Posts etiquetados ‘Jorge Fantoni’

En las categorías más extrañas del fanzine se ubica una rara avis -por lo dificultoso de su hallazgo- caracterizada por su encuadernación, se trata del ¡fanzine anillado! No hay muchos ejemplos de esta clase pues su aparición es esporádica y responde a un sinfín de motivos. En el pasado ya lejano estaba mucho más ligado a posibilidades económicas y de disponibilidad concretas; mientras que en estos tiempos de impresión a demanda, responde más a las ganas de experimentar y divertirse que tenga el autor. A continuación dos ejemplos, uno novísimo y otro con 16 años sobre sus espaldas.

50 Quadernos, nace de la mano de Jorge Fantoni, un histórico absoluto del under argentino y, también, un autor cargado de talento y cultor del bajo perfil. En esta aventura editora, lo acompaña su socio de siempre, Daniel Ortiz. La dupla participó en una miríada de fanzines fundacionales, desde la O No, pasando por Chapa-Chapa y Parásito e, incluso, como parte estable de Lápiz Japonés. A ellos, se suman gente cómo Daniel Pancu, Gustavo Von Chuyo, Diego Arandojo, Emiliano Raspante, Horacio Petre, Ernán Cirianni y Camila Torre Notari. El fanzine explora desde el humor una crítica voraz a las redes sociales y el uso de la Internet. El nivel de la publicación es excelente, con autores que experimentan el lenguaje narrativo  con habilidad. Entre los trabajos que destacan están, Por eso pago Internet, de Cirianni, por la desfatachez desmedida de su humor, Satanic Yoga, por lo idisiosincrático de la propuesta, las dos tiras de Torre Notari, por la efectividad de los remates, y Un mundo quieto, de Fantoni, porque vuelve a mostrar al autor en su mejor estado, manejando un humor agudo, poético y cínico a la vez, y con un arte impecable. La tapa esta hecha en serigrafía sobre cartones recortados provenientes de cajas de bebidas y comestibles. Un edición por completo artesanal e hipnótica, en formato cercano al A4. Solo se hicieron 50 copias.

Sin título alguno que la identifique, la obra realizada por Frank Vega, bien podría llevar por nombre Zapping. La obra recorre los ejes comunes en los que otros trabajos de Vega -como Pititi en Mortadelas Salvajes, por ejemplo- pivotan: el humor absurdo y cínico, la realidad distorsionada, la parodia, la crítica a la sociedad contemporánea y la recreación de los usos y costumbres de las clases trabajadoras. En este caso, la historia se dispara a modo de un cambio compulsivo de canales de televisión, que tienen como hilo conductor a un personaje particular, cuya cabeza y torso tienen forma de televisor y que solo atina a decir Poketubitelemón, como forma de pre-anunciar el cambio de escena. Ese recorrido lisérgico, muestra la mirada particular que tiene el autor sobre el mundo de la publicidad y la comunicación en los medios masivos, además de la sociedad que los consume, tamizado a través del absurdo, el sinsentido y el humor sin límites. Entre otras, destaca la escena donde el Poketubitelemón y el Perro Pablo visitan a un ‘Batman‘ traficante de chorizos que tiene por cliente a ‘Pikoro Daimakú‘, a su vez enfrentado a ‘The Ray‘, con acción trepidante y un dibujo fuera de toda escala. La obra -de 100 páginas- data aproximadamente de 2002, y se publicó en fotocopias simple faz, anillada y con tapas en acrílico transparente. Hasta el día de hoy permanece inédita de manera comercial.

Anuncios

A lo largo de distintas entrada hemos recorrido el devenir del movimiento independiente de historietas en Argentina durante la década del 80, poniendo especial acento en las publicaciones de información sobre el medio, Crash!, Top!, Akfak, Fandom, Comiqueando y Comic Magazine. Y dejando un poco de lado los autores y editores que se enfocaron a realizar historietas.

Lo que sigue a continuación es un breve recorrido por algunas publicaciones de aquellos años, que de alguna u otra manera marcaron la temperatura creativa de ese entonces. Por supuesto, este recorrido es parcial e incompleto -se quedan afuera revistas como Plástico, Kaput y O no, por ejemplo-, pero es un buen punto de partida para recuperar una memoria de lo que fue. Y es que al fin de cuentas, el presente de nuestra historieta proviene de acá.

Allá vamos, hacia el rejunte de números sueltos.