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Los primeros fanzines sobre el medio de la historieta que circularon fueron periodísticos, o sea se dedicaban a informar. En esa cronología fanzinera, hay un orden. El primero en aparecer fue Crash! en 1979, gracias a la voluntad del Círculo de Artes Visuales de la República Argentina y su director, Leandro Sesarego. El segundo fue Top! en 1982, por iniciativa del nicoleño Luis Rosales. El tercero de ellos fue AKFAK, aparecido en 1983, de la mano de dos amigos y arduos investigadores del campo de la historieta, Fernando García y Hernán Ostuni, responsables del 95% de las notas de la revista, coordinados por Ricardo García, y ayudados por Juan Pérez ReyesRoberto Barreiro y Horacio Ferrer -que publicó una poesía-editorial en el nº7-.

AKFAK tuvo una primera época en 1983, cuando la dupla sacó los números 0, 1 y 2, y una segunda a partir de 1985 que se extendió por otros 10 números hasta 1989. Entre los puntos altos de las dos etapas se encuentran las notas sobre sobre el serial The Phantom de Columbia en 1943 , la extensa revisión de la Editorial Warren, el dossier sobre Frank Frazzeta -con entrevista exclusiva incluida-, la celebración de los sesenta años de Patoruzú, las entrevistas a Carmine Infantino y Neal Adams  y las notas dedicadas  a personajes poco conocidos como Bil Bol Bul, Tapok, Peloduro y Fantax.

Pero dejemos que sea Fernando García quien nos cuente surgió el título de la revista: ‘Es el nombre de Kafka de al revés. Cuando estábamos buscándole nombre al fanzine, en la casa de Hernán Ostuni, estábamos sentados en el escritorio de su padre; y como no nos convencía ningún nombre, miramos sobre el escritorio y ahí estaba la edición de América de Kafka, una edición de bolsillo del Eudeba, de tapas negras. Le dimos vuelta al apellido y ahí quedó’.

Hacia 1989, cuando la trayectoria de AKFAK estaba llegando a su fin, la dupla García-Ostuni, se unió a Comic Magazine, un nuevo proyecto editorial comandado por Javier Doeyo, y que también contaba con la colaboración de otros integrantes del medio independiente, también productores de fanzines, como Andrés Accorsi, Pablo J. Muñoz, Marcelo Ciccone y Joche. Es necesario especificar que el grueso del material producido para AKFAK fue corregido y ampliado para ser republicado en Comic Magazine.

A partir de 1994, la dupla García-Ostuni, estuvo a cargo de la sección Los rescatadores en la segunda época de Comiqueando, completando una total de 55 revisiones de material antiguo, con especial preferencia por la Historieta Argentina. Por fin, en el nuevo milenio, junto a otros colaboradores, los autores publican el libro Patoruzú Vera historia no oficial del grande y famoso cacique tehuelche, punto de partida para el grupo de estudio La bañadera del cómic, con el que además publicaron dos libros complementarios dedicados a Oesterheld y su obra, cuatros tomos sobre la historieta latinoamericana y la revista digital Sonaste Maneco -hoy, convertida en un blog-.

Entre los fanzines pioneros de los 80 un posta insalvable es Fandom, palabra que deriva de la conjunción de Fanatic Kingdom -que en traducción literal al castellano quedaría como Reino Fanático-, y es que algo de fanatismo hay tener para decidirse a hacer un fanzine sin mayor motivación que las ganas. Al contrario de otros Fanzines de información -como Crash!, Top!, Akfak y Comiqueando-, Fandom se destacó por incluir historietas de todo el mundo acompañadas de pequeñas notas introductorias. Una manera hermosa de difundir el medio.

Fandom fue un emprendimiento de los hermanos Claudio y Gustavo Rubin, que asumían los roles de director y asesor editorial, respectivamente. A los largo de los 9 números publicados entre 1985 y 1987, Fandom se transformó en un muestrario mundial de la historieta. La dupla también editaría un cuadernillo, llamado simplemente Historietas en 1986, dedicado en exclusiva al mundo de los superhéroes, y que sería el pie para la edición del libro El origen de los superhéroes en 1990, hasta donde alcanzan nuestros datos.

Fandom tuvo columnistas invitados, entre ellos la dupla conformada por Fernando García y Hernán Ostuni, editores del fanzine AKFAK, redactores de las revistas comerciales Comic Magazine y Comiqueando (segunda época), con la columna Los rescatadores, e integrantes del colectivo La bañadera del Comic; y a Rafael De la Iglesia y Andrés Accorsi, que más tarde iniciarían su periplo editorial en Comiqueando. Es de destacar que Fandom registra la primera colaboración de Andrés Accorsi en  un fanzine, con una sección denominada Comic Clips, la cual sería una de las columnas fijas de Comiqueando incluso hasta el día de hoy en su versión online.

 

Luis Rosales, uno de los primeros difusores del medio.

Al contrario de la actualidad, donde el grueso de las historietas que se publican surgen del medio independiente -gracias a la actividad de los autores y autoeditores que comienzan su recorrido editando fanzines y haciendo historieta amateur hasta alcanzar, en base a la constancia, trayectoria y calidad artística-, los primeros fanzines argentinos de historieta tuvieron un eminente enfoque periodístico, avocándose sobre todo a la revisión histórica de autores, personajes, títulos y revistas. En otras palabras, los fanzines en Argentina nacieron haciendo periodismo, ese es el inicio de la crítica especializada del medio.

En ese origen se encuentran, primero, autores profesionales que también hicieron de historiadores. Desde Alfredo Grassi y su ¿Qué es la historieta? de 1968, publicado por Editorial Columba, a los omnipresentes Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, con el a veces mal entendido Historia de la Historieta Argentina de 1980, publicado por Ediciones Record. Todo esto, sin olvidar a Leandro Sesarego, fundador del primer fanzine con conciencia de tal, Crash! en 1979. Luego están los aficionados, lectores y coleccionistas compulsivos, que deseaban comunicar, contar qué estaba pasando. De todos ellos, lo más conocidos son los célebres Andrés Accorsi, figura central de Comiqueando, y Andrés Valenzuela, periodista en Página/12.  Pero ninguno de ellos fue el primero. Ese lugar lo ocupa Luis Alberto Rosales, quien se inició en el periodismo de historietas de la mano de Sesarego, colaborando en Crash!, para luego largarse solo a partir de 1982, con Top! -en la práctica, el segundo fanzine sobre historietas que existió-.

Tanto Crash! como Top! compartieron características, formato grande, buen diseño e impresión, información exacta y detallada. Cuando Top! dejó de salir, Rosales se sumó al staff de Ediciones Record, con sus columnas Planeta Comic y Oh, el comic!, en donde compartió por varios años actividades de difusión con Alfredo Grassi -encargado de la sección El club de la historieta– y con Leonardo Wadel -con su sección Así los conozco-, y más tarde con Andrés Accorsi -que continuó la sección de Alfredo bajo el nombre, El club del comic-. Gracias a la magia de la Internet, Top! resurgió en el nuevo milenio en forma de blog. Desde allí, Rosales volvió a encargarse de difundir aquello que más le gustaba. Top-Comics fue un éxito, tanto que sobrevivió a su propio creador, fallecido el 18 de abril de 2009, y que hoy, bajo el mando del amigo Carlos Martínez, continúa su marcha.

Pero dejemos al propio Rosales, que nos cuente un poco sobre la aventura de editar un fanzine: “Cuando a principios de los 80, con Miguel Almirón Assalli, nos pusimos a crear un nuevo fanzine, a la postre, TOP!, decidimos que fuera distinto. Al menos, que tuviera una personalidad distinta a Crash!, donde nos iniciamos. Allí éramos tan felices de participar en la patriada que comandaba el recordado Leandro Sesarego. Miguel Assalli era un trabajador incansable, con las fotocromías, el diagramado y el pasado a máquina, todo muy cuidado, casi a la perfección diría. Eso hacía en Crash! y lo repitió en TOP!. Habíamos pensado ponerle a esta nueva revista un toque distinto, algo que se concretó en el suplemento El Pibe, dedicado a difundir noticias, hechos interesantes, misceláneas, anécdotas y con espacio para crónicas de interés. Casi de inmediato, se nos sumó Eduardo Weidmann, un hombre absolutamente calificado y con mucha pasión; conocedor, por supuesto, del mundo de la historieta y el humor gráfico. El staff estaba, entonces, completo pero, el producto-fanzine comenzó a sufrir problemas económicos, algo insalvable que nos llevó a la desaparición; lamentablemente, sólo pudimos editar siete números. El golpe fue durísimo para nuestros sueños. Pero, mantuvimos nuestros sueños en alto y pasados los años, iniciamos un nuevo espacio, esta vez en Internet, con el mundo de la historieta en Top-Comics que tantas satisfacciones nos está dando. Hemos sumado a esos inestimables valores como Almirón y Weidman, a Gerardo Canelo, Carlos Martínez, Mariano Chinelli, que aportan sus trabajos de calidad, obviamente. En marzo 2009 cumplimos 2 años de vida, lo que nos enorgullece porque logramos un espacio sólido y prestigioso, según nos comentan nuestros lectores y amigos. Es, someramente, lo que puedo decir sobre la historia de papel de TOP!. La actualidad nos ubica en el Top-Comics electrónico, sitio que queremos mucho y al que nos brindamos totalmente.”

Vaya este rescate, para quien hizo uno de los mejores fanzines que haya existido.

El fanzine y el movimiento independiente ha sido el eje alrededor del cual la producción de historietas en Argentina orbitó cada vez  con mayor fuerza desde la década del 80 hasta la actualidad. Testigo, narrador, difusor, promotor y parte activa de todo esto fue y es Andrés Accorsi y su Comiqueando -en todas sus encarnaciones: fanzine, revista independiente y sitio web. Conseguir una colección completa de aquel primitivo fanzine -y que, sin embargo, marcó una forma de hacer periodismo de historietas en estas pampas-, es una tarea difícil. Pero, ya se sabe, Zinerama está para eso… …para conseguirlos hubo que caminar.

 

Cuenta la historia, que el primer fanzine argentino con conciencia de serlo fue: Crash! Creado por Leandro Sesarego allá por 1979, con aportes de estudiosos del medio, como el gran Luis Rosales, Norberto Van Roussel y Esteban Laruccia, y de profesionales como Gerardo Canelo, Frank Szilagy y Oswal, entre otros. Nuestro sitio tenía una deuda con respecto a las tapas de este más que mítico iniciador de toda la movida fanzinera… …hasta hoy, je!

Lucía Brutta, historietista, serigrafísta, editora y melómana.

Lucía Brutta es, tal vez, una de las mejores representantes -dentro del campo de la Historieta Argentina- del espíritu  del fanzine como expresión contracultural. Dueña de un sentido del humor ácido y absurdo, sus historietas navegan entre la crítica social y la parodia. Editora de infinidad de fanzines, sus últimos trabajos, New Mafalda, Un millón de bandas malas, y sus colaboraciones en Zapping, la ubican en un momento artístico por demás de interesante.

Fecha de nacimiento, edad, y cuándo dibujaste tu primera historia

“Nací en Barranqueras, Chaco, en diciembre del 86. Tengo 30 años, pero todavía no me acostumbro. Mi primera historieta la hice en el 2008, para un fanzine llamado Ameba que editábamos junto con algunos amigos pintores. No sabía nada de nada.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? En tu trabajo se nota cierta jugueteo con el pensamiento anarcopunk mezclado con un sentido del humor absurdo y, a veces, escatológico. ¿Qué cosas te interesa contar y por qué?

 

New Mafalda, Marketin’ no cross y Serigrafía para tontos, ejemplos de la producción de Lucía Brutta.

“Fui a clases en la Escuela de Historieta Eugenio Zoppi en Morón, con Cristian Mallea y Ángel Mosquito. Estuve alrededor de un año en el 2010. De historieta me gusta todo lo que llaman Cómic Underground, en un principio Robert Crumb y luego otros ya un poco más jóvenes, como Peter Bagge, Julie Doucet, Charles Burns y casi cualquier autor que pudiera salir en las revistas que editó Crumb, como Zap o Weirdo, y también en otras revistas, como El Víbora.

Todos esos autores hacen humor. Yo intento ser graciosa, pero también me gusta mostrar las miserias humanas, que no necesariamente tienen que ver con lo escatológico. Lo de la influencia anarko punk supongo que es porque voy a ver bandas, pero no es necesariamente ese pensamiento, sino de todas las culturas que se cultivan a partir de los diferentes estilos musicales y que van acompañados por un mensaje. Me gusta la música, la investigo, colecciono vinilos, y es donde me muevo cuando salgo y lo que me acompaña todo el día.”

Ya fue, primer capítulo de Un millón de bandas malas, que fuera publicado en la antología Informe.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Informe Historieta Argentina del Siglo XXI, una antología curada por José Sainz y editada por la Editorial Municipal de Rosario.

“El primero fue uno que editaba con mis amigos a los 15 años, se llamaba Sr. Alelí y hacía las tapas con collage. Hicimos 20 números. Después siguió Ameba, como dije antes, también con amigos. A partir de que empecé a dibujar historietas, hice el zine Caca, donde ponía cualquier cómic que iba haciendo mientras aprendía a dibujar y narrar.

Después, con algunos colegas editamos la revista Qué Hammmmmbre!, donde la idea principal era hacer un fanzine mejor editado con el formato de tira, como los libritos de Mafalda o las revistas de Paturuzú, donde hubiesen historietas anecdóticas. Además hicimos muchos otros fanzines sin sentido con nombres como Xilocacaína, Contra la pared, Descontrol, Me cago en Dios, Juancito y el lobo, Ideas Alienígenas, El travesti Julieta, La monoteta. Ahora, tengo Zapping, donde solo somos 4 historietistas. En el 2015, participé del libro Informe Historieta Argentina del siglo XXI, con el primer capítulo de Un Millón de Bandas Malas, llamado Ya fue, y colaboro hace unos años con el fanzine La Ponzoña, que es editado por Pablo Horacio Garibaldi -(a) Pablo Ponzoña-, donde publica sus increíbles collages que por lo general incluyen muchas calaveras y parodias sangrientas de publicidades.”

Rock Estar, segundo capítulo de Un millón de bandas malas, a la espera de recompilarse en libro.

Vos fuiste una de las organizadoras del ciclo Venga a Dibujar, que en su momento congregó a una cantidad importante de artistas y tuvo relevancia en el ambiente de la historieta ¿Cómo nació el ciclo, en qué consistían y cuánto duró? ¿Cómo eran esas tertulias? Un fanzine muy relacionado con el ciclo fue Qué Hammmbre!, ¿se generaron además otro fanzines a partir del Venga a Dibujar?, ¿cuáles?

Algunos de los afichas con que se promocionaba el ciclo Venga a Dibujar.

“Siempre pensé que se aprende más de los colegas que de los profesores, entonces se me ocurrió juntarme una vez por semana con gente que hace lo mismo para obligarme a dibujar con periodicidad. La convocatoria era abierta, podía ir quien quisiera, primero lo hicimos con 2 amigos en mi departamento diminuto, y luego nos mudamos a un centro cultural llamado La Vecindad donde podíamos alojar a toda la gente interesada. Hacíamos fanzines de historieta -tipo cadáver exquisito-, que después fotocopiábamos. Más adelante llegamos a sacar Qué Hammmmbre!, donde éramos como 10 dibujantes como Nana Cuevas Otonelli, Lucía Borjas, Martín Lietti, Juan Pablo Valdecantos, Germán Cufré, Sylvia Gómez, Razz, Juan Panno, entre otros”

Uno de tus fanzines más conocidos fue Caca, que tuvo al menos 7 números, más varios suplementos. ¿Cómo surge el fanzine y por qué la elección de un nombre escatológico? En algún momento llegaste a incluir juguetes que se regalaban con los fanzines, algo que continuás haciendo hasta el día de hoy, ¿de dónde surgió la idea?

Caca es mi proceso de aprender a dibujar historietas, así fue que nació. Compilaba todo lo que hacía en el fanzine, de hecho el slogan es ‘Historietas en proceso’. El nombre no tiene muchas vueltas, fue una decisión casi inconsciente, no tiene una explicación profunda. Lo de los juguetes se lo robé a una amiga con la que feriaba en la FLIA, Antonella Adreoletti, ella le ponía papel picado a los pines y cosas que vendía, se las ingeniaba mucho con el ‘packaging’. Aprendí mucho de ella también. Ahora estaba poniendo mi colección de fotos carnet de personas desconocidas que me encuentro, pero ya se me terminaron 😦 .”

Los siete números del fanzine Caca y el Suplemento Garca.

Zapping, editado con tapas alternativas, jugando con los colores de las tintas usadas.

Junto a Razz, Lietti y Valdecantos formaste el Estudio Mafia. Con ellos editás Zapping, tal vez el mejor fanzine de estos tiempos, con tapas serigrafiadas y los interiores a dos colores, trabajados con una máquina Riso. ¿Cuándo formaron el grupo? ¿Cómo hacen el fanzine, qué aporta cada uno? ¿Cómo lo pueden conseguir los lectores?

“Razz, Juan y Martín son amigos que conocí en el Venga a Dibujar, nos mudamos juntos y editamos fanzines de historieta. Lo de la serigrafía es cosa mía, tengo el taller en la terraza de la casa donde vivimos, doy clases y hago trabajos a pedido. La tapa impresa en serigrafía es mi aporte a Zapping, además de las historietas. Muchas gracias por eso del ‘mejor fanzine de estos tiempos’, le pusimos mucha garra y la idea es que vaya mejorando.

Formamos el grupo cuando nos mudamos juntos en el 2014. Martín trajo la máquina Riso a casa y juntos compramos insumos para dibujar e imprimir. Tenemos la incorporación reciente de Daniela Magnelli y Federico Di Pila al grupo, además de una nueva máquina. Estamos en un proyecto ambicioso de sacar Capisci, que ya no es un fanzine sino un libro. ¡Estén atentos a las novedades!

Realiti, de Lucía Brutta, editado por Ernán Ciriani dentro de la colección Burlesquitas.

Zapping se lee en los dos sentidos, en el último número, un lado es de los 90’s y el otro de los 60’s. Aportamos ocho páginas cada uno. Lo imprimimos en la Riso, donde pasamos cada hoja dos veces por la impresora para hacer un color por vez, es muy artesanal. Las tapas y las retiraciones están impresas en serigrafía a dos colores, por lo que tiene un total de cuatro estampas. Se consigue en algunas comiquerías -como Punc, Espacio Moebius y Rayo Rojo, entre otras- y también lo llevamos a ferias. Pueden chequear la información en nuestra página de Facebook.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta y el fanzine? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en este terreno?

“La verdad es que no tengo mucha idea del panorama. En la última reunión de Mafia me enteré de varias ferias este año de las cuales vamos a participar. Mi plan para el 2017 es sacar un libro, se va a llamar Un Millón de Bandas Malas, tiene 6 capítulos autoconclusivos. Espero poder sacarlo lo antes posible. Igual pueden ir leyendo casi todos los capítulos en tumblr

Daniel Perrotta, un inquieto guionista, dibujante y editor.

Daniel Perrotta, también conocido como Gigerama, y que en un principio firmó como Daniel Rojas, es uno de los actores más interesantes en la Nueva Historieta Argentina. Guionista y dibujante, Daniel suele trabajar tanto en solitario sobre sus propias obras, como también en colaboración con otros artistas. Partícipe de algunos de los fanzines más interesantes de los últimos 12 años -como Terror y Ciencia Ficción, Hotel de las Ideas, y Espinazo-, su obra  muestra un especial gusto por lo fantástico y lo mitológico, mezclada con la exploración de la condición humana y una fuerte militancia dentro del colectivo LGTBI. Por talento y producción, es una de las postas ineludibles dentro de la escena independiente actual.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Bueno, tengo 32 años, los cumplí el 4 de febrero. La primera historieta la dibujé los 13. El otro día la encontré, se trataba sobre un protagonista que separaba su cuerpo en varias personalidades, el enojado, el triste, el gracioso, el femenino, etc. Es loco, porque esa historia ingenua tiene cosas que todavía me resuenan.”

Margen de Error, aparecido en 2004, el primer fanzine de Perrotta, cuando aún se encontraba muy influenciado la estética manga.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Te cuento primero de mi formación académica. Soy maestro de dibujo por la escuela Rogelio Yrurtia; profesor por el Beato Angélico; y ahora estudio Psicología en la UBA. Si me preguntás por qué Psicología, te diría que tengo una hipótesis. Creo que un autor es más interesante cuando no se cierra solo a su circuito. Experimenta. Experimentar es salir del perímetro. Los autores que más me gustan son los que trabajan un lenguaje mirado con ojos intrusos. Te doy un ejemplo. El director, David Cronenberg, un hombre de ciencia. El tipo no estudió cine, estudió Biología, y se nota esa mirada corporal sobre sus personajes. Por otro lado estudié con varias personas. En narración aprendí mucho de Salvador Sanz, en guión con Diego Agrimbau. Igual considero muy valiosas las devoluciones de mis amigos sobre mi trabajo.

Por último, es difícil hablar de influencias. Es como definir tu identidad, resaltás aspectos, pero en ese procedimiento escondés otros. Supongo que la pregunta me pide que hable sobre aquellas obras que me hubieran gustado que fueran hechas por mí. En cine, La Jetté de Chris Marker. Es un artefacto brillante, tiene el género de la ciencia ficción, pero también la forma vanguardista en que está contada, con esos fotogramas en blanco y negro. En historieta podría decir miles, pero creo que el impacto de leer cuando era chico tanto Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, como Black Hole, de Charles Burns, y más tarde hacerles relecturas y seguir encontrando nuevos elementos; o Los Combates Cotidianos, de Emmanuel Larcenet, son importantes. Hace poco leí Una historia, de Gianni Pacinotti -(a) Gipi-, me conmovió mucho.

Es muy lindo cuando una obra te sorprende, porque uno ya perdió la inocencia de leer algo sin buscarle los mecanismos a las historias, los trucos. Me acuerdo cuando salió el primer capítulo de El Inivisor de Salvador Sanz, tenía 15 años, leí esa historia de 2 páginas y me impresionó muchísimo. Tenía todos los elementos que me gustan de una historia, fantasía y sexualidad. Tuve la misma sensación con El Hombre Primordial, de Mauro Mantella y Germán Erramouspe. Son dos obras que considero fundamentales.”

Números 7 y 8 del fanzine Difícil que el Chancho Chifle, surgido del Taller de Historieta que Salvador Sanz coordinó en el Centro Cultural Julián Centeya durante casi una década, y en los que Perrotta participó.

Desfigurada, una historia paralela al Desfigurado, de Salvador Sanz, con guión y dibujos de Perrotta, aparecida en el número 8 de Difícil que el Chancho Chifle.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Fenómenos, un desprendimiento de Terror y Ciencia Ficción, apareció en 2006, y fue otro de los fanzines en la producción de Perrotta.

“Cuando iba al secundario empecé a producir páginas para mi primer fanzine, Margen de Error. Era algo amateur, con mucha influencia del manga Seinen de ciencia ficción –Katsuhiro Ōtomo y Tsutomu Nihei-. Era la época de la moda Ivrea de mangas. A los 13 años quedé fascinado por Hans Rudolf ‘H.R.’ Giger, es más, en esa época me hacía llamar Gigerama -era algo así como el engendro de Giger-. Leía muchas novelas de ciencia ficción. Mis favoritos eran Philip K. Dick y James Graham ‘J. G.’ Ballard. En el profesorado conocí a Santiago Mansilla -(a) Santman- y a Emmanuel Enríquez, con ellos formamos Terror y Ciencia Ficción. Hicimos un montón de historietas y muchas nunca se publicaron porque eran a color, o por otros motivos.

Más tarde, los tres fuimos a estudiar guión con Diego Agrimbau. En el curso conocimos a un grupo de compañeros guionistas con ganas de empezar a publicar. Les propuse armar revistas y autopublicarnos, así nació el Hotel de las ideas. Hoy tengo más inquietudes por posicionarme en un tipo de historieta política.”

Terror y Ciencia Ficción, tuvo dos épocas, sus primeros 2 números aparecieron en 2006, mientras que los últimos 2, aparecieron en 2010 y 2012.

Los Gula apareció en el número 2 de Terror y Ciencia Ficción, y formaba parte de una historia más grande que Perrotta desarrolló a lo largo de varios fanzines, con distintos estilos de dibujo.

Perrotta formó parte del curso de guión dirigido por Diego Agrimbau, a partir del cual surgió el fanzine Hotel de las Ideas. Luego de 5 números, el colectivo artístico inició la transición hacia un emprendimiento comercial.

Creer o Reventar, una antología temática autoeditada en 2011, marca el inicio del Hotel de las Ideas como un emprendimiento de carácter comercial. El dibujo de tapa le pertenece a Perrotta.

Tu estilo de dibujo varió muchísimo a lo largo de los años, en tus primeros trabajos, en la época de Margen de error, mostrabas claras influencias del manga; años más tarde, en tu participación en fanzines como Fenómenos y Terror y Ciencia Ficción, tuviste una época muy marcada por la estética de Salvador Sanz; por fin, desde el Hotel de las Ideas en adelante empezás a mostrar una evolución hacia una síntesis más plástica con elementos del cartoon. ¿Este viaje plástico se dio naturalmente o forma parte de una búsqueda consciente? ¿Te llevás bien con tus trabajos más tempranos? ¿Qué cosas te interesa contar en tus historias?

“Los cambios de estilos y materiales son parte de una búsqueda. Tengo una postura más deleuziana. Hay un devenir, un movimiento nómade como autor. Trato de no estancarme en una identidad. Es muy cierto lo que decís, tengo una producción muy variada y me encanta. Me interesa narrar historias de lo marginal. Lo que esté siempre en el borde de lo humano.”

Además tenés una actividad como guionista. De hecho, con Emmanuel Enríquez formas una de las duplas creativas más duraderas del medio independiente, con él hiciste no solo historias cortas, sino también una novela gráfica a color, Lo subterráneo, y tienen una más en camino, Mapudungun. ¿En general, cómo es trabajar en dupla? ¿Y con Emmanuel en particular? ¿De qué tratan Lo Subterráneo y Mapudungun?

Lo Subterráneo, de Perrotta y Enriquez, junto a Contatiempos, de Érica Villar, marcan el ingreso del Hotel de las Ideas en el terreno de la distribución comercial.

Lo Subterráneo habla sobre la tensión entre opuestos -como hombre y mujer-, con tintes sobrenaturales. El título hace referencia a dos textos de freudianos fundamentales: Lo Inconsciente y Lo Siniestro. En Lo Subterráneo traté de agrupar varios conceptos psicoanalíticos. Para el psicoanálisis hay una idea topográfica donde lo que está en la superficie es lo consciente, y lo que está por debajo representa a todo lo reprimido -lo inconsciente-. Eso se ve claro en las casas de Estados Unidos, donde se guarda en los sótanos todo aquello que no se usa pero se quiere mantener como recuerdo -objetos de la infancia, por ejemplo-. Ellos juegan bastante en el género terror con el elemento del sótano, como si se tratara del lugar siniestro de la casa. Ubiqué mi historia en Capital Federal, e imaginé que si en la superficie está todo lo socialmente aceptado, todo lo masculino con sus edificios fálicos, su sol luminoso -el sol es un símbolo masculino/apolíneo de la razón-, y su civilización moderna; por otro lado, está lo subterráneo, lo reprimido, lo femenino/dionisíaco, la oscuridad/luna/lunática, lo instintivo, la cultura primitiva. Me pregunté qué pasaría si todas las mujeres de Capital, hartas de la opresión machista, destruyeran con su pulsión sexual –Trieb– toda la ciudad, y de esa energía destructiva emergiera así algo distinto. Tengo la idea de hacer una segunda parte, llamada Lunática, donde todo es oscuridad. Si Lo Subterráneo pasa entre Flores y Caballito, la historia va a correrse hacia adentro del Zoológico de Buenos aires, en Palermo. Va a ser un interpretación de un texto de Freud llamado, Tótem y Tabú, que habla sobre la horda primitiva.

Las primeras 10 páginas de Lo Subterráneo, la historia fue publicada por primera vez de manera online en el blog Cuadritos, de Andrés Valenzuela.

Mapudungun, con guion de Perrotta y dibujos del siempre talentoso Enriquez.

Con Emmanuel, también hicimos una adaptación a historieta de 48 páginas a color de Hamlet, publicada por Aguilar. Trabajamos armónicamente en equipo. Es un dibujante que traduce el espacio como pocos. Tenemos varias historias por hacer.

Trabajar en equipo es algo que me gusta mucho. Cuando colaboro con alguien esa persona le agrega su personalidad al trabajo. Me siento muy cómodo siendo solo guionista o solo dibujante, aunque también creo que hay historietas muy personales, y ahí uno debería ser autor integral.

Mapudungun es la historia de Nahuel, un mestizo mitad mapuche, mitad winca -blanco-. La leyenda del diluvio mapuche se vincula con el protagonista. Habla de un mito de origen. Tenemos pensado hacer una tercera historia sobre culturas antiguas. Lo subterráneo ocurre en el centro, Mapudungun trancurre en el Sur, y la próxima va a estar ubicada en el norte de la Argentina.”

Además de la ciencia ficción, la fantasía y el terror, tus trabajos siempre tienen un eje en las relaciones interpersonales y afectivas, donde por lo general también tratás temas cercanos a la militancia LGBT. ¿Qué cosas te interesa contar? Y también, ¿cómo ves al medio de la historieta, al que siempre se lo tildó de machista, con respecto a este tipo de temáticas?

Secuencia de El lenguaje de las palomas, con guion de Farías y dibujos de Perrotta.

“Como decía antes, me interesa el borde de lo humano. Eso hay que extrapolarlo a nuestra sociedad. Hay un modelo de humano, es hombre, blanco, heterosexual, cuerdo, universitario, clase media y, agregaría acá, porteño. Todo lo que se vaya alejando de eso pierde grados de humanidad. ‘Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros’, escribió George Orwell en el final de Rebelión en la Granja. Entonces estemos del lado de la minoría, contemos sus historias.

Todos sabemos que la historieta todavía tiene machitos anacrónicos. Los escuchamos hablar sobre las mujeres, gays y trans, lo que hay que hacer es fugar de ahí. Por suerte cada vez quedan menos. Lxs nuevxs autores traen frescura al ambiente. La historieta es un lenguaje muy rico, está en nosotros agenciar diversidades en los personajes.”

Por último, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“Este año estoy armando un libro de perfiles de homosexuales argentinos. Varios basados en activistas. Además, tengo un proyecto de temática gay con Facundo Soto de guionista. Por otro lado, estamos armando con Emmanuel y Santman un grupo de historias distópicas. Con cierta impronta en el estilo de la serie Black Mirror, pero buscando un verdadero contenido político -que, creo, la serie no lo tiene, o sea no es un 1984, por nombrar alguna obra de ciencia ficción realmente política-.”