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Chiroleu, de freelancer a autoeditor.

La aparición de Términus durante el 2012, significó la irrupción visible de una nueva ola de autores con epicentro en Rosario, Santa Fe. Bruno Chiroleu, no solo es el editor responsable de la revista, sino que, además, es un artista de talento que escribe y dibuja sus propias historias, ejercitando con predilección géneros como el fantástico, la ciencia ficción y el terror. Términus alcanzó un total de 12 números de cadencia cuatrimestral, para ahora transformase en una editorial con un ambicioso plan de publicaciones.

Fecha de nacimiento, edad, y ¿cuándo hiciste tu primera historieta?

“12 de marzo de 1981. 35 años, por ahora. Técnicamente, a mi primera historieta la dibujé alrededor de los ocho años, en una tira de hojas de computación de las que mi viejo traía del laburo, haciendo una ‘viñeta’ por página, con fibra, en la mesa del comedor.”

¿Tenés estudios formales de historieta? Si es así, ¿con quién estudiaste? ¿Cuáles son tus influencias literarias y artísticas a la hora de hacer historietas?

“Estudié en el taller de Marcelo Frusín durante varios años en mi adolescencia, y reincidí cuando volvió a abrirlo a principio de ésta década, cursando otro par de años. Él me ayudó a encausar mucho la cuestión narrativa, y a corregir innumerables errores formales, aparte de ser uno de los pocos profesionales a los cuales teníamos acceso en Rosario, y a través del cual podíamos saber cómo era el día a día del oficio, cómo se movía el mercado, cómo era el trato con editores y demás cosas que de otro modo no había forma de conocer en la era pre Internet.

A nivel influencias, las hay a montones o, al menos, admiración por cantidad de referentes, aunque no sabría decir si alguno de ellos se nota de alguna forma en mi trabajo. Referentes literarios serían Raymond Chandler, Charles Bukowski, J. P. Donleavy o H. P. Lovecraft. En historieta: Enki Bilal, Daniel Clowes, Hugo Pratt, Richard Corben, Katsuhiro Otomo, y mangakas más oscuros como Matsumoto Jiro, Junji Ito, Shintaro Kago, etc. Destaco mucho la influencia de los juegos de video, especialmente de aventuras gráficas como Sam and Max, Grim Fandango o The Longest Journey, o juegos como Planescape Torment o Shadow of the Colossus, que a nivel estético o narrativo son ejemplos de excelencia y una fuente de inspiración permanente.”

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Números uno al cuatro de Términus.

¿Cuál fue el primer fanzine del que participaste y cómo se desarrolló tu trayectoria hasta hoy?

“El primer fanzine del que participé -juro que me había olvidado completamente de esto- fue Seno de Theta, publicación autogestionada por el centro de estudiantes del Politécnico, el colegio donde cursé el secundario. Por esa época debía estar estudiando en el taller de Marcelo, pero por los dieciocho años entré en crisis, y no volví a tocar un lápiz por siete años, casi, hasta más o menos los veinticinco, donde medio tímidamente volví a escribir algunos guiones para ir practicando, y de a poco fui tomando algo de impulso. De ahí, pasé a colaboraciones con autores estadounidenses vía Intenet; primero gratuitas, para practicar y levantar un poco el nivel, y posteriormente pagas. Con el tiempo y algo de suerte conseguí la suficiente confianza como para largarme a trabajar como freelance, modalidad que mantengo hoy día, no sólo porque no me siento particularmente interesado en someterme a los ritmos de una editorial, sino porque me permite lo espacios para llevar a cabo mis propios proyectos editoriales y autorales.”

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Números cinco al ocho de Términus.

¿Cómo nació la iniciativa de Términus? ¿Se imaginaban que el proyecto iba a alcanzar la continuidad y el reconocimiento que tuvo? ¿En qué cosas crees que el ciclo de la revista fue creciendo y se desarrolló? ¿Cuáles son los puntos altos de Términus y qué recepción tuvo la revista entre los lectores?

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Blas, por Chiroleu, una de las historias con más continuidad dentro de la revista.

Términus germinó desde las charlas iniciales de dos amigos, Maximiliano Bartomucci y Gastón Flores, los que -como muchos otros en los últimos años-, estaban barajando la posibilidad de editar una publicación de historietas de género, como espacio para mostrar el tipo de producción que nos gustaba generar como autores. Me contactaron a mí, e hicimos extensiva la invitación a gran cantidad de nuestros conocidos freelancers -varios de los cuales fueron colaboradores estables durante la duración de la revista, como Damián Couceiro; Germán Peralta o Juan Frigeri-, ellos también se interesaron por la posibilidad de publicar en el país, ya que casi todos trabajaban para el exterior, y rara vez llegaban hasta acá sus trabajos. Si bien no esperábamos la recepción que llegó a tener, tuvimos mucha fe en el resultado final una vez que vimos el primer número editado, así como también pudimos apreciar el margen de crecimiento y mejora que existía. Sobre ese margen, es importante tener en cuenta que al momento de arrancar la revista, ninguno de sus integrantes tenía ningún tipo de experiencia editorial. No sabíamos de distribución, diseño, imprenta; puesteo en eventos o nada por el estilo.

En ese sentido, el crecimiento de la publicación fue a la par del aprendizaje de todas esas habilidades, así como de la conversación con los lectores, el contacto con colegas y la devolución de los mismos, lo que nos permitió ir afinando el criterio respecto al material y la presentación, así como encontrando vías para hacerla accesible a más lectores en mayor cantidad de zonas del país. Respecto a los puntos más fuertes, si bien la calidad de la presentación siempre se menciona, una vez establecido el formato, no volvió realmente a exigir mayor atención. Mucho más difícil fue tratar de mantener -y mejorar- el nivel de las historias publicadas. Recordemos que es una publicación hecha a pulmón -algunos dirían que es un fanzine de lujo- y por tanto lo único que podía atraer a un autor a publicar su trabajo en Términus es el placer que puede dar el ser parte de una antología donde uno pueda a su vez disfrutar de la compañía de las otras historias, donde pueda admirar a los demás trabajos y autores y sentirse aunque sea un poquito halagado por integrar ese equipo. De todos modos, el saber que el material iba a ser impreso en condiciones tales de lucir, siempre nos pareció una muestra de respeto mínima pero indispensable hacia los autores, y creo que ellos supieron apreciarlo y recompensarnos con sus aportes.

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Números nueve al doce de Términus.

La recepción, para una publicación que arrancaba con una casi totalidad de autores nóveles -¡y desde el interior!- fue más que positiva. Primero en Rosario, y después en el resto del país, a medida que pudimos hacer conocida la publicación en eventos y a través del boca a boca, tantos las ventas como las críticas y comentarios nos ayudaron a sacar rápidamente el segundo número, y a partir de ahí, seguir trabajando para encontrar nuestro ritmo.”

Desde lo comercial, ¿cómo lograron impulsar las primeras ediciones? Y también, ¿cómo lograron sostener la revista económicamente en el tiempo? ¿Cuáles son sus volúmenes de venta?

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Marcela, por Chiroleu, ciencia ficción cotidiana y telúrica.

“El impulso de las primeras ediciones fue una combinación de boca a boca, mucha presencia en eventos, difusión en redes -Facebook, bah-, una afortunadamente buena recepción crítica, y el ‘padrinazgo’ de autores más consagrados con aportes para esos primeros números -autores como Guedes; Ginevra; Frusín o Sanz, por ejemplo- los cuales a su vez tuvieron la generosidad de promocionarnos entre sus seguidores. A partir de ahí, fue mantener el terreno ganado e ir aumentándolo gradualmente con presencia en nuevas convenciones todos los años, incorporación de distribuidoras con las que cubrir áreas a las que no llegáramos en ese momento, etc. Trabajo hormiga, que le dicen.

El primer número se imprimió con un fondo conjunto de los miembros del grupo editorial, sumado al aporte por publicidad con que las comiquerías de Rosario nos apoyaron. Posteriormente, por encima de las ventas y de la publicidad, se requirió una inversión personal, durante los primeros tres o cuatro números, para mantener los tiempos de impresión prometidos. A partir del número seis, pasamos a números negros, e inclusive a poder cubrir gastos de viaje y alojamiento para llegar a convenciones. No sólo eso, si no a poder reimprimir -lo cual implicaba pagar una tirada completa SIN el apoyo de la publicidad- al mismo tiempo que la impresión regular de un número, o sea, a poder imprimir dos o más tiradas simultáneamente. Grosso modo, el volumen de ventas total estará rondando unos 6500 ejemplares de los doce números -con muchos más en circulación-. En general, tarda entre uno y dos años en agotarse una tirada, las que han sido de 500, 700 o 1000 ejemplares, según criterio.”

Ustedes lograron obtener un subsidio, que les permitió reemplazar la edición de la revista, para lanzar una colección de libros. ¿Cómo nace lo del subsidio? ¿Cuáles son los libros que van a sacar este año?

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Tecnócrata, por Chiroleu, una historia de buena factura, con algunos puntos estéticos en común con Arzak.

“El subsidio es parte de un programa de premios estímulo que viene ofreciendo el gobierno de la provincia de Santa Fé en los últimos años. Lo conocí a partir de Juan Ángel Szama, de Szama ediciones, el cual es compañero en el Colectivo Editorial Big Sur, y quien resultó ganador de un premio similar hace dos años. Un poco por sentir que ya había aprendido todo lo que podía de la experiencia de la antología, un poco por querer alcanzar a los lectores que prefieren una obra autoconclusiva, y un poco por mi propia necesidad como autor de probarme en historias más largas, decidí presentar el proyecto, el cual armamos con la ayuda de Mariano, Beatriz y Carlos Abrach, de Abrach & Asociados, en la parte técnica del proyecto. Por suerte, resultó seleccionado, y ya está impreso -y en comiquerías- Rip Van Hellsing, el primero de los tres libros a publicar. Éste compila tres de los arcos -publicados en Italia, originalmente, pero inéditos en la revista-, de las aventuras del cazador de monstruos creado por Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enri Santana, del cual publicáramos varios unitarios en las páginas de Términus. El segundo es Tekton, de Gastón Flores y Lisandro Estherren, una historia de ciencia ficción, sectas, arquitectura y realidades paralelas, y el tercero es El Borde, una historia de personajes cruzados en un hotel en medio de la nada, con elementos oníricos y estructura de thriller, escrita y dibujada por mí.”

Por último, ¿cómo ves el panorama actual de la historieta? ¿Le augurás un buen futuro? ¿Por qué? Y también, ¿Cuál es tu deseo con Terminus, a dónde querés llegar con la editorial?

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Rip Van Helsing, una de las novedades de este año.

“Realmente, me es imposible responder esa pregunta con alguna seguridad. Ya estamos en una situación difícil, en la que casi nadie que produce historieta para el país vive de esa actividad, y no veo razones para creer que eso vaya a cambiar en el futuro. Por esa razón, la producción va a seguir siendo -estimo- como viene siéndolo desde el dos mil para acá: casi mayormente a pulmón, por el deseo de hacer, por la búsqueda de realización personal, de algún módico reconocimiento, y pará de contar. Hay algunas plazas existentes para humoristas gráficos, para tiras y demás, pero es más de suponer que los medios gráficos como los conocemos van a tender a la disminución y no al crecimiento. Respecto a todo ésto, en lo personal, mi mayor deseo es equivocarme.

Términus, como editorial, está planteada desde lo autogestivo, y por tanto va a tener que enfrentar las mismas dificultades que la revista antes -y que muchas otras editoriales de las mismas características-, y a su vez, va a tener las mismas fortalezas que ellas, siendo la mayor el que no está -ni va a estar, creo yo- planteada como negocio. El dinero que se recaude va a ser para nuevos libros, y por tanto, va a ser necesario, pero si se recauda en tres meses o un año, no va a implicar la ruina de nadie, y por tanto me va a ser posible publicar tanto ganadores automáticos -si es que aparecen-, como historietas a las que quiera ver en papel por considerarlas meritorias, incluso si después tengo que convencer a cada lector de que le dé una oportunidad. A su vez, como autor, espero que sea el sello bajo el cual publique y distribuya mi material de acá en adelante. Soy bastante obsesivo con el control, así que soy el mejor y el peor editor que puedo tener. Veremos en el tiempo. Lo mejor que puede pasar es que los demás autores de la editorial lleguen a tener la misma opinión.”

chiroa

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comentarios
  1. […] Bruno Chiroleu: Términus en Finisterre […]

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