tapaAunque en general trato de no meter gustos personales en las reseñas, es importante aclarar que el fútbol y yo vivimos en universos separados: nunca me llamó la atención, no sé de jugadores, clubes ni campeonatos… quizás veo algún partido de Argentina en el Mundial y listo. Tampoco hay una presencia constante de ‘historietas futboleras’ en el mercado como para tentarme o fijarme que me pierdo más allá de casos clásicos como ‘Beto Navarra’ de Ray Collins y Clemente Rezzónico o ‘Gattin y el equipo’ de Jorge Toro o historietas más actuales como la serie ‘Barras’ de Emilio Utrera. Sin embargo este año hubo dos lanzamientos que coinciden en esta temática; uno es ‘Dar todo’, biografía de Gabriel Batistuta escrita por Sebastián Rizzo, dibujada por Raúl Vila y editada por Blup Ink. La otra novedad es ‘La pelota no dobla’, antología con relatos escritos por Guido Barsi que me llamó la atención por la variedad de dibujantes convocados.

Lo que más me gustó de ‘La pelota…’ es que siendo ‘un comic de fútbol’ ninguna de las once historias muestra un partido en detalle sino momentos puntuales y en muchos casos ni eso, eligiendo Barsi poner la atención en otros lados de la vida y la pelota: los partidos de fútbol 5 entre amigos y conocidos, el fanático empedernido y el viaje a la cancha, las dudas antes de ese tiro que define el partido, el sufrimiento del director técnico, el jugador forzado al banco, el que piensa que tiene un familiar mufa, etc.

Estos enfoques inesperados me parecieron una decisión perfecta para escapar de la trampa de mostrar jugada tras jugada, algo que puede ser un embole narrativo o algo emocionante pero quedándose cortísimo con la cantidad de páginas. El formato elegido funciona bien, cubre un montón de aspectos y en particular no me quede con la sensación de que hubiera historias que les falten o sobren páginas, un mal muy común de las antologías. Además Barsi la tiene clara para escribir personajes que interactúan y se bardean (o respetan, según el caso) con diálogos creíbles y gancheros.

Sin duda el punto más flojo del libro es que con tanta variedad de artistas hay estilos gráficos que se ajustan mejor al tono de historia que les tocó y otros no. A modo de ejemplo de la polaridad, Matías Chenzo hace un mix de José Muñoz y Fer Calvi en su parte que es maravilloso pero por otro lado los capítulos dibujados por Tomás Violi y Damián Solla requerían más refinación en el trazo y buscar más detalles distintivos entre los personajes.

Pablo Fernández, Luciano Giraldez y Martín Almeida resuelven con soltura tres historias de humor y costumbrismo. A Cristian Ochoa y Martín Carmona les tocó dos desafíos complicados: historias que son en su mayor parte un solo personaje monologando con un televisor y un celular; me parece que Carmona la piloteo mejor. A Emiliano Aquino el ‘homenaje’ a Tsubasa le cayó como anillo al dedo, tiene un registro ultra realista y cambia con sutileza los rostros y presentación de las viñetas para darle un toque manga a los flashbacks. Lo de Noelia Molinari no es ultra virtuoso pero pone amor y garra en su capítulo sobre fútbol femenino y Alfredo Retamar realiza un trabajo elocuente basado en las expresiones en el anteúltimo capitulo.

Por último pero no último, los separadores de Mauro Sanchéz y la portada de Juan Manuel Tumburús son notables. Si el libro fuera a color se apreciarían más los detalles como las camisetas de equipos rivales pero en general la edición de Pi Ediciones es cumplidora.

Para cerrar aclaró que hubo una sola referencia futbolística en un remate que  me llevó a consultar con gente futbolera (o sea el resto de la humanidad), así que doy fe que ‘La pelota…’ además de ser divertido y con calidad, también puede ser leído por cualquier persona con -10 en el deporte.

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Vamos con el primer número de “Un Faulduo” el experimento historietil que a lo largo de los años -y las publicaciones y acciones- ha intentado correr los estancos límites del lenguaje en viñetas -esos a los que todos nos aferramos-. Dinamitar la narrativa, jugar con el lenguaje, convertir la página en un caos estéticamente atractivo, generar incomodidad en el espectador, exceder el espacio bidimensional como vehículo comunicacional, son algunos de los recursos de los que este grupo viene sirviéndose y de los que probablemente un intelectual con gafas de pasta podría extenderse con mayor pericia.

La riesgosa propuesta de los autores no siempre ha encontrado repercusión positiva entre los lectores más acartonados, ni ante eruditos del periodismo especializado que no encontraron palabras elocuentes (y no es que sea fácil, vean mi torpe intento ahora mismo) pero su contumaz actitud cosechó no pocos logros y prestigio. Sin embargo, estimo que el buen Chopi puede pasar de todo ello.

El siguiente ejemplar es una reedición del aparecido originalmente en 2005. Aclaración necesaria, ver un número no es ver todos los números. Entrar en contacto con el Faulduomundo a partir de este número es una experiencia incompleta, fragmentada, es el primer paso de un extenso derrotero.

Descargar: “Un Faulduo N°1”

Un Faulduo. 01

 

Cuando el colega Julián Blas redactó la introducción a la entrevista a Lucía Brutta dijo que “(…) es, tal vez, una de las mejores representantes -dentro del campo de la Historieta Argentina- del espíritu del fanzine como expresión contracultural.

Coincidiendo plenamente con su apreciación, agregué que las páginas de Lucia gustan o no -recomiendo leer el primer número de “Caca” (que lamentablemente no tengo, porque hubiese sido co-protagonista de este posteo), “Realiti” (la Burlesquita a su cargo) o su “Un Millón de Bandas Malas” como alegato de defensa a su capacidad creadora- pero indudablemente es representativa de la movida under, como autora y gestora también; es unx de lxs pocxs que encarna la -cada vez más escasa- esencia fanzinera, con todos los defectos y virtudes que ello significa. Puede ser escatológica, espontánea, furiosa, tierna, melancólica, paranoica, humorística o varias cosas en simultáneo; puede ser fotocopia autoeditada, risografía artesanal o libro de editorial, siempre conservando intacto el toque del fanzine.

Habrá quien me indique que no es su mejor publicación, pero…¡Incluye perros mutantes!

Descargar: “Perro Zine”

Lucia Brutta. Perro Zine. 01

Un nombre conocido. Catzole. Se trata del último número (cortito, por ello fácil de escanear) que compré en un kiosko un lejano 2003 al salir de la secundaria. Resta suponer que se distribuyó por circuito comercial. Es un trabajo en donde se aprecia la calidad en su punto máximo de maduración, trazos y estilos muy afianzados. Dos curiosidades, acá vió la luz la historieta (a mi gusto, mucho más redondita) que adapta el corto realizado por “La Secta” de “Las Gorgonas”. Lo otro, la editorial, que leída hoy -y esto es un lugar común, pero hay que decirlo- no ha perdido vigencia (bueno, ni leída ayer, ni mañana).

Descargar: “Catzole N°16”

Catzole N°16. 01

Desde que comenzó su actividad hace menos de dos años la editorial marplatense Faro Negro fundada por Kundo Krunch, Manu Amagi, Matías Chenzo y Lelê Lou  se consolido en poco tiempo como una factoría de obras potentes y producidas de forma casi artesanal; la constancia es uno de sus pilares más firmes y en cada evento siempre tienen una cantidad llamativa de novedades. Sin ir más lejos en el último Dibujados presentaron seis lanzamientos:

‘Impar3es’ de Chenzo, una lujosa edición en tapa dura con tirada reducida, de 160 páginas a todo color y formato A4.

‘Eliodora Borinsky’ de Luis Santamarina (antes conocido como Ziul Mitomante, a la mejor manera de Prince) y ‘Cerca’ de Juana Gallardo. Ambas obras se suman a la Serie Negra, colección de historias autoconclusivas a cargo de un autor integral cada una. Los dos primeros lanzamientos fueron ‘¿Lo hacés por la plata o por el placer?’ de Chenzo y ‘Cuando el invierno duró más que el mismo invierno’ de Leandro Silva.

‘El chancho del espacio’ de Lucas Fulgi y Daniel Mendoza, con el mismo formato que Serie Negra (revista tamaño A6)

‘Esperando a la novia’ de Fulgi y Gustivo Tedeschi, formato A5 a color, con la particularidad de que la encuadernación es anillada.

-Y por última novedad, ‘Maltrabajo’ de Amagi y Lou, un tomo de 15×10 cm y 124 páginas a blanco y negro. Volveré a escribir sobre esta en unos párrafos.

Para un paneo general del catálogo de Faro Negro, en esta nota elegí para reseñar cuatro obras, leídas al azar en el último tiempo.

tapa‘El cartero: relatos ocultos’ es una antología con tres relatos de terror y un mismo protagonista: un mensajero de la Muerte, una parca que entrega su mensaje a todos los condenados y se mueve por épocas y lugares tan distintos como los comienzos del Cristianismo, las montañas de Francia a mediados del siglo XVIII o el mismísimo río Styx. El guion (a veces de Amagi, otras de Lou partiendo de las palabras del primero) es oscuro y depresivo pero al mismo tiempo filosófico y reflexivo.

Vale aclarar que el subtítulo de ‘Relatos ocultos’ se refiere a que el comic es una expansión de un poema épico (en temática y extensión, 5000 versos, casi un Beowulf argentino) escrito por Amagi, ilustrado por Lou y publicado por Contamusa en dos entregas. El poema y la historieta se pueden descargar gratis y vale la pena darle un vistazo a ambos para tener la visión completa de la saga y disfrutar  el doble del impactante arte de Lou.

De la misma dupla creativa, ‘Maltrabajo’ utiliza un horror más sutil y cercano: una sociedad fría y automatizada donde cada individuo cumple su función sin cuestionar y con eficacia hasta el día del retiro. Acompañamos al protagonista a lo largo de su jornada laboral, que es todo un retrato de la sociedad en general, llegando a unas vueltas de tuerca inesperadas en el último tramo.

maltrabajo portadaA destacar que ‘Maltrabajo’ no es un comic en el sentido tradicional de la palabra: cada doble página es un pequeño texto de un lado y una sola imagen de página completa del otro lado. Pero ojo al piojo, cada texto viene acompañado de un QR que al ser scaneado con el celular (casi seguro tengan que descargar una app como ‘QR Code Reader’) revela un segundo texto, contrapuesto al escrito y que le da otro sentido a la historia. Como experimento es toda una novedad pero a mí los comics me gusta leerlos sin más tecnología que unos anteojos. Eso no quita que lo que vemos a primera vista de ‘Maltrabajo’ tiene un dibujo exquisito en tramas y provoca una sensación inquietante en toda la lectura, como que estamos a solo un paso de un mundo tan burocrático y estéril, reconocible y alienígeno al mismo tiempo, recreado con una delicadeza en las tramas y los detalles enorme por parte de Lou.

23163748_1589008277830114_1674902252_n‘Deuz Tecnicorp’ (hace poco también  reseñada por Julián) transcurre en otra posible sociedad distópica, donde la corporación del título regulariza el “bienestar” de los ciudadanos según sus propios caprichos; la trama sigue el interrogatorio de un caso que involucra el RX-Prot, la droga más popular de la empresa.

Más allá del caso puntual de la trama, hay potencial para una serie de unitarios en la tradición del Carlos Trillo de ‘Borderline’ o ‘El husmeante’, algo así como  “investigador corporativo y diferentes situaciones para analizar en cada capítulo”; además el formato apaisado y las pocas variaciones en la paleta de colores, junto con el estilo línea clara de Krunch (autor completo en esta oportunidad), hacen que ‘Deuz…’ tenga un look visual atractivo y único que dan ganas de leer mucho más.

descenso tapaFinalmente ‘Descenso’ es una obra en conjunto de Amagi (guion) y Krunch (dibujo) con el tipo de historia que podría ser un capítulo de ‘The Twilight Zone’, ‘The Outer Limits’ o cualquier show de TV que plantee situaciones paranormales que le suceden a  gente común. Gente como Francisco y Matías, que solo quieren viajar tranquilos hacia las costas argentinas pero el destino les tiene preparado un plan distinto. La tensión entre los dos protagonistas lleva todo el peso de la trama y Krunch usa un estilo bastante distinto al habitual, más cercano al del dibujante Jim Mahfood pero más estilizado, con excelentes resultados en el clima de la obra.

Innovadora en formatos y con gran calidad artística, Faro Negro es una editorial para siempre mirar con atención en cada evento y con cada novedad que anuncian.

Después de mucho tiempo, hace su regreso el tercer ciclo de esta columna de repaso por las ediciones locales que llaman la atención por sus calidad. En un ambiente cada vez más marcado por el cuidado en la edición como un valor de producción, los editores ponen el acento tanto en los formatos como en la impresión de sus productos. Sin más, entre Nu Guinea y Los Mutantes del Paraná, vamos a los hechos, constantes y sonantes.

Alan Dimaro viene sacándole punta al lápiz desde hace más de 10 años, cuando apareció con el primer número de Sr. Valdemar. La experiencia fue corta, y luego del número 2, el fanzine/revista pasó a engrosar los anales de la historia. Algunos años después,  Alan encontró en la historieta autobiográfica el sendero que recorrería hasta hoy, con su tira Cabrón. Ese recorrido, comenzó en el blog de La Duendes, alrededor del año 2012. Esas tiras terminaron por compilarse en el primer tomo de la tira, a los que siguieron el segundo y tercer tomo. Y en donde Cabrón se fusionó, al menos en parte, con el emprendimiento colectivo La Gran 7, que a la manera popularizada en los blogs de historietas colectivas, un grupo de artistas subía sus historietas a razón de una vez por semana. Lo que sorprende es el crecimiento sostenido en el tiempo, que hoy encuentra al autor dueño de más de un registro estético, capaz de expresar de manera deliberada tanto un dibujo crudo, desprolijo y potente, como un trazo delicado, trabajado en los detalles y manejando con soltura los grises aplicados de manera artesanal. Todo eso, con puestas en página creativas, en donde los fondos están tan elaborados como los personajes. Luego del tercer tomo de Cabrón, llegó la hora de El libro negro, una novela gráfica en donde Dimaro hace el salto de calidad definitivo. Saliéndose del esquema de una página/una anécdota, el argumento se desenvuelve en cuatro capítulos de largo aliento. Allí, Alan repasa y ficcionaliza su propia historia con hincapié en las relaciones afectivas. Un relato de verdad consigo mismo, pero que a la vez, realiza algo casi imposible, desdoblar de una vez por todas a la persona del personaje, Dimaro ya no es Cabrón, y Cabrón ya no es Dimaro. La historia tiene un conflicto final que la arroja hacia adelante. Con este nivel de dibujo y argumento, solo queda esperar lo que sigue.

Federico Ferro, es más conocido en las redes como Epileptic Fred, y que, a la sazón, no es solo uno de los organizadores de Dibujados, sino también la mano detrás de El Señor Nada, un personaje que solo parece tener continente -pues solo es un contorno antropomorfo- pero que tiene con mucho contenido, y que juega de continuo con los límites de la narrativa secuencial. Por si esto fuera poco, Ferro es el curador y editor de la colección Libros de Juguete, una colección de libros artesanales de diminutas dimensiones -8 x 6 cm.-, de la que ya lleva más de 14 libros editados. Es imposible hacer una reseña pormenorizada de cada uno de los tomos, pero lo que Ferro propone es sencillo, invitar artistas que le gustan para hacer un relato libre y exploratorio del lenguaje  secuencial y narrativo. Lo que define a la colección es la experimentación. Todos los tomos son interesantes, algunos en mayor medida que otros, por supuesto. Entre los que mejor destacan se puede mencionar ejemplos como Andar, con arte de Darío Oliva; Explosión, de Martín Lietti; El pozo – El amo, con arte de Juani Navarro y Oh No, de Muriel Frega. Entre otras cosas, Federico no solo imprime los libros, sino que los encuaderna en la técnica se denominada cartoné, o sea, tapa dura, haciendo de cada edición un libro objeto, conformando una selección de exploraciones dentro los límites de la narrativa más interesante que se ha visto en los últimos tiempos. Alguno de los nuevos números de la colección vendrán a todo color, a estar atentos.

Figura en los registros de Zinerama que el recorrido en la historieta de Sebastián Mario, comenzó dentro de las páginas de Difícil que el chancho chifle, el fanzine anual que editaba el taller de historieta que Salvador Sanz impartía en el Centro Cultural Julián Centella, hace ya una pila de años. El segundo registro que tenemos de Mario, lo podemos hallar en el fanzine Espinazo, que no fue otra cosa que la reconversión del mismo fazine anual cuando Sanz mudó su taller a la Escuela La Ola. Las producciones que hizo Sebastián para ambas publicaciones fueron cuando menos interesantes. Así, luego de un período de ausencia, reapareció con su primera producción en solitario, Arkaika. El libro se apoya en una historia corta, pero vibrante de acción y sin dialogo alguno, que cuenta la guerra entre el Reino Mono y el Reino Reptil. Un enfrentamiento cruel y total, sin vencedores ni vencidos, donde todos pierden, en el que la narrativa de la violencia destaca por sobre todas las cosas. La secuencia narrativa es clara y dinámica, el dibujo es expresivo y potente, y maneja con soltura y solidez en los cambios de encuadre. Los grises están bien aplicados. La historia si bien simple deja con ganas de más. Es una pena que todo se resuelva en 32 páginas. El libro viene con varios extras, dibujos, ilustraciones y una mini historieta. La edición es cuidada y bien impresa. Esperemos que pronto podamos ver más.

Lejos y hace tiempo hubo una revista de cortísima vida en los quioscos, que nadie parece recordar, el año era 2010 y se llamaba Bang!. Impresa en papel de diario y en formato 14 x 20 cm, la publicación alcanzó el número 4 para desaparecer sin casi sin dejar rastro alguno. Con severos problemas en la edición, diagramación e impresión, la publicación no era más que un conjunto de buenas voluntades al servicio de una emprendimiento inviable. Pero en medio de aquella desolación, un dibujante rico en posibilidades, con un estilo barroco y aún sin pulir, solo necesitó unas pocas páginas en el último número de la revista para quedar en la memoria, era Juan Fioramonti.  Luego de siete años sin noticias, Alquimia Comics, el sello capitaneado por Federico Sartori y Nicolás Flores, tuvo el buen tino publicar Destellos Oscuros, una antología de historietas que reúne trabajos de Fioramonti en solitario y en dupla con diversos guionistas. Las historias son correctas, con argumentos sólidos y bien resueltas, pero lo que destaca es el descomunal arte de Juan, un dibujante enrolado en el estilo clásico, con influencias de Moebius, Bilal, Maroto, Olivera, Zanotto -o sea los dibujantes de lo que acá Skorpio definió como La Gran Aventura-, pero combinadas en una síntesis personal. Y si bien su trazo aún está lleno de detalles, deja atrás la carga barroca para dar lugar a un preciosismo que no es común de ver en la historieta actual. Falta decir que pocos dibujantes manejan con tanta solvencia la anatomía animal, algo que brilla en la ultima historia de la publicación, Jirafas. A brindar, por más historietas de Fioramonti.

Así termina este recorrido, ¡ojalá la cuarta entrega no demore tanto en aparecer!

“Review + conversación imaginaria con el guionista”. En El Desierto de Lucas Fulgi y Matías Chenzo.

Le prometí a Chenzo que iba a decir que, cuando recibí el libro, estaba impecablemente envuelto en papel de regalo azul, sin arrugas ni dobleces, como si el autor hubiera hecho el cálculo matemático para saber en qué ángulo plegar el papel. Escribo esto antes de leerlo, y espero que al contenido le hayan puesto el mismo esmero.

Bueno, ya lo leí. Raro, empieza con una frase de Confesiones de Invierno, de Sui Géneris. No sabía cómo sentirme al respecto. Personalmente suelo asociar la música a situaciones, y costó asociar ésta a lo que estaba por venir.

Estéticamente, creo que representa el imaginario de lo que es un cómic para alguien que nunca leyó uno, como mi abuela. No me refiero a se vea estándar, al contrario, tiene un estilo particular, con trazos desprolijos y recargados (incluso en los bordecitos de las viñetas), pero creo que si le preguntás a mi abuela cómo es un cómic, terminaría definiendo algo similar. Es trash pero a la vez no es trash (el cómic, no mi abuela), parece muy calculado, y con decisiones muy acertadas como el blanco y negro.

En cuanto al guión, es como lo absolutamente opuesto (al menos en lo conceptual) a The Neverending Story. Tiene el arco argumental más clásico y sencillo que leí hasta el momento: presentación de Uriel (el protagonista), luego de los tres antagonistas (muy simpáticos por cierto), conflicto/pelea física y desenlace/fin de la pelea. No les voy a decir quién gana, tendrán que leerlo. Me gustó esa linealidad, no le sobra nada (salvo las risitas del hombre-zorro que me parecieron medio pelotudas).

Se ve que, después de leerlo, quedó dándome vueltas en la cabeza. ¿A ustedes también les pasa que cuando hacen pis se les ocurren ideas magníficas (o que en ese momento lo parecen)? No sé por qué, pero mientras hacía pis me imaginé merendando con Fulgi. Venía claramente sugestionada con el estilo de los diálogos, porque en mi cabeza teníamos una conversación más o menos así:

LL: ¿Hey, cómo andás? ¿Todo bien?
F: Sí.
LL: ¿Querés café?
F: Bueno.
LL: ¿Con leche, azúcar, sólo?
F: Sí.
LL: ¿Sí qué? ¿Lo de la leche, lo del azúcar…? ¿En qué taza querés? Hay una grande a rayas, o una más chiquita pero que tiene gatitos…
F: MI NOMBRE ES LUCAS! QUIERO VIVIR! NO VAS A COMERME! NI AHORA NI NUNCA!
LL: Bueno, no le pongo nada y vos le ponés lo que te parezca.

Lucy L.

Reseña original: Acá.

Carlos Altgelt es, tal vez, el coleccionista más fundamental, documentado y completo sobre la trayectoria de Héctor Germán Oesterheld dentro de la historieta. En especial de su período áurico, es decir desde que hace su debut como guionista en 1951 con la historieta Alan y Crazy -dibujada por Eugenio Zoppi-, en la revista Cinemisterio, editada por Editorial Abril, hasta la capitalización de toda esa experiencia literaria, con su obra más acaba, Mort Cinder -dibujada por Alberto Breccia-, entre 1962 y 1964, en la revista Misterix, editada por Editorial Yago.

Este período incluye toda la trayectoria de HGO como editor, al frente de Editorial Frontera y sus revistas, la homónima Frontera y Hora Cero, con sus versiones, extra y semanal, entre otras. Es en esos años cuando Oesterheld desarrolla sus máximos personajes, desde los icónicos Eternauta y Mort Cinder, hasta los menores, como Rolo, el marciano adoptivo, y Joe Zonda, pasando por Nahuel Barros, Randall The Killer, Ernie Pike, Bull Rocket, El indio Suárez, y series como Patria Vieja y Amapola Negra, entre otras. Luego vendrían más personajes, pero esa es otra historia. Además, de todos los personajes nombrados, falta el primer y más grande de ellos, el Sargento Kirk, quizá la más querida de sus creaciones.

El personaje acompañó a Oesterheld, durante toda su trayectoria como guionista, desde 1952 cuando hace su aparición, en Misterix, con dibujos de Hugo Pratt, hasta bien entrados los 70, cuando sus últimas aventuras se publicaron en Billiken, con dibujos de Gustavo Trigo. El personaje tuvo un calado hondo en los lectores, y quedó en la memoria de aquellos que lo disfrutaron, ya sea en el momento de su publicación o de manera tardía, a través de republicaciones o del coleccionismo.

Kirk es un sargento desertor del 7° Regimiento de Caballería, destinado a mediar entre los mundos del indio y del hombre blanco en el Far West, y que a medida que la sus peripecias avanzan se rodea de un grupo peculiar de amigos valientes que lo secundan. La serie es un homenaje a la aventura pura en estructura de folletín, con historias que continuaban durante muchísimos números. Luego, acorde a los tiempos, la serie adoptó carácter unitario, con argumentos que empezaban y terminaban en un mismo episodio, pero sin negociar jamás esa acción vibrante que la caracterizaba.

En abril de 2010, Algelt, publicó Crack! Crack! Crack! un enorme trabajo monográfico -más de 100 páginas- dedicado por completo al personaje. Una investigación minuciosa, cargada de datos, con biografía de los personajes de la serie, los principales y los secundarios, así como también de los autores que participaron de ella, y pasando por todas las ediciones que se hicieron tanto en Argentina como en países europeos. Es un libro cargado de amor, ese que nació cuando -de chico- Altgelt descubrió a Kirk, y que lo acompañó toda su vida, hasta convertirlo en coleccionista. Entre las curiosidades del libro, está el recorrido por los amores del Sargento, algo que sorprende, en especial porque descubrimos algo que pasa siempre desapercibido y es que el Kirk sufre por la pérdida de un amor irreemplazable. También aparece Reina, la principal bailarina de Can-Can del Saloon donde el grupo de Kirk tenía su solaz, un personaje secundario pero icónico en la pluma de Pratt, y que fue tapa en más de una ocasión, en las posteriores re-ediciones de la serie.

El libro/fanzine está publicado en blanco y negro, en formato A4, y con algunas complicaciones a la hora de la reproducción del arte via duplicación digital, pero la información y exploración del imaginario oesterheldiano detrás de la serie es imprescindible. La tapa a color evoca el disfrute que era para los niños de aquel entonces, sentarse a leer a la hora de la merienda las aventura de Kirk y sus amigos. Un disfrute que vuelve a pasar con cada re-lectura -y es que el Sargento es atemporal, como la buena aventura-. Se hicieron alrededor de 100 copias, que hoy están agotadas y a la espera de una re-publicación acorde.

“Este bondi se va a prender fuego.”, Causas Perdidas de Federico Baert, Carlos Aón y Lara Lee.

Arranca muy simpático y se va volviendo turbio, como la vida misma.
Con la excusa de contarnos la llegada de Facundo (el protagonista en cuestión) a una pensión, vamos conociendo la vida y mambos de los otros personajes.
Con muy pocos detalles, con muy poco background, pero con muchas micro-acciones que los definen, Baert armó personajes bastante completos. Ninguno está de más, todos cumplen una función, el guión está muy bien.

Causas Perdidas muestra una mirada muy garrón, y a veces muy cierta, sobre cómo van saliendo las cosas, las expectativas que tenemos (y que tienen los demás), las decisiones propias y ajenas que nos marcan, pero no peca de libro de autoayuda, las cosas son una mierda y ya.

Es muy Bailarina en la Oscuridad, va yéndose cada vez más al choto, pero a la vez es muy tierna, muy simple. Da una sensación de cotidianidad, de que los personajes podrían ser cercanos.
Creo que el estilo de dibujo suma mucho a simpatizar con ellos.

Al principio no entendía la elección del color, me imaginé que iba para otro lado, pero cuando lo que Facundo tenía planeado empieza a descarrilar, empieza a cobrar sentido.  Me dieron ganas de decirle a los personajes: ¿Viste cuando te preguntan si querés agrandar tu combo? A veces hay que saber decir que no.

Me copa que no hayan intentado una estética realista, al menos en lo humano, imagino que me hubiese resultado pretenciosa. Está bueno que sea un poco Doug (pensé tanto en Doug mientras la leía). El dealer nunca me advierte con respecto a lo que trae. Tenemos un acuerdo: no me dice NADA sobre el libro, autores, etc. Yo no googleo, no leo el prólogo, la contratapa, etc. Es todo primera impresión.

Lo leí en el tramo Saavedra – Villa Crespo del 71. Para quienes conocen el recorrido, da bocha de vueltas, así que será una hora de lectura más o menos. Con esto de que no sé de qué va, quizá no era mi día para leerla. Venía un poco con una mini-crisis existencial, y me bajé del 71 totalmente descolocada, mirando a la gente y pensando “Usted va a terminar yéndose a vivir a otro lado y perdiendo el contacto con su familia.”, “Usted, señora, se va a morir de sobredosis.”, “Este bondi se va a prender fuego.” y cosas así.

¡Fuck it! Se me cayó el café adentro del microondas, ahora el microondas chorrea café, pasó el gato y se mojó, obvio, van a quedar huellitas de café por toda la casa. Así empieza todo, ¿ven? No lo recomiendo para un mal día, menos aún para una mala semana. Sí lo recomiendo para el resto de los días. No los días felices, esos te los puede arruinar, pero para los días bleh, los normales, para ésos viene bien.

Lucy L.

Reseña Original: Acá.