‘Los Vampiros Ninjas’. RIP Van Hellsing de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana.

Un poco Buffy. Tenemos un personaje misterioso, hot, vampiro y bueno, que pelea contra otros vampiros (Angel, season 1) y un robot con humanidad (Adam, season 4, la peor temporada y el peor plot). De todos modos, RIP no parece tener habilidades sobrenaturales como Buffy, sino plata, y en parte heredada, como Batman.  ¿Para cuándo un héroe pobre (o de clase media, ponele), que no se pueda comprar la pistolita cool o el cinturón de gadgets y boludeces? Ahí sí sería interesante ver cómo se rompe el orto para solucionar las cosas.

Arranca diciendo que sucede en 2037. No sé bien para qué hicieron eso. Podría haber (¡o hay!) vampiros y werewolfs en la actualidad. No hay más diferencias de paso del tiempo, así que sólo me queda asumir que usaron el futurismo para justificar lo sobrenatural. Medio al pedo, pero no molesta tampoco.

Como libro es entretenido y pochoclero. A mi gusto encuentra un poco rápido las pistas y resuelve muy fácil los contratiempos. Los comandos no pudieron, pero RIP en dos viñetas encuentra el patrón para rastrear al robot? Son tan inútiles como la Iniciativa en Buffy (y al parecer volvemos a Buffy, qué groso que es Joss Whedon). ¿Y por qué el protagonista puede recuperar al robot pero los militares no? Si usa un arma específica que ni la fabrica él mismo, sino que la compra. ¿No la podían comprar los comandos directamente?

Es un equivalente al cine hollywoodense de acción o sci-fi. Tiene misiones ‘ultrasecretas’, militares, robots, vampiros, licántropos, tetas y explosiones. Viene en tres arcos argumentales: el del robot humano, el de los vampiros, y el de los vampiros vs. licántropos. El tercer arco venía siendo mi favorito hasta que aparecieron los ‘vampiros ninja’. Me hizo acordar mucho a ese video de Youtube del ‘ninja púrpura‘ (si no lo vieron, háganlo, no tiene desperdicio).

Me encanta el laburo de textura, los contraluces están muy lindos y se nota que el dibujante sabe que le salen bien, no los usa demasiado por humilde supongo. El blanco y negro le sienta bien, como la muerte.

En el plot del primer arco, lo de la infidelidad y el cerebro me pareció algo rebuscado. Es un paso más allá de Cris Morena, un poco mucho. Y otra cosa: ¿Scar es el jefe de los licántropos? ¿El tío del Rey León? ¿Es como una secuela oscura y futurista de Disney? Ojalá que sí.

La reseña original: Acá.

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A unas semanas del último Dibujados, sigue la tarea de revisar novedades que circulan por los cada vez más extendidos circuitos de la Historieta Independiente Argentina. En estos tiempos iconoclastas es buen remedio sumergirse en las propuestas que llaman la atención por su calidad. ¡Apurala, Litoooooo!

Entre Pinamar y Valeria del Mar se encuentra Ostende, localidad donde reside Muriel Frega, una artista de puro talento y gran capacidad autogestiva, que no para de generar proyectos interesantes. Entre su nueva producción está la publicación de Amores en danza, en donde ilustra los textos de Javier Barrera.  El libro mezcla en relato gráfico en historietas en algunos capítulos y la prosa exclusiva en otros, dando una mixtura peculiar. La obra cuenta la historia de la familia Jara a través de sus miembros mujeres. Milagros Jara es iniciada en el arte de la danza por su madre el día de su cumpleaños número 6. En las paredes el estudio de baile están colgados los objetos que pertenecieron a sus antepasados, y cada uno de ellos tiene una historia detrás, algunas felices, otras dolorosas. La narración de Barrera es episódica, destacando los momentos necesarios para llevar el hilo conductor de de la obra. El dibujo de Muriel es plástico, haciendo indivisible el texto del dibujo, con una puesta en página compleja y siempre cambiante. La tapa tiene tintas metalizadas -el scan de la derecha no le hace honores-, y los interiores son a todo color. ¡Hay que estar atentos porque solo se hicieron 100 ejemplares!

Después de un largo parate, en donde los muchachos de Panxa se reestructuraron y siguieron editando a buen ritmo libros, revistas y fanzines para todos los gustos, volvió a aparecer un clásico de esta época: la Panxarama número 9, cambiada y renovada, pero con el mismo espíritu de siempre. Lo primero que destaca es el formato, dejando atrás el 14 x 20 cm., o sea el A5 refilado, para saltar al A4, lo que permite que la revista luzca los dibujos que porta. Otra de las característica es que el staff de esta edición está integrado por hombres y mujeres en partes iguales, pero mejor que eso es que el nivel de todos es de bueno a muy bueno. Destacan los aportes de Epileptic Fred con Sin Fin, de Daniela Ruggeri con La pileta de Menen(dez), de Max Vadalá ilustrando el cuento de Godofredo Fink titulado Una casa de Paso, y de Verónica García con Síncopa. Además brillan las contribuciones de Gory con Noche en la Tierra, una especie de zapping del apocalipsis muy efectivo, Ramona II con El encuentro, con un nivel de dibujo tremendo y una historia muda, figurativa y profunda, y Constanza Oroza con Pérdido, una narración poderosa de arte superlativo. En resumen, el mejor número de Panxarama por lejos.

Sádico es la versión extendida y corregida de la homónima publicación lanzada el año pasado. Enmarcada de lleno en la corriente Grim’n’gritty, muy popular en el cómic americano de los 80 y 90, con exponentes como The Punisher, Lobo y el Suicide Squad , la historia se centra en el personaje de tapa, un anti-héroe dispuesto a tomar la justicia por mano propia -ser juez y verdugo- para dictaminar sentencia sobre los criminales que mata sin el más mínimo remordimiento e, incluso, disfrutando del acto, de allí su nombre. Su antípoda es El Momia, un súper-héroe, que respeta la vida, pero que al verse superado por la operación criminal que intenta desbaratar, recurre a Sádico para que lo ayude en su cruzada. El guion de Fernández y Palazzesi explora el enfrentamiento entre las visiones opuestas de los vigilantes, para encontrar las zonas grises donde ambos fallan, mientras exponen cuestiones de relevancia social y criminal. El dibujo de Jesús Soria está en nivel de excelencia, con buenos planos y encuadres, además de un buen manejo de la anatomía y los gestos. La impresión láser garantiza masas plenas, puesto además de tener tapas color, los interiores están a dos tintas. Si bien la cuestión de la justicia particular -omnipresente en las historietas influenciadas por la corriente más comercial del cómic americano- fue zanjada desde la creación del estado de derecho, destaca la calidad con que los autores exploran la polémica.

Cierra este escueto recorrido, La Llave, la serie de 7 tomos -o sea 7 revistas- escrita, dibujada y editada por Ramiro Gerez Murguia, el factótum detrás del sello Mandale Tinta. De producción cuantiosa, sostenida y veloz, el dibujo de Ramiro -en plena formación- todavía tiene mucho campo para mejorar, pero aún así destaca en él una habilidad inusitada para la dinámica del movimiento y las escenas de acción, algo que le permite contar sus historias plagadas de elementos fantásticos y humor cotidiano. En La llave, tres desconocidos obtienen poderes insólitos que no solo los llevaran a trabar amistad sino que también a unirse en contra del malvado Uskomaton. Las revistas están bien editadas, aunque sería excelente agregar una rotulación digital en el futuro. Acción pura, buenos personajes, una trama divertida y una serie larga que empieza y termina, pocas veces ha pasado tanto en las haras del fanzine.

Por hoy ya está bien, pronto se vienen más reseñas! Hasta la historieta siempre!

portada‘Ucrónicas’ es la recopilación de varias historias cortas escritas por Mauro Mantella a fines de la década pasada y que salieron en antologías como ‘Bastión’, ‘Antología Zombi’ y ‘Comiqueando’ (etapa Domus/FreakPress).

No todas las historias son ucronías (entendiendo el término como una realidad similar a la nuestra donde determinados eventos históricos se desarrollaron de otra manera; ejemplo clásico: Alemania ganando la Segunda Guerra Mundial) pero todas aportan un giro de vuelta sobre temáticas explotadas por el género fantástico: vampiros, inmortales, zombis, objetos inanimados que cobran vida, incluso superhéroes.

De ‘Amor Negro’, la primera historia no se puede decir nada porque cualquier dato puede estropear el remate escabroso e imaginativo de estas tres páginas. El dibujo de Alejandro Aragón presenta y resuelve bien todo el asunto sin la ayuda de los diálogos.

‘Omninauta’ (dibujos de Omar Pacino) y ‘El arca’ (Juan Manuel ‘Juanmar’ Rodriguez) tienen dibujantes muy inspirados, ambientaciones espaciales futuristas lejos de cualquier rasgo de cotidianidad y protagonistas más cerca de ser maquinas que seres vivos pero con iguales dudas existencialistas. Son tramas con bloques de textos hermosos y total ausencia de diálogos, cercanas en espíritu (en especial ‘El arca’) a ese capítulo de ‘Swamp Thing’ (por Alan Moore y John Totleben) donde el vegetal con patas interactúa con una nave consciente. Como detalle particular el protagonista de ‘Omninauta’ aparece también en ‘Fantaciencia’, reseñada en este mismo sitio.

‘El beso inmortal’ y ‘Ser y Tiempo’ comparten dibujante (Pietro, conocido por sus colaboraciones con Diego Agrimbau, autor del prólogo de este libro). La primera es una revisión del vampirismo, bajando a lo terrenal los rasgos más místicos del tema. La segunda habla de la inmortalidad y la reencarnación con planteo y ambientación en el Antiguo Egipto, bien documentada en mitología y religión del periodo y cuidado desde la composición grafica para remarcar las ideas de repetición y continuidad.

‘El día de los plásticos rotos’ al principio parece una mezcla de ‘Maus’ y ‘Toy Story’ pero el desarrollo es más espeso, más metido en la tiranía ‘amigable’, la que se acepta no por sometimiento sino por autoengaño e ilusión; manteniendo la analogía, es más ‘Brazil’ con ‘Playmobil’. El dibujo a todo color de Leandro Rizzo (‘Fantaciencia’) es inquietante por su realismo en la recreación de los juguetes y los efectos de blurreado o borrón para marcar la presencia de un estado sofocante que no se ve pero se siente. Ojo con malinterpretar dicho efecto con un error de impresión.

‘Fusión’ con sus modestas cuatro páginas ya justifica la compra del libro. Después de todo es dibujo de Salvador Sanz a color y con un guionista, dos rarezas difícil de ver en cualquier otro lado. También marca el comienzo de la serie ‘Lados-B’, donde Mantella con un texto digno de intro de ‘The Twilight Zone’ (bah, ‘La dimensión desconocida’) nos avisa que es el tipo de cosas que suceden cuando la mente humana llega más allá de lo habitual.

Mauro Lirussi ilustra dos capítulos. ‘El gremio de los agujas’ es lisérgico, paranoico y divertido en su presentación épica de algo simple y trivial como son las agujas y los dedales. Por otro lado ‘El cielo de los perritos’ es crudo, angustiante y del tipo de historias que todo amante de los animales después de leerla corre a abrazar a su perro/gato/guacamayo. Espectacular la cancha de Lirussi para dibujar con estilos de trazo y de coloreado tan distintos; en particular ‘El gremio…’ destaca por la elección de un color primario central en cada página.

‘Coleccionistas’ ilustrada por Fede Dallochio es la pata floja del libro. El dibujo es cuidado y detallista pero la historia se cierra apenas presentó al personaje principal. Con dos páginas más hubiera resultado más trascendente.

‘¡Las aventuras de Supraman!’ es pura mala leche y artillería pesada contra los cánones más sacrosantos del genero superheroico, con el plus de que Mantella mete miles de bombas por página. El dibujo de Germán Ponce acompaña el estilo de la historia.

Cierra el tomo ‘Zombisbena’ dibujada por Facundo Percio, una de muertos vivos con un twist llamativo, un punto de vista inusual y una estructura de viñetas paralelas que es la frutilla del postre.

En conclusión esta antología es un gran muestrario de excelentes dibujantes, los recursos de Mantella para romper moldes y de la tarea de rescate de Rabdomantes Ediciones para ofrecer en ediciones cuidadas grandes obras de los 90’s y 00’s.

‘Mala Praxis’. Modus Operandi de Carina Maguregui y Muriel Frega.

¡Mi dealer de libros lo hizo de nuevo! Primera novela gráfica que reseño hecha por un mashup de chicas, uno que sí funciona, como Bowie y Queen haciendo Under Pressure, o como el Mendicrim con dulce de leche. El tema es original, excepcional, triste y necesario. Ojalá fuese de lectura obligatoria para todo aquel que trate con pacientes, o con personas, o con seres vivos ya que estamos.

Estéticamente, es de los que más me gustaron al momento. Es muy limpio, muy simple, pero para nada plano. La paleta de colores es todo lo que está bien, cómo va mutando al negro cuando la historia lo necesita, es increíble.

La edición está impecable, e irónicamente la lleva a cabo Mala Praxis Ediciones (luego de chusmear su catálogo, puedo decir que no todos los libros hacen honor a su nombre).

La elección del léxico me choca un poco. Tiene frases muy complejas, que de alguna manera excluyen al lector. Al igual que la letra hecha digitalmente, no ayuda a conectar. Me hubiese gustado que el texto fuese a mano, generando un toque más de intimidad.

No logré empatizar con el personaje, pero sí con la causa. Lo onírico se entremezcla, la trama se hace densa, y pienso que, mientras, hay mucha gente haciendo quizzes que te dicen qué tipo de ensalada sos. Modus Operandi demuestra que las chicas no sólo están para historias de amor, y que no hace falta poner superhéroes para demostrarlo.

La reseña original: acá.

O cuando Szama Ediciones saca un libro (y encima lo hace con una edición flawless por donde se la mire ❤ ) que me hubiera encantado publicar en Gutter. Sigh. Siempre están the ones that get away.

Venía con ganas de escribir un par de reviews de los libros que me pueden, y después de una (auto)invitación a Zinerama, empiezo esta racha con uno de esos, los que se escaparon de las garras rara vez afiladas de Gutter-poochie:

Guro, de Don Diego Simone, editado por Don Szama de Szama Ediciones en el año 2016.

Háganse un favor, consigan el libro y pongan Bauhaus de fondo. O algo alemán. Yo soy más de Bauhaus.

Hay dos autores de la 80′s line/generación de plutón en libra de los que soy ultra fangirl, uno es Simone y el otro es Brondo (la próxima review es sobre Chica Alien, en cuanto encuentre mi copia en el caos de mi depto, para hacer una seguidilla de látex y pasar de éramos tan goth a éramos tan punk). Con Guro, Simone delivers su magia oscura en cantidades.

Ojo, disfruto muchísimo sus historias en La Liga del Mal, y su uso del color, pero me parece que es en la obra integral y solitaria donde los autores descarrilan y se entregan plenamente a hacer lo que se les canta en gana, dejando sus venas creativas a flor de piel. Acá están a expuestas y con tintas negras plenas tan brillantes como el látex que representan (amo al papel obra, pero en este libro fue una genial decisión editorial ir a interiores más shiny.)

Las referencias corren con la misma velocidad que los arroyos de orina con los que Espectra, el personaje de tapa, marca el camino. Música, tantra, películas, mangakas de ero(guro), ocultismo, los guiños son interminables y siempre acompañando a la historia: una oda a la unión ritualística de placer carnal liberador, referenciado por el término tántrico Maithuna. ❤

Además de tener una historia digna de su propia OST para acompañar a este choque entre los Puros y su accionar “porque pueden” y “porque desean más, siempre más”, con sus parásitos cargados de limitaciones; y los Guros entregados a una liberación carnal; y en el medio las personas y su albedrío (y responsabilidad sobre el mismo) como campo de juego, hay ciertos puntos que me parecen re interesantes como notas autorales:

  • Una historieta argentina de hace unas décadas hubiera puesto a Israel en el rol de Juliana a costa de muchísimo de lo que hace genial a este libro. Un acierto buenísimo de parte de Simone, que muestra que para hacer personajes creíbles y ricos en contenido no hay que atarse a preconceptos; y que ser un autor varón no es excusa para no hacer personajes femeninos complejos y completos.
  • Para ser un libro con todos, tooooodos, los tonos de grotesco, la visión de sexualidad ultra fluida con la que juega termina siendo bellísima, y el dibujo acompaña como en una buena obra eroguro, lleno de una sensualidad fría, cruel en momentos, pero siempre visualmente hermosa. Muchísimas páginas podrían ser posters sin perder su rol primario como herramienta narrativa.
  • Si recién están empezando a incursionar en historieta nacional, este libro es un must-have. Si hace mucho que consumen historieta nacional, estoy asumiendo que ya lo tienen.
  • ¿Mencioné que necesita una OST propia? Si Simone es el DJ de una fiesta, quiero ir.

Para más info y dónde conseguirlo, pueden revisar el sitio de Szama Ediciones.

Si hay algo complicado de hacer en Argentina son los superhéroes. Tuvimos etapas dignas como ‘Caballero Rojo’ en los 90’s y hoy en día los comics de la línea ‘Capitán Barato’ (que vuelve dentro de nada) pero la verdad que la mayoría de los intentos por acercarse al estilo tradicional de superhéroes suelen fallar o quedar en el olvido. Eso sí, nos va mejor con los antihéroes (‘Cazador’, por ejemplo), las parodias (el clásico ‘Super Hijitus’, ‘Supertet’) e incluso redefiniciones del género (‘El hombre primordial’, por mencionar un caso elogiado por público y crítica)

Cuando aparecieron los primeros avances de los comics editados por la editorial Libera La Bestia se presentía un refrito de las fórmulas que funcionan (hasta cierto punto) en USA, una mezcla de Aquaman con Abe Sapiens, pero en la lectura se aprecia una frescura y energía por proponer algo nuevo.

tapa_iceberg_reduxEn orden cronológico hay que arrancar con ‘Iceberg’; aunque tiene otro título y es una historia unitaria con comienzo y cierre, presenta eventos que son mencionados varias veces en el otro libro. Sin duda lo mejor de ‘Iceberg’ con respeto a los superhéroes argentinos… es que no tiene nada que ver con poderes, orígenes secretos, supervillanos ni nada. El protagonista usa un traje pero porque es su trabajo pago, ser una especie de mascota de un gigantesco y futurista parque acuático… el quilombo empieza cuando un ataque terrorista con ácido arrasa con todo y Bruno tiene que quedarse bajo el agua para no morir.

Los guionistas Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo, los cráneos detrás de toda esta movida, combinan las secuencias mudas bajo el agua con flashbacks que cuentan en reversa el pasado de Bruno, el tipo metido en el traje de manta raya humana. Esa historia secundaria no es tan atractiva como la búsqueda desesperada por la supervivencia en el presente pero ambas tienen un lindo enganche en el desenlace y es un recurso valido para que haya más dialogo. El dibujo está a cargo de Alesio Rossino, un artista impactante en el uso del color, con un trazo adecuado para las secuencias bajo el agua y que provoca shock pero no asco en las muchas viñetas con detalles morbosos. En definitiva ‘Iceberg’ es una historia de supervivencia dinámica e inquietante.

tapa_01_reduxVeintidós años después de la tragedia en el parque Iceberg arranca el primer libro de la serie ‘Manta’, con un estilo distinto en guion y gráfica. El coqueteo con los superhéroes es más estrecho pero hasta ahí nomás, en especial porque el personaje vestido de Manta está mucho más cerca de un psicópata buscando tranquilidad mental que un héroe hecho y derecho… en cambio este pibe tiene tan confundida la brújula moral que hasta se involucra en actividades de trata de personas.

El fuerte de esta entrega es una estructura de guión digna de la serie de ‘Lost’: tres capítulos donde el primero y segundo transcurren al mismo tiempo con protagonistas diferentes y el tercero ambientado en el pasado. Todo conectado y armado para que resulte atractivo y estimulante pero no confuso. Los diálogos podrían ser mejores pero el argumento compensa con creces y quedan abiertas varias puntas interesantes para ver cómo sigue esta primera saga subtitulada ‘La inmortalidad del cangrejo’.

Cada capítulo de esta entrega contó con un dibujante distinto. En el primero lo de Cristian Cassani es tirando a limitado, con poca variedad de expresiones y personajes muy anchos; cumple con la puesta en página y la escena de lucha. El segundo capítulo cuenta con dibujo de Daniel Mendoza. Los caracteres son más estilizados, completos en detalles y hay un buen laburo de fondos en la secuencia de la persecución. El color de Gabriel Roldán en los primeros capítulos acompaña la iluminación de los ambientes: opaco y oscuro para habitaciones cerradas, amarillento en casos de luz artificial, claro y luminoso para las escenas a cielo abierto. Por fin, Ignacio Lázaro pone el broche de oro en el tercer capítulo: su dibujo es climático, oscuro, ideal para lo turbio que es el segmento. Me parece que a color se luce un poco menos su gran manejo del claro oscuro y la influencia de Mike Mignola que tanto se nota en ‘Boras’ pero igual sigue siendo un dibujo muy rendidor. Eso sí, el ‘Santiago’ de Lázaro tiene la cara con cicatrices mientras que páginas antes, dibujado por Cassani, no tiene las cicatrices sino rasgos más deformes, simiescos. ¡Decidan cuál de las dos versiones va a seguir, señores editores!

La edición de ambos libros es impecable y en el caso de ‘Manta’ tiene varios extras de diseños de personajes, bocetos de portada, etc. Lo único que cuidaría en próximas entregas es que los nombres de los dibujantes están escritos en color gris sobre fondo negro en las portadillas de cada capítulo, haciendo un poco difícil enterarse quién dibuja que.

Los primeros libros de Libera La Bestia son una gran sorpresa en calidad y entretenimiento, ojala veamos prontos más novedades.

tapa‘RIP Van Hellsing’ es una serie producida para el mercado italiano de la cual la antología Términus publicó varios capítulos autoconclusivos en Argentina. Finalizada la antología la editorial optó por reconvertirse en Términus Libros y seguir con tomos dedicados a una misma obra. Para el primer lanzamiento se eligieron tres arcos argumentales largos del cazavampiros más cool después de Wesley Snipes.

Entre las similitudes de los unitarios y las sagas escritas por Enrique Barreiro y Hernán Ferrúa, ambos comparten el espíritu frenético en las tramas llenas de acción, peleas y diálogos cortos, con retruques y frases pegadizas. Tampoco hay demasiada introspección, el desarrollo de Rip es nulo (¿este muchacho sigue de uniforme y calzado con todas las armas hasta tomando café en su casa?) y sabemos casi lo mismo sobre él al final que al comienzo del libro. ¿Y qué es lo que sabemos? Que es un mercenario especializado en cazar vampiros, hombres lobos, máquinas de matar con complejos de identidad sexual (¿?) y delicias de ese estilo.

Ahora en diferencias, el libro tiene unos cuantos puntos a favor. Hay más investigación en los casos, interacciones con secundarios, se indaga más en la conexión entre la familia Van Hellsing y el histórico antagonista del conde Dracula y la mayor sorpresa… ¡puntas de argumento que quedan abiertas! Y que encima están piolas. Espero que Términus tenga la intención de editar un segundo libro porque quiero saber más sobre Sombra y su pasado en común con los Van Hellsing.

En el segundo y tercer arco hay un abuso de los globos de diálogo que son solo signos de exclamación; es un recurso que funciona muy bien en manga pero acá estamos con una obra 100% occidental y resulta molesto; sacando ese detalle los personajes no tienen voces neutras y hablan en argentino, lo que agiliza la lectura.

El dibujo de Enrique Santana es magnífico. En los unitarios parecía muy influenciado por el dibujante Scott Kolins pero acá tiene un estilo más marcado y propio, con mucho uso de los contrastes y mucho laburo en la ambientación y los fondos. Las secuencias de acción son en su mayoría impecables y busca todo el tiempo enfoques piolas e innovadores para no cansar.

Lindo primer tomo, espero que sigan saliendo y recomiendo como siempre la lectura de la antología Términus, un auténtico desfile de talento concentrado en doce números.