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Hay elementos en las historias de aventuras que varían de una a otra: el héroe, el villano, el entorno, la época. Pero hay un elemento que siempre está presente desde los mitos griegos en adelante: la búsqueda. Sea destruir un anillo o siguiendo un mapa del tesoro, siempre hay un disparador que enciende la necesidad por encontrar algo, aunque a veces ni el propio protagonista entiende bien lo que busca. Por ejemplo, al enano Urgh le importa un comino encontrar “la corona de huesos”. Pero para su medio hermano, Dragón, la corona lo es todo. No por nada es la tarea que les encomendó su finado padre.

Como un dragón y un enano son medio hermanos es como mínimo curioso y en este tomo no se dan muchas explicaciones al respeto; lo que importa es la que la dupla (o trio, porque olvide el detalle que Dragón tiene dos cabezas, con personalidades en conflicto constante) tiene química y genera varias situaciones cómicas, potenciadas por los personajes que el autor Andrés Nicolás Allocco (con el seudónimo  griego – ¡qué casualidad!- “Telémaco”) agrega a lo largo de las 256 páginas. En los tiempos medievales donde viven Urgh y Dragón hay hechiceros precoces, goblins que juegan a los dados y una comunidad de vecinos chusmas pero simpáticos (una especie de vecindad del Chavo del 8 haciendo cosplay de D&D)

La primera mitad del libro está dedicada a la presentación de personajes y divaga un poco en largos monólogos (si, Ulfrus hablando con su cuervo o Dragón discutiendo consigo mismo los considero soliloquios) pero cuando empiezan las interacciones la narrativa se torna más dinámica y la segunda mitad se devora de un tirón. Resulta que por una razón ligada a los poderes de Dragón los personajes se pueden trasladar  a cualquier época y así la acción se desplaza hasta África a fines del siglo XIX. O sea que Allocco tiene un abanico enorme de posibilidades para jugar con sucesos reales (en este caso el ataque de leones conocido como “los devoradores de hombres de Tsavo”) y meter personalidades como Billy The Kid.

En el segundo tramo también aumenta la violencia, porque ‘Urgh’ esta apuntada a niños y adolescentes pero no se pone tacaña con los momentos de sangre y muerte.

Telémaco tiene planeadas varias entregas de la saga así que es lógico que queden puntas y plots abiertos; lo que hace ruido son situaciones naturalizadas por la trama y que requerían alguna explicación adicional, en especial la razón de los goblins para buscar a Urgh. Sacando esos detalles (que no descartó que sean cubiertos en los próximos libros) “La corona…” es una historia que se vale por sí misma, con mucha coherencia y cuidado para ir presentando la información a lo largo de todo el libro, con lo que hay detalles que son retomados y explicados hasta las últimas páginas.

El dibujo es un tema aparte; se merece todas las loas y elogios por el manejo de las expresiones, el cuidado en los fondos y diseño de personajes, lo funcional que es con el estilo de guion…. Y pierde un poco cuando se piensa en lo inspirado que esta por Jeff Smith. Allocco es un talento nato y desarrolló todo el libro con dibujo vectorial, lo que solo aumenta mi asombro, pero me gustaría que ‘Urgh’ siga creciendo, buscando su estilo definitivo y que deje de ser un primo lejano de ‘Bone’, que es la sensación que da al leerlo.

‘Urgh y la corona de huesos’ es un libro recomendado para lectores de todas las edades, con una serie increíble de personajes y con mucho potencial para merecer toda la atención.

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Unas semanas atrás tuvimos la grata sorpresa que Federico Baert su uniese al grupo de Zinerama en Facebook. Aprovechando tal ocasión, hacemos un sucinto repaso del panorama de la historieta en San Nicolás de los Arroyos, luego del puntapié inicial que significó la aparición del fanzine periodístico Top! en 1982, de la mano de Luis Rosales.

Luego de que Top! cerrara su periplo en 1984 tras 7 ediciones, Rosales se unió al staff de Ediciones Record, donde continuó su tarea de divulgación del medio durante varios años, con su columna Planeta Comic. Más adelante, Rosales -que tenía buenas dotes de dibujante- formaría parte de un corto proyecto denominado Humorieta, en donde cruzó su camino con otros dos historietistas, Federico Baert y Marcos Vergara. El proyecto tuvo corta duración pero cuando terminó, Baert y Vergara -con la adición de Javier ‘Caio’ di Lorenzo– decidieron sacar una nueva publicación ‘subte’. Así, en 1991 -y hasta 1995-, aparecieron de la cual se publicaron cuatro números anuales . La revista era presentaba en bares de la ciudad, organizando fiestas en las que se convocaba a grupos de música, artistas plásticos, poetas y actores, con presentaciones en donde varios de los números teatrales eran escritos por el trío, que también actuaba, declamaba poesía y hasta hacía coreografías en los shows.

Luego de esa experiencia, en junio de 1995, Baert y Di Lorenzo, lanzan una revista bimestral  de nombre Santos Pecadores. La publicación iría agregando más artistas hasta alcanzar su número final, el 10. A partir de allí, cada autor continuó con sus proyectos individuales. Es aquí donde la obra de Baert se multiplica, así -entre 1996 y el 2000-, lanza títulos como Héroe de la nada, La lluvia del adiós, General Cazabrujas, El Circulo de los Sin Vida y, en especial, su obra más destacada, Hacia el Hondo Bajo Fondo.

A partir de 1999, el grupo encara la realización del evento Aquelarre Encuentro de Historietistas Independientes en San Nicolás, el cual tuvo 10 ediciones anuales. En las palabras de los organizadores: ‘En el primero fuimos unos pocos, entre los que ya se contaban los compañeros rosarinos. Año tras año se fueron sumando más grupos de otras ciudades, como La Productora –de Buenos Aires-, MZ –de Pergamino-, Belerofonte –de Uruguay-, UNHIL -de Tucumán-, Llanto de mudo -de Córdoba-,  y muchos más. Aquelarre se convirtió en un punto más en el circuito anual de eventos de historietistas independientes’.

Desde el 2005, Baert, Vergara y Di Lorenzo vuelven a unirse para producir nuevas publicaciones con el proyecto La Historieta a la Escuela que busca poner a los alumnos de San Nicolás en contacto con esta forma narrativa. Como parte de esa experiencia, se editan los 3 números de la revista infantil Jaime Pop. El trío también, se sumó al blog Historietas Reales con colaboraciones que se extienden hasta el día de hoy, allí, Marcos Vergara -con guión de Rodolfo Santullo–  hizo Cena Con Amigos, mientras Federico Baert realizó La danza de los condenados, entre otras obras. Hacia 2007, Marcos Vergara se une con Alejandro Farías para formar la editorial Loco Rabia, a través de la cual publican libros, tanto de su propia autoría, como de otros otros autores, para convertirse en una las las principales editoras de historieta de la actualidad. Es bajo este sello que hacia 2009, el Grupo Aquelarre hace su debut en las arenas de lo comercial con Los Mutantes Bukowski, además, Loco Rabia también editó las versiones en papel de Cena Con AmigosLa danza de los condenados; además de Bajo Presupuesto, de Javier Di Lorenzo; y la reciente Causas Perdidas de Baert, Aón y Lee. Actualmente, Baert se encuentra preparando una remake a todo color de Hacia el Hondo Bajo Fondo, esta vez ya no en solitario, sino en conjunto con Carlos Aón.

Mucho del material nombrado está disponible en la red o en las librerías especializadas, pero lo que estaba perdido eran algunas de las tapas que muestra la galería de abajo, y es que algunos fanzines llevan más de 20 años de editados…

Existe un conocido dicho, sobre todo aplicado al cine, de que ‘segundas partes nunca son buenas y ni hablar de las terceras’. Por suerte, cada tanto aparecen obras que marcan la diferencia, y establecen que el objetivo de toda saga debería ser superar la entrega anterior, no disminuir la calidad. Así es el caso de la Liga del Mal, un grupo de seis artistas todo terreno –Gerardo Baró, Tony Ganem, ‘Industrias Lamonicana’, Patricio Plaza, Diego Simone y Pablo Tambuscio-, que en el 2012 se juntaron en un chat de Facebook para charlar, intercambiar anécdotas, conocimientos, etc. Entre tantas idas y vueltas decidieron presentar sus propias historietas por la red social. De a una página por semana, con temáticas e historias independientes uno de otro, cada artista subía su trabajo y, cada vez que completaban un ciclo de historias, recopilaban esos trabajos en libros, primero por la difunta editorial Llanto de Mudo y este año, el tercer y último ciclo, por LocoRabia -junto con Grupo Belerofonte-. Hay que destacar que las ediciones impresas cuentan con hermosas portadas de Julián Totino Tedesco presentando todos los personajes centrales de cada entrega.

Aunque el primer libro impreso se encuentra agotado, no es obligatoria su lectura para entender los siguientes tomos -aunque a veces hay guiños ocultos entre los autores que se reconocen o disfrutan más habiendo leído todo-, y además las historias que lo componen se pueden leer en su versión original en Facebook. Otro punto interesante es que si bien hay historias más cómicas y otras más de suspenso, en general todas son dinámicas y con mucha acción, casi no hay nada de estilo intimista. Se podría decir que el ‘mal’, como entidad invisible e incluso como justificación del título, está siempre presente en los conflictos que atraviesan los protagonistas, ya sea enfrentándolo y, a veces, aceptándolo.

Tony Ganem -colaborando con Manu Perotti en guión-, es el único que rompe un poco el molde unitario: sus tres capítulos se entienden perfecto por sí solos pero tienen los mismos protagonistas y ambiente, lo que le da cierta continuidad y orden de lectura. Es una mini saga que se burla de los clichés del género de espada y brujería: el aventurero, la aldea azotada por un monstruo, las tabernas, los dragones… Nada se salva de la sátira, en especial el pequeño pollo protagonista. ¿Usar animales antropomórficos en un mundo de espada y brujería será un guiño del autor a La Mazmorra de Joann Sfar? Ni idea, pero son tres capítulos muy divertidos y bien dibujados, sobre todo el segundo donde Ganem usa dibujo y color tradicional en vez de digital.

Otro que cambia un montón su estilo de dibujo entre cada ciclo hacía una linea cada vez más depurada es Diego Simone. Su primera historia, El horror sin nombre, es paranoica, sangrienta, graciosa y ambigua en la interpretación, ¿está loco o no Fermín, el niño matador de demonios disfrazados?

Su segunda historia también se aproxima a una variante del terror más o menos conocida, la del grupo familiar retorcido, morboso y lleno de secretos. Un extraño, apodado El Muerto -tan parecido al Dyango de Franco Nero, que hasta arrastra un ataúd- llega para complicar u arreglar los ‘quilombos’.

Sin duda la joya de las obras de Simone es Las perras diamante: ciencia ficción estilo ciberpunk, mucha psicodelia y algo de sexo explícito, reunidos por una narrativa y puesta en pagina que dan envidia. Si Guro, el trabajo de Simone editado por Szama Ediciones, es la mitad de bueno que Las perras…, seguro es increíble.

Rey del terror, de Gerardo Baró, es un hermoso homenaje a Ultraman, Godzilla, Power Rangers y cualquier otra bomba mental oriental para los que crecieron entre los 70 y 80. El dibujo es limpio, caricaturesco y espectacular. La trama es muy simple pero bien dosificada en información para que recién en la última página se entienda todo.

Para el segundo libro, Baró hace Macabro, una mezcla el mito de Orfeo -el músico griego que bajó al inframundo para rescatar a su amada- con el Western y la mitología mexicana, en una fusión rarísima pero que resulta muy atractiva.

La ultima historia de Baró es Rey de la ruta, dibujada en estilo más cartoon, con reminiscencias de Kyle Baker, y con mucho humor -el personaje uruguayo es glorioso-. Tiene emoción, acción, todo. Baró es uno de los artistas que pega tres gemas de corrido.

‘Industrias Lamonicana’ arranca con 2 Deaths, un historieta llena de referencias: The Spirit, de Will Eisner, un villano igual a Jorge Porcel, e incluso una reflexión sobre el cambio de estilo de los cómics norteamericanos durante el periodo llamado ‘Edad Dorada’. Los detalles son geniales; por ejemplo, varias onomatopeyas son los apellidos de los otros dibujantes de la Liga.

La segunda trama ‘lamonicana’ es Dios Devorador, una historia simple pero que hace reír. No se puede negar que presenta un lindo elenco de personajes grotescos, eso sí.

Al igual que en el caso de Simone es en la tercera oportunidad donde todos los elementos cierran muy bien: Video-home, pesadilla analógica, es ganchera, inquietante, con los personajes muy bien escritos y con un gran manejo de la tensión hasta el final.

Pablo Tambuscio tiene tres historias que me parecieron excepcionales: Taipei, Marina y sobre todo Post Mortem son todas escalofriantes y con personajes muy queribles, por lo que las tribulaciones que atraviesan generan mucha preocupación en el lector. El dibujo y el color es brillante, muy expresivo y detallista.

Por fin, tenemos a Patricio Plaza; sus tres historias tienen en común dos cosas: la exploración de las creencias religiosas y la evolución de los protagonistas a través de un cambio fundamental . Orgón es muy delirante y Homúnculo me parece que pierde fuerza en un desenlace confuso, pero La logia blanca funciona muy bien como metáfora de la aceptación de la identidad sexual. En la primeras dos historias, Plaza privilegia la potencia del dibujo, en cambio en La logia blanca se muestra mucho más prolijo y refinado.

Es muy evidente que todos los miembros del grupo pusieron lo mejor, metieron todas sus fichas -sobre todo en el tercer tomo- y terminaron cerrando no una sino tres antologías divertidas, bizarras y con un nivel de calidad altísimo. Una gran vidriera de autores a tener en cuenta.