Entré al Bajo Tierra pagando 1 peso de bono contribución. La primera sensación que tuve fue que la sede de la CTA estaba medio sucia, como si tuviera una fina capa de tierra en el piso. Dadas las circunstancias, creo que también, había olor a tóner. Atravesé el pasillo y di al salón, a la izquierda había una mesa-tablón con un montón de revistas. Antes de acercarme, vi como un muchacho le promocionaba a una familia desprevenida su ‘hombre hormiga’ -o algo así-. La mesa-tablón rebalsaba de publicaciones, pero no me interesaban demasiado, yo había ido por las Catzole -una semana antes Salvador Sanz me había vendido 2 números en una cola del Centro Cultural Ricardo Rojas, y quería más-. Detrás de la mesa, con la campera puesta y sentado medio displicente, estaba un petiso que se hacía el internacional y pretendía dibujar mientras hacia chistes con voces raras. Compré unos fanzines. Sin hablarme, el petiso me extendió un pedazo de papel -tamaño foto carnet- donde decía que se venía el número 6 del Kamikaze. Así conocí a Sebastián Ramseg.

El segundo encuentro fue en otro evento, no recuerdo cual, y tampoco recuerdo haber visto a Ramseg, pero sí que compré el mentado número 6. Kamikaze trataba de un asesino a sueldo que, ayudado por el sordo y bizco Exquisita, se dedicaba a aniquilar personajes famosos del cómic. Pero en este número, regresando en avión al país, se enfrentaba a un complot de los más celebres personajes del AHI para dar fin a su vida, así se topaba con Raúl y Kakto de Morón Suburbio, con el Niño Malcriado, con El Buche, con Buitre, con Desfigurado, con Cándido, y varios más. El asunto es que Ramseg dibujaba más que bien y los diálogos generaban risas, Kamikaze era una buena historieta. En la revista figuraba un número telefónico, llamé y me atendieron, acordamos un punto de reunión, el Burguer King de Corrientes y Callao. Ramseg llegó último, había citado a dos potenciales compradores, uno era un fanático del Cazador, el otro era yo. El petiso ya no era displicente, sino un tipo afable, energético, ocurrente, lleno de bromas, me cayó más que bien. Esa tarde me pasó los especiales Kamikaze 1 y 2, Kamikaze 3 y 4, y el Especial Navidad. O sea, todo Kamikaze hasta el momento.

A partir de ahí, Seba fue una de las mejores cosas que te podía pasar en un evento, acercarte a charlar, matarte de risa con sus comentarios, ver en lo que estaba trabajando, nunca te aburrías. Le perdí un poco el rastro después del cacerolazo, la escena independiente entró en hibernación y Seba ya no hizo fanzines. Se dedicó a la animación, donde le fue más que bien. Y cada tanto hace historieta. Formó una familia, con la fortuna de tener a una chica que lo apaña en su pasión desmedida por Star Wars. Me lo crucé por última vez de casualidad, cuando coincidimos en tiempo y lugar mientras buscábamos libros y revistas. De esto hará -fácil- 10 años. Pero antes de ese encuentro, allá por el 2004, lo llamé para proponerle subir a internet una historia de Ringo Kamikaze, la última que Seba había publicado justo antes que la Argentina se fuera al descenso, Kamikaze y Exquisita. Ahí me enteré que la historia no estaba completa, que tenía otro final, jamás publicado. Escanée los originales, los letreé y los archivos -por esas razones de la vida- durmieron cuando el proyecto quedó en la nada.

Hace poco encontré los viejos archivos, les pasé un poco de lustre a y los compilé. Se me dio por recuperar este ‘fanzine que no fue’, y le puse un título que arrimara lo más posible al desparpajo de antaño, ‘Kamikaze y Exquisita lo hacen de nuevo’. Vaya este recuerdo para un tipo con talento infinito y al que -muchos de los que fuimos sus lectores- extrañamos.

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Hoy, nos enfocamos en dos fanzines bien distintos uno de otro.

Muertos Vivos, es el primer fanzine que en 2011 editó Martín Giménez, en el que recopilaba trabajos autoconclusivos que había realizado con guionistas extranjeros o que había presentado a diversos concursos, de allí que una de las historietas sea la remake del capítulo inicial de Mort Cinder.  El primer número se editó en formato cuartilla (cercano al oficio doblado al medio), para luego cambiar al A5, en el segundo número. El número 1, que ponemos a disposición, tiene un nivel de dibujo de bueno a muy bueno, destacando por sobre todo la compleja puesta en página de la versión del clásico de Oesterheld y Breccia.

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Chick on Comics es una agrupación de mujeres historietistas que, surgida en la Argentina, hoy también tiene integrantes provenientes de Holanda y Nueva Zelanda. Entre sus integrantes, destacan la colombiana de ‘Virus Tropical‘, Powerpaola; la diseñadora, docente y siempre ‘tripera‘, María Delia Lozupone,  las legendarias ‘Océano y Charquito‘, Clara Lagos y Caro Moadeb, y la ‘pelusa‘ por la que suspiran muchos comiqueros, Sole Otero. El Fanzine a la Carta fue parte de la exposición que la agrupación hizo en la Fundación Proa. Participaron un total de 151 artistas que aportaron una página muda con reflexiones acerca del ‘arte’. La versión impresa del fanzine, era seleccionada por el lector y era una resultante de la selección y armado de 5 pliegos impresos (entre 37 disponibles) y 1 cubierta (entre 3 disponibles). La edición digital, consiste en el pdf completo con todos los trabajos de las participantes.

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Paula Andrade lleva casi 15 años haciendo historietas, hoy, junto a Lu Quintana, maneja el destino editorial de Gutter Glitter.

Sin proponérselo, Paula Andrade terminó por convertirse en la pionera de una nueva generación de autoras que arribaron a la historieta para explorar sus posibilidades, escribiendo y dibujando historietas de género con una fuerte impronta personal. Desde la primigenia Gomorra hasta la actual Amnistía, su obra recorre el imaginario fantástico y mitológico.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“4 de Enero, 35 años. La primera historieta la hice alrededor de los 12 o 13 años, en la época de la serie animada de X-Men en los 90. La serie era de superhéroes y, como casi todos mis trabajos, se trataba de alguna escena donde la gente charlaba de todos los problemas que tenían entre ellos y de batallas pasadas. Creo que había una fiesta también. Habían muchísimas fiestas en los cómics de los 90.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“¡El linaje artístico! A veces nos portamos como clanes con el tema ‘maestros’, algo probablemente heredado de la pintura. Mis primeros estudios fueron con Fernando Centurión -de los 15 a los 19 o 20, cuando que me dijo que era hora de dejar el nido-. Mi ‘posgrado’ fue el curso de Quique Alcatena -cuya obra conocí gracias a Fernando-, al que tengo la fortuna de considerar amigo y mentor.

Tal vez la obra más esquiva de Paula, por lo inhallable y lo atípico del formato, es Sedna, basada en la mitología Inuit.

Influencias, acá es donde empiezo a ser una historietista bastarda, vienen de todos lados y siempre se agregan más. Voy a tratar de mantenerme en las influencias permanentes: Masami Kurumada y Shingo Araki, porque Saint Seiya es la vida misma. Quique Alcatena, por supuesto. Kazuma Kaneko, por stylish y mitológico, siguiendo con el manga, Hiroaki Samura, Hirohiko Araki, Q Hayashida, Naoki Urasawa, Hagio Mōto y Jo Chen. Saliendo del manga, los pintores del renacimiento -¡figura humana por doquier!-, arte religioso, diseño japonés y finés, y muchas cosas más. También, los videojuegos, me encantan muchísimos diseñadores de arte de videojuegos. Trato de aprender de todo lo que de alguna forma me llama la atención. A nivel literario, Robert Graves, Bernard Cornwell, China Miéville y John Banville.”

¿Tu irrupción en el panorama de la historieta independiente fue con Gomorra, cuando integrabas el Midgar Studio? Gomorra tuvo una recepción inusitada por parte del público, en un momento muy difícil para el medio, ¿Cómo fue la experiencia y de qué trataba la historia?

Entre 2003 y 2005, se dio el recorrido editorial del Studio Midgar. Los tres números de Gomorra, fueron uno de los grandes hitos del fanzine en el nuevo milenio, post derumbe económico de la argentina.

“En ese momento era, de alguna forma, nueva en ‘el medio’. Empecé a participar en eventos al mismo tiempo que empecé a producir material, así que el contacto fue en paralelo. Me es imposible analizar la situación del medio en ese momento, o cuán difícil era comparada con otros momentos anteriores a los que desconozco -más allá de las dificultades relacionadas con el momento socio-político y económico del país-. ¿Podemos acaso hablar de un ‘momento difícil para el medio’? Es un país difícil, eso trasciende a la historieta -y la afecta-.

Dentro de mi experiencia, no fue un momento difícil a nivel de mis primeros proyectos editoriales. Gomorra fue parte de todo un zeitgeist que tal vez ‘el medio’, en ese momento, negaba. Era la explosión del manga. Empezaban a haber eventos relacionados con anime y manga, gestionados por fans, que ampliaban la oferta de eventos vinculados con la narración gráfica. Empezaba a posicionarse internet a pleno como medio de comunicación y difusión. Había un gran número de nuevos lectores cuyos intereses se salían del circuito del cómic europeo y norteamericano y las narrativas que ambos mantenían, y una búsqueda de identidad estéticamente diversa en los grupos de adolescentes.

Gomorra tuvo además tres ediciones en prosa, que exploraban distintos aspectos de su universo narrativo. Sadomasochism fue escrito e ilustrado por Paula.

Gomorra fue parte de la camada de fanzines que venía de ese caldero creativo, y su difusión fue por esos canales, por los eventos de anime y manga -y por internet, a la que ya utilizaba con anterioridad- como herramienta para compartir mis trabajos e intereses. La historia en un principio era una hidra de conceptos, bajo una estética gótica compartida y un universo expandido virtual. Para mí fue un experimento en priorizar la trama por sobre los estilos de dibujo -de ahí que fuese una misma historia y tuviese varios dibujantes-. Era un experimento por todas partes, con un total de un poco más de 3.000 copias entre sus tres números prácticamente agotados, para los involucrados fue un primer paso en esto de editar, y me dejó un grupo de lectores que aún acompañan mi crecimiento y exploración creativa, algo por lo que los aprecio muchísimo.

La experiencia fue hermosa, demandante, mucho más grande de lo que hubiese esperado -incluyendo mucho trabajo, más del esperado-. El ‘cómo’ se aprendió en el camino, y claramente desterró cualquier posibilidad de miedos o dudas a autoeditar. Contar historias, para mí, empieza con la idea y termina cuando está disponible para un posible lector. Es un proceso complejo, difícil y bello, que implica muchísimo tiempo, a lo que puede ser que esa primera experiencia, ese tremendo monstruo de aprendizaje en el DIY editorial que fue Gomorra, me haya vuelto adicta.”

Después de Midgar, formaste parte de Moirae, donde sacaste Berwick y participaste en algunas obras conjuntas, como Freakshow y Scared of girls. De nuevo, ¿cómo fue la experiencia? ¿Cuánto duró y -porque de alguna manera pertenece a Gomorra- en qué parte de ese universo ubicás a Berwick?

Scared of Girls y Berwick, las dos primeras pulbicaciones del grupo Moirae.

Moirae fue breve pero feliz. Me había alejado del medio por razones personales, y lo extrañaba muchísimo, así que fue el momento del regreso. También fue un cambio del grupo de trabajo, como del ambiente, menos efervescente y más consolidado -el desencanto de la madurez, ja-. Y otra vez, fue medio un experimento. Freakshow me sigue pareciendo un fanzine re-lindo, a nivel concepto. Todo lo que armamos para Moirae tiene lindos conceptos. En el equipo todas teníamos un par de años produciendo fanzines encima, y me parece que estábamos en búsquedas personales de ver a dónde queríamos llevar lo que hacemos, y a nuestras propias vidas. Moirae sirvió de bisagra.

Berwick, es la historia de una aprendiz de mago, en pocas páginas Paula plantea una historia rica en posibilidades.

En sus páginas se asomó Berwick, que pasa en una ciudad –Misthaven-, en el mismo continente donde pasó a estar ubicada GomorraIleto-. A diferencia de ésta última, en lugar de estar plagada de grandes fuerzas, está llena de fantasmas y fenómenos sobrenaturales menores, dando lugar a conflictos más ‘cotidianos’ en comparación. En el primer número de Monsterland, incluso, una de las primeras escenas se desarrolla en la ciudad donde habita Berwick y compañía. De alguna forma muchas de mis historias se fueron, con los años, mudando al mismo continente. Permite poner el foco en los personajes.”

Encontraste tu hogar creativo en Gutter Glitter, el sello que conducís con Lucila Quintana. Pocas veces se vio tanta sincronía de trabajo entre dos socios ¿Cómo nació y cómo es tu experiencia de trabajo con Lucila? ¿En qué sirvió editar la antología Psychopomp para construir su plataforma editorial? También, con Oveja Negra recopilaste muchos de tus trabajos desde 2008 en adelante, ¿qué significa para vos tu primer libro en solitario?

Freakshow, una producción en conjunto de Moirae, conjuga la ilustración y la narrativa, donde los integrantes de un circo de fenómenos se describen en primera persona.

“La versión breve es que estaba editorialmente sin hogar, Lu quería hacer cuadernos con mis ilustraciones, y vimos que los costos para hacer un libro eran similares, y nos gusta más hacer libros. También quería tener un rincón que fuese más firme que los proyectos colectivos anteriores. Gutter es una editorial, no es un colectivo de artistas. Esa fue la forma en que encaramos esto desde el día uno.

Aprendí mucho de los proyectos anteriores, y uno de los mayores aprendizajes fue que trabajar en equipo es difícil, más aún cuando el concepto de lo que se está haciendo es diferente para los involucrados; y es uno de los primeros factores que pueden terminar hundiendo un proyecto. Es de esperar -y algo a disfrutar como proceso de crecimiento-, cuando se empieza, el ‘¡somos todos artistas, hagamos un libro!’. Pero cuando los proyectos empiezan a volverse más complejos y demandantes, es necesario que el equipo esté dispuesto a tomar el peso de esa demanda. Es necesario un grado de consciencia, autogestionar no se termina cuando las páginas de historieta están dibujadas. El paso de ‘proyecto entre artistas’ a ‘tenemos una editorial’ es posible, pero implica otra forma de trabajar y pensar las cosas. Los factores a considerar -el tipo de trabajo- entre crear una obra y editar libros, son muy diferentes. Disfruto hacer ambas cosas, pero no creo que sea algo particularmente necesario para un autor. Es lo lindo del mundo creativo, cada uno elige desde dónde y cómo lo encara, y una de las ventajas que tiene el ambiente local de la historieta, es que se puede hacer lo que se quiera y como se quiera. El espacio para la experimentación es inmenso.

Brauronian, un fanzine, de gran impacto visual, con varios artistas invitados.

Sí creo que es una pregunta válida -y que un autor tendría que considerar en el momento de pensar un proyecto a mediano plazo-, ‘¿Voy a querer atender stands mínimo un fin de semana por mes? ¿Voy a querer pensar en la difusión y distribución de este libro? ¿Ver cómo hacerlo llegar a los autores? ¿Voy a querer tener que manejar todos los aspectos editoriales?’. Es un compromiso. Siempre está la opción de enviar la obra a un editor y no tener que manejar esos temas, de no desearlo. Autoeditar no te hace más o menos historietista.

Sobre la sinastría en el equipo… Lo genial de trabajar con Lu es que nos apoyamos mutuamente en nuestros proyectos, ya sean las novelas, las historietas o lo que se nos ocurra, dándonos libertad plena para concretarlos, sumado a que a ambas nos gusta lo que hace la otra, y que nuestras personalidades se complementan bastante bien. Agregaría que ambas nos aburrimos con facilidad, y siempre hay algo que hacer y aprender al tener una editorial. Cada proyecto es un experimento con nuevas dificultades. Para gente que repite todo el tiempo ‘¡tengan cuidado a la hora de armar su equipo de trabajo!’, somos una ternura de amistad.

Las tres páginas iniciales de Brauronian, una historia basada en el culto ctónico al oso pardo.

Psychopomp fue el primer proyecto que sacamos como editorial. Con Brauronian, un fanzine que había sacado antes, pude convocar a otros artistas cuyo trabajo adoro. Cuando dijeron que sí, mi corazón estaba a mil. Psychopomp fue llevar eso a un nivel más alto, y además en el formato que a nosotras nos gusta. Ambas somos lectoras, ante todo. Queríamos cuentos, queríamos ilustraciones, queríamos historietas, todo en un mismo libro, con la temática como unión. Nos gustan las historias, cómo están contadas, que sean en prosa o historieta, nos es secundario.

Como primer proyecto, fue con el que aprendimos cómo armar libros y desarrollamos habilidades de editoras. Además, como autora, me di el enorme gusto de poder publicar junto a autores con los que jamás hubiera imaginado que iba a estar compartiendo libro, y poder conocer a otros a través de las convocatorias. Los cuatro tomos de Psychopomp terminaron siendo, sin planearlo, un pantallazo muy interesante de los autores que hay en el ambiente de la historieta local, hoy.

Las 4 ediciones de la antología Psychopomp, cada una dedicada a una temática diferente; la primera, a la fantasía; la segunda, al erotismo; la tercera, al western; y el cuarto, a la mafia.

Psychopomp posicionó a Gutter como una editorial que saca cosas levemente atípicas para un público levemente atípico. Me gusta ese rincón, siempre me gustó estar en el lugar de outsider. Pero para nosotras, Gutter es mucho más simple: sacamos los libros que queremos leer. Por otro lado, la línea editorial no la marcó Psychopomp -salvo por su primer número-, pero sí Monsterland y Anuraidh, nuestras novelas. Nos gusta el género urbano sobrenatural, y con Gutter tenemos un arenero desde donde explorarlo. De alguna forma, eso decantó en algún momento para decidir que la editorial entera se iba a focalizar en ese género.

Melissai, publicada en el segundo tomo de Psychopomp, explora el erotismo en conjunto con conceptos como el sacrificio, la ofrenda y la transmutación, el resultado es, por lo menos, inquietante.

Que tuviese un libro en solitario era algo que me venían reclamando hace rato. Así que Oveja Negra compila toda una etapa. Ahí está. A nivel personal, fue más significativo Mythos, porque me expuso de una manera que no había hecho antes, compartiendo pensamientos sobre cómo vivencio la expresión artística. Es más privado. Las historias que aparecen en Oveja Negra, son más como una conversación con amigos de toda la vida, además de ser una buena manera de que el material acumulado en fanzines y publicaciones separadas no se perdiese y acercarlo a los lectores en un único libro, que estemos al día y partir juntos al siguiente objetivo. Oveja Negra no es un experimento nuevo, pero sí es un recopilatorio de todos los experimentos hechos hasta la fecha.

Hoy colaborás con Tótem, haciendo Amnistía. ¿Cómo te uniste a la iniciativa online y de qué trata la historia?

Dogtown, publicada en el tercer tomo de Psychopomp, es una de las obras más lúdicas de Paula, con buenos diálogos y acción trepidante.

“Quique me invitó. ¡No era una opción decir que no! ¡El equipo de Tótem está lleno de autores que me gustan! Aunque le estuve dando vueltas a cómo iba a participar, porque fuera de que me gustan los X-Men y los leía durante los 90, no soy una gran consumidora del género de superhéroes. El último número de cómic de superhéroes que compré debe tener más de 15 años. Así que me llevó un tiempo desarrollar una trama donde dijese ‘¡esto es algo que me gustaría leer!’. Eso es lo lindo de Tótem, son historietas de superhéroes, pero por sobre todo, son las historietas de superhéroes de sus autores.

Amnistía es una historia de amistad, muy apoyada en los diálogos. Están los conflictos sociopolíticos, están los poderes, los trajes y los codenames; los clichés, por supuesto. Pero es la amistad la que predomina, por sobre la venganza y el sacrificio, los otros dos temas que tiñen a Amnistía. Los personajes son todos moralmente ambiguos, y no es una historieta de grandes batallas, pero sí de por qué esas batallas se pelean.”

La portada y las 5 páginas iniciales de Amnistía, la serie de Paula para Tótem Comics, donde comparte equipo con Quique Alcatena, Fernando Calvi, Luciano Vecchio, Lea Caballero Fiorella Santana y Patricio Olivier.

Llevás un censo de mujeres historietistas y sos una activista en el medio. ¿Cuáles son los requisitos para formar parte del censo y por qué? Y también, ¿cómo ves a la mujer en el medio de la historieta, qué se ganó, y qué es lo que aún falta?

Oveja Negra -una antología que reúne la mayor parte de la producción de Paula, desde Moirae hasta hoy- y Mythos -un Artbook que muestra la ductilidad de Paula tanto con el color, como con el blanco y negro-.

“La única razón por la cual soy una activista en el medio -considero ser más vocal con mis opiniones que activista per sé-, es que me cansé de escuchar que no había mujeres en la historieta como manera de justificar la falta de presencia de ellas en los eventos, medios de difusión y antologías, cuando:

1. Soy una.

2. Conozco a varias más.

3. Edité a unas cuantas otras, sin tener que esforzarme para encontrarlas.

Entonces busqué listados de historietistas argentinos, y esto coincidió con una charla que estaba preparando para la Feria del Libro. Y fuera de que la información estaba al día a nivel de autores varones, no incluía a casi ninguna de las autoras que sé que existen, porque les hablé, vi sus libros, y están hechas de carne y hueso -ellas, sus libros están hechos de papel-. Así que armé un censo para tener datos relativamente actualizados. El único requisito ‘formal’ es tener una obra editada en alguna publicación con ISBN o ISSN -el DNI del mundo editorial y que funciona también como medallita autoral reconocible para el afuera-. La frase ‘no hay mujeres en la historieta’ niega a autoras, lectoras y, por sobre todo, libros publicados por autoras mujeres. La no visibilidad desde los canales de difusión, es también la no visibilidad del material publicado y de las autoras detrás de ese material. Por este tipo de cuestiones me interesó armar el censo, el ambiente ‘formal’ de la historieta local, nuestra proto-industria, se falla a sí misma cuando niega a aquellos que la conforman.

Amsterdan, un fanzine impreso en Holanda, de bajísima tirada -30 ejemplares-, y que plantea una historieta de base autobiográfica mezclada con el mito y la leyenda.

El propósito del censo no es saber cuántas mujeres hacen comics por interés. Eso implicaría hacer un censo de varones bajo el mismo parámetro, para poder tener la posibilidad de hacer un comparativo. Pero el ISBN y el sitio de la AAEH -que lista a muchas de las publicaciones nacionales y a sus autores-, permiten tener datos desde los cuáles se puede armar un comparativo entre ambos géneros, y que sirva a otros de punto de partida para expandir o profundizar la investigación.

El resultado del censo, dio números que a nivel comparativo son bajos -alrededor del 10% de los autores con material publicado son mujeres-, pero al mismo tiempo, ese 10% -superan las 50- es tanto mayor que la nulidad que presentaban los pocos espacios de información disponibles, más que suficientes para demostrar que la frase de ‘no hay mujeres en la historieta nacional’ es ridícula. Y son números muy esperanzadores, cuando la participación y el crecimiento de autoras nuevas año a año son mayores.

Es un tema complejo, relacionado con un machismo que trasciende al campo de la historieta, aunque en ella haya encontrado territorio fértil por décadas. No puedo negar que hubo años donde en eventos era la única autora en un stand fuera del área de fanzines. Mucha gente se refirió a Gutter como ‘la editorial de las chicas’, sin ninguna mala voluntad. Éramos, simplemente, las chicas que estaban presentes en ese lugar. Es fácil pensar que ‘no hay mujeres en la historieta’, si en los lugares de difusión ‘formal’, como podría ser un evento, o una revista de información, o un punto de venta, no estamos presentes.

Primeras 7 páginas de Ámsterdam, con textos en inglés.

Tampoco puedo negar que hace rato que eso no pasa, que cada vez somos más participando. El año pasado la Feria del Libro incluyó el tema en su programa. Este año se organizó Chicks on Comics, y también otro censo con otros parámetros. Año tras año, cada vez son menos los eventos que no tienen ninguna autora invitada. Lo veo vinculado a los tiempos, y también a que cada vez somos más, estamos más activas en el ambiente, y dispuestas a demandar las mismas oportunidades y señalar los vicios heredados.

Por otro lado, hay que entender que mucho de lo que hoy mueve al ambiente de la historieta nacional, en todos sus niveles, es autogestivo o gestionado por autores-editores. Muy pocas cosas pasan si alguien se queda esperando que un desconocido mágicamente aparezca y resuelva, y esto va más allá de cuestiones de género. Las puertas siempre están, pero hay que abrirlas. En muchos casos hay que hacerlas, también. Es un ambiente con espacios en construcción pero sin estructuras formadas. Me gusta ver que cada vez somos más las mujeres construyendo en esos espacios.

Últimas 6 páginas de Ámsterdam, en formato apaisado y con gran trabajo en los fondos.

Lo que se gana con la visibilidad creciente desde los espacios de difusión y la participación activa en el ambiente -no sólo para reivindicar a las autoras mujeres, que seguiríamos existiendo independientemente de la negación discursiva-, es que finalmente se vea que la historieta es un ambiente diverso a nivel autoral. No un club de varones, y menos aún uno de varones con posturas similares que se juntan a vanagloriar un machismo desenfrenado, esparciendo y aplaudiendo un discurso único. Con esa visibilidad, también se consigue riqueza de obras, de todos los tonos y temáticas, con autores que abordan lo creativo desde diferentes lugares. Múltiples voces y estilos, que hacen que el ambiente esté cada vez más humano. En eso sí, tal vez, me considero una activista.

Primera aventura de Berwick, publicada en Scared of girls y que, junto a Sedna, no forma parte del recopilatorio Oveja Negra.

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

La historieta tendrá el futuro que entre todos los que participamos hoy, entre autores, editores y lectores, le construyamos. Está en nuestras manos la forma que tome. Y mis planes son, siempre, sacar más libros. Experimentar cosas nuevas. Hacer más proyectos, para poder ver qué pasa al hacerlo, y compartirlos con los lectores, para los cuáles, y por los cuáles, todo esto se hace y es posible. La gratitud es infinita, son casi quince años de ‘tengo ganas de hacer esto’ y poder hacerlo. El medio de la historieta-‘el ambiente’- me interesa, pero lo que realmente me importa es eso. Quince años de compartir historias, acompañada por la confianza de aquellos que caminan conmigo mientras las leen. Que sean más años. Que sea siempre.

La primera edición de Sismicomix, celebrada en noviembre del año pasado, resultó una agradable sorpresa: un evento de entrada gratuita, similar al Dibujados, que además del espacio para fanzines y editores autogestivos, sumó stands de venta de comics y merchandising nacional e importado, charlas, subasta de revistas y barra de comida, todo armado con un espíritu de alegre improvisación, buena onda y respeto por parte de los organizadores, responsables además del programa radial Reporte Random.

Este año, Sismicomix inaugura la temporada de eventos en la ciudad de Buenos Aires y la organización redobla la apuesta: serán dos días, sábado 1 de Abril de 14:00 hasta las 4:00 (se promete función de trasnoche) y domingo 2 de Abril desde las 14:00 hasta las 22:00. Como siempre la cita es en Espacio Sísmico, ubicado en Lavalleja 960, pleno corazón de Villa Crespo.

Al respeto de la idea de la génesis del evento y de la nueva edición le hicimos algunas preguntas a Paco Pasquette, encargada de prensa del evento.

Los organizadores de Sismicomix 2016 con los invitados de la ocasión.

¿Quiénes forman Reporte Random y como se juntaron?

Reporte Random empezó siendo un programa de radio. Somos Paco Pasquette, Gonzalo -(a) El Negro- Aranda, Diana García, Joaquín Fernández y Paulina Pizarro, un grupo de amigos que se conoce desde la secundaria y que siempre disfrutó de hacer estupideces y compartir nerdeadas juntos. En un momento nos pareció que sería divertido meter adentro de un programa de radio las charlas que teníamos, los intereses que compartíamos, etc. Así que empezamos con el proyecto ‘programa de radio’. En estos momentos estamos investigando para poner nuestra propia radio en el Espacio Sísmico.”

 ¿Cómo se les ocurrió armar el evento?

Espacio dedicado a los fanzines y editores independientes, en la edición 2016.

“La propuesta llegó por parte de Juan Isola, de Espacio Sísmico, que siempre nos pedía que hagamos algo relacionado con el mundo del cómic. Él quería que hagamos un fanzine, pero gracias a la inmensa falta de talento de todos nosotros, se nos ocurrió hacer nuestra Mini-ComiCon o Fantabaires. Una convención como las grandes, pero chiquitita y sin un mango. Con entrada gratis y contenido de calidad, invitando a artistas que admiramos y también generando material propio, como por ejemplo ‘The Killing Joke, el corte de Alan Moore’, que es una re-edición de la película animada de DC siguiendo paso a paso el comic original.” 

¿Qué fue lo mejor del evento del año pasado y qué les llevó a hacer una nueva edición? ¿Cuáles son sus expectativas?

El espacio de los fanzines visto desde el ángulo opuesto.

“Lo mejor del evento del año pasado fue la recepción de la gente. No sabíamos qué podía pasar y nos sorprendió gratamente ver a la gente paseando por los stands con una sonrisa. Los artistas invitados le pusieron mucha onda, desde los pesos pesados que vinieron hasta los emergentes, y creemos que todos se sintieron cómodos. Nos encanta generar un espacio en donde la gente que consume este tipo de cosas pueda conocer a la gente que las hace y también conocerse entre sí. Para esta segunda edición queremos redoblar la apuesta. Esta vez van a ser dos días, van a venir más artistas y va a haber muchas sorpresas que creemos que van a gustar. Nosotros usamos un método tan infalible como subjetivo para programar actividades: tratamos de armar movidas a las que nos gustaría ir como espectadores. También creemos que aprendimos mucho de la edición anterior, y en esta nueva movida tuvimos la suerte de contar con la ayuda y los consejos de Andrés Accorsi, que hizo una especie de -se podría decir- curatoría, dándonos consejos y tirando ideas.” 

sismi3

Uno de los puntos fuertes de la edición 2016 fue la charla sobre Humor Político con Pablo Fayó, Diego Parés, Esteban Podetti y Pericles, conducida por Andrés Accorsi.

El año pasado hubo un ‘remate de comics malos’ y este año proponen ‘un cosplay de 50 pesos’, ¿alguna razón en particular para estas propuestas de espíritu gasolero?

“Si se me permite una pequeña corrección, el remate era de ‘comics de mierda’ con perdón de la palabra. Nos gusta divertirnos y entre nosotros siempre nos quejamos de esas malas compras que teníamos en nuestras casas que desprestigiaban nuestras bibliotecas. Así que qué mejor manera de deshacernos de ellas y de paso ganar unos mangos. La idea de la propuesta gasolera sale casi automáticamente. Siempre nos recordamos yendo a Fantabaires de pibes a pasear por los stands sin tener un mango para comprar nada, y encima pagando entrada. En Sismicomix queremos tener material de calidad para los pibes que éramos nosotros, porque, por unos mangos capaz conseguís un cómic copado a un precio piola, no pagaste entrada y encima hay actividades también gratuitas para divertirse un rato. El cosplay de 50 mangos viene por ahí también, divertirse un poco sin que el bolsillo sufra tanto con tanta malaria neoliberal dando vueltas. Además de que se nos ocurre que puede ser muy divertido.” 

SISMI2

Remates de ‘comics de mierda’, con musicalización de Pablo Fayó.

¿Cómo ven el estado de la historieta nacional?

“El estado de la historieta nacional viene medio mal aspectado. En estos días cerró la revista Fierro que es uno de los últimos vestigios de material nacional que se podía conseguir en puestos de diarios. Pareciera que el campo masivo está saturado por los monstruos extranjeros que no dejarían mucho lugar a lo nacional, y a esto hay que sumarle que hay una realidad que está viviendo el país que, si bien nosotros no nos dedicamos a hacer o distribuir historietas, se puede ver que está haciendo dificultoso llevar adelante cualquier tipo de proyecto. Sobretodo artístico. Por eso nos gusta hacer Sismicomix, para darle un espacio a artistas grosos para que puedan venir, mostrar y vender las cosas que hacen a pulmón. Tenemos ediciones y editoriales independientes que están buenísimas y de esta manera pueden llegar un poco más a la gente. Este año tenemos una lista de más de 30 historietistas que van a estar exponiendo, además de varias distribuidoras de comics nacionales y americanos. Así que en lo que respecta a nosotros, nuestros niñitos merodeadores de convenciones la van a estar pasando muy bien en la Sismicomix.”

Para cubrir los dos días completos hay anunciadas varias actividades:

  • Charlas de Jorge Lucas, Gustavo Sala y Pablo Fayó, entre otros, coordinadas por Andrés Accorsi
  • Galería de artistas independientes
  • Exposición permanente de ilustradores dibujando en vivo
  • Proyecciones originales ‘nunca antes vistas’
  • Un concurso de cosplay apodado ‘Cosplay por 50 pesos’ con un reglamento como mínimo llamativo, que incluye poder intercambiar bardeadas con el jurado y la regla explicita de que el costo del disfraz no puede superar la suma de cincuenta pesos.
  • Un concurso de trivia auspiciado por el grupo de facebook Debate del Comic, el cual ya contó con varias ediciones pero esta será la primera vez ‘abierto’ al público general.

Entre los muchos artistas independientes convocados están confirmados Damián Díaz, Darío Oliva, Julia Rodríguez, Mariana Ruíz Moreno, Rubén Gauna, Nahuel Amaya, Lea Caballero, El Waibe, Juan Manuel Castro, F. A. Corsini, Luciano Giraldez, Daniela Arias, Martin Giménez, Marcos Grasset, Leo J. Bond, Belén An, Fátima Fuentes, Ignacio García Zuloaga, José Miranda, Ramiro Gerez, Jonatan Yapura, Mir Uberti, Federico Di Pila y Capitán Barato.

Sin dudas esta nueva edición del evento es una opción más que recomendable para todo fanático de la historieta.

Hoy les dejo para que puedan bajar el quinto número de probablemente uno de los últimos grandes fanzines de la generación del 86: Poco Loco. En una entrada anterior habíamos dejado el número 4 listo para descargar. Este número es igual de bueno en su calidad y contiene trabajos de gente que despues va a convertirse ne profesionales.

Por ejemplo tenemos a Emiliano Migliardo, años antes de ser un profesional del humor gráfico. Con un estilo que preanuncia ya su trabajo mas conocido.

También en este número debe estar la (si no me equivoco) la primera historieta alguna vez publicada de Lucas Varela, con un estilo muy diferente la actual (mucho mas deudor de la bande desinee realista francobelga). Igual como primer esfuerzo… ¡dios mio, que nivel!

Pero también hay historietas de autores de un gran nivel que no terminaron trascendiendo (lo cual es lamentable por su calidad). Gente como Miguel Angel Scenna…

Javier Blanco Belvisi…

… Fabio Botte…

… Y el tandem marplatense de Claudio Herrera y Oscar Muñoz.

En síntesis, este número de Poco Loco es una de esas pequeñas joyas fanzineras de esos años, que demuestran le nivel que para ese período se podía ya conseguir con un fanzine. Si no me creen, descárguenlo yleanlo. A ver que les parece.

Para descargar el archivo solo sigan este link.

Y disfrutenlo. Vale la pena

Ariel, en los comienzos de su editorial, Fog of War.

Ariel Grichener es uno de los nuevos guionistas de la actual escena independiente de la Historieta Argentina, que hoy contabiliza un buen número de guionistas en alza, cómo César Libardi, Damián Connelly, Nicolás Viglietti o Leonardo Figueroa. Primero en Términus, y luego en su propia editorial, Fog of War, la actividad de Ariel se viene a sumar al resurgimiento de la figura del guionista especializado,  un rol que supo tener un lugar central en la era industrial de la historieta en nuestro país, y que en los últimos años casi fue suplantado por la figura del artista integral.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Nací el 17 de noviembre de 1984, en Rosario, lo que me lleva a tener una edad ineludible de 32 años. Estoy en ese proceso duro en el que uno deja de ser un adolescente de 30 y pico para convertirse en un adulto de 40. Mi primera historieta fue allá por el 2012 para Términus. Debuté en primera.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Qué géneros te interesa trabajar y qué historias te gusta contar?

Secuencia de Chessmasters, de Grichener y Friggeri, publicada en Revista Términus.

“La verdad es que no estudié historieta, más que alguna lectura de libros de ‘Como hacer…’ o blogs tutoriales. En los 90 leía mucho Marvel y DC -soy más de DC-. Me gusta mucho el género de acción bajo cualquier subgénero. No soy de contar historias profundas ni de vida, soy más de la machaca y el ‘riot’. Me gustan los escritores crudos y realistas como Garth Ennis o Mark Millar, esos que te pintan la realidad detrás del estándar básico de como contar una historia.
Si tengo que hablar de maestros, debo decir que, Germán Peralta, Juan Frigieri, Seba Sala y Guillermo Villarreal, son los tipos que me han explicado, mientras trabajábamos juntos, como se cuenta una historieta.”

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

Secuencia de el Cazador de Conejos, con guión de Grichener y dibujos de Santman.

“En realidad nunca participe de un fanzine propiamente dicho, es algo que tengo pendiente. Mi comienzo en el mundo del comic fue algo mágico. Yo quería ser novelista, pero no me da la prosa para tanto. Decidí que el comic sería lo mío. Un día, hablando con un compañero de trabajo, él me comenta que conoce a Eduardo Risso. Entonces, le digo que si me puede conseguir el mail de Risso -obvio, para hacerle unas breves consultas-. Al otro día, mi compañero, cae con el teléfono de Eduardo, y dice ‘Dijo que lo llames’… O sea, ¿llamar a Risso?
Tomé valor y lo llamé. La verdad, me saco el sombrero, Eduardo se portó de maravilla. Tuvimos una conversación genial y me contactó con Germán Peralta. Un loco genial que me metió de lleno en el mundo del cómic. Ahí conocí a Juan Frigieri, otra bestia del dibujo.”

¿Cómo se dio tu participación en Términus? Y sobre todo, ¿cómo nace Fog of War?

“Estábamos barajando ideas con Germán Peralta y me comenta que sale un nuevo proyecto de revista independiente. Me pide que haga algo corto para él y para Juan Frigieri, ya tenía algunas cosas en la cabeza y tiré unas páginas con la idea de dejar algo abierto a futuro. Cuando sale el número 1 de Términus, hacemos un festejo entre todos y ahí me entero, por Bruno Chiroleu, de que la revista iba a seguir. Me dijo que, si bien no era la idea de Términus, hacer cosas largas, teníamos que finalizar esas historias. Así me puse a finalizar Individuo H y Chessmasters –hay que aclararar que Chessmasters es un comic larguísimo, y lo que se ve en Términus es apenas un ‘spin-off’-. Cuando finalizó mi ciclo en Términus, tenía ganas de más, pero la realidad es que es difícil enganchar un editor, así que decidí tomar el camino de la autoedición. Recuerdo, que en una nota de Andrés Valenzuela, él decía que al comic nacional le faltaban más acción, por eso decidí que Fog Of War sea una editorial netamente de acción. Así fue como le llevé el proyecto a mi gran amigo Yamil Aboukais y a él le encantó. Fue entonces, en la Crack Bang Boom del 2014, que dimos comienzo a la editorial.”

Fog of War comenzó con publicaciones cercanas al fanzine, como El cazador de Conejos o Chiko y Amigo, ¿de qué se tratan ambas? También, ustedes después pasaron a publicar una serie que ya está pronto a tener 3 números, Artemis, ¿de qué se trata y cuantos números planeados tiene? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Las primeras publicaciones de Fog of War.

El cazador de conejos es un policial futurista al estilo Blade Runner. Ocurre en la ciudad de Rosario y habla un poco sobre la evolución humana y el paralelismo con la evolución tecnológica, al punto de fusionarse. Lo que se editó no es lo que escribí, pasó que le di el guión a un grupo de dibujantes y ellos hicieron su interpretación con varios cambios. Tal vez, a futuro, saque una novela sobre la idea original.
En cuanto a Chiko y Amigo. La idea me nació viendo un dibujo de un Orko del Warhammer 40.000 con una bujía en la boca. Tenía ganas de hacer una historia de una pareja de matones al estilo Pulp Fiction pero no encontraba el toque original. Ahí se me prendió la lamparita. ¿Qué pasaría si el típico mundo de fantasía medieval, evolucionara a nuestros tiempos modernos? Me nacieron millones de ideas. Así fue como Morgo Trull -Chiko- y Johnhanneson Bjork -Amigo-, comenzaron sus andanzas. Son una pareja de matones que viven en Epic City -una Nueva York habitada por elfos, enano, orcos y humanos-, y trabajan para Elian Turian, un adinerado mafioso elfo, al cual quieren pasar por encima, quedándose con un vuelto. El hecho lleva a los personajes a meterse en un montón de desventuras. La idea del comic es hacer guiños constantes a la cultura gamer y el cine. Este año se va a editar en Estados Unidos y Canadá por la editorial Rats and crows y tengo muchas expectativas.

Los primeros tres volúmenes de Artemis.

Artemis, es un proyecto hermoso que encaramos con Guillermo Villarreal. Es todo lo que quise ver y hacer de niño. Loexiar es un mundo medieval futurista donde nuestro héroe, Artemis Black, vive todo tipo de aventuras. Imperios corruptos, naciones devastadas, muchos personajes, tiene de todo. El numero 1 vendió muy bien el año de su lanzamiento. El dos no acompañó esa tendencia, asumo que por la problemática económica del país. Con el tres, pensamos que vamos a levantar nuevamente. El proyecto está pensado para tener al menos cinco libros de 64 páginas. Todos los libros gustaron, en general. Esperamos poder seguir ese camino.”

Además, ustedes comenzaron a publicar trabajos de profesionales, como Knightmare, de Balcarce y Jok, y ahora se viene, Crazy Jack, de Amézaga y Meriggi. ¿Cómo surgió la posibilidad? ¿Qué recepción tuvieron entre los lectores?

Secuencia de Artemis, de Grichener y Villareal.

“La idea de Fog Of War, era la de lanzar artistas nuevos, pero entendemos que decorar el catálogo es necesario. Tengo admiración por Jok y lo quería en las filas de la editorial. Hablando con él, me entero que tenía varias cosas con Emilio Balcarce que no se habían publicado, yo había leído Funeral y la idea me gustó. Emilio nos envió todos los proyectos, y optamos por Knigthmare. El libro gustó.
En cuanto a Crazy Jack, también entró por lo visual. Me encanta el laburo de Meriggi. Le expresé mi interés y le pregunté sobre algún proyecto. Él me acercó Crazy Jack, no quiero contar mucho, solo que se viene un librazo y que hay planes de más. Cuando más se acerca la fecha de lanzamiento, más nos damos cuenta que nos metimos con toda una leyenda. La gentes nos consulta muchísimo sobre la salida de Crazy.”

¿Cómo nace Asedio Colectivo Editorial? ¿Cómo funciona la agrupación?

Knightmare, de Emilio Balcarce y Jok.

“Buenos Aires, Salta, San Luis, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Tierra del Fuego. Son algunas de las provincias donde se realizan eventos de cultura popular y cómic. Económicamente es muy difícil cubrir todos los eventos, viajes, hoteles etc. Como dicen por ahí ‘la unión hace a la fuerza’. El colectivo nos permite abaratar costos en todo. Además, nos turnamos para viajar y cubrir todos los eventos. Todos tenemos trabajos y se nos hace difícil acomodar los horarios, pero si nos turnamos, entonces siempre alguien puede ir.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿cuáles son tus planes para este 2017 en el terreno de la historieta?

“La historieta nacional va en un crecimiento constante. Por ahí, desde mi opinión, hay más propuesta que demanda. Esto se debe a que no es muy fácil acercar nuevos lectores. Si bien, se están publicando unos libros hermosos, si hablás con la gente en general, pocos se inclinan por este estilo de narración, y los que lo hacen optan por el Manga o el cómic americano. Asumo que debe ser una cuestión cultural.
Creo que deberíamos abrirnos un poco de los puntos de ventas habituales y buscar nuevos horizontes. Además, el cine y la TV nos podrían dar una mano emitiendo series o películas basadas en cómics nacionales. Espero que el Cazador sea una buena experiencia.
En lo personal, este va a ser un buen año. Estoy con Artemis 3, además firmé contrato con una editorial local de la cual no puedo contar mucho, para hacer varios libros. Comienza mi experiencia por el mercado norteamericano con gran expectativa. A nivel editorial tengo varios proyectos en proceso y una joyita. Vamos a editar nuestro primer cómic de artistas internacionales. No puedo contar mucho pero solo les digo que es un trabajo con mucha onda.”

Ralveroni, rodeado de sus ediciones.

Cuando hacia 1986, la escena underground -o subte, tal cual se la denominó- de la Historieta Argentina explotó en una miríada de fanzines, una de sus figuras más destacadas fue Raúl Veroni -(a) Ralveroni-. Poeta, historietista y artista plástico, Ralveroni fue uno de los introductores del uso de la serigrafía en los fanzines de historieta. Muy activo en los 80, colaboró en fanzines como Carlitos, Viernes NegroEfecto Zombie, además de producir otros como El cerebro, Caribdis y el celebérrimo Wengerinox -con una de las tapas más potentes de esa época- . Por si fuera poco, fue parte fundamental del Lápiz Japonés, la revista-libro de experimentación gráfica por excelencia en los 90.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“Buenos Aires, 5 de marzo de 1965. 52 años. ¿Cuándo hice mi primera historieta? Recuerdo un intento de historieta en particular, que la debo haber hecho en el año 1974. Era sobre un político que recitaba el Preámbulo de la Constitución Argentina mientras esquivaba las balas que le pasaban al ras. Eran los años del ‘cinco por uno’, de los secuestros y matanzas entre la Triple A, Montoneros, etcétera. Lo curioso es que el protagonista de la historieta se llamaba Alfonso Sofonzo y, más tarde, mi familia quiso ver desde el nombre una señal premonitoria de Alfonsín y su recitado del Preámbulo en su campaña presidencial del año 83.”

El Cerebro, uno de los primeros fanzines en utilizar la serigrafía, editado por Sergio Armand y Ralveroni, mezclaba el dibujo, la poesía y la historieta por igual.

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas? ¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste?

“Mi formación es como artista plástico, pero mis influencias vienen de la historieta, la TV y la estética del rock. Mis padres eran ambos artistas de formación clásica, y en casa había una gran biblioteca. Mi mamá era una amante de la literatura francesa, mi padre, de la literatura inglesa, italiana y argentina. Ese ambiente se respiraba pero yo le entregaba mi atención a la historieta. Adoraba Asterix, que me condujo con enorme curiosidad a aprender sobre el Mundo Antiguo. También leía con fruición las revistas de Patoruzú, las que me llevaban a un mundo irreal donde un indígena tenía participación, voz y peso en una ciudad como Buenos Aires. No estoy seguro cuál fue el primer fanzine. Muy probablemente haya sido uno de poemas llamado Reclamos en el manicomio de 1986. Luego hicimos El cerebro con un grupo de amigos del secundario, Sergio Armand y Marcelo Nievas, entre otros.”

Caribdis, un fanzine de poesía que circuló en las postrimerías del circuito subte los 80, su séptimo número fue editado en plena Hiperinflación.

¿Cómo era la escena fanzinera de los 80? ¿Qué recordás de ella? Esa euforia cívica que trajo la vuelta de la democracia, ¿también se transmitía en los fanzines de aquellos años? Vos participaste de varios fanzines, como Wengerinox, El Cerebro y Caribdis. ¿Cómo fueron esas experiencias?

“Había una escena ‘under’ o ‘alternativa’ como gustaba llamarse. Dentro de esta estaban los fanzines. Por lo pronto, recuerdo esa explosión de entusiasmo y una capacidad increíble de crear proyectos, relaciones y afinidades instantáneas, y también, como las cosas empezaban y se diluían, o mutaban rápidamente en otras.

Una de las poesías ilustradas por Ralveroni, y que aparecieron en fanzines como Reclamos en el Manicomio; Veintidós, la Muerte y Dios; Ciudad y Caribdis.

El Parakultural, Cemento, Medio Mundo Varieté, Babilonia, Biyó do Pé, eran lugares que aparte de ser esa especie de discos soterradas, estaban abiertas -como centros culturales de vanguardia- a toda propuesta. Lo que más me atrae de aquella época era el intercambio de lo que hoy se llaman ‘disciplinas’, la poesía, las artes plásticas, el teatro experimental, el video arte, los fanzines, los comediantes, los músicos, todo podía compartir el mismo espacio. Causa impresión que en una época previa al email, el WhatsApp, Facebook, el celular, todo se hacía posible en un rápido boca a boca.

De todas maneras, no tengo nostalgia por aquella época, me gustó vivirla, pero al mismo tiempo siento que estaba enmarcada por una enorme presión, un pasado siniestro que aún traspiraban algunos lugares. Los fanzines en particular tuvieron una edad de oro entre 1986 y 1987, luego, con la crisis económica que terminó con la hiperinflación del 89 aquel fermento se fue mitigando.”

En los 80, la serigrafía era el único método disponible -por lo económico- para dar color a las tapas de los fanzines, hoy, su uso es sólo una opción que tiene más que ver con una elección estética y el hecho artístico. Vos fuiste uno de los pioneros en usar la técnica para colorear las tapas de los fanzines, y hubo algunas excepcionales, como las de Wengerinox y Caribdis. ¿Cómo surgió la posibilidad de usar la técnica y qué impacto tuvo en aquel momento?

Wengerinox, un fanzine de gran impacto gráfico, con autores como Cuk, D’Angelo, Roca y Ralveroni.

“Mis estudios en Bellas Artes y mi formación desde mi entorno familiar me dieron herramientas como grabador. Mi padre era muy bueno en eso y en casa teníamos un taller. Mi primer fanzine lo hice con una tapa en xilografía, es decir, grabado en madera, con la misma técnica que se usaba en el medioevo para los impresos. Había otras técnicas como el aguafuerte y la litografía, las que dominaba, pero que tenían un tiempo de proceso y una definición que se lleva de palos con el fanzine. ¿Cómo explicarlo? Son procesos tan arduos y costosos que no van con el perfil popular del fanzine.

Gervasio y la nube, de Ralveroni , plantea la crítica social detrás de un argumento apoyado en el realismo mágico.

Y había otra cosa, los fanzines de la época eran siempre en blanco y negro, realizados por medio de la foto-duplicación o la fotocopia. Mi decisión de trabajar en serigrafía tenía la intención de ‘salir de la pobreza’. Era imposible encargar una edición en color en una imprenta, los costos eran irreales -casi como ahora-, y el Plan Austral iba en caída libre. La serigrafía era una técnica conocida, pero poco explorada en la edición de revistas. En Bellas Artes se la despreciaba como a una disciplina industrial, ‘poco artística’ y no se la enseñaba. Mi viejo para ese entonces estaba muy enfermo y tampoco la había cultivado en profundidad.

El último Rebelde, de Ralveroni y D’Angelo, fue un personaje recurrente, que tuvo su andadura por más de un fanzine.

La técnica me la explicó en su momento Salvador Miano, cuando hice un fanzine de poemas llamado Ciudad en 1987 y más tarde Gustavo Grunfeld, con quien hice la tapa de Veintidós, la Muerte y Dios, en 1988. A partir de allí armé mi propio estudio y comencé a usar la serigrafía para todo. De ahí salieron las publicaciones que vos nombrás, Wengerinox, Caribdis, más algunos afiches de actividades que hacíamos con el poeta Hernán y, finalmente, un fanzine de poemas e imágenes atiborrado de colores cuya intención acompaña a su nombre, Jaguares y Cacatúas.”

Tenés varias historietas en tu haber, pero Un día Perdido, es uno de tus trabajos más potentes, apareció en Efecto Zombie y, más tarde, en el libro Todo es historieta. ¿En qué te inspiraste para hacerlo? También, ¿cómo concebís el lenguaje de la historieta y su uso? ¿Hacer historietas te sale naturalmente o requiere esfuerzo de tu parte?

Con una tirada de 250 ejemplares, Jaguares y Cacatúas fue realizado en 1990, y constaba de 66 páginas con poesías, grabados, fotocollages y 31 serigrafías originales en formato de 20 x 30 cm.

“Tengo una influencia formal de la historieta en mis dibujos, pero ya no me considero un historietista. Tuve en los 80 una dedicación con el género. Participaba en Fierro como reportero ‘under’, escribía guiones que dibujaba Roberto Cubillas -(a) Cuk-, Jorge Fantoni y Luis Roca. Hice también algunas dibujadas por mí, como esa de Un día perdido, que creo salió por primera vez en un fanzine editado por Mariano D’Angelo. Pero también me ocupaba a otras actividades como la pintura, la poesía y los programas de radio, aparte de tener tres trabajos para sostener la casa. Un delirio de época. Un día perdido está enmarcado por un tono oscuro, dentro de una situación cotidiana difícil y violenta, supongo que la crisis económica y social que se vivía en los últimos meses del gobierno de Alfonsín me llevaron a hacerla.

La Muestra Nómade se compuso de 42 diseños, impresos en serigrafía a 5 colores sobre papel autoadhesivo, entre 1990 y 1991 miles de estas serigrafías fueron adheridas en lugares públicos de Buenos Aires tales como ascensores, transportes, baños y cabinas telefónicas.

En 1990 comencé una serie de serigrafías autoadhesivas a las que llamé La Muestra Nómade, eran figuritas coleccionables, de 8 x 11 cm, con colores fluo que pegaba en los lugares públicos. Colectivos, subtes, ascensores, buzones. Estaban a caballo entre el arte y la historieta -si a alguno le importa, hoy hacer esa distinción-. Era, si se quiere, arte popular o historieta de vanguardia. A la pregunta sobre qué impacto tuvo la serigrafía en aquel momento, puedo decir que La Muestra Nómade llamó la atención.

En ese entonces no abundaban las salas de exposición convencionales y para un joven que recién se iniciaba era difícil acceder a los espacios institucionales. Hacer de la ciudad mi lugar de exposición fue un modo de sortear los obstáculos. Pero la ciudad también es difícil, especialmente con las mil y un imágenes que circulan a diario frente a uno. Aquellas tintas espesas, colmadas de pigmento, iban, a pesar del escueto tamaño de las imágenes, directo al ojo.”

Un día perdido, de Ralveroni, quizá su trabajo más potente, publicado en Efecto Zombie y seleccionado para Todo es historieta, la antología comercial que puso en valor a varios de los trabajos aparecidos en los fanzines de la Generación 86.

En los 90 colaboraste con los chicos de El tripero, a quienes introdujiste en la técnica de la serigrafía para hacer las tapas de sus revistas; pero por sobre todo con el Lápiz Japonés, donde además de pertenecer al consejo editorial, hiciste una serie de billetes artesanales. ¿Cómo fueron esas experiencias?

Los primeros 3 números del Lápiz Japonés, publicados entre 1993 y 1996, a ellos le siguieron el 3 y 1/2, el 4, el Antidiario, y unos 50 Colorín Buc, monográficos dedicados a un artista en formato cercano al A6.

“Lo de El Tripero fue muy sencillo, recuerdo que les expliqué la técnica en dos o tres sesiones. Una noche vinieron a mi estudio, luego fui a su cuartel en Boedo y ya ellos se largaron solos. Son gente muy buena y artistas excepcionales. Me encanta ver que aún al día de hoy continúan haciendo sus tapas en serigrafía. Esa insistencia es mérito exclusivo de ellos.

Con el Lápiz Japonés tengo muy buenos recuerdos y de aquella experiencia me quedaron los mejores amigos. Langer y Bianki habían decidido hacer una revista en un momento en que la mayoría de los medios que se ocupaban de la historieta habían desaparecido. Para abarcar un espectro más amplio convocaron a Sergio Kern, que conocía a toda la movida de Rosario y a mí, por mis vinculaciones con el ambiente under. Al tiempo se unió Elenio Pico. Además, teníamos a los pilares de Rapa Carballo y Wily Peloche en el diseño. Quisimos desde el vamos hacer una revista-libro, ambiciosa, sin preocuparnos por las variables del mercado.

Serie de billetes publicados con el segundo número de Lápiz Japonés. El ejercicio utilizó moneda fuera de circulación debido a procesos inflacionarios en países del tercer mundo, destacan, sobre todo, las intervenciones del Menemtrucho y los billetes de las Islas Malvinas y Cuba.

Nos reuníamos todos los martes alrededor de las 19 y seguíamos hasta la medianoche. Eran sesiones donde veíamos el material, nos visitaban colegas, discutíamos, cenábamos y así. Con esas reuniones semanales era natural que cada número nos demandara meses. Habíamos apuntado alto, gracias al dinero que Langer y Bianki pusieron en aquel primer ejemplar, el de la tapa del quaker. Luego, sin publicidad, sin mecenazgos, nos fuimos endeudando para continuar con los otros números. Pero nos gustaba hacerlo. Armamos lo que llamamos La comuna del Lápiz Japonés y organizamos muestras en un garage que Bianki alquilaba en la calle Charlone. Tuvo su buen cuarto de hora y lo disfrutamos.”

Lentamente te fuiste alejando del medio de la historieta y te fuiste incorporando al mundo de la plástica. ¿A qué se debió el cambio? ¿Fue algo que se dio de forma natural? ¿Extrañás la historieta?

“Le dediqué varios años a la serigrafía y a la pintura. Luego me fui por 10 años a estudiar afuera técnicas de edición y libro de artista. Tengo muchos intereses, lo reconozco, y me muevo un poco a la deriva según el motor de mi entusiasmo. Así y todo, sin ser historietista, llevo el gen en mis dibujos. En mi estilo figurativo, alejado de la escuela clásica, heredé las reglas de proporción del hombre elástico.”

¿A qué te dedicás hoy, de qué se trata Urania y cuáles son tus planes para este 2017?

La Saga del Gaucho sin Cabeza comenzó a publicarse en forma episódica en Facebook, en la página de Teatrito Rioplatense de Entidades, luego fue recopilada y publicada por Ediciones Urania.

“Me ocupo de coordinar una plataforma de proyectos que se llama Teatrito Rioplatense de Entidades. En ésta buscamos modos de identidad. Decimos que el Cosmos es rioplatense -pero que el Mundo no lo sabe- y a partir de esa premisa intentamos demostrarlo a quienes desconocen esta certeza. Los proyectos van desde el afiche, el dibujo, el poema, el ensayo, cuestiones lingüísticas, políticas, declaración de un nuevo calendario con Año Cero Rioplatense incluído. Participan escritores, afichistas, artistas, diseñadores, encuadernadores, diletantes, y todo aquel que considera que tiene algo para decir al respecto. Hay que reconocer que nadie entiende bien de que se trata el Teatrito, pero nuestro consuelo es que nadie entiende mucho de nada.

Urania es un sello editorial que fundó mi viejo en 1943, y lo continúo haciendo libros de bibliofilia y ediciones limitadas, curiosas y raras de autores como César Aira, Edgardo Cozarinsky, Christian Ferrer, Daniel Santoro, Eduardo Orenstein y el Agente Rayo, entre otros. Desde Urania publicamos también gran parte de las producciones del Teatrito. En el proyecto me acompaña Alonso Castillo, promotor y conocedor del mundo del libro y Gustavo Ibarra con el que nos obsesionamos por la presentación, el diseño y la tipografía, y, para suerte de Urania, él sabe hacer eso muy bien.”