“Los nenes son la muerte”. Una Última Carta de Damián Connelly y Lauri Fernández.

Ok. Se llama “Una Última Carta”, ponemos cosas del arte con cartas, y el chabón deja una carta cuando mata a alguien a modo de “signature”. Pero, por qué? Bien podrían ser salchichas. ¿El Joker no hacía medio lo mismo, pero justamente con un joker? Ni siquiera dan alguna explicación o background que justifique la conducta. No sería mucho más interesante y original (ya que no lo vamos a explicar) si el chabón dejaba, por ejemplo, bichos bolita?
Quizá le quita un poco lo solemne… *Lucy Loles pensando algo solemne que pueda dejar*…  Una pluma, una máscara, una mariposa muerta, qué se yo.

Más allá de que eso me la bajó un poco, me gustó que haya nieve. Nunca vi nieve en persona y las cosas con nieve me emocionan. Además, Fernandez ilustra muy bien los espacios, logra que te sientas un poquito ahí, y el blanco y negro le queda muy bien. También me copa el tamaño que eligieron… Hablando de tamaño (¿?) hay algo en las proporciones que me molesta, como en la viñeta en que el flaco la tiene más grande que el brazo de ella, o que su pupo contiene todos los misterios del universo.

La historia está bien, es entretenida, tiene algo de suspenso, es cortita y de lectura ligera, pero no pensé que fuese a tener un plot twist familiar del estilo Star Wars o Cris Morena. Tampoco entendí bien para qué hicieron que Alina, la minita hot en cuestión, esté vestida de chabón robando cosas.

Me pareció un poco mucho el anhelo yankee, nombrando todo en inglés, la canción que aparece, y el nombre Callaghan mismo, como el extremo opuesto de la gente (horrible) de Aspen que traduce los títulos al español… “Pequeña Cosa Loca Llamada Amor” es pura maldad. Ningún extremo está bueno, chicos… Y la cosa de los cuerpos perfectos, las tetas sin panza, las pijas nivel Boogie Nights, pff.

Hay algo del final que tampoco entendí: por un momento pensé que el nenito de la estación de tren era el mismo que el que está afuera del bar, en la primera cita del protagonista con Alina, mostrando una carta a través del vidrio, pero no. Si eran el mismo, podría haber sido alguna figura metafórica del azar, la muerte, o algo así… Pero son dos pibitos distintos, entonces: no son uno sino dos nenes personificando algo (y probablemente sea lo mismo), por lo cual podríamos afirmar que los nenes son la muerte. Me parece un gran mensaje para dejarle al lector.

Reseña original: Acá.

Anuncios

Entre las “rara avis” del fanzine y la autoedición, se encuentran los descendientes directos de los fanzines de información de antaño, ahora convertidos libros y monografías de investigación dedicados a un tema puntual y que son el producto de un investigador aficionado y especializado en un tema, en este caso, la Historieta Argentina. En los últimos años, han aparecido varios de estos ejemplos, es bueno comenzar el recorrido con, tal vez, el mejor todos: Próceres, figuras y laburantes de la Historieta Argentina, de Carlos Raúl Martínez.

Carlos es uno de los especialistas más avanzados en la búsqueda e investigación de la Historia de la Historieta Argentina y, como continuador del trabajo pionero de Luis Rosales, hace ya varios años que se encarga de llevar adelante un blog fundamental: Top-Comics. Actividad que complementa con otros sitios de su autoría, Hemeroteca Top-Comics y Mil Plumines de la Historieta Argentina, intentos enciclopédicos de ordenar tanto las revistas que poblaron kioscos y bateas argentinas como también quiénes fueron los que pusieron su arte a miles y miles de páginas producidas a lo largo de más de un siglo de historieta en nuestro país.

De hecho, el libro es la capitalización física de “Mil Plumines“, donde ordenados alfabéticamente y por décadas, se listan las biografías de infinidad de dibujantes que participaron de la industria de la Historieta Argentina a lo largo de su historia. El libro en sí, es un esfuerzo ciclópeo. En especial, por la exhaustiva recolección de datos en la trayectoria de artistas cuyo trabajo se publicó 3, 4, 5, 6 o 7 décadas atrás y que, hoy, son desconocidos para la porción mayoritaria del público. Lo más interesante de destacar es el esfuerzo para encontrar datos no solo de las estrellas del dibujo argentino, sino de aquellos dibujantes cuyas trayectorias y aportes fueron menores en volúmenes de producción o en reconocimiento del público. Así encontramos biografías de de artistas que en su momento tuvieron un rol destacado en la producción de historietas, como Clemente Rezzónico,  autor de Chindits, junto a Robin Wood, y de Beto Navarra, con Ray Collins; Roque Vitacca, que puso su trazo al inolvidable detective Lock Olmo, con guiones de Jorge Morhain; Gustavo Desimone, el creador de “La Negra” y que en su momento fuera Jefe de dibujantes en Editorial Columba; o Aníbal Rodriguez Uzal, uno de los grandes lapicistas sobre el que se apoyaban los entintadores durante los 70 y 80.

También, este recorrido lleva a poner el acento en los trabajos que los artistas realizaron para las editoriales que quedaron por fuera de la discusión acerca del canon de la Historieta Argentina, o sea Abril, Frontera, Columba, Record y De la urraca. Así, se enumeran trabajos para revistas como Cascos de acero, Fargo KidFuego, BucanerosTrinchera, Impacto, Corso PeteTótem, Pimpinela, Tucson, Sabú y muchísimas más, en una muestra de la diversidad que alguna vez supo tener la industria.

Como toda edición independiente, el libro no es perfecto. La excelente información que Carlos plasma en el libro, si bien presentada de manera correcta, se hubiese beneficiado de un diseño gráfico que potencie el lucimiento de los datos. El libro casi no contiene errores, y los pocos que se pueden detectar están relacionados con la década final de la era industrial de la historieta, los 90, en donde la industria se contrae por la pérdida masiva de lectores y las publicaciones independientes adquieren un carácter de producción y distribución local y sectorizada, que para aquellos que como Carlos, vivían en el interior del país -en este caso, Arrecifes-, significó una desconexión con la escena de ese momento.

En resumen, Próceres, figuras y laburantes de la Historieta Argentina es un libro imprescindible para entender de qué se trata eso que llamamos -sin mucha conciencia de ello- la Escuela Argentina de Historieta. No se puede dejar de mencionar que en más de un sentido y forma, los blogs Tops-Comics y Zinerama, no solo están hermanados en su propósito documental sino que además son complementarios. Como corolario, el libro estuvo nominado a los Premios Banda Dibujada, cómo no ganó en su categoría es uno de esos misterios insondables.

01Cuando hace unos meses hice una lista de nuevos superhéroes nacionales, incluí sin haber leído a ‘Rondador y Nocturno’, una miniserie de Martín Tejada y Mariano Taibo editada en formato comic-book americano por Szama Ediciones. Y ahora con sorpresa veo que al menos en este primer número Tejada plantea más un metajuego de realidad y ficción que una historia de justicieros con trajes colorinches al uso.

Desde el vamos el origen de la idea es curioso: Tejada realizo un videoclip para el tema ‘Rondador nocturno’, de la banda Bestia Bebé. En dicho clip un justiciero encarnado por el actor Esteban Lamothe va al rescate de su compañero contra una banda que lo tiene secuestrado.

Poco después del video Tejada empezó a trabajar con Taibo en el comic y desde la tapa se ve el primer metamensaje: el protagonista de la historieta, Santiago, es igualito a Lamothe y trabaja de… galán televisivo. Segundo metamensaje: Santiago de chico era fanático del programa ‘Rondador y Nocturno’, que fue cancelado justo cuando el héroe Rondador esperaba que su compañero lo rescate. ¿Ven como todo conecta con todo?

El personaje mejor trabajado, el que se gana a la hinchada es sin duda Ana (¿hermana/asistente? de Santiago), que es la que más se ceba con la idea del viejo show y provocará el choque de los dos mundos. En cambio el pseudo-Lamothe es presentado como un personaje amargado y de corazón roto.

Mucho más no puedo contar de las primeras veintidós páginas pero la historia sin duda es prometedora y hace énfasis en la oscuridad y depresión del mundo real contra el brillo y la idealización de la ficción.

El trabajo de Mariano Taibo en la faz grafica es cuidado en la narrativa, en la puesta de página, en los cortes de las viñetas y en secuencias resueltas de forma brillante, como la fila de espera donde Santiago y Ana conocen al actor que hacía de Rondador. Por cierto… ¿Qué catzo hacían en esa fila? ¡Si hasta se van sin nada!

Taibo también hace un gran trabajo en los colores, usando una paleta de colores que juega al reverso de lo que plantea la historia: colores chillones para el mundo real, apagados y oscuros para la ficción; todo un descubrimiento después del trabajo a dos tintas que fue ‘A tu rojo ruta’.

Mención aparte a los cuatro espectaculares pin-ups de Renzo Podestá, Manuel Loza, Daniela Arias y Sukermercado que completan la revista.

Como en todo emprendimiento seriado, espero que la espera para el próximo número sea corta porque estos rondadores nocturnos tienen varias peleas por delante y dan ganas de seguirlos.

Hacía mucho que no escaneaba fanzines y ya era hora de hacerlo. Así que, aquí tienen, seis fanzines de diversos grados de edad y gran calidad en mi opinión.

Por cierto, antes de empezar, tengo que pasar un chivo: El próximo sábado 13 de octubre a las 17:30, como parte del ciclo de charlas organizadas durante la Crack Bang Boom vamos a estar presentando con Julián Blas Oubiña Castro ( y, esperemos, a un par de invitados más, si todo sale bien), nuestro estudio sobre la larga Historia de los fanzines de historieta en Argentina, publicado por Tren En Movimiento Ediciones en su Libro de Fanzines. Si andan por ahí, los esperamos. Fin del comunicado.

Pasemos a los fanzines. Por orden cronológico, empezamos con el número 2 de O NO, uno de los fanzines señeros de la generación del 86. Ya habíamos subido el número 1 (lo pueden ver en la entrada de la revista que pusimos arriba) con lo que correspondía seguir con este. Mariano D’angelo, Ariel Ulangero, Juan Carlos Camardella, Daniel Ortiz, Ariel Fantoni y varios más hacen este fanzine editado por el inefable Mike Waquero. Muy recomendable.

Descargar O No 2

Seguimos con el número 0 de La Brigada del Buen Gusto, del que ya también habíamos subido el primer número. Feliciano Garcia Zecchin y Pier Brito ya mostraban acá su natural talento para la comedia. Tal vez, lo difícil sea entender el contexto: los autores se reían de Jugate Conmigo, un programa juvenil de los noventas perpetrado por Cris Morena, uno de esos típicos programas que consideran a los adolescentes como subnormales.

Descarga la Brigada del Buen Gusto 0

A continuación, el segundo número de Parásito, tal vez uno de los fanzines que mas se demoró en salir entre número y número, ya que entre el 1 (que también subimos ya) y el 2, Daniel Ortiz y Jorge Fantoni se demoraron nada menos que seis años. Eso sí, la espera valió la pena, con dibujos de los autores y de Dani the O, es un fanzine muy divertido.

Descarga Parásito 2

Llega el turna de los dos números (creo que no salieron nada mas) de El Lud, el comic book de Esteban Ridolfi en guion y Juan Ferreyra en dibujos. Si vos querés saber donde salió el dibujante de green Arrow , acá tenés sus orígenes.

Descarga El Lud 1

Descarga El Lud 2

Y por fin, tenemos el único número de Las Aventuras de Marita y sus amigos, que apareció a finales del 2000 y merecía haber seguido. Muy divertido.

Descarga Las Aventuras de Marita

Bueno esto es todo por ahora, pasen y disfruten. Si andan por Rosario, los veo.

tapa1Aunque Diego Arandojo define ‘Spectro S.A.’ como una especie de ‘Cazafantasmas’ (Ghostbusters) a la Argentina, ese honor se lo dejo a ‘Control de plagas’ (de Max Aguirre y Jok) mientras que las aventuras de los protagonistas de ‘Spectro…’ me recuerdan a la serie de TV ‘Supernatural’: en ambos son hermanos, es ambos uno de los dos es más cerebral y el otro más aventurero y sobre todo ambas obras basan muchas de las amenazas o conflictos en la cultura y folklore del país donde transcurren.

Como llegan los hermanos Merlina e Ismael hasta los artilugios mágicos que los van a involucrar en todo este quilombo es el punto medio entre lo más original y las menores ganas de justificar: los compran en MercadoLibre. Si, si, así nomás… no los heredan, no los encuentran en una mansión abandonada por accidente… un click y listo el pollo. Esto de Internet ya mata todo misterio, pucha, y al toque están todos los personajes en el baile. Está bien que apuren ese trámite porque Arandojo y Ziul Mitomante meten una historia principal por capitulo (este volumen trae dos de los cuatro que van a ser en total) y varias secuencias de argumentos secundarios que tienen que ver con los dueños previos del “pack místico 100% real” y una ominosa presencia asesina que seguro es el punto fuerte del próximo volumen.

Todo el tomo tiene un ritmo liviano y llevadero, una mezcla de costumbrismo y aventura sobrenatural. Seguramente la presencia de ciertos fantasmas altere las sensibilidades políticas de algunos lectores, pero no jodamos, es para reírse un rato de nosotros mismos. De hecho es para destacar que los guionistas dejan de lado esa asquerosidad lingüística que es el español ‘neutro’ y todos los personajes se expresan como hijos de vecino excepto la entidad Kalastur, claro está, que Ismael señala que ‘habla como gallego disléxico’.

El dibujo de Alfredo Retamar tiene un estilo clásico, realista y con una esmerada puesta de página, atractiva y fluida. El dibujo se luciría más con los colores de la portada pero es acertado el uso de las tramas de puntos grises.

En conclusión, la primera entrega de ‘Spectro S.A.’ es ganchera y espero que se editen pronto nuevas aventuras de estos hermanos ‘Winchester’ argentinos.

“Papá Noel no se va a morir”. Contratiempos de Erica Villar.

Necesitaba una buena, una historia feliz, una de la que no pudiese quejarme. Tiene un perro, nada puede salir mal, pensé. ¡Mirá qué feliz que está el perro en la tapa!, pero no.

No es un bajón tampoco, pero no es feliz. Pensé que se iba a tratar de perros, pero va más hacia el lado de mentiras e infidelidades. Cómo iba a adivinar que se trataba de eso? También esperaba que la paleta de color de la historia correspondiese a la de la tapa, pero tampoco sucede.

Con un guión muy humano y muy coherente, Villar nos mete en una relación donde las expectativas son muchas y las ganas no tantas. Lo nuevo es llamativo, la rutina cansa, esas cosas básicas que suelen ser ciertas. Me dio un poco de “bronquita” la levedad con que los personajes se toman las cosas, pero es esa levedad auténtica que también me molesta en la vida real.

El estilo de dibujo es interesante, super detallista pero a su vez sencillo, no abusa de las texturas o sombras, es como limpio. El color es un poco apagado para mi gusto, pero funciona, sobre todo para diferenciar la subtrama de la vieja que teje (y que es un gol de subtrama).

Me copa la circularidad que le dio al relato. Cuando sabés que lo que está suelto va a tener algún sentido, que va a ser funcional antes que termine el libro, genera la sensación de que la autora se tomó el laburo de pensarlo un montón, no fue escribiendo a medida que se le ocurría, sino que fue y volvió hasta que quedó completo.

Cuando el perro estaba por (SPOILER) ser atropellado por un tren, cerré el libro. No es que hubiera empatizado con el perro, pero no quería que ningún perro, real o ficcional, se muera. Estuve a punto de hacer la gran Joey y meterlo en el freezer, pero sabemos que el papel se arruina así que no era una buena idea. Tomé coraje y la volví a abrir: el perro está bien (me hizo acordar al flaco del noticiero diciendo “Chicos, Papá Noel no se va a morir”).

Me deja esa sensación de corto I.Sat, donde no todo está bien, pero nada es muy terrible, las cosas pasan y después siguen otras… Como sensación de vacío cuando termina. Me alegro que el perro no haya muerto, y me alegro de haber leído Contratiempos, estuvo bien.

La reseña original: Acá.

retoque

En la vida real un hotel suele ser una parada temporal, un paso intermedio en el viaje de trabajo o vacaciones, que adoptamos brevemente como segundo hogar para después dejar atrás sin ningún tipo de apego emocional. En cambio en la ficción los hoteles suelen ser un punto de inflexión en la vida de sus huéspedes, cambiándolos para siempre. Miren el final de la pobre protagonista de ‘Psicosis’ (Psycho) por parar en un hotel aislado al costado de la ruta o los descubrimientos sobre sí mismos que tienen los personajes de ‘Identidad’ (Identity). La norma se mantiene en ‘El borde’, donde el elenco coral que llega o habita el hotel Frontera cambia para siempre.

Más allá de ser un gigantesco y lujoso complejo de hotel y casino en el medio del desierto, el Frontera funciona como un frágil ecosistema donde los depredadores mayores se aprovechan de los más débiles o vulnerables. Imita la naturaleza real pero como estamos hablando de personas forzadas por las circunstancias a converger e interactuar, tarde o temprano llega al ambiente o dice ‘basta’ alguien que desestabiliza todo. Puede ser el viajero con raros y perturbadores sueños, puede ser el grupo de adolescentes que nunca sabemos que conexión tienen en común, el escritor famoso perdido en sus reflexiones, la esposa del administrador dejada de lado como mujer trofeo, el servil abogado que oculta todo lo que sucede o el mismísimo gerente, moviendo los hilos y controlando todo desde su habitación secreta llena de monitores. Todos ocultan algo que puede estallar en cualquier momento.

No solo los personajes y el ambiente son perturbadores; toda la trama tiene un ritmo tenso, con pocos diálogos y miradas cruzadas, como un guiso que se cocina a fuego lento y en cualquier momento entra en hervor. No son solo las escenas sangrientas, los momentos oníricos llevados a extremos lyncheanos o las escenas de sexo; ‘El borde’ también inquieta por lo sugerido, como la palabra ‘papá’ dicha en uno de los momentos más turbios de la historia.

El dibujo de Bruno Chiroleu (guionista, dibujante y editor) acompaña el guion con narrativa clara, rostros y cuerpos bien definidos y variados enfoques. También se despega de la escuela del blanco y negro de alto contraste rosarina (Risso, Frusín) apostando más por las masas blancas y una presencia fuerte, arrasadora de las tramas con puntos como iluminación, sombreado, etc. Es un efecto interesando e innovador que por momentos distrae del dibujo. También me hizo ruido el personaje de Irina, que parece morocha en las primeras páginas y rubia de la mitad del libro en adelante.

‘El borde’ es una obra adulta, madura y que muestra todo el potencial de su autor. Hay que tenerla en cuenta y si aprendimos algo de la lectura, ser muy cuidadosos con el próximo hotel, uno nunca sabe dónde puede terminar.