorial Perfil a principios de los años noventa (y que eran traducidos y comentados por antiguos fanzineros, que habían editado en 1986 el fanzine Comiqueando) fueron la lectura a partir de la cual muchos de los fanzineros empezaron a leer historieta. Y por ende, con la aparición de los nuevos fanzines, el género de los superhéroes (que en los años anteriores solo aparecía casi de manera exclusiva como parodia) se convirtió en parte importante de las ofertas fanzineras de esos años. Y, frente a la proliferación de historias cortas sin personaje fijo de los fanzines de la Generación del 86, los nuevos fanzines tenían la preponderancia de uno o varios personajes con historias que continuaban (o pretendían continuar) número a número.

Un factor permitió consolidar el sistema de distribución de las revistas. La aparición de la “comiquería” o tienda especializada en comics. Copiadas del modelo norteamericano y amparadas por los bajos costos de la importación de material extranjero, las comiquerías crecieron en las principales ciudades de Argentina, ofreciendo diversidad de material a los aficionados a la historieta. Como muchos de esos aficionados conformaban una buena parte de la base de sustentación de los fanzines desde siempre, las comiquerías le dieron a los faneditores el espacio (mínimo, debemos reconocer, pero igualmente importante) para que sus revistas fueran vistas y compradas por quien estuviese interesado. Frente a la errática distribución de los fanzines de la generación anterior, los nuevos fanzineros tenían un cierto circuito “ad hoc” donde mostrar sus productos, lo que redundaba en mayor facilidad para encontrarlos y, por ende en mayor visibilidad.

En la edición también hubo adelantos que los nuevos autores aprovecharían. Así como la fotoduplicación fue un elemento que ayudó a la aparición de nuevos fanzines en los años ochenta, la masificación en los noventas de las computadoras personales permitió a los faneditores diseñar de manera más “profesional” sus revistas, dándoles muchas veces un acabado que no deslucía (y que incluso avergonzaba) a revistas comerciales (incluso usando la fotoduplicación como método de impresión). Esto permitía que curiosos (que nunca hubieran comprado “esos pasquinitos mal diseñados en fotocopia”) se interesaran en darle una ojeada a estos nuevos productos.

Finalmente, otro factor a tener en cuenta fue que muchos de los participantes de los fanzines de los años ochentas habían mutado para esos años en participantes del mundillo historietístico profesional. Como autores, editores o dueños de comiquerías, estas personas dieron espacio en mayor o menor medida a los nuevos faneditores para exhibir sus revistas, difundir sus apariciones (a destacar en ese ámbito la labor de la revista Comiqueando, mutación del fanzine del mismo nombre que de 1994 al 2001 le dio espacio a publicar la aparición de material fanzinero, con direcciones inclusive), darle espacio en convenciones de comics y hasta tratar de hacer posible profesionalizar de alguna manera a los autores más destacados dentro de este movimiento.

Todos estos factores explican la aparición de un sinnúmero de nuevos fanzines entre 1994 y el 2001. Revistas  como Catzole, Moshpit Posse, Kamikaze, Elvisman, El Tripero, Falsa Modestia, Océano y Charquito, Kapop, Atiza, Moron Suburbio, Nikol Shangai, TurboPeludos, por nombrar solo algunos. Entre ellos se generó un amplio espectro de dibujantes y guionistas, muchos ellos de la suficiente calidad para haberse profesionalizado, de existir un mercado nacional de revistas de historietas profesionales en esos años. Y eso se reflejó en sus ventas, llegando alguno de ellos (Catzole y Falsa Modestia por citar solo a dos) a vender arriba del millar de ejemplares, una cantidad impresionante para revistas con distribución tan limitada.

Con el aumento de los fanzines publicados, los faneditores empezaron a generar (igual que en la generación anterior) vínculos y redes informales. Pero en 1998 estos mismos faneditores fueron un paso más allá al conformar una asociación formal para unir a los editores de fanzines. Así se generó la Asociación de Historietistas Independientes (A.H.I.), entidad que llegó a agrupar a casi ochenta fanzines. Si bien se habían intentado años atrás generar organizaciones similares (como el Círculo de la Historieta y el grupo Los Cuadronautas), esta fue la primera vez en que un grupo importante de faneditores trabajaron de manera conjunta en una organización de estas características.

El AHÍ organizó una biblioteca de lectores, organizó eventos, ayudó a explicar cómo hacer una revista a quienes querían producir una, envió a un representante a una convención de comics en México DF y fomentar en general la relación entre los autores y faneditores entre sí y con el público. Desgraciadamente, se generó internamente una separación entre aquellos faneditores que querían que el A.H.I. se mantuviera como una suerte de confederación de personas independientes y aquellos que preferían organizar el trabajo de maneras más uniformes, con formatos similares y estructuras más acordes a una editorial que a un conjunto de éstas. Eso, sumado a los roces personales terminó por eliminar a fines de 1999 (o sea a apenas un año de la conformación formal de la Asociación) al experimento.

Tras la desaparición del AHÍ, la profusión de fanzines continuó hasta que la crisis general del sistema económico implantado por Menem a finales del 2001 determinó el forzoso parate de muchos de estos fanzines.

Aquí detenemos nuestra mirada sobre los fanzines. Si bien, luego de la recuperación económica argentina, han aparecido nuevos fanzines, este autor no puede evaluar cómo se han desarrollado por una cuestión de índole personal. Es de suponerse, sin embargo, que el auge de la Internet y la posibilidad de hacer páginas en la Web con imágenes de manera relativamente sencilla (lo que además permite una distribución mucho más amplia de los contenidos que cualquier fanzine puede soñar) ha traído una caída del fanzine impreso a favor de estos nuevos formatos electrónicos. Pero es claro que el espíritu del fanzine, ese que dice que cualquiera puede hacer su propia historieta y lograr que otros se interesen por ella, está presente en estos nuevos formatos.

El fanzine no solo ya ha nacido para quedarse: forma parte integral de la cultura del comic en Argentina así como en el resto del mundo.

Roberto Barreiro